Fernando Cerimedo, agente de la CIA para la ultraderecha latinoamericana

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El intento de feminicidio contra la abogada Nadia Beller, ocurrido el 17 de agosto en Santa Cruz de la Sierra, visibilizó una trama que señala a Fernando Cerimedo, agente de la CIA según su denuncia, junto a su exesposa Nadia Basil y Brad Parscale, cercano a Donald Trump. El testimonio de Beller también compromete al gobierno boliviano de Rodrigo Paz Pereira con una red de corrupción y vínculos con el narcotráfico.

El dueño de La Derecha Diario debutó internacionalmente en Brasil en 2018, donde ensayó para Jair Bolsonaro la microsegmentación y cuentas falsas de WhatsApp que simulaban pertenecer al colectivo LGBT. En 2022 se atribuyó la estrategia del Rechazo en el plebiscito chileno, que se impuso con el 61,86 % de los votos. Dos integrantes de la campaña lo ubicaron en la «guerrilla de las redes».

Su operación más emblemática fue la campaña de Javier Milei en 2023, donde dirigió los lineamientos digitales de La Libertad Avanza y gestionó la entrevista con Tucker Carlson que catapultó al libertario. Hoy es el principal asesor de Rodrigo Paz en Bolivia —con un salario que, según Beller, se financia con negociados de combustible de la familia presidencial— y en Honduras aplicó para Nasry Asfura su «campaña negativa» con inteligencia artificial y estructuras de trolls.

El salto de Cerimedo se explica por su triángulo de socios republicanos: Dick Morris, su mentor y nexo directo con Donald Trump; Roger Stone, quien gestionó el indulto del narcotraficante Juan Orlando Hernández; y Brad Parscale, arquitecto digital del trumpismo y agente registrado del gobierno de Israel. Su estructura se completa con el español Javier Negre, condenado judicialmente por difundir mentiras, el millonario mexicano Ricardo Salinas Pliego y un próximo objetivo declarado: replicar el modelo en México.

El «Hondurasgate» y el caso Cerimedo demuestran que estas estructuras no buscan ganar elecciones limpias, sino fabricar voluntades, saquear recursos naturales y doblegar la soberanía popular al servicio de Washington y Tel Aviv. La denuncia de Beller expone apenas la punta del iceberg de una operación de inteligencia que combina narcotráfico, tecnología algorítmica y geopolítica imperial para recolonizar la región en el siglo XXI.