Gran Bretaña, Milei, las Malvinas, Israel, el petróleo… Ah, y Argentina

Álvaro Verzi Rangel

El alineamiento geopolítico sin matices de Javier Milei con Estados Unidos lo llevó a un lugar hasta ahora impensado: la causa Malvinas. El presidente argentino dejó de lado su admiración histórica por la exprimera ministro británica Margaret Thatcher y anunció que ahora defenderá las Islas Malvinas, en manos del Reino Unido, con herramientas legales que ya existían y que él ignoraba. Y también como en 1982 lo hicieran la dictadura militar, convocó a la «unidad nacional». Con la «malvinización», el gobierno cree que logrará aplacar la protesta interna y recuperar la agenda.

Publicado en Página12

En medio de una fuerte caída en la aceptación popular, y después de casi tres años de esconder el tema, el Presidente, fanático de Margaret Thatcher yque  reivindicó el derecho a la autodeterminación de una población implantada en Malvinas, se vio obligado a sobreactuar una agenda de defensa de la soberanía inexistente hasta ahora para la Casa Rosada. El temor es que se trate de una postura y un cambio de estrategia para instalar a tropas de EEUU en la Argentina.

El gobierno estaba empantanado en la agenda económica con la crisis de los morosos como protagonista y aprovechó el empujón de Donald Trump para inventar un anuncio veloz de la «causa Malvinas»  para copar una nueva agenda y tapar la del bolsillo. En el gobierno creen que se cumplió el objetivo de instalar un tema, cambiar la agenda y generar apoyo en lugares donde estaba faltando ese respaldo a Milei. Después de un 2026 donde los libertarios perdieron todo el año, esta es su primera victoria en redes sociales.

La respuesta del gobierno británico al discurso por cadena nacional de Javier Milei no se hizo esperar y llegó con un endurecimiento explícito de su postura militar. A pocas horas de la alocución presidencial, el vocero del primer ministro Andy Burnham confirmó que las Fuerzas Armadas británicas se encuentran en «estado de alerta las 24 horas del día, los 7 días de la semana» para tutelar las Islas Malvinas y resguardar los intereses estratégicos de Londres. Desde el Palacio de Whitehall ratificaron que el despliegue bélico en el archipiélago se mantendrá de forma indefinida bajo el histórico pretexto de la autodeterminación de los pobladores locales.

En términos diplomáticos, la administración del Reino Unido buscó bajarle el precio al reclamo argentino encuadrándolo como una maniobra de consumo doméstico. El secretario de Estado de Defensa, Wes Streeting, sostuvo  que la alocución oficial «dice más sobre la política interna en Argentina que sobre las Islas Malvinas», al tiempo que reafirmó que el territorio insular seguirá siendo británico mientras sus habitantes así lo elijan. En sintonía con la posición de la metrópoli, el presidente de la ilegal Asamblea Legislativa de las islas, Jack Ford, celebró el «compromiso absoluto e inquebrantable» de la corona británica con la ocupación del Atlántico Sur.

Apenas horas antes de su cadena nacional sobre Malvinas, el presidente y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Javier Milei, reivindicó la dictadura de Augusto Pinochet en Chile. Para los analistas locales, la provocación busca preparar el terreno para una verdadera “aventura” internacional que funcione como el encendido de su campaña electoral. Milei reedita así la trágica fórmula del dictador  Leopoldo Fortunato Galtieri que en 1982 arrastró irresponsablemente y sin planificación alguna a la Argentina a una guerra contra el Reino Unido—: apelar a la causa Malvinas para encubrir la crisis interna y contener la acelerada pérdida de legitimidad.

Milei anunció el endurecimiento de las medidas para evitar la explotación ilegal de hidrocarburos en las islas, próxima a comenzar por la empresa israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration en la cuenca norte de las islas.Se trata de un marco normativo que ya existe y que el gobierno libertario desestimó en sus casi tres años de gestión. Además, dijo que avanzará con la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego en un predio estratégico que -paradójicamente- su gobierno puso en venta.

