La maquinaria electoral de Brad Parscale busca un nuevo Cerimedo

Leonardo Toledo Garibaldi – Diario Red

¿Cómo es que alguien sin carisma ni creatividad y cuya única habilidad es mentir sin pudor, logró convertirse en el principal asesor de varios presidentes sudamericanos? La respuesta está en un cóctel que mezcla un grupo de porros digitales con una maquinaria tecnológica especializada en mover emociones. Fernando Cerimedo está fuera, pero el operador de esa maquinaria sigue activo y los porros nada más están a la espera de que les nombren un nuevo jefe.

Cuando luego de la detención de Cerimedo en Bolivia fue desmantelada una granja de bots, varias personas reportaron que los números de likes y retuits de La Derecha Diario y de Javier Milei disminuyeron considerablemente. Pero nada que no se pueda resolver: se reemplaza el servidor, los teléfonos y las SIMs, se reemplaza a Cerimedo y la maquinaria puede seguir trabajando como hasta ahora, o mejor.

Se puede pensar en Cerimedo con esta imagen del consultor electoral con ideas, con inventiva, disruptivo. Como aquel personaje que interpretó Richard Gere en la película Power (El Precio del Poder, 1986) quien con su ingenio convertía en ganador al candidato más torpe y gris. Pero la misma trayectoria de Cerimedo demuestra que lo suyo no es la creatividad. Es un mal scammer, un pésimo estafador, un chanta. Lo intentó como jugador de poker y fracasó. Lo intentó como vendedor de departamentos y lo atraparon en la estafa. Intentó venderse como egresado de Harvard y asesor de Obama, y le cayeron en la mentira. Su aparición en un video de YouTube, luego de la victoria de Lula en Brasil, sirvió solamente para incriminarlo. Pero aprendió de todo eso y descubrió que su trayectoria de estafador era su propio brand, su marca de calidad ante otros estafadores que lo contratarían precisamente por su falta de escrúpulos. Así llegó a Milei, a De la Espriella, a Juan Orlando Hernández (o a Nasry Asfura, si prefieren la versión institucional). Esos personajes a los que impresiona con una enorme pantalla de “monitoreo en tiempo real” que en realidad es un video pregrabado muy probablemente hecho con IA.

Esa trayectoria de estafas que vende a otros estafadores le ha permitido montar una escenografía para interpretar a un asesor electoral. Su empresa de consultoría tiene detrás una red de “medios” (portales web y canales de redes sociales) y relaciones con influencers. Pero lo que realmente le dio la fuerza y efectividad fue su alianza con Brad Parscale, el heredero de Cambridge Analytica que ayudó a ganar a Donald Trump a través de microtargeting digital.

De esa alianza ha salido oro puro electoral. Cerimedo y Negre me recuerdan a los secuaces de El Buitre que, en la película Spiderman Homecoming, de pronto tienen acceso a armas alienígenas y pasan de ser ladronzuelos de poca monta a los criminales más poderosos y peligrosos de Nueva York, pero son tan torpes que terminan disparándose y traicionándose entre ellos. Lo que Cerimedo y Negre aportan a la alianza no es gran cosa, algunos portales informativos de baja calidad y un reducido contingente de militantes de derecha, Camisas Negras digitales, que salen a las calles de las redes a golpear e intimidar, a silenciar a sus opuestos y a colgar afiches con el símbolo de ocasión. El trabajo efectivo lo hace el paquete tecnológico de Parscale, les dice dónde y a quién golpear (y cuándo dejar de hacerlo), en qué casas colgar sus afiches y a que grupo intimidar. No es un “ecosistema de amplificación” sino una máquina de depredación. Una maquinaria perfecta de manipulación electoral.

Esa misma maquinaria podría ya estar instalada en Brasil y en México, de cara a sus próximas elecciones.

Las máquinas de Brad Parscale. Razonamiento reducido a ceder a las emociones

Parscale tampoco es un genio tecnológico, está montado en la infraestructura que construyó Cambridge Analytica y que ha probado su efectividad en varias ocasiones. Lo que hizo Parscale fue desagregar en varias empresas y vender esos servicios por separado.

En el mercado electoral ya pululan los emprendimientos de consultoría digital (como Numen, la empresa de Cerimedo). Prometen marketing digital y gestión de redes sociales aunque en los hechos son sólo personas que saben usar Facebook y Google Ads, además de conocer el camino penumbroso de la contratación de bots. Es suficiente para impresionar candidatos cuyas virtudes suelen estar centradas en la retórica y la imagen personal.

