La Francia de hoy se incomoda con su Mayo del 68
Eduardo Febbro-Página12|
¿Cómo celebrar libremente un acontecimiento histórico en un tiempo que encarna su negación más radical? Ese interrogante se abre en momentos en que las retóricas reaccionarias han infiltrado los medios y las urnas.
La actualidad los ha cruzado en un encuentro que traduce muy bien las batallas ideológicas en curso. El mismo año en que la literatura fascista está de moda y adquiere en las librerías una legitimidad que ya había conquistado en las urnas hace mucho, se cumple medio siglo del levantamiento estudiantil de Mayo de 1968. Este hecho transformó la historia contemporánea de Francia y al mismo tiempo su impacto se expandió a través del mundo. Hoy, sin embargo, incluso en una sociedad como la francesa que no suele esconder su historia, reivindicar aquellas jornadas donde se proclamaba “sean realistas, pidan lo imposible”, “corre camarada, el viejo mundo está detrás de ti” o “la imaginación al poder”, resulta incómodo. Las retóricas reaccionarias ha infiltrado los medios y las urnas, el centro derecha liberal está de moda, ha logrado absolver al socialismo y a parte de la derecha moderada al tiempo que la izquierda más radical, descendiente de aquellas jornadas, no despega más allí de sus simpatizantes. 
Cualquier mención o homenaje a alguna forma de revolución o revuelta es engorroso. En tiempos de consenso “ni de izquierda, ni de derecha”, la revolución es una especia demasiado cargada, tanto más cuanto que en mayo de 1968 convergieron en una causa común dos fuerzas: los estudiantes, que paralizaron las universidades, y los obreros, protagonistas de la huelga general más extensa que se había visto desde 1936. Mayo del 68 cambió el molde político y social de Francia, le costó luego la presidencia al General de Gaulle y liberó a Francia de las camisas de fuerza que ataban a la sociedad desde finales de la Segunda Guerra Mundial.
Entre muchos otros cuestionamientos, los estudiantes de Mayo del 68 pusieron en tela de juicio la sociedad de consumo. Visto desde hoy donde un montón de párvulos duermen en la calle para comprar antes que nadie el último modelo de un teléfono celular, esa consigna puede parecer una aberración. La derecha y el centro derecha consideran que ganaron la “batalla de las ideas”. Nicolas Sarkozy, cuando era candidato a las elecciones presidenciales de 2007, fue el primero en emprender la guerra “para liquidar de una buena vez por todas el legado de mayo del 68”. Lo acompañaron en esa empresa de desmantelamiento toda una serie de intelectuales, muchos de los cuales provenían de la izquierda, y a quienes se calificó como “los nuevos neoreaccionarios (Maurice G. Dantec, Michel Houellebecq, Pascal Bruckner, Alain Minc, Bernard Henri-Lévy, Luc Ferry, Alain Finkielkraut, Pierre-André Taguieff, Pierre Nora).
Lindenberg sostiene que en este contexto, “los nuevos reaccionarios ganaron la batalla de las ideas”. Esos discursos reaccionarios sedujeron tanto a los conservadores como a muchos progresistas que se sentían “huérfanos de las utopías del 68” (Lindenberg). La tarea de estos intelectuales y de los discursos políticos que circulan desde hace poco más de 15 años consiste en lo que Daniel Lindenberg llama “desconstruir a los desconstructores”, o sea, restarle legitimidad a quienes, en el 68, “buscaron desconstruir” la sociedad de esa época.
¿Cómo celebrar entonces libremente un acontecimiento histórico en untiempo que encarna su negación más radical ?. El mayo francés fue mixto:económico, los obreros, y cultural, los estudiantes. Este grupo irrumpió contra el imperialismo norteamericano, la guerra de Vietnam, sus condiciones de vida degradadas, la falta de universidades, el sistema selectivo, la rigidez del poder, la ausencia de libertades individuales y toda una serie de protestas contra el modelo socio cultural. Los obreros, a su vez, se levantaron contra el desempleo, los bajos salarios, el autoritarismo del patronato.
La celebración es terreno minado. Al principio, el presidente francés, Emmanuel Macron (nació 9 años después del 68), tenía previsto participar en las conmemoraciones. El Palacio presidencial del Elíseo explicó que “sin dogmas ni prejuicios” la presidencia deseaba “reflexionar” sobre esos hechos porque “el 68 fue un tiempo de utopías y de desilusiones y a decir verdad ya no tenemos más utopías y hemos vivido demasiadas desilusiones”. La expectativa sobre la participación presidencial duró poco.
Macron decidió al final no integrar las conmemoraciones. Demasiadas cosas en una misma fecha: Francia que se transformaba, la Primavera de Praga y su violenta represión, las manifestaciones en los Estados Unidos, la matanza de Tlatelolco en México, las manifestaciones de los estudiantes en toda Europa. El Mayo Francés está