Jean-Paul Fitoussi. «Sin estadísticas confiables, se está manipulando a los ciudadanos»

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Astrid Pikielny|

El economista francés, referencia internacional en mediciones públicas, señala las limitaciones del PBI y critica la ausencia de indicadores: «Si un país deja de medir la pobreza es porque ha subido».
«Uno de los mayores bienes públicos de la democracia es tener un buen sistema de estadísticas públicas, confiables y que la gente crea en ellas. Si no hay un sistema confiable, estás en la peor de las situaciones: estás siendo manipulado», afirma el economista francés Jean-Paul Fitoussi, de visita en la Argentina donde participó del foro por los 50 años del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (Intal) del BID. y de una serie de conferencias organizadas por la Universidad Nacional de Tres de Febrero. «No tener estadísticas públicas confiables es como manejar un auto sin volante. Estás en la neblina. Si tenés indicadores malos, estás reduciendo los indicadores verdaderos», grafica.

Profesor del Instituto de Estudios Políticos de París y doctor en Derecho y Economía por la Universidad de Estrasburgo, Fitoussi es una referencia internacional en materia de mediciones y estadísticas públicas. Por encargo del entonces presidente de Francia Nicolas Sarkozy, el economista francés lideró, junto con los premios Nobel Amartya Sen y Joseph Stiglitz, la Comisión sobre Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social, destinada a mejorar las estadísticas públicas y construir indicadores que pudieran medir, de modo multidimensional, el bienestar social de su país. El resultado del reporte final de esa comisión, realizado en el año 2008, impactó en los sistemas de estadísticas y mediciones de más de 20 países.

El economista francés, experto en temas de inflación, desempleo y comercio exterior, analizó el fenómeno de la corrupción y el narcotráfico y lamentó que la Argentina haya dejado de medir pobreza. «Es obvio. Si un país deja de medir pobreza es porque ha subido.»

-¿Cuáles son, en la actualidad, los mejores instrumentos e indicadores para medir el bienestar social de un país?

-Hay distintas direcciones para medirlo. La primera es darle más contenido al PBI, porque suele estar contaminado por errores y distorsiones. El PBI no es capaz de medir la producción gubernamental pública. Por ejemplo, en las sociedades cada vez más violentas aumenta el PBI porque se expande el sector de la seguridad con gastos en guardaespaldas, alarmas y armas, pero obviamente la violencia creciente no implica un creciente bienestar. Otro ejemplo es el de Japón: las consecuencias de la tragedia nuclear implicaron un aumento del PBI porque había que reparar y reconstruir el país. Entonces hay que cambiar muchas medidas e indicadores para tener una mejor idea de lo que el PBI mide. El problema es encontrar un sistema en el que podamos medir positivamente lo bueno y negativamente lo malo. El PBI es importante porque su nivel determina el nivel de empleo y es una medida de la producción del mercado, pero no es una medida del bienestar.

-Entonces, ¿cuáles serían los indicadores que nos acercan más y mejor a la posibilidad de medir el bienestar de un país?

-Para eso estamos considerando dos tipos de indicadores: los objetivos, como salud, educación, empleo, consumo, contaminación, inclusión social, inseguridad física y económica, y también los indicadores subjetivos que arrojan las encuestas sobre la felicidad y el bienestar de las personas. Para el PBI y el bienestar es esencial tener en cuenta el grado de desigualdad. Si el crecimiento beneficia a una de cada cien personas, ¿a quién le interesa el crecimiento? El crecimiento que nos interesa es aquel que beneficia a la mayoría de la población y no sólo a una pequeña minoría. Yo prefiero el crecimiento de 2% que beneficia a todos a un crecimiento del 5% que beneficia solo al 1% más rico de la población. Eso es muy importante y explica por qué los políticos están tan interesados en el reporte de la comisión: saben que por no tener esto en cuenta, se pueden perder las elecciones. Eso pasó en Francia.

-¿En qué momento?

