Billonarios y precarizados en la era digital

Claudio Katz

Es más importante indagar los determinantes laborales de la IA que discernir si podrá superar al cerebro humano. Ese dispositivo ejerce sobre el trabajo mental la misma presión que la maquinaria sobre el trabajo manual. No flota en el etéreo universo de las nubes, sino que depende de una monumental estructura material. Profundiza la reorganización regresiva del trabajo que introdujo la globalización productiva e incrementa el control gerencial, combinando la taylorización con la creatividad condicionada por la ganancia. Nuevamente el “fin del trabajo” aparece como un chantaje para atropellar derechos y por eso reaviva las respuestas anticapitalistas.

Gran parte de los debates sobre la Inteligencia Artificial giran en torno a la capacidad de las computadoras para alcanzar, sustituir o superar el cerebro humano. Esa expectativa retoma la antiquísima búsqueda de una “máquina que pudiera pensar”, que emergió en 1955 junto al propio término de IA, cuando el primer grupo de científicos e ingenieros concibió esa posibilidad.

Abordaron ese desafío tratando al hombre y a la computadora como sistemas procesadores de la información, pero dejaron establecida la diferencia entre la cualidad humana de pensar y el efecto informático de aprender. Sin perder de vista esa distinción, afinaron los mecanismos de computadoras para premiar las resoluciones correctas a través del ensayo y el error.

A partir de ese desarrollo, nuevos investigadores postularon la posibilidad de un reemplazo de la mente humana por una computadora super inteligente y otros continuaron impugnando esa creencia. La misma controversia que signó el surgimiento de la IA ha reaparecido con gran intensidad en la actualidad

Los popes ultraderechistas del mundo digital (como Peter Thiel) retoman el fetichismo de los primeros creyentes en la supremacía total de las computadoras. Resaltan que los nuevos instrumentos digitales podrán superar la mente de los mortales y remarcan las ilimitadas potencialidades de la información como recurso computable. Con esos fundamentos desenvuelven sus tesis transhumanistas.

Pero pierden de vista que IA no opera como un autómata pensante, sino como un algoritmo que reconoce patrones y esa identificación presenta mayor familiaridad con la percepción que con la cognición. Es posible que el ChatGPT produzca textos que los humanos nunca concibieron, pero lo hará reformulando los datos ya conocidos

El propio auto entrenamiento de las computadoras está inducido por decisiones humanas y en cada etapa de ese desarrollo se definen orientaciones que las máquinas procesan en forma automática. La elección de esas fuentes, su ponderación, la forma de clasificarlas y el tipo de algoritmos privilegiados corresponden a decisiones humanas influidas por la ideología, los intereses y los objetivos de sus mentores.

La obsesiva atención por discernir si la IA podrá superar al cerebro humano, acompaña al desinterés por indagar los dos principales determinantes del desarrollo actual de esa tecnología: el proceso de trabajo y el beneficio capitalista.

El primer campo ha sido el principal destino de las tecnologías que antecedieron a la IA. Todas apuntaron a introducir mejoras que permitieran aumentar la productividad de la economía. El segundo plano deriva del principal propósito de las innovaciones bajo el capitalismo que es el incremento del lucro.

Para clarificar el rumbo de la IA es más fructífero concentrar el análisis en estos dos campos, que en las infinitas especulaciones sobre cuándo y cómo las computadoras destronarían al cerebro.

El curso que siguió cada tecnología estuvo siempre determinado por las reglas y contradicciones de los sistemas sociales en que se desenvolvieron. Esa causalidad jamás fue inversa y por esa razón, ninguna máquina determinó el rumbo de una sociedad. Ese pilar económico-social siempre operó como impulsor o freno de las trayectorias tecnológicas y esa misma direccionalidad se repite en la actualidad con la IA.

Lucro y explotación

La IA ahora pertenece a los capitalistas - PalimpsestoLa IA transita por un nuevo peldaño de la tendencia capitalista a sustituir el trabajo vivo y directo por el trabajo muerto ya incorporado en las máquinas. Esa automatización emerge de la competencia por incrementar las ganancias, reduciendo los costos y elevando la productividad.