En realidad, la disputa actual tiene su eje en la exigencia de Donald Trump para que el Reino Unido incremente su gasto militar en la OTAN y se enfile tras las operaciones geopolíticas de Estados Unidos. Como mecanismo de presión, la Casa Blanca y el Pentágono han dejado trascender la posibilidad de revisar la histórica neutralidad de Washington respecto a la soberanía de las Islas Malvinas. Y Milei es solo un actor de reparto; un peón secundario que aprovecha el escenario para quitarse el ropaje democrático.

Milei improvisó la cadena nacional luego de que Donald Trump expresara livianamente que podría “revisar” el respaldo de su país a la postura británica respecto de las islas Malvinas. Una declaración superficial de la que el Gobierno se agarró para usar el tema políticamente después de casi tres años de desmalvinización.

Pero el viraje de Estados Unidos está lejos de responder al interés de los argentinos. Trump usa la causa Malvinas como instrumento coercitivo para exigirle a Londres un incremento de su contribución a la OTAN y como represalia por el escaso acompañamiento británico a la ofensiva estadounidense contra Irán. “A tu país no le está yendo bien. No te olvides de que obtienen un gran porcentaje de tu petróleo a través del estrecho de Ormuz y no estuvieron allí para ayudarme. Tu país no estuvo allí para ayudarme”, le dijo Trump a la televisión británica horas antes del anuncio de Milei, sin casi detenerse en sus dichos sobre las islas.

El viraje de Milei da cuenta de la vergonzosa subordinación a la que arrastra al país, señala la prensa local. Malvinas se convirtió para Milei en “la causa sagrada” recién cuando Donald Trump decidió usar la disputa como instrumento de presión sobre el Reino Unido. La bandera que desplegó la Selección Nacional en la semifinal del Mundial de Fútbol, luego de derrotar a Inglaterra y en medio de la discusión por la extranjerización de la tierra, dejó mal parado al presidente.

El verdadero espíritu de la “batalla cultural” que encarna quedó al desnudo en su propia voz: al pisar territorio chileno, el presidente argentino apeló a una provocación deliberada al calificar a Chile como un “lugar emblemático” y afirmar que, “tras el derrocamiento del comunista Allende, el país entró en un período de estabilidad y crecimiento que se extendió por más de 40 años”.

Al hacer apología del golpe de Estado de Pinochet como el antecedente necesario del éxito económico, Milei no solo profanò la memoria regional: establece la doctrina con la que pretende validar la militarización de la política frente a la crisis que lo asfixia.

Milei llamó a la dirigencia “política, económica y social” a mostrar un “frente unido” por Malvinas. “Hay causas que están por encima de cualquier diferencia política y Malvinas es una de ellas”, dijo en Cadena Nacional. El recurso tiene un antecedente dramático para la historia argentina. La última dictadura militar también apeló a la causa Malvinas cuando el deterioro económico, la conflictividad y la pérdida de legitimidad arrinconaban al régimen. El dictador Leopoldo Fortunato Galtieri fue el último argentino en creer que Estados Unidos podría ayudar a la Argentina a recuperar las Malvinas. “Les pedimos a quienes son amigos de la Argentina que no miren para otro lado cuando se vulnera la soberanía y se llevan nuestros recursos”, imploró el libertario a su amigo Donald Trump.

El «salvataje» de Galtieri y el «salvataje» de Milei - AGN Prensa
Galtieri y MIlei

En concreto, el presidente anunció que endurecerá las sanciones “contra proyectos unilaterales que exploten recursos en las Malvinas”. El presidente dijo que firmará un decreto para dotar de mayor celeridad a la Ley 26.659. Esa normativa ya establece sanciones para las compañías que realizaran actividades de exploración o explotación sin autorización del Estado argentino; los gobiernos de Cristina Kirchner y Alberto Fernández la usaron desde el año 2010, cuando nació el megaproject Sea Lyon. “El Gobierno desplegará todas las herramientas del Estado, diplomáticas, económicas, judiciales y legales para disuadir a los actores estatales y no estatales que violentan la soberanía sobre las Islas Malvinas”, dijo Milei con tono marcial y rodeado de su gabinete.