-En el período en que el crecimiento era muy alto en Francia, entre 1997 y 2002, bajo el gobierno del primer ministro Lionel Jospin. Yo discutí con Jospin antes de la elección y le dije que iba a perder. Y él me dijo: «¿Por qué? Si tengo extraordinarios registros de crecimiento». Le respondí: «La gente cree que es una mentira porque usted dice que la tasa de crecimiento es del 4% y para el 80% de la población no hay crecimiento». ¿Qué fue lo que pasó? No sólo perdió Jospin, sino que ganó Jean-Marie Le Pen porque la educación, la integración social y otros indicadores estaban mal distribuidos.

-Mencionó dos condiciones objetivas para evaluar el bienestar: la inseguridad económica y la inseguridad física.

-Efectivamente, la inseguridad económica tiene una alta influencia en el estado del bienestar de las personas. Eso es obvio: si hay incertidumbre sobre lo que va a pasar mañana, no se puede ser feliz. La seguridad económica significa que uno quiere estar seguro, saber de qué va a vivir mañana, qué le va a dejar a sus hijos, que no va a perder totalmente su autonomía y no va a depender totalmente del sector público o de las empresas. Y la inseguridad física significa que uno vive en una sociedad violenta y en una sociedad violenta uno tiene miedo y pierde uno de los elementos más importantes del bienestar, que es la libertad.

-En la balanza, ¿cuál es el peso de los datos objetivos como las mediciones y los censos y qué importancia tienen los datos subjetivos, más vinculados a las percepciones, la opinión y la psicología?

-Hay un gran debate sobre eso. Creo que los indicadores objetivos son más confiables, entonces siempre los utilizo cuando hago preguntas. Pero los indicadores subjetivos brindan más datos, como por qué el bienestar de un país es bajo cuando el crecimiento es alto. Y eso ocurre muchas veces: uno puede tener una disminución del bienestar que es mucho mayor a la disminución del PBI. En épocas de recesión o depresión, el desempleo crece y el efecto del desempleo en el bienestar es mucho más alto que la pérdida del ingreso. ¿Por qué? Porque el costo de perder el empleo es más alto que el costo de perder el salario. Los indicadores subjetivos han demostrado esto porque la gente desocupada se enferma más seguido, se divorcia más, pierde la autoestima.

-¿Es posible medir el grado de corrupción en un país? ¿Cómo y quiénes deberían medirla? ¿Y cuán importante es este indicador en el desarrollo?

-Es muy importante porque la corrupción tiene que ver con la confianza. La confianza es un elemento esencial para el desarrollo. El problema es que ingenuamente pensamos que la corrupción es un fenómeno de los países pobres y es también un fenómeno de los países desarrollados. Pongamos el ejemplo reciente de Volkswagen y el escándalo por las emisiones contaminantes. Una vez que la confianza desaparece, Volkswagen puede desaparecer. Lleva mucho tiempo construir confianza, pero sólo un segundo perderla.

-¿Es posible medir la corrupción, pese a que es un fenómeno de enorme escala y alta opacidad?

-Sí, distintos organismos trabajan con algunos indicadores que ayudan a medir la corrupción, aunque es difícil medirla. A pesar de que no sea descubierta, no crea que la gente no sabe que hay corrupción. Eso me recuerda una frase de una economista, Joan Robinson: «Es difícil definir a un elefante pero es muy fácil reconocerlo cuando te lo encuentras» [Risas]. Eso es corrupción.

-¿Cuán preocupada suele estar la clase política en mejorar y cuidar sus sistemas de estadísticas públicas?

-En Francia al principio creyeron que era muy importante entender mejor la sociedad en la que estábamos viviendo y de esa manera ganar las elecciones. Estaban muy contentos hasta que les dijimos que necesitábamos por lo menos 10 años para construir progresivamente indicadores que reflejaran la desigualdad. Cuando advirtieron que para cuando tuviéramos el sistema de medición ellos no iban a estar más en el poder, perdieron interés. Aun así, muchos países tomaron iniciativas para construir y mejorar indicadores de bienestar después de nuestro reporte. Es el caso de Alemania, Canadá, Israel, Gran Bretaña, Bután, Italia, Francia. Al menos 20 países lo hicieron, pero construyeron sistemas propios sin posibilidad de comparar. Hay que construir indicadores y unidades de medida de los sistemas nacionales de estadísticas que puedan ser comparados entre países.