Esa dinámica sustitutiva consumó un salto cualitativo en los años setenta con la introducción de los robots, que anticiparon a la IA mediante operaciones de un autómata que se mueve por sí mismo, prescindiendo de la intervención humana directa en ciertas áreas del proceso productivo. El robot se desenvolvió reproduciendo con máquinas automáticas las acciones físicas de los individuos y estimulando a su vez la creación de artefactos como los lavaplatos, las fotocopiadoras o los cajeros automáticos.

La inteligencia artificial procura también reeditar las capacidades humanas, pero en lugar de imitar las habilidades corporales pretende emular el cerebro. Se desarrolló con instrumentos para reconocer la voz y jugar al ajedrez y se extendió con sofisticados procesos para analizar, filtrar y categorizar la información, mediante algoritmos que orientan el procesamiento de los datos hacia fines específicos.

Lo que permitió su explosivo desarrollo actual fue el almacenamiento del inédito volumen de datos, que han logrado reunir las empresas que encabezan su instrumentación. La emulación del cerebro mediante la digitalización alcanzó a su vez una escala sin precedentes, con el traspaso de una frontera tras otra, en la conversión de todo tipo de señales (sonidos, imágenes, información), en códigos formados por ceros y unos.

Pero esa copia del cerebro ha sido motorizada por el propósito económico de incrementar la productividad en todas las esferas de la actividad laboral. La IA no se limita a imitar al trabajador individual, con la simple multiplicación del robot humanoide. Los gigantes de la logística (Amazon, Alibaba, DHL, UPS), de la movilidad (Uber, Share Now, Foodora, Deliveroo) y de las redes sociales (Facebook, TikTok, Twitter), utilizan la IA para apuntalar el nuevo modelo de capitalismo de plataformas.Explotación humana medianta el inteligencia artificial – Federación ...

Es evidente que pretenden extender la gestión algorítmica para enriquecer a la nueva plutocracia digital. Pero lo que suele ocultarse, es que ese propósito se efectiviza incrementando la explotación de los trabajadores.

Si con el taylorismo las máquinas imitaban el movimiento de los cuerpos para crear la cadena de montaje, bajo el capitalismo digital la IA reproduce procesos mentales complejos con el mismo propósito. Las computadoras son entrenadas con ese objetivo utilizando los gigantescos repositorios del patrimonio cultural, el conocimiento colectivo y los datos sociales.

Su meta prioritaria es incrementar la productividad para engrosar las ganancias de los acaudalados y por esa razón, recurren a la misma presión sobre los asalariados que despliegan todos los patrones. Utilizan el mismo chantaje, que en el pasado se consumaba introduciendo máquinas para las disuadir las huelgas o aplastar los sindicatos. Para disciplinar a los rebeldes, actualmente se recurre a las computadoras y en el futuro próximo a la IA.

Esa última innovación refuerza la precarización laboral. Ejerce sobre los trabajadores calificados, la misma presión que desenvuelve la maquinaria sobre los asalariados que realizan actividades básicas. La IA no es una invención autocentrada en resolver los enigmas históricos de la mente humana, sino un nuevo instrumento para aumentar la tasa de explotación mediante la intensificación del trabajo.

Primacía de la materialidad

El nuevo tipo de trabajo asociado con la IA incide sobre dos grandes modalidades: actividades dentro de las plataformas y procedimientos comandados por las plataformas. El primer caso involucra operaciones complejas de analistas informáticos y programadores de variada calificación. La segunda variedad agrupa las nuevas actividades que operan directamente conectadas con las plataformas, mediante múltiples servicios (como choferes o repartidores).

Data centers en Latinoamérica: la IA y eficiencia energética son ...Pero ambas acciones dependen de la gigantesca estructura material que sustenta al capitalismo digital. Esas actividades están totalmente atadas a la provisión de los insumos físicos que permiten cumplir las tareas asignadas, porque ningún software funciona sin el hardware. Es importante registrar esa conexión, para evitar el típico mareo de imaginar a la revolución digital como un proceso desenvuelto en el etéreo universo de las nubes.

