El tour mexicano y cubano del pastor alemán
GUILLERMO ALMEYRA| América Latina tiene experiencia de las visitas «pastorales». El papa polaco Karol Wojtyla, formado políticamente en la lucha contra la entonces burocracia soviética, sus agentes locales y su «comunismo», hizo dos: una a la Nicaragua sandinista y otra a la Cuba gobernada por Fidel Castro.
Ratzinger llega ahora a México para tratar de consolidar el papel de la jerarquía eclesiástica y el conservadurismo en el país, así como a tratar de conseguir que el Estado facilite la enseñanza de dogmas religiosos en las escuelas.
En Cuba, el país de la santería y donde el cristianismo evangélico, por no hablar del agnosticismo y del anticlericalismo, son fuertes en los sectores más pobres de la población, la Iglesia católica nunca tuvo demasiado peso, a diferencia de lo que sucedía en Nicaragua, y ese hecho otorga al gobierno mayor margen de maniobra frente a ella. Además, el hedonismo y el libre mercado zapan las bases de la religión católica y el Vaticano, aunque es un pilar de la ignorancia, la opresión, la desigualdad social y la explotación, se opone al consumismo, a los valores y a la ideología del capitalismo financiero que, con su televisión y sus medios de «información», destruyen la visión religiosa del mundo y las relaciones familiares conservadoras que la Iglesia explota. De modo que hay un punto de contacto político entre el gobierno cubano y una institución local –la Iglesia católica cubana– que sea lo suficientemente prudente y, por ahora, se dedique a tejer redes y a sembrar apoyo ideológico en el sector más desilusionado o conservador de la isla.
Porque la visita a Cuba del ex jefe de la Inquisición, el pastor alemán que ocupa el trono de Pedro, o sea, la gira del mandamás de la única monarquía absolutista de importancia a escala mundial subsistente, si se excluye la de Pyongyang, tiene el claro objetivo de convertir la Iglesia cubana en el eje de una oposición capitalista tolerada y conservadora, que sea independiente de los contrarrevolucionarios violentos y cavernícolas de Miami y del Departamento de Estado, que podría contar con el apoyo de los católicos de Estados Unidos en caso de que en ese país triunfe la ultraderecha protestante pro sionista e integralista al estilo del Tea Party.
Las concesiones ideológicas al catolicismo del pragmático gobierno cubano son enormes. En efecto, el país es laico y no
El problema central es que en Cuba se está desarrollando un vigoroso sector de pequeños y medianos propietarios que, se plantea, agrupará dentro de poco a 40 por ciento de la población económicamente activa, y que el ambiente en que crece es el del individualismo, la aceptación de los valores económicos capitalistas, la desmoralización política de los trabajadores debido a la asfixia burocrática a toda manifestación de participación independiente. Si el Partido Comunista cubano,, para educar a sus cuadros superiores, que son los del Estado, ha dejado de lado la bazofia teórica de la interpretación dogmática de Marx y Lenin por los burócratas estalinistas. y recurre ahora a cursos de administración de empresa, como si fuera el Tec de Monterrey, es evidente que quienes luchan por el socialismo como sinónimo de participación, democracia, autogestión y control obrero en las empresas nadan contra una poderosa corriente pro capitalista. La alianza entre las dos burocracias, la estatal y la eclesiástica, es un peligro real.
Además, todo un sector de la burocracia y los neocapitalistas cubanos encontrarán en la Iglesia católica, a bajo costo, un punto de reunión y un cemento cultural «nacional» y hasta «nacionalista». El precio político cultural de la operación gubernamental no se compensa con las escasas divisas que pueda traer a Cuba esta maniobra. Talan creyó trampear a la historia fomentando el nacionalismo ruso, legitimando la Iglesia ortodoxa, reinstalando los capellanes de la misma en las fuerzas armada y preguntaba burlonamente cuántas divisiones tenía el Papa. Hoy, en la ex Unión Soviética flamean las banderas zaristas.
Cuba, sin embargo, no es lo que fue la Unión Soviética y detrás de los cubanos hay una vieja tradición anarquista y liberal de izquierda que, en cierto modo, los vacuna contra los sacerdotes burocráticos laicos o religiosos, y sus intentos de regimentar las cabezas y de imponer dogmas. Pero el caso es importante, y el silencio embarazado de los amigos de Cuba al respecto es un nuevo y grosero error, y un verdadero crimen. Frente a lo que pasa en Cuba nadie puede mirar para otro lado y hacerse el desentendido. La omisión de auxilio a alguien en dificultad es considerada delito.