El foco perdido
Nieves y Miro Fuenzalida
Si fueras a ver a la Mona Lisa en Paris, descubrirías que ahora está escondida detrás de un montón de personas provenientes de todas parte del mundo abriéndose paso a empujones hacia el frente, sólo para inmediatamente darle la espalda después de tomar un selfie y volver de nuevo a la salida. Nadie mira a la Mona Lisa durante más de unos segundos. Su famosa sonrisa ya no parece un enigma… ¿Por qué ya no miramos como acostumbrábamos a mirar?
Pareciera que ya por varios años nos hemos vuelto incapaces de prestar atención por algún tiempo a las cosas que importan y a las actividades que requieren formas más largas de concentración, como leer un libro, por ejemplo. Un pequeño estudio que investigó con qué frecuencia los estudiantes universitarios en Estados Unidos realmente prestan atención a cualquier cosa, indica que, en promedio, un estudiante cambia de tarea un vez cada sesenta y cinco segundos. 
La cantidad mediana de tiempo en que se concentraron en cualquier cosa fue sólo de diecinueve segundos. Otro estudio de Gloria Mark, profesora de informática en la Universidad de California, mostró que un adulto que trabaja en una oficina se concentra, en promedio, en una sola tarea no más de tres minutos. Según la evidencia, hay todo tipo de factores que actualmente están reduciendo nuestra capacidad para prestar atención. Algo mucho más profundo que la mera falla personal o el surgimiento de un nuevo invento es lo que está ocurriendo actualmente.
No seria arriesgado decir que lo que estamos presenciando es el desarrollo de “una cultura patógena atencional”, como la han llamado algunos, un entorno en el que el enfoque sostenido y profundo es extremadamente difícil de sostener. Esto es algo que se nos hace y lo hacen fuerzas bien poderosas, incluyendo, antes que nada, el Big Tech. Según el escritor y periodista británico Johann Hari este es un problema sistémico.
Como muy bien dice, una vida llena de distracciones es una vida disminuida. Cuando no podemos prestar atención sostenida, no podemos lograr las cosas que deseamos lograr. Según indica un estudio del profesor Michael Posner de la universidad de Oregón, si uno está enfocado en algo y se nos interrumpe, en promedio toma veinte tres minutos recuperar el foco. Y esto ocurre no sólo a nivel individual, sino también social. Esto es importante porque el intento de comprender la raíz de los tremendos problemas que hoy la sociedad enfrenta, requiere, obviamente, un foco sostenido por parte del mayor número de personas durante suficiente tiempo para separar la fantasía de los hechos.
En la Universidad de Stanford funciona el laboratorio de tecnología persuasiva. Un lugar donde los científicos averiguan cómo diseñar tecnologías que puedan cambiar tu comportamiento, sin que tú sepas que estás cambiando. La idea es usar todo lo que los científicos han descubierto durante el siglo XX sobre cómo cambiar el comportamiento de otras personas y cómo integrarlo en los códigos computacionales. Si realmente hay reglas que gobiernan la conducta de lo que la gente hace, su conocimiento le ofrecería al Big Tech un tremendo poder.
La ventaja que las computadoras actualmente ofrecen es que tienen el potencial de ser mucho más persuasivas que las personas, al ser mas persistentes, al ofrecer un mayor anonimato y al poder ir donde los humanos no pueden o no son bienvenidos. El psicólogo B.F. Skinner, recordamos, fue el hombre que en el siglo pasado encontró la manera de hacer que las palomas, las ratas y los cerdos hicieran lo que él quisiera ofreciéndoles los refuerzos o recompensas adecuados para su comportamiento.
Después de haber quedado en el olvido por algún tiempo, Skinner vuelve a ser rescatado por Silicon Valley. Tomando la idea del refuerzo. los estrategas de las compañías digitales diseñaron aplicaciones con refuerzo inmediato. Si deseas moldear el comportamiento del usuario, por ejemplo, asegúrate de que obtenga corazones y “me gusta” de inmediato. El uso de estos principios da origen a Instagram para luego expandirse a Facebook, YouTube y otras empresas tecnológicas.