La IA depende del funcionamiento de una monumental estructura material de Centros de Datos, redes eléctricas, minería de litio, producción de semiconductores y logística global, que es motorizado diariamente por millones de asalariados corrientes.

El emblemático caso de Amazon no requiere elaboradas disquisiciones para constatar esa evidencia. Esa firma consigue sus ganancias a partir de inversiones en infraestructura física y opera con reglas de la producción industrial, para gestionar sus centros logísticos y su flota de entrega de mercancías.

Basta observar como todo el desarrollo próximo de la IA depende de enormes inversiones en ese basamento físico para corroborar la materialidad de su desenvolvimiento. Las computadoras que entrenan con abstracciones informáticas se cimentan en montañas de cables y en descomunales centros de datos, que a su vez exigen cadenas globales de suministros, sostenidas en el trabajo asalariado y en la extracción tradicional de plusvalía.

Es importante resaltar estos cimientos para disipar la frecuente asociación de las redes, Internet o la IA con procesos inmateriales y trabajos meramente intelectuales. El capitalismo digital se asienta en la precarización laboral que introdujo el modelo neoliberal y se ha expandido con modalidades crecientes de explotación en ese universo de bienes tangibles. Tiene la particularidad de articular una monumental base material de infraestructura y energía con la nueva variedad de trabajo informacional altamente calificado.

 Remodelación global del trabajo

La revolución digital es utilizada por el capitalismo para expandir un trabajo mal pago online (supermercados, delivery, call center), que está sometido a tiránicas normas de permanente disponibilidad. Muchas actividades se han “uberizado” a través de plataformas, con monitoreo y vigilancia del trabajador siempre conectado para recibir indicaciones.

Estas tendencias a la reorganización regresiva del trabajo registraron una sostenida aceleración luego de la crisis financiera del 2008 y de la pandemia. No solo quedó atrás la etapa fordista de trabajo con tiempo completo, ocupación permanente y seguro social (1945-73). También se consolidó la reestructuración posterior de flexibilización con alto desempleo (1973-90). La digitalización viabilizó ese cambio mediante una nueva red de comunicaciones y transportes.Un brazo robótico equipado con tecnología de inteligencia artificial ...

La globalización motorizó la competencia por fabricar barato, demoliendo las conquistas sociales logradas en la segunda mitad del siglo XX. Con excepción de los apologistas neoliberales, todos los analistas coinciden en este dramático retrato del mundo del trabajo.

El deterioro de las condiciones laborales escaló junto a la expansión del offshoring y la subcontratación. La terciarización y la remodelación de las actividades productivas redujeron los puestos de trabajo prescindibles y disciplinaron a los asalariados con la sola amenaza de la mudanza. Esa intimidación sobrevoló las negociaciones con los sindicatos y empujó a las organizaciones gremiales a posturas defensivas.

La globalización acható los salarios de las economías centrales por medio de ese chantaje y facilitó la importación de los insumos económicos fabricados en la periferia. También la contratación de trabajadores foráneos por remuneraciones inferiores al promedio de cada país afectó los salarios, pero sin la incidencia de otros determinantes de esa caída. La movilidad internacional del capital no tuvo correlato equivalente en el trabajo. Mientras que la inversión extranjera como porcentaje total del producto se incrementó significativamente, el porcentual de migrantes en comparación a la población total apenas varió.

En el modelo laboral de las últimas décadas las empresas arbitraron globalmente las remuneraciones, para pagar los salarios más bajos en actividades comparables. Ese cálculo fue definitorio de las ganancias que obtuvieron los capitalistas, ante la continuada gravitación del costo salarial. La menor incidencia de esa variable en ciertos productos finales quedó ampliamente compensada por su elevada relevancia en los bienes intermedios. La menor presencia de trabajadores en ciertas ramas coexistió con su incremento en otras.

Existen detallados análisis de la forma en que el capital atropelló las condiciones laborales tanto en el centro como en la periferia. Esas descripciones retratan cómo se expandió la precarización y el trabajo temporario con pasantías mal remuneradas. También destacan la inseguridad que han padecido los trabajadores por el incremento del desempleo estructural entre los jóvenes y la pérdida de estabilidad entre los mayores.

