La “gran prensa” descubre que el capitalismo es caníbal
Clodovaldo Hernández – Rotos & Descosidos
Es una noticia vieja, muy vieja, por lo tanto, ya no es noticia, aunque sí lo es por la prominencia de quienes protagonizan el hecho relatado: grandes terratenientes de las comunicaciones masivas a escala global han salido a denunciar que los señores feudales del tecnocapitalismo quieren comérselos vivos.
Bueno, siendo más precisos, no denunciaron que quieran hacerlo, sino que ya, hace tiempo, se los están comiendo y, para colmo, cocidos en su propia salsa.
Sigamos las reglas del periodismo y echemos el cuento antes de analizar. Sucede que “La Agence France-Presse (AFP), The New York Times y varias asociaciones de medios de América Latina se sumaron a una coalición mediática global para exigir a las empresas de inteligencia artificial una remuneración justa por el uso de sus contenidos, anunció el martes la organización”.
“Standards for Publisher Usage Rights (SPUR, siglas en inglés de Estándares para los Derechos de Uso de Editores) fundada por los británicos BBC, Sky News y The Guardian, entre otros, federa a los editores para crear un mercado justo para el uso de los contenidos por parte de los sistemas de IA”, explica el parte de prensa.
Añade el despacho que: “Cada día, los asistentes de IA responden a las preguntas de millones de personas con información que a menudo ha sido primero recopilada y verificada por periodistas de agencias. Ese valor de la fuente debe ser reconocido, citado y remunerado”, dijo el director ejecutivo de AFP, Fabrice Fries, en un comunicado.
Entonces, tratando de analizar la no-noticia que sí es noticia, podemos afirmar que los antiguos amos de la prensa (tomando prestado el título del libro de George Seldes) se dieron cuenta de algo que ya se sabía, desde tiempos muy remotos: que el capitalismo es caníbal.
Por supuesto que esos grandes propietarios lo han sabido desde sus respectivos años mozos. Lo saben por experiencia culinaria propia porque sus enormes latifundios mediáticos los han forjado aplicando el viejo truco de comerse a sus competidores más chicos o débiles.
Sin ir tan lejos, en Venezuela los dueños de medios con eso que llaman músculo financiero, tenían sus empresas de impresión y distribución en el país o en regiones específicas. Cuando alguien lograba la hazaña de montar un medio de comunicación, pongamos por caso una modesta revista de cine, turismo, automovilismo o lo que fuera, tenía que acudir ante estos personajes de conducta mafiosa y ellos imponían las condiciones (casi siempre leoninas) para imprimir y distribuir la publicación. Y lo peor no era eso: si la revista “pegaba”, si conseguía público y publicidad, procedían a aplicar la extorsión: o me la vendes barata o no te la imprimo ni te la distribuyo más. Si alguien quiere profundizar en esta práctica, solo como ejemplo, que busque en las fosas comunes de revistas hípicas que dejaron el Bloque Dearmas y la Cadena Capriles el siglo pasado.
Los derechos de los periodistas
El reclamo de los grandes editores mundiales tiene algo de justicia poética, pues entre los platos favoritos de esas agencias y periódicos han estado siempre los derechos de esos mismos periodistas a los que dicen ahora defender. En la larga era que parece estar llegando a su inevitable final, esos grandes medios han dispuesto del trabajo de los comunicadores, en muchos casos pagando salarios viles y contratando formalmente solo a unos pocos, mientras la mayoría debe aceptar condiciones precarias, a través de la figura de los stringers, que son “corresponsales independientes”, sin relación formal de trabajo.
De por sí, es sospechoso que los dueños de medios enarbolen la bandera de los comunicadores profesionales, pues su sueño siempre ha sido el que ya algunos han logrado: hacer un periódico sin periodistas. Durante décadas, por ejemplo, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el club de los capos de la comunicación impresa en el continente, luchó por derogar las leyes de ejercicio de la profesión, calificándolas como restrictivas de la libertad de expresión. Como es fácil suponer, lo que pretendían era abaratar los costos laborales y tener comunicadores sin formación universitaria que les sirvieran mejor a sus líneas editoriales por no tener limitantes éticas.
En las actuales circunstancias, la postura de los dueños de medios sobre la inteligencia artificial es, salvo honrosas excepciones, hipócrita. Lo es porque han venido utilizando ese recurso para reducir sus nóminas, echando a la calle a reporteros, fotógrafos, diseñadores, ilustradores e infógrafos. Como en tantas otras ramas de la actividad económica, los patronos sacan una cuenta sencilla: ¿para qué tener un empleado que gana un sueldo, acumula prestaciones, se enferma y, en algunos casos, se sindicaliza, si su trabajo puede hacerlo una IA?
Entonces, sucede algo que es natural en ese ecosistema: la inteligencia artificial que sirve para botar periodistas y otros trabajadores de la prensa, funciona igualmente para saquear el trabajo de las agencias de noticias y los grandes medios globales. Y se da un fenómeno interesantísimo: los poderosos capitalistas de la comunicación han formado una especie de sindicato para reclamar sus derechos.
Está ocurriendo, entonces, lo típico. Cuando el que siempre se ha engullido a otros se da cuenta de que es parte de la cadena alimenticia de uno que tiene las mandíbulas más fuertes, pone el grito en el cielo contra tamaña injusticia.