El Foro Social Mundial de Túnez y los vendedores de causas perdidas
SANTIAGO ALBA RICO| El Foro Social Mundial 2013 se cerró el sábado pasado en Túnez con una marcha en solidaridad con Palestina, la única causa del mundo -aparte ese vago “otro mundo es posible” de la convocatoria- que une sin diferencias a todos los movimientos sociales, partidos y organizaciones del espectro rebelde, incluidas algunas de derechas o de extrema derecha, como es el caso de los salafistas que hacían ondear sus banderas negras, barbas al viento, en medio del tumulto.
Fuera de ese puntito de dolor compartido, el Foro ha sido sobre todo el campo paradójicamente festivo de un crepitar de forcejeos, tensiones y rivalidades territoriales. Un campo de batalla, si se quiere, donde se libraban escaramuzas de muy diversa índole y en muy dispares niveles de visibilidad.
¿Qué es el FSM? Nunca había asistido a ninguno antes y no puedo comparar, pero en el nivel más superficial, que es también el más “humano”, llamaba la atención enseguida su dimensión “mercantil”: el campus de la Universidad del Manar en la capital tunecina se ofrecía a la vista como una inmensa, alegre, bulliciosa feria de vendedores de causas perdidas.
Logos, banderas, eslóganes, panfletos, chapas, pancartas, desde las jaimas y los stands se intentaba despertar el apetito de justicia de los visitantes, cada uno en su especialidad y desde su organización: los inmigrantes, los enfermos, los prisioneros, los desaparecidos, los torturados, la naturaleza, los bienes comunes, las minorías, los pueblos oprimidos, todos los dolores y agravios de la tierra buscaban de buen humor un altavoz en la plaza. Se puede juzgar con severidad esta vertiente publicitaria como una banalización de la política, e incluso como una prueba del fracaso de los Foros, pero eso sería, me parece, un exceso de puritanismo.
El mercado tradicional, el mercado ambulante de las aldeas, donde los
Las causas perdidas tienen derecho a otro mercado posible. Pero debe haber sin duda algo mal planteado en el Foro cuando se deja participar también en él a otras causas: las causas -precisamente- de nuestras derrotas. Máxima pluralidad y máxima igualdad sólo hay allí donde se trata de manera indiferente, y se da acceso al mismo espacio, a verdugos y víctimas sin distinción.
El Foro no debería reconocer ese tipo de pluralidad y de igualdad, que es el específico -esta vez sí- del mercado capitalista. En términos políticos era sencillamente repugnante ver yuxtapuestos en el espacio a los defensores de la autodeterminación del pueblo saharaui junto a los esbirros de la monarquía marroquí, que trataron además de boicotear la asamblea de movimientos; como era ignominiosa la presencia provocativa de los baazistas pro-Assad, los cuales agredieron físicamente a un grupo de comunistas sirios que pedían apoyo a la revolución.
Más insidiosa ha sido la intromisión económica. Foro tras Foro, el peso de los movimientos sociales ha ido disminuyendo en favor de las grandes ONGs financiadas por los poderes más inicuos del planeta. Según el conocido investigador marxista Samir Amin, estas grandes instituciones representarían ya el 75% de las organizaciones presentes en el encuentro. Produce sin duda alguna incomodidad reparar en la financiación de Petrobras, la compañía petrolera brasileña, con sus delegaciones instaladas en el lujoso hotel Africa de la capital, pero el colmo de la “contradicción” -eufemismo frecuente para una bofetada moral- ha sido la presencia en el recinto de un stand del USAID, la nefanda Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional, punta de lanza y anestesia del imperialismo en América Latina. Un escrache rápidamente improvisado los obligó a abandonar el lugar, aunque no, sin duda, sus maniobras en la sombra.
¿Y Túnez? ¿Qué pinta Túnez en todo esto? Los que hemos vivido la
Sólo en la capital y sólo durante cuatro días, Túnez ha sido “nuestro”. Es verdad, en la misma calle Bourguiba donde el viernes se gritaba “Chaves vivi vivi” y se cantaba al Che Guevara, hace veinte días se prendió fuego un joven vendedor de cigarrillos de 26 años, desesperado por la miseria y la indignidad. La vuelta a la normalidad será dura y la harán más dura. Pero interpretado en clave local el Foro ha sido mucho más que una tregua. Cuando el sábado por la noche, tras la clausura del encuentro, la policía multiplicó los controles y pidió los papeles a decenas de activistas, sus insultos y malos modales querían enviar una señal (“cuidado: se acabó la juerga”), pero eran también una venganza. Se trataba de evitar que los tunecinos volvieran a casa con la sensación de una victoria que, al mismo tiempo, sin embargo, esta agresión simbólica no podía dejar de reconocer.
Vendedores de causas perdidas y muñidores de lobbies socio-económicos, el Foro no cambiará el mundo. Pero ilumina los cambios ya producidos en el mundo árabe y, para hacerlo, ha tenido que repartir algunas linternas entre los que desean cambiarlo.