A menudo esas empresas tienen contratos con influencers, que se presentan como un menú adaptable al perfil del candidato y su campaña, personajes con visibilidad, expertos en el bait, pero también en el beef y en el beat. Engatusan, pelean y golpean. Los comentarios de esos personajes son acompañados y amplificados por una red de cuentas artificiales, los famosos bots. El candidato es feliz al ver las métricas, le aparecen 50 mil seguidores, lo retuitean 50 mil cuentas, hablan de sus propuestas de campaña una experta en maquillaje y un experto en autos de carreras con 100 mil seguidores cada uno. Tome todo mi dinero, señor consultor digital.

Lo de Parscale es eso también, pero va más allá. Más acá.

En esta columna hemos hablado antes de la operación de microsegmentación de las campañas electorales en América Latina, dictadas desde la Casa Blanca. Esa estrategia de construir mensajes no desde la idea tradicional de “hay que convencer a los votantes de que nuestro candidato es el bueno”, sino enfocada en dividir a los votantes en grupos pequeños, muy pequeños, con criterios motivacionales más que demográficos. A partir de esa microsegmentación se elaboran mensajes específicos y se modifica el discurso del candidato respondiendo a las angustias y los miedos más comunes de esos pequeños grupos, quienes salen a votar no en busca de cambiar sus condiciones materiales, sino para conjurar sus temores. Veamos ahora cómo lo hace Parscale pero desde cada una de sus empresas.

Campaign Nucleus. Un equipo de campaña en la palma de tu mano

Nucleus es una plataforma que reúne en un mismo sistema datos que suelen estar dispersos. Combinan información demográfica, geográfica, datos de contacto e indicadores políticos. A partir de todo ello construye sus segmentos, sus targets, su población objetivo.

Su tecnología le permite combinar datos propios de la campaña con fuentes externas, así convierten a sus segmentos en audiencias, a las que contactan por los canales más confiables o usados por cada una de ellas. No solamente usan redes sociales o medios tradicionales: a la población godín le mandan correos electrónicos, a los del otro lado de la brecha digital les mandan SMS, a las tías les mandan Whatsapp. Cada microsegmento tiene su canal y Campaign Nucleus lo sabe.

Es una base de datos que más allá de decir “José Luis, masculino, 48 años” detalla “José Luis, masculino, 48 años, vive en tal zona, votó por tal y por tal, le dio like a tales memes, fue al concierto de tal, dejó en visto tales correos electrónicos y compró este desarmador eléctrico”. Luego, el perfil de José Luis se junta con el de otros señores que comparten esas características en todo el país y entonces se elaboran mensajes específicos para todos ellos, mensajes con los que claramente se sentirán identificados.

La otra cosa maravillosa que hace Campaign Nucleus es la prueba A/B. Digo maravillosa porque todavía hace pocos años los estrategas electorales tenían que esperar al día de la elección para saber si su mensaje había sido efectivo. Algunos con más dinero podían encargar encuestas y modificar la campaña sobre la marcha, pero esperando varios días o semanas para tener los resultados. El A/B testing que actualmente ofrece Campaign Nucleus lo mide casi en tiempo real. Pongamos que la noticia principal del día anterior tiene que ver con la inseguridad. Por la mañana se manda (por esos diferentes medios y según el segmento) una pequeña parte del mensaje que ha preparado el candidato, en dos formatos, en el formato A dice “Hay que recuperar la seguridad” y en la versión B dice “Tu familia merece volver a vivir sin miedo”. Inmediatamente se miden las reacciones, las respuestas, los reposts. Si el mensaje B tiene mejores respuestas, entonces ese es el que usará el candidato en su conferencia del medio día y el que replicarán los influencers y amplificarán los bots. Así, cada día.

En la documentación de la empresa, Campaign Nucleus dice ofrecer esas herramientas de A/B testing, asegurando que pueden comparar diferentes versiones de textos, imágenes y llamados a la acción para determinar cuál brinda mejores resultados. De este modo, el mensaje deja de ser una decisión definitiva basada en las convicciones profundas del candidato sino que es ahora el resultado de una hipótesis sometida a experimentación. Por eso estas herramientas le funcionan mejor a candidatos sin demasiadas convicciones, o con la idea de alcanzar el poder como única convicción.

Eyes Over. El ojo que todo lo ve.

La otra compañía de Parscale está más enfocada en observar, en medir, y menos en segmentar y elaborar mensajes. Es un sistema de análisis en tiempo real que recopila lo que se dice en redes sociales, medios y encuestas con el fin de identificar emociones, tendencias y temas emergentes. Le permite, a quien contrata sus servicios, adelantarse a los temas que serán tendencia.

Como parte de su oferta tiene herramientas de respuesta rápida y análisis predictivo. Es como un servicio de predicción del clima, pero de opinión pública. “Ahí viene una tormenta con este tema, te recomiendo que lo trates de esta forma”. Mientras que Campaign Nucleus ayuda a los candidatos a decidir qué decirle a quién y cómo, Eyes Over les ayuda a saber de qué se trata la conversación antes de entrar a la fiesta.

