La izquierda francesa, partida en seis
Eduardo Febbro|
El problema de la izquierda francesa es que sus hondas fracturas tornan imposible anticipar una unión con la única meta de la victoria. Benoît Hamon es la sorpresa en el Partido Socialista, pero no se juntará con Jean-Luc Mélenchon: compiten por el mismo electorado.
Ni el más riguroso e imparcial analista político o la consultora de opinión más exitosa podría adelantarse a predecir el resultado de las elecciones presidenciales de abril y mayo de este año, ni si quiera el de la primera vuelta. La izquierda francesa está dividida en seis grupos, dos dentro del Partido Socialista y otros tres exteriores: dentro del PS pugnan la izquierda ideal que se impuso en las primarias con la figura de Benoît Hamon y los reformistas social liberales del ex jefe de Gobierno Manuel Valls. Afuera está el movimiento Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, la extrema izquierda del partido Lucha Obrera y el Nuevo Partido Anticapitalista. Pero estos dos grupos trotskistas viven el peor momento de su historia y ya no están seguros de poder presentar un candidato.
Lo mismo les ocurre a los ecologistas, víctimas igualmente de prolongadas disputas que los convirtieron en un ramo de flores marchitas. El sexto grupo es un ovni, ni lo uno ni lo otro: nuclea alrededor de la candidatura pseudo progresista del ex Ministro de Economía de François Hollande, Emmanuel Macron, un hombre del banco Rothschild, un “social-liberal” sin partido que espera atraer a las urnas de su movimiento En Marcha los votos del ala más conservadora del PS. La derecha cuenta con un candidato único, el ex Primer Ministro de Nicolas Sarkozy, François Fillon, mega favorito hasta que su aura de católico moralista y honrado se desintegró con las revelaciones del semanario satírico Le Canard Enchaîné sobre los generosos contratos de trabajo con los que se beneficiaron su esposa Penelope y sus hijos en la Asamblea Nacional.

El problema lo tiene la izquierda y sus hondas fracturas que tornan imposible de anticipar una unión con la única meta de la victoria. En el seno del PS, la victoria en las primarias de Benoît Hamon fue una sorpresa, un baldazo suculento para el sector partidario de las reformas de corte liberal representado por Manuel Valls. Nadie vaticinó que el socialismo más romántico se impondría en las urnas contra Valls y todo su poderoso aparato. Hamon rompió el molde previsto y con ello despertó la tentación de la venganza. Durante los poco más de dos años en que Manuel Valls fue jefe del Ejecutivo, Benoît Hamon (ex Ministro de Educación del primer Gobierno de François Hollande) y un grupo de fieles parlamentarios rebeldes se opusieron a muchas de las medidas de Valls. En más de una ocasión, ello obligó a Valls a adoptar las leyes por medio de decretos a falta de mayoría para votarlas. Hoy, los diputados fieles a Valls se aprestan a optar en la primera vuelta por el antaño ministro de Economía de Hollande, Emmanuel Macron, y descalificar así de la carrera presidencial al hombre designado por los electores para representar al PS.
Las encuestas prueban la pertinencia de aquella advertencia. En la configuración actual, la izquierda volvería a vivir la experiencia de 2002, cuando el entonces ex Primer Ministro socialista y candidato presidencial Lionel Jospin no pasó la primera vuelta y Francia atravesó uno de los primeros traumas políticos del siglo XXI: la vuelta definitiva la protagonizaron el ex presidente Jacques Chirac contra el papá de Marine Le Pen y de la extrema derecha francesa, Jean-Marie Le Pen. El capítulo amenaza con repetirse no sólo debido a la división entre las fuerzas progresistas sino, también, por la irrupción de la candidatura solitaria de Emmanuel Macron. Este abanderado del reformismo blando seduce a los moderados-desencantados de la derecha, a los centristas y a un amplio sector de la socialdemocracia francesa que espera ansiosa que el PS termine de una buena vez por todas con las retóricas socialistas del siglo pasado.
Sin embargo, aún hoy persisten, reencarnadas, las cuatro izquierdas presentes desde el Siglo XIX. 1: La izquierda de protesta y adversa al llamado Estado Burgués y al híper liberalismo, muy cercana a los movimientos sociales, a las narrativas ecológicas y al sindicalismo (Jean-Luc Mélenchon, La Francia Insumisa). 2: La izquierda reguladora y de transformación social, defensora del papel del Estado, de la regulación de las finanzas y de las reformas en beneficio de las clases más modestas (Benoît Hamon, candidato del PS). 3: La izquierda social-liberal. Esta corriente se inclina por un respaldo al capitalismo y por reformas que van casi siempre en beneficio de las empresas (Emmanuel Macron, del Movimiento En Marcha). 4: La izquierda social-liberal-autoritaria, también llamada “izquierda de derecha”. Reformista de corte liberal, dura en la gestión, poco inclinada al dialogo social y con continuas incursiones en los templos ideológicos de la derecha, en particular en lo que atañe su relación con el empresariado, la banca y, en lo social, por cierto “racismo blando” hacia los extranjeros (El ex Primer Ministro Manuel Valls, derrotado en las primarias del PS).
En este esquema, la única convergencia posible sería entre la izquierda de protesta y la izquierda de transformación social. Un pacto Benoît Hamon-Jean-Luc Mélenchon está, por ahora excluido. Salvo que se produzca un terremoto de lucidez impensable, ambas izquierdas medirán sus fuerzas una contra la otra. Sus distancias adornan el camino por donde pasarán, victoriosos, una derecha ultra liberal, o, sin máscaras engañosas, un social liberalismo recién estrenado en la conquista democrática del poder.
*Publicado en Página 12