Argentina: Lo que el viento no se llevó

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JUAN GUAHÁN| La furia del viento que –hace pocos días- azotó la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, donde reside más del 37% de la población de todo el país, arrasó con muchos bienes –materiales y espirituales- pero también dejó varios interrogantes que no conviene olvidar. Mientras tanto los vaivenes de la coyuntura muestran, a cada momento, aristas más filosas.

Question Latinoamérica

Sesudos comentaristas televisivos y adustos funcionarios (nacionales y del derechista gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) debaten si fue un “tornado”, una “corriente descendente” o “tormentas severas”. En estas pocas líneas preferimos tomar otros caminos menos academicistas pero más cercanos a la realidad. Queremos abordar este fenómeno metereológico y sus consecuencias desde otros varios puntos de vista: Sus probables causas, las imprevisiones estatales, las características de sus principales víctimas y su reflejo en las distintas respuestas sociales producidas.

Acerca de sus causas se podrá decir que este tipo de fenómenos se producen desde que la humanidad existe. Lo cual es cierto. No es menos cierto que llaman la atención dos cuestiones: Que estos hechos son cada vez más frecuentes y que ellos tiendan a concentrarse en áreas urbanas densamente pobladas. El incremento de su frecuencia (en Estados Unidos hubo, en el 2011, un 300% más de tornados que el promedio de los últimos 20 años) puede estar vinculado al calentamiento global directamente relacionado con el actual modelo de desarrollo basado en un creciente consumo de energía fósil (petróleo, gas y carbón).

En cuanto a la tendencia a que los grandes centros urbanos sean epicentro de los mismos nos remite a las inquietantes experiencias del Proyecto HAARP -de las Fuerzas Armadas y universidades estadounidenses- y su capacidad de producir catástrofes generalizadas mediante el uso de armas geofísicas.

Otra cuestión que no se puede soslayar es la imprevisión estatal de la que son prueba evidente el mínimo de 17 muertos, más de 200 escuelas destruidas y la ausencia de luz y agua en distintos lugares del sur y oeste del Gran Buenos Aires, a 10 días del fenómeno. Éste ocurrió en la rica ciudad de Buenos Aires, que tiene un gobierno opositor, pero también en la más pobre área suburbana de la provincia del mismo nombre, con un gobierno oficialista. Ello parece reflejar un mal de buena parte de la dirigencia política argentina, más preocupada por la próxima elección que por la suerte de ésta y las próximas generaciones.

Ver, por ejemplo, podridos por dentro a postes de luz caídos indica una falta de mantenimiento y renovación que quedaron a la vista de aquellos que lo quieran observar. Pero esa falta de previsión “alguien” la paga y muchas veces de un modo muy caro.

Cuando pensamos en ese “alguien”, en las víctimas, nos encontramos con el hecho que estos fenómenos no afectan a todos por igual. Las 5 personas muertas en la Capital Federal habitaban en la zona sur (la más pobre) y la mayoría de ellos residía en la populosa Villa 21-24 de Barracas. En el Gran Buenos Aires las zonas mayormente afectadas y gran parte de las víctimas están en las periferias más pobres y abandonadas. Estos datos demuestran que con una mejor infraestructura habitacional y servicios menos precarios muchas pérdidas se hubieran evitado.

Por último, no podía faltar en estas consideraciones las diferentes respuestas que se dieron en la sociedad. Como para demostrar que las falencias de la dirigencia política, en materia de imprevisión y falta de solidaridad, también alcanzan a otras franjas de la sociedad nos encontramos que también hubo, en las zonas afectadas, manifestaciones repudiables. El temor “al otro” parece abrir brechas en la necesaria solidaridad social. Puertas de vecinos que se cerraban, grupos electrógenos que no se prestaban, son expresiones de un deterioro moral al que hay estar atentos.

En una dirección exactamente opuesta, el cansancio extremo de aquellos que procuraban restablecer condiciones materiales para un mínimo de dignidad a sus vecinos, más débiles o perjudicados, muestran que la esperanza sigue en pie.

Merecen un capítulo aparte los funcionarios porteños y del Municipio de Merlo que reprimieron a las propias víctimas de la catástrofe. Ello se verificó en Barracas cuando los bomberos, que tardaron horas en llegar, quisieron retirar el cuerpo de un niño muerto y fueron recibidos a pedradas por vecinos indignados, la respuesta policial fue a tiro limpio. En Merlo, los que reclamaban ayuda cortando una ruta fueron reprimidos con gases lacrimógenos y balas de goma.

Las nuevas alianzas

En medio del fárrago de novedades con los que la actual realidad nos mantiene expectantes está aconteciendo un cambio en las alianzas del gobierno que es bueno tener presente. Habrá que ver si esta tendencia se consolida o si se trata simplemente de avanzadas circunstanciales que no cambian la evolución seguida hasta ahora.

