El nuevo informe de la CEPAL y la transformación de América Latina

Ramón Casilda Béjar

Aprovechar la fragmentación geoeconómica multipolar para transformarla en oportunidades de diversificación e innovación productiva es el camino más consistente para que Latinoamérica deje atrás el ciclo de la dependencia.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), ha elaborado el informe Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica. Este ha sido impulsado por José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la CEPAL y copresidido por Michelle Bachelet, expresidenta de Chile e Iván Duque, expresidente de Colombia, quienes, junto con otras 10 altas personalidades, han conformado un grupo de trabajo de muy alto nivel, que convierte al informe en una herramienta indispensable para interpretar tanto las vulnerabilidades como las potencialidades de América Latina y el Caribe.

Iván Duque, Michelle Bachelet y José Manuel Salazar Xirinach, en la presentación del informe de la CEPAL

 

Partiendo de que el escenario internacional contemporáneo atraviesa una metamorfosis profunda: la globalización hiperconectada está dando paso a una fragmentación geoeconómica multipolar, el informe plantea la necesidad de adoptar un “no alineamiento activo” —es decir, evitar alineamientos rígidos— y de fortalecer la cooperación y la integración regional ante la creciente fragmentación multipolar.

También subraya la importancia de aprovechar los activos estratégicos de la región, como los minerales vinculados a la transición energética y la digitalización, mediante la incorporación de valor agregado y no a través de los patrones primario-exportadores tradicionales.

Esta perspectiva dialoga con la tradición estructuralista impulsada por Raúl Prebisch, artífice y líder intelectual de la CEPAL, quien defendió la transformación de la estructura productiva latinoamericana, la reducción de la dependencia externa y la aplicación de políticas macroeconómicas capaces de amortiguar los ciclos internacionales. Esa línea fue posteriormente enriquecida por Enrique V. Iglesias y José Antonio Ocampo desde enfoques institucionales y neoestructuralistas.

El diagnóstico del informe reactiva la tradición estructuralista al recordar que los desafíos del siglo XXI no pueden abordarse sin comprender las asimetrías históricas del sistema internacional. Su objetivo es mostrar cómo la región puede transformar la inestabilidad actual en una oportunidad para construir un modelo propio de desarrollo, apoyado en sus riquezas, capacidades productivas y posición estratégica dentro del nuevo contexto geoeconómico y geopolítico.

Biografía - Raúl Prebisch y los desafíos del Siglo XXI - Biblioguias at ...
Raúl Prebisch

Para comprender en su amplitud y profundidad, conviene partir de las tesis de Raúl Prebisch, quien a mediados del siglo XX revolucionó la teoría económica al demostrar que el comercio internacional no tendía necesariamente al equilibrio, sino a la polarización mediante el modelo centro-periferia. Su advertencia sobre el deterioro de los términos de intercambio explicaba por qué las naciones exportadoras de materias primas quedaban rezagadas frente a los centros industrializados.

Hoy, la CEPAL reactualiza este enfoque al advertir que la transición energética y la revolución digital pueden reproducir la vieja división internacional del trabajo. América Latina cuenta con recursos críticos —litio, cobre, hidrógeno verde y biodiversidad—, pero la mera posesión de recursos naturales no garantiza el desarrollo si estos se exportan sin valor añadido. Aquí, la contribución de Celso Furtado adquiere una vigencia crítica. Para Furtado, el subdesarrollo no era una etapa previa al desarrollo, sino una estructura ramificada y autosostenida por la dependencia tecnológica y la concentración del ingreso. El informe retoma esta preocupación al advertir sobre las rupturas en las cadenas globales de suministro: si la región se limita a proveer minerales estratégicos a las potencias en disputa, profundizará el dualismo estructural que Furtado había identificado.

Presentación del texto «Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica» en Santiago (Chile), el 4 de agosto.

La respuesta del informe ante este riesgo es la adopción de un “no alineamiento activo”. Esta postura no equivale a una neutralidad pasiva, sino a una estrategia pragmática orientada a la diversificación productiva, la soberanía tecnológica y la ampliación del margen de maniobra internacional. En términos prebischianos, supone reinterpretar la industrialización y la transformación productiva para adaptarlas a la era de la inteligencia artificial, los mercados verdes y la fragmentación geoeconómica multipolar.

Esa nueva situación ha derivado hacia una arquitectura tripartita marcada por las esferas de influencia de Estados Unidos y China, mientras la Unión Europea intenta consolidarse como un tercer bloque. Esta competencia redefine los flujos globales de comercio e inversión y exige que América Latina fortalezca sus instituciones para negociar con mayor autonomía.

