Hacia la estanflación en la economía española
GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ| Término acuñado en 1965 por el entonces ministro de Finanzas británico,Ian McLeod que utilizó la palabra “stagflation” en un discurso ante el parlamento Británico, por estanflación se entiende la suma de una inflación desbocada y un escenario de recesión económica (una economía entra en recesión técnica después de dos trimestres de caídas consecutivas del PIB nacional según el FMI).

Históricamente la estanflación ha estado ligada al precio de las materias primas, de lo que sería paradigma la Crisis del Petróleo de 1.973 (Primera Crisis del Petróleo), provocada por la estrategia de castigo de la OPEP a las economías occidentales por apoyar a Israel en la Guerra de Yom Kippur, crisis que cuadruplicó los precios del crudo y aunado con la elevada dependencia del petróleo por parte del mundo industrializado, provocó un fuerte efecto inflacionista de bienes y servicios.
Paralelamente, se produjo un súbito aumento de los costes de producción de las empresas que ante la imposibilidad de revertirlos en el precio final de sus productos optaron por redimensionar sus plantillas , provocando un aumento desbocado de las tasas de desempleo y la consecuente constricción del consumo interno, entrando así en una espiral negativa que derivó finalmente en una drástica reducción de la actividad económica de los países afectados.
Riesgo de estanflación en la economía española: Según el INE, la tasa interanual del IPC de junio sería del 2,1 % debido a la subida de precios de los carburantes y lubricantes, lo que aunado con la subida de impuestos al alcohol y al tabaco así como la decisión de prorrogar el gravamen complementario al Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) hasta el 2.015 y los todavía indefinidos impuestos medioambientales, hará que la inflación se dispare hasta niveles del 3% para finales de noviembre, con lo que podríamos asistir a peligrosos escenarios de estanflación, al conjugarse una inflación desbocada (rondando el 3 %) con el estancamiento económico (crecimiento negativo del PIB del -1,6 % adornado con una tasa bestial de desempleo del 27% , un déficit Público del 6,6 % y una Deuda Pública rondando el 98 % del PIB, según estimaciones el FMI para el 2013).
Teniendo en cuenta que la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores debido a los exiguos incrementos salariales, congelación o dramática reducción de los mismos unido a la ausencia de la cultura del ahorro doméstico ha provocado una severa contracción del consumo interno , al conjugarse la reducción del gasto familiar ( un 3% debido a la subida de los tipos del IVA) con el drástico recorte de inversión en Obra Públicas ( reducción de 22.100 millones € en el Bienio 2011-2012) , se deduce que la tasa de inflación actual sería una tasa artificial, motivada por el afán recaudatorio de un Estado saturniano de apetito insaciable que no dudará en devorar a sus hijos para reducir sus necesidades adicionales de financiación en mercados extranjeros.
Este escenario inflacionista tendrá como efectos colaterales la
Por otra parte, la reciente bajada de tipos de interés en el 2013 hasta el 0,5% y la continuación de la política de barra libre (LTRO) por el BCE, aliviará el endémico problema de liquidez de las entidades financieras e incrementará el beneficio de las mismas debido al diferencial entre lo que deben pagar para lograr liquidez del BCE (el 0,5%) y los intereses que marcan en la adquisición de deuda de Estado( cercanos al 5%), beneficios que no tendrán traslación a la economía real en forma de financiación del tejido productivo (pymes,autónomos y particulares), sino que se destinarán a la refinanciación de las grandes empresas y los pagos de intereses de deudas contraídas.
Como conclusión, en el supuesto de que la inflación siga desbocada, que el crédito siga sin fluir con normalidad a unos tipos de interés reales y no se aproveche la dilación en los plazos para reducir el déficit hasta el 2016 para mediante la implementación de medidas keynesianas neutralizar la destrucción de empleo, podríamos asistir a una Década de estancamiento en la economía española , rememorando la Década perdida de la economía japonesa.