Perú lidera el uso de IA en el trabajo en Latinoamérica: 6 de cada 10 ...Los capitalistas han recurrido a la creciente feminización laboral para reducir los salarios, aprovechando la persistente brecha de género que impera en esos ingresos. Esa diferencia -que oscila entre 15% y el 40% según las actividades y regiones- se ha transformado en un gran determinante del deterioro laboral, puesto que las mujeres representan ya la mitad fuerza en el mundo.

La degradación del trabajo es el principal rasgo del nuevo esquema laboral que emergió con neoliberalismo, la globalización y se afianzó con el capitalismo digital. Las viejas modalidades del fordismo de posguerra fueron sustituidas por un nuevo patrón de precarización, que en su debut algunos autores denominaron “acumulación flexible” y otros “producción ligera”. La internacionalización de la actividad productiva aceleró drásticamente la generalización de ese esquema, mediante cadenas globales de valor que hicieron emerger una nueva morfología del trabajo.

El principal propósito de ese cambio ha sido el aumento de la tasa y la masa plusvalía que nutren las ganancias del capital. Ese incremento de la explotación no es tan solo una perversión del modelo neoliberal. Tampoco obedece únicamente a la falta de humanidad o solidaridad que impera bajo ese sistema. Expresa el funcionamiento de un sistema asentado en la competencia por beneficios surgidos de la explotación.

Las cadenas globales de valor operan en realidad como engranajes de gestación de plusvalor, que el capitalismo internacionalizó para incrementar los beneficios de los dominadores. Han lucrado en las últimas décadas con grandes reservas de fuerza de trabajo que se mantenían fuera del circuito fabril.

Al incorporarlas a ese enjambre, el sistema encontró una inmensa fuente de recuperación del beneficio, que trastocó la localización de la producción industrial mediante su traslado al continente asiático. Con ese viraje, se duplicó desde los años 80 la fuerza de trabajo conectada a la economía global, en procesos de urbanización y proletarización de una inmensa masa de trabajadores.

Mapamundialsemiconductores
Mapa mundial de la industria de los semiconductores

Otra modificación sustancial del modelo laboral actual ha sido la creciente diferenciación interna. El tipo universal y homogéneo de la era taylorista ha quedado definitivamente reemplazado por mayores jerarquías, segmentaciones, exclusiones y desigualdades de género, edad o etnia. Esa heterogeneidad se amolda a la nueva división del trabajo en las cadenas globales de valor.

La vieja segmentación dual de posguerra -trabajadores internos, primarios o calificados y externos, secundarios o prescindibles- ha quedado sustituida por variedades más diversas de articulación del trabajo complejo, intermedio y taylorizado. La fabricación de ciertos productos enlaza las oficinas de California, con las fábricas asiáticas y las minas del Congo. Este esquema triple que articula a la empresa innovadora del centro, con la polivalencia del montaje en la semiperiferia y la producción en masa en la periferia fue muy indagado en el debut de la globalización. Actualmente transita por otra multiplicidad de combinaciones.

Esas divisorias han fracturados a su vez en un mismo proceso productivo, a los asalariados formales, informales y precarizados, en función de los valores diferenciales de la fuerza de trabajo en los distintos estamentos nacionales. La misma globalización productiva que extendió al proletariado generó mayores divisiones al interior de esa masa laboral.

Estas fracturas se verifican en el propio universo interno del nuevo el trabajo digital, que opera con las mismas normas imperantes fuera de ese circuito. Mientras el trabajo mental queda sometido a la exigencia de estandarización, en las actividades manuales se impuso la segmentación, relocalización y subcontratación en torno de la cadena global del valor.

 El trabajo mental

Todas las actividades del trabajo intelectual realizado en los centros de elaboración informática, están sujetas a los patrones de extracción de plusvalía que rigen bajo el capitalismo. A diferencia de los procesos objetivos de transformación de los valores de uso con instrumentos físicos, ese trabajo mental se desenvuelve mediante la generación de nuevos conocimientos. Requiere el mismo gasto de energía humana y procesos cognitivos que operan a través del sistema nervioso.