En este punto, las contribuciones de Enrique V. Iglesias recuperan un valor estratégico. Desde su gestión en la CEPAL y el Banco Interamericano de Desarrollo, Iglesias sostuvo que el desarrollo económico requiere instituciones sólidas, transparentes y resilientes frente a choques externos. En la actual fragmentación geoeconómica, esas instituciones no solo deben ser eficientes, sino también capaces de evitar la subordinación a las lógicas financieras.

Frente a las lógicas financieras, la volatilidad cambiaria, la inflación importada y las crisis de deuda asociadas a la recomposición de los tipos de interés globales, el enfoque macroeconómico de José Antonio Ocampo resulta indispensable. Ocampo ha defendido históricamente la necesidad de aplicar políticas contracíclicas y de regular las cuentas de capital para proteger a las economías periféricas de los vaivenes especulativos internacionales.

Actualmente, aplicar las tesis de Ocampo implica superar las políticas procíclicas de ajuste ortodoxo y avanzar hacia mecanismos de estabilización macroeconómica. El informe converge con esta visión al subrayar la urgencia de crear fondos de estabilización y redes regionales de seguridad financiera que amortigüen los choques externos derivados de la disputa comercial y tecnológica entre Washington y Pekín.

En consecuencia, el enfrentamiento entre Estados Unidos y China obliga a América Latina a diseñar una inserción internacional inteligente y pragmática. Estados Unidos busca asegurar las cadenas de producción y contener el avance tecnológico chino en su zona de influencia histórica. China, por su parte, continúa expandiéndose mediante inversiones en infraestructura y comercio. La Unión Europea, por su parte, intenta actuar como un bloque equilibrador mediante estándares de sostenibilidad ambiental y digitalización, aunque con menor peso financiero y militar.

Frente a esta polarización, como ha señalado Josep Borrell, exalto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea, la respuesta regional exige avanzar hacia una mayor integración, aunque no puede depender exclusivamente de consensos políticos entre gobiernos de turno, a menudo frágiles o enfrentados, sino que debe apoyarse en proyectos concretos y en actores capaces de ejecutarlos.

Ahora desde la realidad corporativa donde las reglas tradicionales de la globalización han sido sustituidas por la relocalización de las cadenas de producción, las afinidades políticas y la seguridad nacional como criterios centrales del comercio y la inversión, las empresas multilatinas desempeñan un papel decisivo. Su presencia en varios países de la región, así como en España y Europa, les otorga una flexibilidad operativa para liderar cadenas regionales de valor en sectores como la agroindustria, la manufactura avanzada, las energías renovables, la farmacéutica, la aeronáutica, la electrónica, las fintech y los unicornios tecnológicos.

Coordinadas con el sector público, estas empresas pueden convertirse en ejecutoras prácticas del “no alineamiento activo”. Su capacidad para operar simultáneamente con los mercados estadounidense y europeo, captar inversiones chinas e incorporar exigencias ambientales y digitales de la Unión Europea amplía el margen de maniobra de la región y reduce el riesgo de una nueva dependencia y aumenta la viabilidad de las propuestas de desarrollo soberano que no dependerá solo de la calidad del diagnóstico, sino de la capacidad de los gobiernos para traducirlo en una agenda concreta, coordinada y sostenida.

Manos sosteniendo un círculo de banderas de América Latina alrededor de ...Como bien da cuenta el informe, la región cuenta con activos estratégicos revalorizados por el nuevo contexto geopolítico —energía, alimentos, minerales críticos, biodiversidad, capacidades productivas y talento—, pero esos activos solo se convertirán en desarrollo si existen estrategias claras, instituciones sólidas y mecanismos eficaces de gobernanza regional basadas en tres pilares:

  • Integración pragmática: la integración regional no requiere unanimidad política, sino acuerdos funcionales entre países que compartan intereses concretos en áreas como energía, infraestructura, digitalización, ciencia, innovación y cadenas regionales de valor.
  • Protagonismo empresarial: las multilatinas y el conjunto de empresas innovadoras de la industria manufacturera, la agroindustria, la farmacéutica, la aeronáutica, la electrónica, las fintech y los unicornios tecnológicos pueden actuar como motores prácticos de integración productiva.
  • No alineamiento activo: ante las presiones de influencia contrapuestas de Estados Unidos, China y la Unión Europea, esta estrategia deja de ser una formulación retórica para convertirse en una necesidad de supervivencia económica, autonomía tecnológica y capacidad negociadora internacional.

En suma, de acuerdo a los postulados del informe, aprovechar la fragmentación geoeconómica multipolar para transformarlas en oportunidades de diversificación e innovación productiva, fortalecimiento institucional e inserción digital es el camino más consistente para que América Latina deje atrás el ciclo histórico de la dependencia. Solo mediante una combinación de visión estratégica, integración inteligente, dinamismo empresarial, cooperación pública-privada y alianzas internacionales equilibradas, podrá la región avanzar hacia un desarrollo más equitativo, competitivo y verdaderamente sostenible creador de bienestar social.