Vuelven las protestas en París pese a la pohibición: tensión en alza

Isabella Arria

Las autoridades francesas prohíben manifestaciones que no sean sindicales

 Miles de manifestantes salieron a las calles de París pese a las prohibiciones de protestas en varias ciudades francesas tras un fin de semana de enfrentamientos y saqueos generalizados, lo que constituyó el episodio de disturbios más violento en Francia en años. El presidente, Emmanuel Macron, afirmó que quiere “un regreso a la calma” y que escuchará las “demandas e inquietudes” de la comunidad estudiantil en la víspera de las grandes movilizaciones previstas. Los organizadores firmaron un documento policial comprometiéndose a mantener estática la protesta en la capital, debido al riesgo de violencia.

La tensión está disparada en Francia. También en la Asamblea Nacional, donde la oposición exige cabezas políticas y el Gobierno anuncia un despliegue policial masivo. La otra gran novedad en las protestas son los ultras, que también están intentando tomar las calles. Los enfrentamientos con los agentes, saqueos en masa y el caos en las calles tienen un responsable para la izquierda francesa: el Gobierno. La tarde de este martes en la Asamblea Nacional han exigido la dimisión del ministro del Interior, Laurent Nuñez, quien había señalado que señalado que hay un plan de insurrección orquestado por la ultraizquierda. «Comparto mi parte de responsabilidad, pero habéis echado aceite al fuego, ha habido incidentes graves y tenéis una parte de responsabilidad», dijo.

La policía se enfrenta a los manifestantes en la Plaza de la República de París

Las autoridades francesas prohibieron las manifestaciones no organizadas por sindicatos para el sábado 24 de octubre. En París, la marcha convocada por la Confederación General del Trabajo transitará entre la Plaza de la Bastilla y la Plaza de la Nación. Asimismo, todas las manifestaciones en Lyon, que sufrió daños patrimoniales el pasado fin de semana, fueron prohibidas para el sábado, al igual que en Marsella, Toulon y Niza.

Además de saqueos e incendios de edificios públicos, Macron denunció “actos políticos e incluso sediciosos”, de los cuales acusó a “grupos organizados de ultraizquierda cuyo objetivo es hacer caer la República”.

La extrema derecha ha irrumpido también en las calles. En Lyon, un grupo de ultraderechistas ha recorrido las calles desiertas ya empezado el toque de queda. Con sus cánticos han roto el silencio de la noche.

El presidente francés ha empeorado su imagen de arrogancia con una serie de errores estratégicos a los que se suman las críticas desde todo el espectro político, incluido sus antiguos aliados. El coro casi unánime de condenas con el que se recibió el discurso a la nación pronunciado por Emmanuel Macron el pasado domingo, tras uno de los días más violentos de disturbios y saqueos en la historia reciente de Francia, fue un claro reflejo de lo debilitado que se encuentra ahora.

Desde su despacho en el Palacio del Elíseo, el presidente pronunció un discurso de ocho minutos en el que expresó su “ira y vergüenza” tras un fin de semana en el que se incendió un ayuntamiento, se saquearon más de 2.000 tiendas, se detuvo a 2.300 personas y resultaron heridos 1.000 policías.

Una protesta de un mes de duración por parte de los alumnos de secundaria, motivada por el deterioro y el hacinamiento de las aulas, se sumó a un descontento más generalizado por el aumento vertiginoso del coste de la vida, la desigualdad que se agrava rápidamente y la reducción del gasto público, lo que unió a estudiantes, profesores, sindicalistas y un movimiento de los ‘chalecos amarillos’resurgido.

En Viena, casi 25 mil estudiantes marcharon con pancartas y tambores en protesta por el insuficiente presupuesto de las universidades públicas, previsto en 16 millones de euros para 2028-2030. Su temor es que la falta de financiamiento provoque pérdidas de empleo, deterioro de las condiciones de aprendizaje, reducción en el número de cursos y oportunidades limitadas para la investigación científica.

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“¿Prisión para quienes rompen escaparates? ¿Cuándo veremos penas de prisión para quienes destruyen vidas humanas?”, reza una pancarta

Las consecuencias para las elecciones presidenciales podrían ser profundas. La coalición centrista construida en torno a la marca de Macron se ha derrumbado prácticamente por completo. Si las protestas y la violencia persisten, los principales beneficiarios serán los defensores de la ley y el orden de la extrema derecha.

Jean-Baptiste Moreau, un influyente exdiputado del partido de Macron con el que el presidente —en gran medida en funciones— todavía habla de vez en cuando, llegó, según se informa, a sugerir este fin de semana que debería dimitir y convocar elecciones presidenciales anticipadas. “Macron sigue creyendo que puede cambiar las cosas”, declaró a Le Monde. “Pero, en este momento, Marine Le Pen va directa al Palacio del Elíseo”.

La coalición centrista construida en torno a la marca de Macron se ha derrumbado prácticamente por completo. A ese estancamiento institucional se suma una crisis fiscal inminente. En décadas pasadas, los presidentes franceses que se enfrentaban a protestas masivas en las calles podían, en la práctica, comprar un cierto grado de tranquilidad social con paquetes de gasto específicos o concesiones del sector público.

Pero la deuda pública francesa, que se sitúa en el 119 % del PIB, se encuentra en su nivel más alto desde 1946. Su déficit presupuestario, del 5,1 %, también se encuentra entre los más elevados de la UE. Simplemente, no hay dinero en el banco para aliviar la presión del coste de la vida que llevó a 550 000 personas a salir a la calle el sábado.

Los mercados están preocupados: los costes de financiación de Francia son más elevados que los de Grecia. Y ante la escasez de opciones fiscales, la respuesta más clara del Gobierno —siguiendo la tradición francesa de siempre— ha sido el uso de gases lacrimógenos y las cargas con porras, a veces contra escolares, lo que ha agravado aún más las tensiones.

Las consecuencias para las elecciones presidenciales podrían ser profundas. La coalición centrista construida en torno a la marca de Macron se ha derrumbado prácticamente por completo. Si las protestas y la violencia persisten, los principales beneficiarios serán los defensores de la ley y el orden de la extrema derecha.

Jean-Baptiste Moreau, un influyente exdiputado del partido de Macron con el que el presidente —en gran medida en funciones— todavía habla de vez en cuando, llegó, según se informa, a sugerir este fin de semana que debería dimitir y convocar elecciones presidenciales anticipadas. “Macron sigue creyendo que puede cambiar las cosas”, declaró a Le Monde. “Pero, en este momento, Marine Le Pen va directa al Palacio del Elíseo”.

* Periodista chilena residenciada en Europa, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)