El debate sobre frenar el desarrollo de la inteligencia artificial

Qué dicen sus cuatro líderes

 Ricardo Carnevali

 

Los directivos de Google, OpenAI, Anthropic y hasta Elon Musk, fundador de xAI, han advertido de los peligros de la inteligencia artificial y abogan ahora por un ritmo más pausado tras años de aceleración. Es que la industria tecnológica abre el debate sobre los límites del desarrollo.
Un tuit de la semana pasada ha puesto patas arriba todo el mercado tecnológico, al menos en lo relativo a la inteligencia artificial. Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, publicó este sábado un ensayo en el que pedía ralentizar el ritmo al que los desarrolladores diseñan y expanden estas nuevas herramientas. Coincidió con él Sam Altman, su homólogo de OpenAI. De hecho, la empresa creadora de ChatGPT ha decidido retrasar su salida a bolsa.
Elon Musk, Sam Altman y Dario Amodei dirigen empresas que son referentes en el desarrollo de inteligencia artificial.
El científico jefe de Google, Demis Hassabis, también ha respaldado esta postura. Incluso el magnate Elon Musk, creador de xAI, se ha sumado a estas reivindicaciones.No son solo los tecnólogos quienes dan la voz de alarma. Las advertencias vienen incluso desde las Naciones Unidas. «La actual carrera hacia una IA cada vez más potente supone un salto cualitativo hacia mayores riesgos existenciales para todos los aspectos de nuestras vidas», ha declarado este lunes el alto comisionado de la ONU Volker Türk.
Ante el avance de esta tecnología disruptiva, ha advertido de que todos los derechos humanos están en riesgo, «incluidos los derechos a la vida, la alimentación, la privacidad, la salud y la seguridad».

El giro de 180 grados de los magnates tecnológicos

Sam Altman y Elon Musk fundaron juntos OpenAI, pero el segundo abandonó la compañía en 2018 por discrepancias de gestión

Los grandes tecno-oligacarcas de occidente han dado un giro de 180 grados en su postura respecto a la IA, pasando del optimismo a la cautela –si no directamente a discursos catastrofistas–.

«El cambio drástico de postura responde al efecto dominó provocado por las alarmantes declaraciones de Jacob Coxon», analiza en declaraciones a Público Nuria Oliver, doctora por el Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y cofundadora de la Fundación ELLIS Alicante, dedicada a la investigación sobre IA.
La experta se refiere al exempleado de Anthropic que dimitió porque la inteligencia artificial podría «matarnos a todos» para finales de esta década, según publicó en Twitter. Su salida «puso en evidencia que la prisa comercial está obligando a saltarse controles críticos de seguridad que pueden tener graves consecuencias sociales si los agentes impactan el correcto funcionamiento de infraestructuras esenciales en sectores tan importantes como la energía, las finanzas, el transporte, etc.», recalca Oliver.
Aunque la científica considera que las declaraciones de Coxon fueron «sensacionalistas», a ellas se suman «los recientes fallos de confinamiento de agentes de AI por parte de varias empresas, incluyendo Anthropic y OpenAI». Ambas comunicaron este verano que sus agentes de IA habían accedido a internet sin autorización y, en el caso de OpenAI, incluso llegaron vulnerar los sistemas de la empresa Hugging Face. Estos eventos «han corroborado que las empresas que desarrollan agentes de IA no son capaces de controlarlos», considera la doctora por el MIT.

De la IA generativa a la IA agéntica

La IA generativa es una inteligencia artificial que puede crear contenido original, como texto, imágenes, vídeo, audio o código de software, en respuesta a una instrucción o solicitud de un usuario. La IA generativa se basa en el uso de modelos de machine learning denominados modelos de deep learning, algoritmos que simulan los procesos de aprendizaje y la toma de decisiones del cerebro humano, y otras tecnologías como la automatización de procesos robóticos (RPA).

Estos modelos funcionan identificando y codificando los patrones y las relaciones en enormes cantidades de datos, y utilizando después esa información para entender las peticiones o preguntas de los usuarios en lenguaje natural. Estos modelos pueden generar texto, imágenes y otros contenidos de alta calidad en función de los datos con los que se entrenaron en tiempo real.

La IA agéntica actúa de forma autónoma, toma decisiones, se adapta a entornos cambiantes y completa tareas complejas sin supervisión humana constante.

La IA agéntica describe los sistemas de IA que están diseñados para tomar decisiones y actuar de forma autónoma, con la capacidad de perseguir objetivos complejos con una supervisión limitada. Reúne las características flexibles de los modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM) con la precisión de la programación tradicional. Este tipo de IA actúa de forma autónoma para lograr un objetivo mediante el uso de tecnologías como el procesamiento del lenguaje natural, machine learning, aprendizaje por refuerzo y representación del conocimiento.

Es un enfoque proactivo con IA, mientras que la IA generativa reacciona a las aportaciones de los usuarios. La IA agéntica puede adaptarse a situaciones diferentes o cambiantes y tiene «autonomía» para tomar decisiones en función del contexto. Se utiliza en varias aplicaciones que pueden beneficiarse de un funcionamiento independiente, como la robótica, el análisis complejo y los asistentes virtuales.

El experto menciona el caso del Reglamento de la IA de la Unión Europea, que busca garantizar la protección de los derechos fundamentales ante el avance de esta tecnología disruptiva. Con todo, Sierra identifica un tercer factor que ha podido influenciar en el cambio de postura de las grandes empresas: «Después de años de narrativa de aceleración sin límites, la comunidad comienza a reconocer que la velocidad sin control puede ser contraproducente».

¿Qué significa desacelerar el avance de la IA?

Sam Altman dice que hay dos formas de que la IA termine mal: que nadie la controle o que la controle uno solo
Para Nuria Oliver, esta ralentización «supone priorizar la seguridad humana y la ciberseguridad global por encima de la velocidad comercial y la carrera por la cuota de mercado». Y a su vez, «conlleva estar sometidos a regulación», añade, como también sucede en otros sectores «que pueden impactar la vida de las personas», tales como aerolíneas o farmacéuticas, ilustra. De acuerdo con Riera, las empresas tecnológicas se verían beneficiadas de esta política en el largo plazo, ya que «podría acelerar la confianza y adopción responsable de la tecnología».
Pero la desecelaración en sí misma no es suficiente. También «exige imponer auditorías
La IA sin frenos admite que necesita desacelerar: Anthropic, OpenAI y Musk se alinean por primera ve

independientes y moratorias de despliegue hasta contar con garantías reales de contención», recalca Oliver. De igual modo, defiende «poner fin a la impunidad corporativa mediante la asignación de responsabilidad objetiva y penal a los ejecutivos por los ciberdelitos o daños provocados por sus agentes autónomos, impidiendo que se escuden en la ‘imprevisibilidad’ del sistema».

*Doctorando en Comunicación Estratégica, Investigador del Observatorio en Comunicación y Democracia, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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