A través del mudo se cuentan aproximadamente once mil millones de interrupciones al día que tienen un tremendo efecto en nuestra capacidad de atención. Este es el efecto ineludible del modelo de negocio con los que operan las empresas como Facebook, Google, Tweetter o YouTube, entre otras. La gente en Silicon Valley no tiene ningún interés en diseñar dispositivos y sitios en la web que no mantengan la atención de las personas. Después de todo, es este modelo el que ha hecho posible que Larry Page, uno de los fundadores de Google, posea una fortuna personal de 102 billones de dólares. Sus colegas Sergey Brin, 99 billones y Eric Schmidt, 20.7 billones. Y Google, como compañía, un trillón de dólares, lo que equivale a toda la riqueza de México e Indonesia.
Facebook gana más dinero por cada segundo adicional que estás mirando su sitio y pierde dinero cada vez que dejas de mirar. Mientras más tiempo observas el sitio, más anuncios miras. Los anunciantes le pagan a Facebook para llegar a tí. Pero, además de esta obvia razón de porqué Facebook quiere que sigas mirando el sitio, hay, además, otra más sutil. Cada vez que envías un mensaje o una actualización de estado en Facebook, Snapchat o Twitter y cada vez que buscas algo en Google, queda escaneado, clasificado y almacenado para formar una perfecta descripción de ti.
Lo que estas empresas hacen es crear un perfil tuyo para venderlo a los anunciantes o para ser usados eventualmente por las agencias de seguridad estatal, si la situación lo requiere. Cada vez que una de estas empresas proporciona algo gratis, es para mejorar el modelo que tienen de tí. ¿Por qué Google Maps es gratis?: Para saber donde vas todos los días ¿Por qué Amazon Echo se vende tan barato, mucho menos de lo que cuesta fabricarlo?: Para recopilar más información acerca de lo que dices en tu casa. Este es el modelo que construye y sostiene los sitios en los que pasamos tanto de nuestras vidas.
Era una elección activa. Un momento para hacer una pausa y pensar si querías seguir mirando. Aza diseño el código para que no te hicieras esa pregunta. Imagina que abres Facebook. Descargas una parte de las ecualizaciones. Te desplazas hacia abajo, moviendo el dedo y cuando llegas al final se carga automáticamente otra parte para que sigas mirando. Cuando llegas al final de esa, cargara otro fragmente y otro, y otro para siempre. Nunca lo agotas. Se desplazará infinitamente.
Una excelente invención, según Aza. Aumenta la velocidad y la eficacia, algo que siempre es bueno. Pero, luego de un tiempo, le entró la duda, según él cuenta. La gente a su alrededor cambiaba. Parecían incapaces de alejarse de sus dispositivos, hojeando de un lado a otro, gracias en parte al código que él había diseñado. Él mismo se encontró desplazándose infinitamente a través de lo que a menudo calificaba como basura y se preguntaba: ¿es éste un buen uso de la vida?
Según una estimación conservadora, el desplazamiento infinito te hace pasar un 50% más de tu tiempo en sitios como Twitter ¿Qué significa en la práctica,
¿Es la llegada de la computadora y el teléfono inteligente lo que cambió la forma en que miramos las cosas? Por supuesto, cualquier nueva tecnología de alguna manera cambia nuestras vidas. Pero, en verdad, gran parte del daño a nuestra capacidad de atención está siendo causada por algo más sutil. No por el teléfono o la computadora en si mismos, sino por la forma en que están diseñadas las aplicaciones, tanto en uno como en el otro. Y el diseño no es inevitable, ¿cierto?
a cosa es que si continua va a haber una clase de personas muy conscientes de los riesgos que corren y encontraran formas de vivir dentro de sus limites y luego estará el resto de la sociedad con menos recursos para resistir la manipulación que se sumirán cada vez mas dentro de sus teléfonos para mejor ser observados y manipulados.