-¿Cuáles son los efectos de no tener un sistema de medición y estadísticas público serio, riguroso y confiable?

-Si no son confiables, no deberían usarse porque no entregan información. Sería estúpido intentar obtener información de una fuente que es falsa. Uno de los mayores bienes públicos de la democracia es tener un buen sistema de estadísticas públicas, confiables y que la gente crea en ellas. Si no hay un sistema confiable estás en la peor de las situaciones: estás siendo manipulado. Eso significa que el sistema de estadísticas no está destinado a dar información, sino a manipular y a dar tasas de desempleo más bajas, índices de inflación más baja y tasas de crecimiento más altas de las reales.

-¿Cree que en ese escenario es preferible acudir a los organismos privados para que den información que los organismos públicos no proveen?

-No. Y déjeme explicarle por qué. La corrupción es un problema de la democracia. Si la institución pública no es confiable, los organismos privados tampoco porque pueden ser comprados. La corrupción está en el sistema y la corrupción no está limitada sólo a la esfera pública. Entonces, no es una gran idea. Lo que es una gran idea es tener un sistema robusto de instituciones de la democracia.

-¿Qué impacto tiene, en el presente y en el futuro, el no tener estadísticas confiables?

-Es como manejar un auto sin volante. Eso significa que no se sabe lo que se está haciendo. Si tenés indicadores malos, estás reduciendo los indicadores verdaderos. Estás en la neblina y no hay luz que indique el camino. Por eso el tercer componente de nuestro estudio es la sustentabilidad. La sustentabilidad implica una mirada de largo plazo y que las generaciones futuras se beneficien de las condiciones de igualdad de las que nos beneficiamos nosotros. Esta visión a largo plazo implica que se tiene la capacidad de medir el capital de una nación en sentido amplio: el capital económico, público, humano, social, cultural y natural. Al hacerlo es posible adaptar la política a los verdaderos objetivos que se persiguen.

-¿Qué sucede cuando un país deja de medir pobreza?

-Imagino entonces que la pobreza ha crecido. Es obvio, si uno no la mide es que ha subido. ¿Quién decidió dejar de medir pobreza?

-En Argentina, en 2007 fue intervenido el Indec, encargado de medir y proveer estadísticas nacionales, y en 2013 dejó de medir pobreza invocando problemas metodológicos.

-Es una pena. Es una estupidez cuando un país no quiere mirar su crisis. Es importante saber qué pasa con la pobreza. Eso permite entender mejor las reacciones de la gente que no tienen que ver sólo con una canasta básica sino con la restricción del gasto. Y en eso hay que incluir la vivienda, el gas, la electricidad, el transporte. Todos los indicadores tienen problemas metodológicos. Si seguimos esta línea argumental del Gobierno, no deberíamos tener indicadores de ningún tipo. El organismo que dirigí durante 21 años fue construido para contradecir las cifras oficiales, el análisis oficial, la tasa de crecimiento. Se quería romper con el monopolio de la agencia pública y funcionó, pero nos llevó 21 años llegar a estas investigaciones.

-¿Cómo se mide la escala y la penetración del narcotráfico en un país?

-Algunos institutos internacionales están midiendo las actividades ilegales y es lo que se denomina PBI negro. El problema con el narcotráfico es la dificultad para conseguir información. Hay un escritor italiano, Roberto Saviano, el autor de Gomorra, que sostiene que hay una alianza entre el narcotráfico, el sur de Italia y parte del terrorismo internacional. Bueno, Saviano hoy vive amenazado. Entonces, sí, uno puede medir el narcotráfico… aunque corrés el riesgo de que te maten.

Biografía: Jean-Paul Fitoussi es doctor en Derecho y Economía y profesor del Instituto de Estudios Políticos de París. Integró, con Amartya Sen y Joseph Stiglitz una comisión que trabajó en indicadores de desarrollo social y económico alternativos al PBI. Ha investigado sobre inflación y desempleo.

Publicado por La Nación, Argentina