Antonio Guterres aún no tiene reemplazo en la ONU

Mirko Trudeau

Rusia sugiere la entrada de nuevos nombres si ninguno de los ocho actuales consigue los apoyos necesarios

Los candidatos a la secretaría general de la ONU 2026 incluyen a seis personas con propuestas diversas y respaldo formal de al menos un Estado miembro. El proceso de selección está en su fase crítica, con evaluación pública y votación en el Consejo de Seguridad. La costarricense Rebeca Grynspan continúa en cabeza, con 12 apoyos y 3 rechazos. y le siguen dos dos representantes de América Latina y el Caribe: el argentino Rafael Grossi y la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett.
Rebeca Grynspan

La elección impactará la gobernanza global ante crisis climáticas, migratorias y de seguridad, y definirá el rumbo del multilateralismo en la próxima década. Si bien el mandato del actual Secretario General António Guterres finaliza el 31 de diciembre de 2026, el Consejo de Seguridad debe emitir una recomendación antes del 15 de octubre de 2026.

Fue la octava oportunidad de echar luz sobre el reemplazo de António Guterres al frente de Naciones Unidas, y octava muestra de que el proceso continúa anclado en las tinieblas. La votación informal de la última semana (jueves) en el Consejo de Seguridad volvió a colocar a la costarricense Rebeca Grynspan en cabeza, convirtiéndose en la candidata más fuerte, que ha ganado siete de las ocho votaciones y que además en la última amplió sus márgenes. No significa que la veterana política costarricense tenga garantizado el puesto de secretaria general de la ONU a partir del próximo 1 de enero.
Los seis aspirantes cuentan con respaldo formal de al menos un Estado miembro y han presentado sus visiones ante la Asamblea General. No hay candidatura única por región: tres proceden de América Latina (la costarricense Rebeca Grynspan, la chilena Michelle Bachelet, la guyanmesa Carolyn Rodrigues Birkett y el argentino Ricarado Grossi), , dos de África (Lana Zaki Nusseibeh de Emiratos Árabes Unidos y el ugandés Olara Otonnu) y uno de Europa (el turco Feridun Sinirlioğlu).

 

Detrás de Grynspan, volvió a quedar el argentino Rafael Grossi, que obtuvo 9 apoyos, 4 rechazos y dos votos sin opinión, los mismos que en el sondeo anterior. En tercer lugar, la guyanesa Carolyn Rodrigues Birkett (ocho votos a favor, cinco en contra y dos sin opinión), cuya candidatura se ha ido desinflando después de llegar a ser la más votada junto a Grynspan en los primeros sondeos. En su segundo sondeo, la emiratí Lana Nusseibeh volvió a quedar en cuarto lugar, tras obtener siete apoyos, seis rechazos y dos votos sin opinión.

Antonio Guterres, un largo adiós

El órgano retrocedió de nuevo al sistema de votos en el que todos los miembros del Consejo emiten sus consideraciones en una papeleta del mismo color, lo que no permite conocer si alguno de los cinco países con derecho a veto -Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido- bloquea la carrera de uno de los aspirantes. La razón se encuentra en la candidatura de Sinirlioğlu, presentada la semana pasada, que llevó al Consejo de Seguridad a reiniciar el proceso.

El proceso refleja una ONU en transición: entre la presión por reformas profundas y la inercia de estructuras decimonónicas. La elección no es solo un cambio de liderazgo. Es una prueba de fuego para la gobernanza global en una era de fragmentación geopolítica y aceleración climática.

 El sondeo fue ocasión de medir el efecto que las informaciones sobre la involucración de Emiratos Árabes Unidos en la guerra de Sudán, con su financiación a las guerrillas de las Fuerzas de Apoyo Rápido, están teniendo en la candidatura de su antigua ministra de Estado para Asuntos Exteriores, Lana Nusseibeh. La conclusión es que su carrera tampoco despega: ha quedado cuarta. Así que los dos nuevos candidatos han pinchado en esta votación.

Quedan ya menos de dos meses para que el mandato de Guterres termine y el proceso sigue bloqueado. Esta consulta entre los 15 miembros del Consejo de Seguridad —con cinco de ellos con derecho a veto, los que de verdad terminarán decidiendo quién liderará la ONU los próximos cinco años— muestra una pintura muy parecida a la de las anteriores votaciones.

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Pese al poco tiempo que queda para que venza el plazo, la batalla por ver quién manda en la ONU amenaza con alargarse. Rusia, que es uno de los cinco países a los que el futuro secretario o secretaria general necesita convencer forzosamente, acaba de sugerir que no basta con los ocho candidatos que ahora hay sobre la mesa, y que quizás convendría que surgieran nuevos nombres.

En teoría, este era el turno para que alguna persona de América Latina fuera la elegida para encabezar la ONU. Pero nada obliga a los países a cumplir el principio de rotación regional. Y Moscú considera que si ninguno de los candidatos actuales logra imponerse, sería la ocasión de empezar a pensar en nombres de otras regiones del mundo, según ha dicho un alto cargo del Gobierno de Vladímir Putin a la agencia Tass.

Kirill Logvinov, director del Departamento de Organizaciones Internacionales del Ministerio de Asuntos Exteriores, dijo que su Gobierno admite que ahora correspondía a América Latina y el Caribe proponer sus candidatos. Pero si ninguno de estos logra formar una mayoría, Rusia estaría dispuesta a analizar “un espectro más amplio de candidatos de otras regiones que puedan recabar el mayor apoyo posible”.

El 16 de octubre Mike Waltz, embajador de Estados Unidos ante la ONU, relativizó tanto el criterio de rotación regional como el deseo que han expresado muchos países y líderes, como el propio Guterres, de que el organismo tenga por primera vez una mujer como secretaria general. “Tenemos que hacerlo bien. En eso nos estamos centrando, sin guiarnos necesariamente por plazos u otras limitaciones. […] Si fuera una mujer, lo veríamos con buenos ojos. Pero siempre hemos dicho que necesitamos a la mejor persona para el puesto” dijo Waltz.