El conjunto de estas dos herramientas es el sueño electoral del candidato sin instintos políticos desarrollados, sin contacto con la población y sin convicciones firmes, les permite no solamente participar de la conversación, sino dominarla desde un tablero de control.

Un tema aparece, el Eyes Over lo detecta e identifica qué grupos están reaccionando, el Campaign Nucleus elabora dos o tres mensajes para cada uno de esos grupos, los prueba y elige el que mejor funciona, el candidato reacciona al tema antes que nadie con ese mensaje. Entonces Eyes Over lo vuelve a medir y en cuanto deja de funcionar Campaign Nucleus ya tiene los nuevos mensajes listos.

No hay que esperar a las encuestas o al resultado en la urnas, puro subir y subir en presencia y aceptación, sin que nadie tenga que conocer siquiera uno solo de los puntos del programa electoral del candidato.

Clock Tower X. La torre que marca la hora

Esta es otra maravilla de la manipulación. En sus propias palabras es “infraestructura narrativa”. Parten de que el “sistema” compuesto por los algoritmos de búsqueda y de visibilidad de redes sociales, así como los mecanismos de alimentación de chatbots de inteligencia artificial le dan forma a la opinión pública, y que por tanto las campañas electorales, de mercado o de narrativa no deben oponerse a ese sistema. Pero aseguran que tampoco necesitan adaptarse, sino que Clock Tower es capaz de ajustar a su medida el propio sistema.

Usan herramientas de modelado predictivo (herederas del viejo SEO) que utilizan machine learning para simular motores de búsqueda y sistemas de recuperación de inteligencia artificial que les permita interpretar y posicionar el contenido antes de lanzarlo a la web o a la nube o como se llame. Estas herramientas de optimización algorítmica les permiten ajustar el posicionamiento y el impacto de su contenido digital, sea en páginas de internet, o en apps como YouTube, TikTok, Instagram o Facebook. Entienden el algoritmo y adaptan sus mensajes para usarlo en su beneficio.

Pero lo más impresionante no es la optimización algorítmica, sino sus estrategias de influencia en las aplicaciones de inteligencia artificial.

Cuando las personas ciudadanas que vamos a votar en alguna elección usamos alguno de los modelos conversacionales de IA (el ChatGPT, el Claude, el Gemini) para preguntar sobre algún tema de la campaña o algún candidato, estos nuevos amigos sabelotodo tienen una ruta predefinida para buscar esas respuestas en sitios web. Para garantizar la precisión de su respuesta hacen examen a los sitios, que deben tener un tipo de arquitectura específica, una forma de presentación del contenido, un modelo de interacción y sobre todo un mecanismo de interoperabilidad (que una máquina pueda hablar con la otra máquina) que permita a nuestro robot personalizado acceder a sus contenidos.

Clock Tower X crea y optimiza sitios web diseñados específicamente para entrenar y moldear las respuestas de estos modelos conversacionales de IA, orientándolos hacia narrativas concretas. Hackean a nuestro robot de confianza y le hacen decir lo que su campaña quiere que diga.

Es decir, no se trata de convencer personas tal como lo dicta la tradición político-electoral, o de aparentar que mucha gente está hablando de un tema como es la práctica del astroturfing, sino de convencer al algoritmo y la IA, lograr que crean que mucha gente está hablando de un tema y que lo hacen con cierta perspectiva, para que ellos (el algoritmo y el ChatGPT) se encarguen de convencer a las personas.

No es El Buitre, son las armas chitauri

Esa es la maquinaria que le permitió a Cerimedo y a Negre presentarse como los estrategas geniales de las recientes victorias de la derecha en América Latina. Si ellos desaparecen del escenario electoral, como Jackson Brice en la ya citada Spiderman Homecoming, habrá otro Shocker que tome su lugar (en la película lo hace Herman Schultz). La maquinaria de Parscale está intacta y se ofrece al mejor postor de derecha.

Lo dicen impúdicamente en la página principal de Clock Tower: “El otro lado ya opera de esta manera: coordinan las narrativas a nivel mundial, dan forma a la percepción antes de que se debatan los hechos y funcionan sin transparencia ni restricción”.

Salvo que resulta que del otro lado (la izquierda, supongo) no hay nadie que esté “operando” de esa forma. Se ha demostrado en cada elección, desde el año pasado, que no hay herramientas, ni tecnología, ni medios, ni saberes con capacidad para contrarrestar la operación de las derechas tecnologizadas. Además podemos estar seguros de que en el equipo de Parscale no hay ni habrá ningún Lucius Fox (Batman The Dark Knight, 2008) dispuesto a apretar el botón de autodestrucción.