Con su huida a EE. UU. y una carta, Flávio repite la táctica golpista de la extrema derecha
Rodrigo Chagas – Brasil de Fato
*Una estructura que imitaba un misil llevaba la inscripción «Trump nuke Brazil» («Trump, ataca Brasil con armas nucleares») durante una manifestación a favor de Flávio. Crédito: Reproducción/Redes sociales.*
La huida de Flávio Bolsonaro (PL) a Estados Unidos, tras su derrota frente a Luiz Inácio Lula da Silva (PT) en las elecciones presidenciales del domingo 25, sitúa al senador dentro de una tradición de maniobras políticas de la extrema derecha latinoamericana organizadas desde territorio estadounidense.
Horas después de desembarcar en el país norteamericano, el candidato derrotado difundió una carta en la que se declara «el verdadero presidente electo de Brasil». La primera versión que circuló utilizaba un antiguo escudo de 1889, cuando el país se llamaba Estados Unidos del Brasil, aunque en el documento aparecía escrito en inglés: Brazil.
Flávio denuncia un fraude y presenta como supuesta prueba la decisión judicial que amplió el horario de votación, al trasladar el cierre de las urnas de las 17:00 a las 19:00. El senador omite, sin embargo, que él mismo también había solicitado una prórroga.
Lula ganó con una ventaja de 4,4 millones de votos, mientras que después de las 17:00 solo se registraron 34.300 sufragios.
Al autoproclamarse presidente, Flávio contradice a su propio partido, que reconoció el resultado, y repite la táctica utilizada por Juan Guaidó cuando se autoproclamó presidente de Venezuela.
A lo largo de más de seis décadas, organizaciones y dirigentes opositores de países como Cuba y Venezuela han utilizado Estados Unidos como base para presionar a sus gobiernos, promover bloqueos económicos e impulsar campañas internacionales de boicot y desestabilización. Se trata de entramados involucrados en atentados terroristas e intentos de golpe de Estado.
El presidente estadounidense, Donald Trump, expresó su apoyo al ingreso del senador brasileño en Estados Unidos. El Departamento de Estado confirmó que concedería visados a él y a su familia. Además, el lunes 26, Trump cuestionó la legitimidad de la victoria de Lula sin presentar pruebas de fraude.
Con esta huida, el candidato derrotado a la Presidencia pasa a integrarse personalmente en una estructura que ya había intentado movilizar el poder económico y diplomático de Estados Unidos para intervenir en las disputas internas de Brasil.
Se suma a su hermano Eduardo Bolsonaro, al influenciador Paulo Figueiredo y al exdirector de la Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin), Alexandre Ramagem. Los tres afrontan situaciones judiciales distintas, que incluyen acusaciones o condenas por delitos relacionados con la tentativa de golpe de Estado y las presiones contra las instituciones brasileñas. La conspiración ya ha producido resultados, como la ofensiva arancelaria y las sanciones contra políticos y autoridades.
Flávio también sigue los pasos de su padre, Jair Bolsonaro, quien viajó a Florida en diciembre de 2022, después de perder las elecciones presidenciales, y regresó a Brasil en marzo de 2023. Olavo de Carvalho, uno de los principales referentes ideológicos de la extrema derecha brasileña, también vivió durante años en Estados Unidos, desde donde producía contenidos políticos y mantenía vínculos con integrantes del movimiento bolsonarista.
La derecha latinoamericana
La derrota del bolsonarismo en Brasil rompe una secuencia de victorias electorales de candidatos de derecha respaldados por el Gobierno de Trump o políticamente cercanos a él en América Latina. Entre ellas figuran las elecciones presidenciales de Ecuador, Bolivia, Honduras, Chile, Costa Rica, Perú y Colombia, además de las legislativas argentinas de octubre de 2025, ganadas por el partido del presidente Javier Milei.
En Argentina, Estados Unidos anunció una operación de apoyo financiero de 20.000 millones de dólares y compró pesos en vísperas de la votación. Trump llegó a condicionar la continuidad de su respaldo al país al resultado electoral.
En septiembre de 2026, poco antes de las elecciones brasileñas, el presidente estadounidense celebró haber ganado las nueve contiendas latinoamericanas en las que, según él, había apoyado a candidatos. La reelección de Lula interrumpió la racha favorable a sus aliados.