Además, el presidente argentino adelantó la construcción de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego, casualmente un predio estratégico del cual el Estado estaba a punto de desprenderse. Por último, dijo que creará un Consejo de Seguridad Nacional encargado de coordinar una estrategia común para todo el Estado. El paquete también incluirá un régimen específico para resguardar la infraestructura crítica de la zona.

La desmalvinización 

Durante el gobierno de Milei no solo no hubo avances en la negociación por las Islas Malvinas, sino que la gestión libertaria debilitó el reclamo argentino de soberanía, cuando el presidente acumuló declaraciones contrarias al interés nacional. Habló del derecho de autodeterminación de los isleños y se declaró admirador de Margaret Thatcher, responsable política del hundimiento del ARA General Belgrano, entre otros. Y la diplomacia argentina pasó a votar en Naciones Unidas y en otros organismos multilaterales en contra de decisiones impulsadas por países que históricamente acompañaron a la Argentina en su reclamo por Malvinas.

Además, el gobierno de Milei legitimó el entendimiento Foradori-Duncan, alcanzado durante el gobierno del neoliberal Mauricio Macri y desestimado durante la administración del peronista Alberto Fernández, que se comprometía a remover los obstáculos que limitaran el crecimiento económico de las islas, particularmente en áreas como pesca, navegación e hidrocarburos. El entendimiento facilitaba el desarrollo y la explotación británica de recursos naturales en espacios cuya soberanía reclama la Argentina, y contemplaba una mayor conectividad aérea entre las islas y terceros países de América Latina, sin necesidad de pasar por territorio continental argentino.

Sea Lion, megaproyecto petrolífero

Hasta ahora, el gobierno de Milei no había tomado ninguna medida concreta para frenar Sea Lion, el megaproyecto petrolero offshore que avanza en la cuenca Malvinas Norte, a unos 220 kilómetros al norte de las islas, sin autorización de la Argentina. El proyecto es operado por la israelí Navitas Petroleum, que posee el 65%, en sociedad con la británica Rockhopper Exploration, que controla el 35%. Las obras de infraestructura en las islas ya comenzaron y la perforación de los primeros pozos está prevista para principios de 2027.

Ante la inacción del Estado, esta semana ambientalistas y los excombatientes de Malvinas denunciaron el proyecto ante la Justicia Federal de Tierra del Fuego y reclamaron la suspensión de las obras y de su financiamiento. Hasta ahora, Argentina ha llevado adelante una diplomacia constante y coherente para defender su soberanía. En 2010, Cristina Fernández de Kirchner denunció la instalación de una plataforma petrolera en el Atlántico Sur durante una cumbre de la Celac. Treinta y dos países aprobaron un documento que condenó a Gran Bretaña por violar las disposiciones de la ONU. Fue el año en que Sea Lion fue descubierto por la británica Rockhopper Exploration.

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La sanción, en 2011, de la Ley 26.659, modificada dos años después, estableció sanciones para las compañías que realizaran actividades de exploración o explotación sin autorización del Estado argentino. Las penalidades incluyen la inhabilitación para operar en el país por períodos de entre 5 y 20 años, con responsabilidad penal para personas físicas y jurídicas. Entre 2011 y 2015 fueron sancionadas ocho empresas y se abrió una causa en el Juzgado Federal de Río Grande, Tierra del Fuego. Rockhopper fue declarada clandestina en 2012 e inhabilitada para operar en Argentina durante 20 años.

En 2020, cuando Navitas se incorporó al negocio y aportó el capital necesario para reactivar Sea Lion, la Argentina le envió a la compañía israelí una nota de desaliento para advertirle que operaba sobre territorio argentino sin autorización y exigirle que se abstuviera de financiar o participar del proyecto. Un año después, las secretarías de Energía y de Malvinas avanzaron con un proceso de sanciones contra Navitas, Chrysaor Holdings Limited y Harbour Energy por sus actividades en la cuenca Malvinas Norte.

*Sociólogo  y analista internacional, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista seniordel Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)