¡Es el petróleo, estúpido!
CLAE
“Es la economía, estúpido” es un famoso lema político de la campaña presidencial de Bill Clinton de 1992, ideado por su estratega James Carville, que le sirvió para ganar las elecciones y recordarle al equipo que la principal preocupación de los votantes eran sus problemas económicos, como la recesión, por encima de otros temas abstractos para el electorado, como los alineamientos internacionales, Medio Oriente o el proceso de la perestroika y la glasnost que llevaban adelante los países de la Unión Soviética.
Hoy, las guerras impulsadas por el actual mandatario estadounidense Donald Trump, ponen en evidencia que “es el petróleo, estúpido”, lo que busca con afán y con lo que quiere justificar sus acciones bélicas contra los países productores de petróleo.
Cuando en 1973 los países árabes productores de petróleo respondieron con un embargo energético al apoyo de Estados Unidos a Israel en la guerra del Yom Kippur, los precios del petróleo se cuadruplicaron, sacudiendo la economía mundial. Más de medio siglo después, la correlación entre una guerra en Medio Oriente y el precio del petróleo siguen sacudiendo la economía global.
El mundo ha vivido estas semanas las jornadas más volátiles del mercado petrolero de su historia, provocando el pánico en los mercados y -dada la improvisada intervención del propio Trump asegurando que la guerra está «prácticamente concluida»- también en los despachos. «Tengo un plan para todo, ¿de acuerdo? La conclusión está en mi mente, en la de nadie más», le dijo a un periodista del New York Post cuando le preguntó sobre el aumento de los precios del petróleo. «Tengo un plan para todo. Estarás muy contento».
Aunque el petróleo tiene hoy un menor peso en la producción y el consumo mundial que en la década de 1970, sigue siendo uno de los principales engrases de la economía mundial, y las consecuencias de la interrupción del suministro -la mayor de todos los tiempos- empiezan a sentirse en los bolsillos de millones de personas.
Trump ha prometido que «la muerte, el fuego y la furia» reinarán en Irán si detiene el flujo de petróleo.Varios países han tomado medidas de emergencia ante «la mayor crisis» a la que se ha enfrentado nunca la industria energética de la región.
Aunque parece que no puede ganar con las armas, Irán está demostrando que sí tiene capacidad para afectar al sistema energético mundial, elevando el coste económico y político de cualquier conflicto que le amenace: está intentando transformar una inferioridad militar relativa en poder de negociación a través de un cuello de botella global. Al atacar instalaciones, terminales, refinerías y tráfico marítimo, encarece la guerra para Washington, sus aliados del Golfo y los grandes consumidores asiáticos y europeos, con el fin de que presionen por un alto el fuego o por limitar la escalada.
El impacto de esta crisis energética se distribuye en cascada por toda la economía mundial, pero
El directo de la mayor petrolera mundial, Saudi Aramco, ha advertido sobre «consecuencias catastróficas» para los mercados petroleros mundiales si se prolonga el cierre del estrecho de Ormuz.
Ya se están viendo, por ejemplo, tensiones en fertilizantes en la India, recortes o paradas en refinerías y plantas petroquímicas asiáticas, observa Omar Rachedi. «En otras palabras: el shock empieza en la energía y la logística, pero termina invadiendo manufacturas, alimentación y precios al consumo», resume el economista de EsadeGeo.
¿Y qué economías se van a ver más expuestas a esta crisis?
Para empezar, las economías productoras de petróleo del Golfo, con Irak como su caso más extremo: su producción se ha hundido en torno al 70%, de unos 4,3 a 1,3 millones de barriles diarios en un país donde más del 90% de los ingresos públicos dependen del petróleo.
Los grandes importadores de petróleo asiáticos también son muy vulnerables a esta crisis.China, India, Japón y Corea del Sur son algunos de los mayores importadores de petróleo del mundo, y una parte significativa de ese crudo llega desde Arabia Saudita, emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Irak a través del estrecho de Ormuz.
Pekín compró en 2025 más del 80% del petróleo iraní pese a estar sometido a sanciones internacionales, aunque en los últimos años ha desarrollado algunas ventajas estratégicas que le permiten amortiguar el impacto de una crisis energética mundial: ha diversificado sus proveedores energéticos, tiene grandes reservas estratégicas y posee un sector de refinado muy amplio, explica el profesor del IE Business School.
A corto plazo, analizan los expertos, China está protegida del impacto, pero si el shock se alargara podría acabar afectando a su economía.
Europa, cada vez más dependiente del gas natural licuado (GNL), especialmente desde el
Estados Unidos, que en los años 70 sufrió enormemente el embargo de petróleo de los países árabes tiene hoy, según Omar Rachedi, más herramientas para amortiguar el golpe, pero no para neutralizarlo.
Hoy es el mayor productor mundial de gas y petróleo, por lo que depende menos del petróleo importado. Además, cuenta con uno de los mayores almacenes de petróleo de emergencia del mundo, la Reserva Estratégica de Petróleo», que puede utilizar para estabilizar el mercado o compensar interrupciones temporales del suministro.
Sin embargo, incluso con esas ventajas, el mercado petrolero es global. «Si el precio internacional del petróleo sube significativamente, los consumidores estadounidenses también sentirán el impacto en el precio de la gasolina y el diésel», señala Rafael Pampillón.
Efectos en América latina
En América Latina, el impacto de una crisis energética y del precio del petróleo varía mucho según el perfil energético de cada país. Los principales beneficiados serán los exportadores netos de crudo, como Brasil, Guyana, Argentina y, con algunos matices, Colombia.
Argentina gana «porque Vaca Muerta sigue mejorando su saldo energético externo», mientras que, en Colombia, «unos precios más altos pueden elevar la caja y capacidad de inversión de Ecopetrol. En cuando a México, aunque sigue siendo productor de petróleo, «su producción ha disminuido en la última décadas y el país importa grandes volúmenes de gasolina y otros combustibles refinados, por lo que el efecto neto de los precios altos puede ser más complejo», agrega Pampillón.
Los más perjudicados, coinciden los economistas, serían los importadores netos de combustibles del Caribe y parte de Centroamérica, así como países como Chile o Perú y países como Bolivia que mantienen subsidios a los combustibles que los hacen muy gravosos para las finanzas públicas cuando el petróleo sube.
*Resumen del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)