La formación de una suerte de oficina de **lobby** en Estados Unidos contra Brasil no tiene precedentes en la historia del país, pero encuentra paralelismos de larga data en la trayectoria de países vecinos, como Cuba y Venezuela.

Cuba: de los atentados terroristas al lobby contra el propio país
La formación de una oposición organizada contra el Gobierno cubano desde Estados Unidos se remonta a la Revolución de 1959. Miami se convirtió en el principal centro político del exilio anticastrista y reunió a organizaciones que defendían desde la presión diplomática hasta las acciones armadas para derrocar a Fidel Castro.
En abril de 1961, exiliados cubanos entrenados y financiados por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) participaron en la invasión de Bahía de Cochinos. La operación, destinada a derrocar al Gobierno revolucionario, terminó con la derrota de los invasores a manos de las fuerzas cubanas.
En los años siguientes, organizaciones anticastristas participaron en atentados contra instalaciones, representaciones diplomáticas y ciudadanos cubanos. Entre sus principales integrantes estaban Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, involucrados en una red internacional de operaciones clandestinas.
El episodio más conocido ocurrió el 6 de octubre de 1976, cuando dos bombas destruyeron el vuelo 455 de Cubana de Aviación, que había despegado de Barbados. Murieron las 73 personas a bordo, entre ellas integrantes de un equipo cubano de esgrima. Documentos desclasificados del FBI y de la CIA identificaron a Carriles y Bosch como responsables de la planificación del atentado.
Carriles, que había mantenido vínculos con la CIA, volvió a aparecer en operaciones contra Cuba durante la década de 1990. En 1997, una serie de explosiones sacudió hoteles e instalaciones turísticas de la isla. Una de las bombas mató al turista italiano Fabio Di Celmo en La Habana. El objetivo de la campaña era golpear al turismo, entonces una de las principales fuentes de divisas de la economía cubana.
Pese a las acusaciones, Carriles pasó sus últimos años en Miami, donde murió en 2018. Bosch también vivió en Florida hasta su muerte, en 2011. Ninguno de los dos cumplió condena en Estados Unidos por el atentado contra el avión cubano.
Las acciones violentas coexistieron con la formación de organizaciones dedicadas a ejercer influencia institucional sobre la política estadounidense. Fundada en 1981 y encabezada por Jorge Mas Canosa, la Fundación Nacional Cubano Americana se convirtió en una de las principales estructuras de lobby anticastrista y estableció relaciones con congresistas e integrantes de la Casa Blanca.
Estas organizaciones participaron en campañas para endurecer las sanciones contra Cuba. En 1996, la aprobación de la Ley Helms-Burton consolidó el embargo económico estadounidense y amplió los mecanismos de presión sobre las empresas extranjeras que mantuvieran relaciones comerciales con la isla.
La influencia del anticastrismo sobre la política estadounidense se mantiene hasta hoy. Hijo de inmigrantes cubanos y nacido en Miami, Marco Rubio llegó al Senado en 2010 y asumió la Secretaría de Estado durante el segundo Gobierno de Trump. Rubio es uno de los principales defensores del endurecimiento de las sanciones contra La Habana y mantiene vínculos con dirigentes de la derecha latinoamericana, incluidos integrantes del bolsonarismo.
Bajo el Gobierno de Trump, y con la intervención directa de Rubio, el bloqueo pasó a golpear el suministro eléctrico de Cuba. Tras el ataque militar estadounidense contra Venezuela, en enero de 2026, Washington interrumpió el flujo de petróleo venezolano destinado a la isla y amenazó con imponer aranceles a los países que continuaran suministrándole combustible. Las medidas agravaron una crisis marcada por apagones prolongados, escasez de combustibles y dificultades de abastecimiento.

Venezuela: gobiernos paralelos, intentos de golpe y llamados a la intervención
En Venezuela, sectores de la oposición también construyeron relaciones políticas permanentes con Estados Unidos para presionar a los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
Uno de los principales dirigentes de ese proceso es Leopoldo López, fundador del partido Voluntad Popular. Cobró proyección internacional durante las manifestaciones contra Maduro en 2014, fue encarcelado y posteriormente pasó a cumplir arresto domiciliario. En abril de 2019 participó en un intento fallido de levantamiento político-militar contra el Gobierno venezolano.