Ambas modalidades de trabajo pueden ser distinguidas en el plano analítico por el tipo de productos generados (zapatos, automóviles, heladeras o libros, programas y códigos), pero los dos casos involucran actividades laborales, que acrecientan el beneficio de los capitalistas a través de la apropiación del valor generado y no remunerado a los asalariados.

Emergence of Neuroscience in Education IndustryLas mismas diferencias y categorías que distinguen a todas las variedades de trabajos se extienden al universo digital. También en este campo existen los asalariados corrientes, los que desenvuelven pequeñas empresas y los que optan por su propia auto explotación. Qué realicen un trabajo mental de transformación de conocimientos, no altera el patrón imperante en cualquier otra esfera del sistema capitalista.

Es importante distinguir si el individuo ubicado frente a la pantalla está cumpliendo con una obligación laboral o desenvuelve una actividad de distracción o entretenimiento. La frecuente confusión de estas acciones en el mundo actual de las redes no altera esa diferencia cualitativa.

El trabajo mental está sujeto a las mismas normas de explotación que otras modalidades laborales y cuenta con el limitado margen de autonomía que establecen las reglas del capital. Sus participantes están sometidos a largas jornadas de altísima intensidad, con reglas de disciplina moduladas por la gerencia.

Los directivos incentivan la creatividad en estricta consonancia con las metas de la empresa. Se crean nuevas divisiones de trabajo, con especialidades, objetivos comerciales y entornos jerárquicos. También aumenta el trabajo hogareño, con la consiguiente disolución de la frontera que separa la vida laboral y privada. En el mundo digital las formas de explotación se diversifican, al compás de la opresiva extensión del trabajo a todas las esferas de la existencia.

Algunos enfoques postulan que el trabajo informático-mental queda divorciado de los parámetros capitalistas porque su singularidad inmaterial impide cuantificarlo. Suponen que esa peculiaridad lo ubica en una esfera ajena o contrapuesta a los pilares corrientes del sistema.

Pero en la medida que el trabajo mental está mercantilizado, también queda sujeto a los mismos patrones de generación de productos y rentabilidad de cualquier actividad. Ese resultado está a la vista en la monetización de todas las actividades de Internet, en las ventas de publicidad a partir del número de vistas, en las cotizaciones bursátiles de cada compañía, o en el número de veces que un ChatGPT es vendido, descargado o aplicado. Las reglas de la inversión, precio y ganancia guían la conducta de las firmas del sector digital como en cualquier otro sector, porque operan con los mismos pilares de la plusvalía y la explotación.

Doble sometimiento del trabajo

Talento mexicano e IA: esto opinan empleadores y trabajadoresAbordar los problemas de las redes, Internet o la IA desde la óptica de los trabajadores y no desde la mirada del emprendedor o de los usuarios, permite comprender muchos problemas del capitalismo digital. La tradición marxista de estudios del control patronal del proceso de trabajo es muy pertinente para ese análisis. Fue desarrollada para denunciar el taylorismo y su expropiación de conocimientos de los trabajadores durante el surgimiento de las cadenas de montaje. Gran parte de sus postulados puede extenderse actualmente a la CGV, los flujos y las redes informáticas.

Ese enfoque permite notar que la precarización, la flexibilización, la inseguridad del empleo que potencian al capitalismo digital, obedecen a la necesidad de incrementar la tasa de explotación para mantener la rentabilidad de las empresas. Con ese propósito acrecientan el control gerencial de la actividad laboral y establecen los nuevos ritmos y movimientos que exige la estandarización del trabajo en el capitalismo de plataformas.

En los años 60-70 esos fenómenos se investigaban en torno al trabajo estable y en la actualidad en función de labores precarizadas, pero la lógica del despotismo patronal preserva los mismos parámetros del pasado. Esa sujeción se desenvuelve, en el nuevo universo de un proletariado terciarizado, subcontratado, con mayor desigualdad salarial, trabajo a domicilio y enorme heterogeneidad de género y etnia.

El control patronal se extiende de su origen industrial a todas las áreas del trabajo mental imperante en el capitalismo de plataformas. Esa ampliación incluye en muchas ramas todos los rasgos de la degradación laboral, pero introduce en otros campos la mayor gravitación de la subjetividad y del involucramiento de los trabajadores calificados que exigen las nuevas tecnologías.

