Desvío de impuestos en el gobierno de Javier Milei
El Ejecutivo argentino dispone a capricho de fondos públicos mientras clama contra los impuestos.
El País
El Gobierno de Javier Milei celebra el superávit fiscal como una de las pruebas decisivas de su éxito económico. Pero para lograr que le cuadren los números mantiene inmovilizados recursos que el Estado ha recaudado con fines específicos, como el dinero para el mantenimiento de la red de carreteras de Argentina o el destinado a obras hídricas. Una denuncia presentada ante la Justicia por la falta de ejecución de fondos fiduciarios acusa al Gobierno de haber acumulado un superávit cercano a los 3.000 millones de dólares por esta vía y de haber invertido gran parte de ese dinero en letras y títulos públicos.
El caso más elocuente es el del Sistema Vial Integrado (SisVial). De los aproximadamente 1.000 millones de dólares recaudados en los últimos dos años y medio para construir y mantener carreteras nacionales, apenas se ha adjudicado el 26%, mientras que lo demás fue a parar a inversiones financieras en forma secreta. El presidente Milei se jactaba, mientras tanto, de liderar el mayor recorte de gastos de la historia argentina, mientras clamaba que los impuestos eran un “robo” perpetrado por el Estado cuyo único fin consiste en enriquecer a una casta política corrupta, el mensaje antisistema que lo llevó al poder en 2023.
El objetivo del superávit no puede convertirse en una licencia para disponer discrecionalmente de cualquier recurso público. El equilibrio fiscal es una política legítima, pero no puede alcanzarse sacrificando inversiones para infraestructuras que Argentina necesita. Una ruta que
Una administración puede decidir qué obras son prioritarias y tiene derecho a revisar contratos, eliminar gastos innecesarios y exigir eficiencia. Pero el Gobierno de Milei va en contra de su propio discurso anticasta si se arroga la autoridad de transformar recursos adjudicados por ley para fines específicos en una especie de reserva financiera para disponer de ella a capricho según sus intereses políticos. Sus formas se parecen aún más a las de la vieja política si, además, condiciona la entrega de esos fondos a las provincias a que sus legisladores aprueben las leyes que impulsa.
*Editorial de El País, de España