Brasil: dos lecturas de una fecha mentirosa (el golpe de 1964)
El 31 de marzo de 2024 marca los 60 años de la Revolución Democrática, o Redentora, que liquidó el gobierno del presidente João Goulart y eliminó el riesgo de que Brasil se volviera un país comunista.
El 31 de marzo de 2024 marca los 60 años del golpe cívico-militar que derribó a Goulart e instauró una dictadura que, además de entregar el país a intereses privados y famélicos, cubrió de sombras el horizonte a lo largo de 21 años, con mareas de censura, tortura, desapariciones y asesinatos que permanecen impunes.
La primera lectura impera, de forma no tan discreta, entre los militares en activo. Pero aun así, nada de
La segunda visión impera entre las parcelas mínimamente lúcidas de los brasileños. Para la ultraderecha, concentrada alrededor del desequilibrado Jair Bolsonaro y su pandilla familiar, será una jornada para recordar que siguen listos para liquidar el comunismo que paira sobre nuestras pobres almas.
Las anteriores son lecturas que parten de un equívoco. Lo que ocurrió aquel martes 31 de marzo fue la iniciativa casi a tientas del general Olimpio Mourão Filho, de anticiparse a lo que sus colegas estaban tramando. Él comandaba una tropa en Juiz de Fora, pequeña ciudad del sur de Minas Gerais, a unos 185 kilómetros de Río de Janeiro. Era conocido principalmente por su costumbre de hacer la siesta ostentando un fulgurante pijama de color rojo vivo.
Su intención era ocupar, con su tropa raquítica, la ciudad de Río de Janeiro, donde estaba Goulart, detenerlo y adueñarse del poder con sus pares. Al día siguiente, primero de abril, Goulart seguía en Río e intentó darle vuelta al escenario. Buscó a generales con tropas de verdad, y no al batallón del golpista, tratando de contar con su lealtad. En vano: el golpe ya estaba en marcha.

Brasil se sumergió en una dictadura cruel. Menos sanguinaria, por cierto, que las de Uruguay, Chile y principalmente Argentina; sin embargo, la más duradera: 21 años de violencia, usurpación y sombra.Hubo elecciones presidenciales en 1989, luego de 28 años. El ganador, Fernando Collor de Mello, no tenía ninguna trayectoria política significativa, y se reveló un corrupto de irresponsabilidad sin límites.
La herencia maldita de esos 21 años de dictadura puede ser revelada bajo mil abordajes, todos correctos.
Una forma, sin embargo, siempre me pareció la más tremenda, la más abyecta y perversa: la manera en que la memoria brasileña fue literalmente fulminada.
Mi generación y las dos que vinieron en seguida (nací en 1948), guardaron buena carga de recuerdos y registros. Las que vinieron después fueron creadas bajo las fuerzas del olvido y la negación. Brasil se volvió un país amnésico, perversamente amnésico.
Otra hazaña de la dictadura fue liquidar la educación, tanto la pública como la privada, en todos los niveles. Entre esas dos hazañas, el régimen y sus cómplices civiles dejaron un país de ignorancia olímpica y, vale reiterar, de una amnesia sin límites.
Hoy, 31 de marzo, se recuerdan 60 años del final de la democracia, un periodo que duraría largos, infinitos 21 años.
Sí, sí: en las casernas, militares en activo celebrarán discretamente la fecha, y los retirados, con inmensa euforia.
Bolsonaro, los hijos y su pandilla, con la esperanza de poder retornar a aquellos años de gloria.
Para sorpresa generalizada, el gobierno de Lula no hará ninguna mención a la fecha. Se comenta que fue un acuerdo con los militares: ellos no se manifiestan, nosotros tampoco. Además de profunda decepción en la mayoría de los brasileños, la actitud de Lula sirvió para esparcir mareas de irritación entre sus seguidores.
Y casi, casi, hubo coherencia en la fecha: si en el mundo hispánico el 28 de diciembre es el día de los Santos Inocentes, nosotros somos más directos: el primero de abril es el Día de la Mentira.
Así que no pasó nada el 31 de marzo, ni Libertadora, ni Redentora y, mucho menos, una revolución. Lo que ocurrió al día siguiente, primero de abril, fue, eso sí, incoherente realidad: ninguna mentira, pero sí un golpe de Estado.
De verdad, miserable, abyecto, perverso.
*Periodista, escritor y traductor, es tal vez el autor brasileño con mayor proyección en el ámbito de la literatura latinoamericana