Esa dimensión de compromiso en el trabajo complejo fue subrayada en el pasado y retomada posteriormente por la corriente de pensamiento, que sinterizó las dos características que actualmente conviven en el trabajo digital: la taylorización de actividades corrientes y la intelectualización condicionada de las labores complejas.

El optimismo del capitalismo digital- Grupo MilenioEsa coexistencia explica en gran medida el afianzamiento de la heterogeneidad y la diferenciación de la fuerza de trabajo contemporánea. El capitalismo digital necesita tanto el sometimiento como la creatividad laboral, para operar en el universo de encarnizada competencia entre empresas. Las mismas compañías que descalifican y estandarizan el trabajo, necesitan motivar al asalariado calificado para que participe en la innovación. Los empleadores combinan esos contradictorios procesos de mayor despotismo y mayor autonomía de los trabajadores.

En la propia esfera del trabajo digital se desenvuelve esa dualidad. El conocimiento tácito del trabajador es primero codificado, luego estandarizado, posteriormente cuantificado y finalmente gerenciado. Esta modulación rige en todo tipo de actividades. Hay mayor control panóptico y mayor presión innovadora, para lograr el consentimiento y la participación del asalariado con la actividad que desenvuelve. Este doble movimiento de trabajo rutinario y creativo se verifica en las labores mentales sometidas a la ampliación o la mera repetición de los conocimientos.

Estas tendencias del capitalismo digital comienzan a verificarse también en el universo de la Inteligencia Artificial. Por un lado, la gigantesca reunión de datos que exige ese dispositivo se montó con formas extremas de taylorización, que incluyeron los contratos de Google para copiar, escanear y digitalizar libros, documentos y bibliotecas, con una enorme fuerza de trabajo precarizada, sub remunerada y subcontratada.

El propio proyecto de IA surgió en gran medida asociado con la automatización y la psicometría del trabajo. No apuntó a resolver los indescifrables enigmas de la inteligencia, sino a cuantificar habilidades cognitivas con premeditados objetivos laborales. Por eso avanzó rápidamente en técnicas de vigilancia como el reconocimiento facial, buscando reforzar los instrumentos de identificación y discriminación que utilizan los capitalistas.

La IA no se desenvuelve para imitar o superar al cerebro en el imaginario universo transhumanista y no despuntó para resolver esas abstractas disyuntivas. Emergió con estándares de inteligencia mecánica para propagar las jerarquías sociales y perpetuar la explotación que impera bajo el capitalismo.

Nuevamente el «fin del trabajo»

La IA para interrumpir el trabajo humano La inteligencia artificial ...La aparición de la IA ha recreado el pánico al desempleo masivo que suscitaron todas las innovaciones del siglo XX. El temor a la irrupción de máquinas inteligentes que anulen la propia continuidad del trabajo humano dio lugar en el pasado a incontables previsiones, novelas y pesadillas de ciencia ficción, que se multiplicaron posteriormente con el desarrollo de la informática.

Últimamente se publicaron En Estados Unidos estimaciones de 27 millones de puestos de trabajo en peligro en las 2.000 mayores empresas. El fantasma del “fin de trabajo” reaparece a pleno, revitalizando las catastróficas estimaciones que acompañaron al debut de la robotización.

Durante ese surgimiento, la OCDE calculaba una pérdida inmediata de uno de cada siete trabajos como consecuencia de la automatización. La duplicación de las computadoras cada dos años en las últimas décadas, reforzó los presagios de ese colapso próximo del empleo. Se anunció que la revolución digital anularía con más rapidez que otras revoluciones tecnológicas los puestos de trabajo disponibles.

Con la IA se repiten los mismos pronósticos, pero todas las variantes apocalípticas de estos anuncios suelen olvidar que el trabajo es una condición de subsistencia de cualquier sociedad y constituye el principal fundamento del proceso de valorización. Sin trabajo no hay reproducción de la vida social, ni menos aún subsistencia del capitalismo.

