Los candidatos demócratas jóvenes, quebradero de cabeza para Trump

Partidarios del senador demócrata Jon Ossoff durante un acto de campaña, a 17 de octubre de 2026.
Partidarios del senador demócrata Jon Ossoff durante un acto de campaña

Existe un pulso generacional que se esconde detrás de las elecciones de medio mandato en EEUU. Son las primeras donde buena parte de la generación Z podrá votar y donde los candidatos jóvenes son interpretados como una posibilidad de cambio real. «El público en conjunto, independientemente del partido, busca un cambio y busca lo que podríamos llamar un cambio generacional», explica John Sides, profesor de la Universidad Vanderbilt.

Los estadounidenses tienen un presidente octogenario -que aún tiene dos años más por delante- y que ha sido ya protagonista de polémicas cabezadas mientras estaba en el Despacho Oval. Sin embargo, Donald Trump no es el primer anciano en liderar el país. Antes de él, Joe Biden también se convirtió en uno de los mandatarios más mayores que ha tenido Estados Unidos.

Una encuesta reciente de la Escuela Kennedy de la Ujiversidad de Harvard señala que solo el 15% de los jóvenes confía en que el Gobierno actúe correctamente siempre o casi siempre y solo un 13% cree que el país esté yendo en la dirección correcta. La mitad cree no tener voz ni voto en las decisiones gubernamentales.

Ahora son los jóvenes, prácticamente unos outsiders de la política, y quieren cambiar por completo el sistema. Ya sea desde la izquierda o desde la derecha. Candidatos como los demócratas Melat Kiros (29 años) o Abdul El-Sayed (41 años) o el republicano Joe Mitchell (29 años) son la respuesta a lo que ocho de cada 10 estadounidenses hace tiempo que piensan: la media de edad del Capitolio es demasiado alta.

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Las nuevas fuerzas jóvenes del Partido Demócrata buscan desplazar a la gerontocracia

Este cambio generacional se ha notado sobre todo dentro del Partido Demócrata. Bajo la ola de izquierdas antiestablishment también hay un claro relevo generacional. Durante el ciclo de primarias, una y otra vez se repetía el mismo patrón: candidatos jóvenes que desbancaban a legisladores con años de experiencia a sus espaldas. De hecho, se este giro a la izquierda no vendría tanto de que las bases se hayan vuelto más progresistas como de que ven en estos candidatos más jóvenes una promesa real de cambio.

En 2024, Trump volvió al poder con la perspectiva de una presidencia cómoda. Con una mayoría conservadora en el Supremo ya asentada —que ese verano le había concedido inmunidad presidencial—, el republicano logró conseguir la Casa Blanca y erigir también una ajustada mayoría en ambas cámaras del Congreso.Regresaba por la puerta grande con una trifecta en la que los demócratas, minoría tanto en la Cámara de los Representantes como en el Senado, tenían poco margen para frenar su agenda.

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Una una líder de padres palestinos, una  joven de raíces puertorriqueñas, una musulmana nacida en Somalia y una afroamericana se han convertido en los rostros de los nuevos vientos que soplan en el Congreso de Estados Unidos tras la inédita representación femenina alcanzada en la elección legislativa de 2018

Abdul El-Sayed

De hecho, El-Sayed logró imponerse en las primarias demócratas a pesar de que el lobby proisraelí AIPAC vertió una cantidad récord de dinero para frenarlo. El triunfo de El-Sayed el próximo 3 de noviembre también supondría la constatación de hasta qué punto se equivocó el equipo de Harris con su tibieza con Israel durante las presidenciales de 2024 y podría simbolizar también una reconciliación con el electorado propalestino.

James Talarico

Talarico está logrando penetrar en uno de los grandes bastiones del republicanismo gracias a un discurso en el que combina la moral cristiana de ayudar a los pobres con una agenda económica de izquierdas. Igual que El-Sayed, Talarico también ha puesto en el centro de su campaña la reclamación de una sanidad pública bajo el lema «Medicare for all». La irrupción del joven demócrata también da respuesta a la lucha que hay dentro del cristianismo estadounidense, y que parece haber terminado secuestrado por el nacionalismo blanco cristiano. Talarico defiende un cristianismo progresista en el que las personas LGTBIQ+ son bienvenidas y donde defiende el derecho al aborto.

Angie Nixon

A pesar del meteórico ascenso de Nixon en las primarias, es difícil que logre cambiar el color del estado, especialmente porque Moody está subrayando el carácter socialista de la demócrata. Una palabra que resuena con fuerza entre la comunidad venezolana y cubana exiliada.

Adam Hamilton

Kansas votó claramente por Trump las pasadas elecciones, pero las políticas comerciales y la guerra de Irán del presidente estadounidense han castigado a las bases rurales que lo auparon. Este contexto, sumado al perfil de Hamilton que apela también a esas comunidades cristianas que tampoco se sienten cómodas con el egocentrismo del republicano, ha hecho que el escaño del estado baile.