Emocionante último adiós a Rubén «El Negro» Rada, a puro tambor y baile
Luvis Pareja
Era el día de su cumpleaños. La familia y los vecinos del barrio discutían alrededor de esa bendita radio. Un artefacto grande, aparatoso y feo que de momento sólo emitía una estática inquietante. De pronto, el momento del milagro. Alcides Ghiggia enmudeció al estadio carioca de Maracaná. ¡Uruguay campeón del mundo en 1950!
Algunos días antes, Ruben Rada había sacado la cédula de identidad. Un cartoncito que certificaba que el chiquilín había nacido el mismo día, siete años antes, como un amuleto de la suerte de la gloria del fútbol. “Le mostraba mi cédula a la gente en la calle, que era mi cumpleaños, y la gente festejando como loca me daba monedas”. Ese día se llenó los bolsillos de chanchitas y reales (monedas de diez centésimos).
El último adiós a Rubén «El Negro» Rada comenzó el jueves a las 14 horas en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo uruguayo, en el marco de un día de duelo nacional. La despedida fue masiva y se replicó en las calles de Montevideo, donde distintos grupos de personas salieron a las calles con tambores para acompañar al músico.
El artista murió el miércoles, a los 83 años, tras permanecer internado durante tres semanas por una neumonía bilateral y sus complicaciones. Desde primeras horas del jueves, miles de personas se congregaron en el Palacio Legislativo, formaron una fila y se acercaron hasta pocos centímetros del féretro para dejar una flor o algún recuerdo.
Como quería el negro. Épico. pic.twitter.com/AHiyPSTFCR
— Nicolás de León (@salocinuy) August 27, 2026
Ricardo Mollo, Natalia Oreiro, León Gieco, Dante Spinetta y otros artistas bailaron y cantaron junto a la familia Rada “Muriendo de plena”, en el último adiós al músicoen el Palacio Legislativo. El presidente Yamandú Orsi, por su parte, decretó duelo nacional. «Quería que lo recordáramos de cierta forma y no de otra, así que habrá que moverse», expresó el mandatario, en referencia a Muriendo de plena, uno de los hits donde expresa su deseo de ser velado sin pena, sino bailando.

Ruben Rada fue parte fundamental de proyectos musicales que redefinieron la música de su país como El Kinto, Tótem y Opa. Construyó una impresionante carrera en solitario durante más de medio siglo en el que abrió un campo de experimentación musical como sólo él podría haber hecho.
El que cantó Satisfaction con Mick Jagger en la casa del Lobo Núñez, el que ganó un Grammy a la excelencia musical y lo olvidó en un taxi, el que se convirtió en superhéroe para cantarle a los niños, el que hacía piruetas con la voz. “Un músico que cuando lo escuchas más que un repertorio es un Atlas, viaja a través sus canciones por toda latinoamérica. Compone merengue, salsa, jazz, rock, tango, plena, candombe, samba. Lo que se le dé la gana”.
Un hombre inquieto, de un humor implacable, que publicó más de 30 discos de estudio y siempre tenía al menos cuatro en el cajón. “Hay gente que se ahoga con agua, otros con vino. Yo me ahogo de música”, le dijo en 2016 a El Observador. Un ahogamiento creativo que se desbordó en canciones que pasaron a formar parte del inconsciente colectivo.
También fue actor, humorista y conductor de televisión. Un hombre que entró directamente en los hogares del Río de la Plata con un carisma arrollador, y una historia marcada por ilusiones, desafíos, éxitos y complicaciones, que forjaron a un genio nacional contra el racismo imperante de la sociedad uruguaya. Dicen los libros que Omar Ruben Rada Silva nació el 16 de julio de 1943 en pleno barrio montevideano de Palermo. En la calle Tacuarembó esquina Isla de Flores. Su padre, decían, era uno de los mejores repiques de la cortita calle Ansina.
Su madre, una mujer brasileña que llegó a Montevideo desde Santana do Livramento a fines de la década de 1930. “Mi tía me contaba que faltando 25 días para que yo naciera, ella estaba cantando. Ella fue la que me incentivó a cantar”, contó en su biografía. Años más tarde le dedicaría As Noites do Rio, enteramente en portugués.
El repiquees un tambor fundamental en la música del candombe, utilizado en la cuerda de
Es uno de los intrumentos más expresivos del candombe, aportando matices y ritmos que enriquecen la música.
The Rada’s Old Boys
Como sugiere su nombre, el trío está integrado por músicos que acompañaron al homenajeado durante distintos momentos de su carrera. “No existía la idea de hacer un disco. Era solo un homenaje”, asegura el bajista. La sorpresa llegó cuando, sin que lo supieran, la cantante Diane Denoir —quien, además, es pareja de Lagarde— invitó a Rada al concierto.
“Le encantó. Subió a cantar un tema con nosotros y, cuando terminamos, nos dijo: ‘Ustedes internacionalizaron mi música. Tienen que grabar esto’”, relató. En 2016, el proyecto quedó registrado en el disco Homenaje a Rada, que no solo recibió el Premio Graffiti al mejor álbum de jazz, sino que además contó con la participación especial del homenajeado en una impecable versión de “Negro”, uno de las canciones emblema de Totem.
En 2023, Lagarde y Nolé participaron en los cuatro conciertos con entradas agotadas con los que Rada celebró sus 80 años en el Auditorio Nacional del Sodre. Para entonces, el trío ya venía retomando contacto: Cedréz seguía tocando en la banda estable de Rada, y el vínculo entre los tres se mantenía activo. “Fuimos a acompañarlo a Colonia y él insinuó que grabáramos otro disco”, cuenta Lagarde. La chispa volvió a encenderse.
Así nació Manos, publicado en vinilo por Little Butterfly Records. El álbum presenta ocho versiones que profundizan el enfoque jazzístico del grupo. Abordan clásicos como “Quién va a cantar” y “Sudáfrica, canción antigua” —potenciada por un brillante arreglo de guitarra de Rui, hijo de Cedréz—, junto a piezas menos transitadas de su repertorio, como “Plácido Rada” y la excelente “Martuán”. En “Americano Bon”, además, hay un inspirado solo de saxo a cargo de Yamile Burich.