Desde los albores del kirchnerismo hubo un discurso orientado a favorecer a lo que se denomina “burguesía nacional”, es decir lo que se puede reconocer como empresariado nacional. Sobre este concepto hay muchos cuestionamientos, para algunos no son más que socios internos enlazados al gran capital trasnacional, algunos avanzan un poco más y sostienen que ciertos empresarios tienen de “nacionales” solo el documento de identidad. Lo cierto es que Néstor Kirchner solía comentar –en charlas informales- que Perón había privilegiado, en esa alianza de clases que es el movimiento peronista, a los pequeños y medianos empresarios. A renglón seguido agregaba que él tenía la impresión que había que darles un lugar mucho más gravitante a los grandes empresarios nacionales. Esa fue una tarea en la que se involucró personalmente y gran parte de estos años del “modelo” consistieron en tratar de construir y fortalecer este sector. Pero ahora hay indicios que hay un cambio en esa orientación.

En el seno del gobierno nacional, de la mano del peso cada vez mayor de Guillermo Moreno, va avanzando la idea que los miembros de la tradicional Confederación General Económica (CGE) se vayan transformando en interlocutores privilegiados del gobierno. Ello sería en desmedro de los grandes empresarios y de la Unión Industrial Argentina (UIA). El lento y progresivo opacamiento de José Ignacio de Mendiguren, actual líder de la UIA es una manifestación de esta tendencia. Todavía no ha aparecido en el horizonte un dirigente capaz de ocupar el lugar que tuvo junto a Perón –en la década de los 70- José Ber Gelbard, constructor y adalid de la CGE.

Los sectores sobre los cuales Moreno plantea apoyarse para alcanzar el objetivo propuesto serían -entre otras- las Cámaras empresariales del Cuero, Calzado, Juguete, Vestido, Procesadoras avícolas. Los empresarios de estos sectores deberían constituirse en los grandes protagonistas de esta nueva alianza social que –obviamente- supone que están acompañados por la fuerza mayoritaria de los grandes sectores populares, particularmente los trabajadores, sindicalizados o no.

¿Lobo estás?

Por cierto no estamos hablando de aquella fábula de “juguemos en el bosque”, mucho menos de un juego de niños. Es la sensación que uno siente, en estos días, cuando todo el poder imperial parece desplegarse ante algo tan simple, sencillo y elemental como la posibilidad de recuperar un pedazo de nuestra soberanía.

El pasado jueves una serie de acontecimientos pusieron nervioso a las expresiones actuales de ese poder imperial.

Las usinas de rumores hacían circular la versión que ese jueves sería el “Día D” en el que el gobierno argentino anunciaría alguna forma de intervención en REPSOL-YPF. Desde la mismísima Unión Europea –esa “vieja dama indigna”- se ocuparon de hacer saber a nuestro gobierno la “profunda preocupación” de ese importante bloque regional (la tercera economía mundial) por la forma en que se definiría el conflicto con REPSOL-YPF.

Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos (la primera economía mundial) le pedía a Cristina Fernández de Kirchner una reunión –realizada ayer- en medio de la “VI Cumbre de Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno de las América”, que hoy culmina –con muchos problemas- en Cartagena (Colombia). La reunión de Cristina con Obama fue con una “agenda abierta”. Obviamente este tema no estuvo ausente, mucho menos si tenemos en cuenta que el 17% de las acciones de REPSOL son norteamericanas.

En España, la Cancillería de ese país, ese mismo jueves, citó para el día siguiente (encuentro que efectivamente se concretó el día viernes) al Embajador Argentino para hacerle saber su “malestar” por la evolución del conflicto con la petrolera y el gobierno argentino. También desde España el Ministro de Industria, José Manuel Soria advertía que “cualquier hostilidad contra una empresa ibérica será considerada una hostilidad contra España y su gobierno” y luego amenazaba diciendo que “ello traería consecuencias”, la Vice Presidenta del Gobierno Español y su Canciller fueron aún más lejos e insinuaron la perspectiva de una ruptura diplomática. En Buenos Aires el embajador español trasmitía por los medios de comunicación su interpretación acerca de esas eventuales “consecuencias”. Suponía que ellas podían significar que podrían implicar el cierre de fronteras de Europa a determinados productos argentinos, otros voceros mencionaron soja y carne.

Además circuló –ese mismo jueves- un papel, sin firma ni membrete, planteando una proyecto de Ley (que no ingresó por Mesa de Entradas) en la que se planteaba una expropiación de más del 50% de las acciones de REPSOL-YPF con un pago que iría para largo. Por ejemplo, solo para fijar el valor de las acciones se fijaba un plazo de 3 años.

Lo cierto es que el gobierno argentino no tenía la intención de resolver esa cuestión ese jueves –en vísperas del viaje de la Presidenta a la reunión de Cartagena- pero sí elevar al máximo la tensión y ahora se verán finalmente los frutos de la negociación que está cerrando y que tomará estado público en los próximos días.

Para el gobierno argentino la mayor preocupación es la disponibilidad de recursos para hacer las inversiones necesarias que permitan revertir, en el más breve plazo posible, las insuficiencias hidrocarburíferas que motivan un constante drenaje de divisas.

De todas maneras estas reacciones en cadena de los poderes mundiales ponen en evidencia el modo de reacción imperial cuando algunos de sus privilegios pueden verse perjudicados.
Al momento de tomar las decisiones el gobierno argentino deberá tener en cuenta que es imprescindible una investigación acerca del modo en que los actuales propietarios accedieron a esa empresa y sus incumplimientos contractuales. Los fraudes y negociados que allí se encontrarán seguramente deslegitimarán los reclamos legales e indemnizatorios que puedan hacer los actuales propietarios.