López abandonó el país en 2020 y se estableció en España, desde donde continuó su actividad política contra el chavismo. Su trayectoria representa una de las formas de internacionalización de la oposición venezolana, aunque su base de operaciones está en Madrid y no en Estados Unidos.
Otra figura central es Juan Guaidó, quien se autoproclamó presidente interino de Venezuela en enero de 2019 y recibió el reconocimiento inmediato del Gobierno de Donald Trump, además del de decenas de países. Aunque no controlaba el territorio ni las instituciones del Estado venezolano, Guaidó pasó a reivindicar internacionalmente la autoridad presidencial.
El reconocimiento estadounidense estuvo acompañado de sanciones económicas contra el Gobierno de Maduro y de medidas relacionadas con activos venezolanos en el exterior. En abril de 2019, Guaidó participó, junto con López, en el intento de movilizar a sectores de las Fuerzas Armadas para derrocar al presidente venezolano.
Tras perder protagonismo dentro de la oposición, Guaidó abandonó Venezuela en 2023 y se instaló en Miami, donde continuó defendiendo cambios en el Gobierno de su país y manteniendo relaciones con organizaciones políticas estadounidenses.
María Corina Machado, otra de las principales dirigentes opositoras, también recurrió al apoyo internacional. Recibida por el presidente George W. Bush en la Casa Blanca en 2005, participó en campañas contra el chavismo y, en distintos momentos, defendió el aumento de las sanciones y la posibilidad de una intervención extranjera para sacar a Maduro del poder.
La presión de Estados Unidos alcanzó su punto más extremo el 3 de enero de 2026, cuando fuerzas militares estadounidenses atacaron Venezuela y secuestraron a Maduro y a la diputada Cilia Flores, su esposa.
La operación militar mostró hasta dónde estaba dispuesto a llegar el Gobierno estadounidense en el uso de la fuerza para cambiar el mando político de un país latinoamericano.
Brasil: la oficina bolsonarista en EE. UU. y los resultados de las presiones
El entramado bolsonarista en Estados Unidos cobró fuerza en 2025, cuando Eduardo Bolsonaro comenzó a actuar en ese país en busca de apoyo del Gobierno de Trump contra el STF y contra el juicio a su padre por la tentativa de golpe de Estado posterior a las elecciones de 2022.
Junto con Paulo Figueiredo, Eduardo mantuvo contactos con parlamentarios, integrantes del Gobierno estadounidense y organizaciones conservadoras. La estrategia incluyó la defensa de sanciones contra magistrados del Supremo, restricciones de visados y medidas económicas contra Brasil.
En julio de 2025, Trump anunció aranceles del 50% sobre productos brasileños y vinculó públicamente la medida con el proceso judicial contra Jair Bolsonaro. El Gobierno estadounidense también impuso sanciones al magistrado Alexandre de Moraes, posteriormente retiradas, además de restricciones de entrada en Estados Unidos contra autoridades brasileñas.
El sistema brasileño de pagos instantáneos, Pix, también pasó a figurar entre los asuntos cuestionados por Estados Unidos en sus investigaciones comerciales.
La actuación de Eduardo tuvo consecuencias judiciales. En junio de 2026, la Primera Sala del STF lo condenó a cuatro años y dos meses de prisión por coacción en el curso del proceso. Los magistrados consideraron que había promovido medidas de presión de Estados Unidos para intentar interferir en el juicio penal contra Jair Bolsonaro. En octubre, una vez que la sentencia quedó firme, se emitió una orden de detención contra el exdiputado.
Figueiredo, que también vive en Estados Unidos, pasó a ser procesado ante el STF bajo la acusación de integrar la estructura de desinformación relacionada con la trama golpista.
Alexandre Ramagem, exdirector de la Abin y aliado de la familia Bolsonaro, fue condenado a 16 años de prisión por su participación en la tentativa de golpe de Estado. Abandonó Brasil y pasó a vivir en Estados Unidos, mientras la Justicia brasileña busca su extradición.
La llegada de Flávio Bolsonaro se produce en un momento de fortalecimiento del entramado regional impulsado por el Gobierno de Trump. En marzo de 2026, el presidente estadounidense reunió a dirigentes latinoamericanos en Florida para lanzar el Escudo de las Américas, una coalición orientada oficialmente a combatir el narcotráfico y el crimen organizado, pero que también refuerza los vínculos políticos y de seguridad entre Washington y los gobiernos aliados.
