Irak: Una mentira que costó millones de dolores y billones de dólares
JUAN GELMAN| Se ha cumplido una década de la invasión a Irak y no parece que el terrorismo haya acabado en un país que EE.UU. y sus socios de la OTAN “liberaron” de esa peste. Los medios dan cuenta de una docena de ataques suicidas o con automóviles cargados de explosivos, especialmente en Bagdad y Mosul, pero también en otras ciudades y pueblos aledaños a la capital.

Esa intervención militar “preventiva” causó la muerte de unos 120.000 civiles iraquíes, la de 4800 efectivos occidentales, la mayoría estadounidenses, el desplazamiento de cinco millones de habitantes (www.thelancet.com, 16-3-13) y se basó en varias mentiras de la Casa Blanca capitaneada por W. Bush: Saddam Hussein tenía relaciones con Al Qaida y un arsenal de armas de destrucción masiva (ADM). El gobierno de EE.UU. no se enteró sólo después de que no se hallaran en el país invadido. Lo sabía antes de invadir.
“No hay dudas de que Saddam Hussein tiene ahora armas de destrucción masiva”, declaró el vicepresidente Dick Cheney en el 2002. Las afirmaciones en idéntico sentido se multipli
Lawrence Wilkinson, ex jefe de Gabinete del secretario de Estado Colin Powell, manifestó que en el 2002 se autorizaron los “métodos duros”, es decir, las torturas, “con la prioridad de descubrir evidencias que vincularan a Irak con Al Qaida más que para prevenir otro ataque terrorista en EE.UU.” (www.thewashingtonnote.com, 13-5-09). El gobierno de W. Bush no cejó en esta presión sobre los servicios de inteligencia: Paul Pillar, el funcionario de la CIA que coordinó la rápida redacción de una estimación de los servicios sobre los programas iraquíes de ADM, manifestó que “la atmósfera en la que se estaba trabajando, en la que era claro que ya se había tomado una decisión política, en la que se buscaba que los organismos de inteligencia apoyaran esa decisión en vez de proporcionar información para adoptar decisiones, todo esto era un elemento muy importante de dicha atmósfera” (www.pbs.org, 20-6-06).
La CBS informó en el 2009 que “escasamente cinco horas después de que el vuelo 77 de American Airlines chocara contra el edificio del Pentágono, el secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld estaba diciendo a su equipo que delineara planes para atacar Irak” (www.cbsnews.com, 10-9-09). Dos meses después del 11/9, Dick Cheney –preguntado acerca de la relación de Irak con el nefasto golpe terrorista– afirmaba en una conferencia de prensa que poseía un “informe plenamente confirmado de que (Mohammed Atta, el terrorista de Al Qaida que participó en el atentado) fue a Praga y en abril pasado, pocos meses antes del ataque, se reunió con altos funcionarios del servicio de inteligencia iraquí en Checoslovaquia” (www.washington post.com, 9-12-01). La CIA había calificado de falsa esa información en un memo que envió días antes a la llamada Sala de Situación de la Casa Blanca en la que se evalúan los datos de inteligencia (www.documentcloud.org, 1-12-01). Cheney lo sabía cuando afirmaba lo contrario.
La Casa Blanca se apoyó en falsedades de las que era consciente para invadir Irak y su línea propagandística consistió en recalcar la ligazón Irak-Al Qaida en relación con el 11/9: explotó la indignación popular que causó el atentado. El argumento de las ADM era menos importante para lograr el apoyo de la opinión pública estadounidense. Esa guerra le costó más de un billón de dólares. Los iraquíes la siguen pagando.