En la semántica del hambre; triunfa la discresión

Eduardo Camín

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advirtió sin ambigüedades sobre un escenario de creciente presión en los sistemas agroalimentarios mundiales para finales de 2026 y 2027, impulsado por tensiones geopolíticas, el encarecimiento de los insumos y el impacto del cambio climático. Máximo Torero, economista jefe de la FAO, y el director general
Qu Dongyu señalaron durante el Foro Mundial de la Alimentación de octubre de 2026 que la acumulación de factores adversos reduce drásticamente la capacidad de resistencia del sistema.

El informe conjunto de la FAO y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) identifica 13 países en riesgo severo, destacando la situación crítica en Sudán (con riesgo de hambruna en zonas de Darfur y Kordofán) y Sudán del Sur.

Aunque la prevalencia mundial de la subalimentación ha mostrado una leve tendencia a la baja en años recientes (con un 7,8 % estimado globalmente en 2025 según el SOFI), millones de personas siguen atrapadas en crisis agudas y se proyecta que más de 500 millones padezcan hambre hacia 2030 si no se aceleran las inversiones en resiliencia.

El hambre en el capitalismo

En medio de la crisis multidimensional que enfrenta el mundo a causa de los efectos perniciosos del capitalismo estando en una de las fases una más predatorias del neoliberalismo, frente a los mecanismos del horror del hambre es casi imperioso tener un lenguaje una semántica cuya discreción camufle la ignominia, de un sistema basado en la rentabilidad, en el beneficio y la ganancia sin escrúpulos de unos pocos.
Y es así como un pequeño país (Suiza) en medio de Europa, sin materia prima, sin colonias, sin mayores aliados y hasta “envidiados” por los poderosos; y que, bajo el manto de la discreción, las grandes firmas del petróleo, la minería y el comercio agrícola, como Vitol, Gunvor, Louis Dreyfus, Mercuria, Cargill y Bunge, han establecido sus empresas.

Aunque esto no es nada nuevo ya que la tradición comercial suiza se remonta a la primera mitad del siglo XIX, cuando pioneros como Henri Nestlé, Salomon Volkart y André & Cie ingresaron en el comercio de materias primas. Nuevas empresas como la Société Générale de Surveillance a principios del siglo XX o Cargill y Alcoa alrededor de 1950 convirtieron Ginebra en uno de los centros más importantes para el comercio internacional de bienes. Instituciones políticas y económicas estables, una mano de obra cualificada y un sistema financiero bien desarrollado contribuyen a fortalecer el atractivo de Suiza en esta área. Suiza cuenta con un total de más de 900 empresas comerciales de materias primas, que emplean a unas 10.000 personas.

Por lo tanto, Suiza – Ginebra en particular- es uno de los mayores centros comerciales del mundo para crudo, metales, minerales y productos agrícolas, los gigantes de las materias primas prosperan en las orillas del lago Leman. En efecto en los últimos diez años, la ciudad de Ginebra se ha convertido en uno de los mayores centros comerciales de materias primas, rivalizando con Londres y Chicago.

El comercio de combustibles es el segmento más grande. Suiza es líder mundial en el comercio de azúcar, algodón, semillas oleaginosas, café y cereales. No obstante, la mayoría de los productos nunca llegan a Suiza, físicamente ninguna de estas mercancías transita por el territorio
suizo, sino que son comprados y vendidos en el llamado "comercio de tránsito" por empresas con sede allí. Desde principios de los años 2000, todo el comercio de tránsito en Suiza ha crecido a un ritmo acelerado. La facturación ha aumentado de CHF 2.000 millones en 2002 a más de CHF 80.000 millones en 2022.

No es raro que el comercio de materias primas sea criticado en cuestiones como la transparencia, el blanqueo de capitales y los derechos humanos, no solo porque algunas materias primas provienen de países políticamente inestables. La crisis alimentaria global y la especulación con materias primas están estrechamente conectadas a través de los mercados financieros de derivados (como los contratos de futuros), donde actores como fondos de cobertura, bancos y grandes inversionistas comercian con alimentos básicos (trigo, maíz, soja y arroz) buscando lucro por las variaciones de precios en lugar de comerciar con la mercancía física.

La ciudad actúa como un nodo financiero, logístico y administrativo global que gestiona aproximadamente el 40% de los volúmenes mundiales de comercio de materias primas. Por lo tanto, en materia de hambre este azote sigue siendo devastador “la especulación” que
favorece la progresiva desregulación de los mercados, que ha abierto las puertas a la financiarización de nuestra alimentación y a sus nefastas consecuencias.El hambre afectó a 733 millones de personas en 2023: FAO - Dinero HN

Estos especuladores no están dispuestos a renunciar a sus pingues negocios y a sus beneficios, aunque ello implique dejar que los más desfavorecidos padezcan los tormentos del hambre, causa del cual se pierde dignidad, honor y orgullo. Pero esta situación es la consecuencia lógica y previsible de un modelo de organización social cuyas decisiones políticas generan situaciones que nos deberían alarmar. Una lacra, transformada en una amenaza que afecta tanto a niños, niñas, jóvenes, adultos como a ancianos en las regiones no solamente en los países más vulnerables, sino que cada vez más se avizora en países emergentes e incluso desarrollados en materia de vivienda, salud etc … en
realidad no somos víctimas del subdesarrollo sino de un perverso mal desarrollo que nos condiciona el hambre.

*Periodista uruguayo- suizo, exmiembro de la Asociación de Corresponsales de Prensa de Naciones Unidas (ACANU) en Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) Miembro de la Red Internacional de Cátedras, instituciones y personalidad sobre el estudio de la Deuda Pública