Las teorías del “fin del trabajo” y de la consiguiente desaparición de la clase obrera presuponen una mirada restrictiva que identifica al asalariado con el obrero clásico. Ignoran cómo la reestructuración del capitalismo ha modificado ese conglomerado. Olvidan, además, que el trabajo es un intercambio de los seres humanos con la naturaleza para producir y consumir bienes, que el trabajador abarca a todos los individuos que viven de su actividad laboral y que los explotados deben vender su fuerza de trabajo para sobrevivir.

De esas constataciones surge la conceptualización actual de una clase trabajadora ampliada, que incluye asalariados estables, precarizados, incluidos, excluidos, productivos, improductivos, empleados y desempleados. La mayoría se inserta simultáneamente en varias de esas categorías y cambia ese lugar a lo largo de sus vidas.

Las miradas más corrientes del “fin del trabajo” transforman el problema socio-económico del desempleo en un subproducto de la tecnología. Suponen que las computadoras expulsan mano de obra por su propia cuenta, omitiendo que esa acción no constituye un mero “desempleo tecnológico”. Es efectivizada por gerentes y capitalistas con la invariable guía de la rentabilidad. El fantasma de la total disolución laboral enmascara la reorganización opresiva del trabajo, que rodea las periódicas innovaciones que introduce el capitalismo.

Evalución y propuestas

La IA sí genera desempleo - Oscar PadillaTodos los economistas marxistas subrayan ese trasfondo social del desempleo, aunque divergen en la magnitud de los puestos de trabajo amenazados por la informatización. Algunos destacan que esa demolición supera ampliamente la creación de nuevos empleos. Otros destacan que las poblaciones están envejeciendo sin reemplazo adecuado y que el estrechamiento del trabajo vivo tiende a cobrar un alcance sin precedentes. Observan esa contracción como una contundente expresión de la senilidad del sistema.

Pero la biblioteca complementaria relativiza ese alcance del desempleo informático, señalando la gran creación de puestos laborales que ser verifica en la región asiática. Estiman que en el largo plazo la productividad reasigna empleos y que los robots no podrían eliminarlos por completo, puesto que en ese caso desaparecería la fuente de valor que cimenta la ganancia.

Esta visión resalta que la automatización total es una exageración explícita de la ideología capitalista para aterrorizar a los trabajadores, con cálculos infundados y simples extrapolaciones. Recuerda que hay cualidades humanas irreemplazables en el proceso de trabajo y que el propio sistema debe lidiar con la contradicción de reducir costos, con despidos que estrechan los mercados y obstruyen las ventas.

Por esa razón, la robotización afronta un serio límite bajo el capitalismo. La función de las alarmas que propagan los anunciantes del “fin del trabajo” es justificar el recorte de derechos con mensajes que atemoricen a los trabajadores.

Este mismo papel cumplen actualmente las advertencias de sustitución masiva del trabajo mental por la Inteligencia Artificial. Es el mismo chantaje que tradicionalmente desenvolvieron los capitalistas con los operarios manuales. Esa presión se extiende a todos los involucrados en el capitalismo de plataformas.La IA impulsará la productividad más rápido que el desempleo

Nadie sabe cuál será el alcance de la oleada inaugurada por los despidos de IA. Las dos tendencias persistentes son la creación de empleos en Oriente y su destrucción en Occidente, en un marco de continuado atropello a los derechos de los trabajadores. Con la IA, los algoritmos reemplazan modalidades de gestión previa, multiplicando la precariedad de todo el universo laboral.

La discusión sobre la renta básica es el principal corolario político de los debates sobre el desempleo que han resurgido con la IA. Muchas figuras de ese universo comparten el diagnóstico de un proceso de destrucción sin freno, que tiende a generalizar la desocupación hasta un punto sin retorno. Por eso proponen una renta básica que satisfaga las necesidades de la población privada de empleo.

Pero esa renta básica puede ser un simple instrumento de reorganización regresiva del empleo, si queda situada en un nivel bajo que reemplace las conquistas del pasado. Por el contrario, la reducción de la jornada de trabajo es una respuesta más adecuada, porque permitiría superar la perversa combinación de sobre trabajo entre los ocupados y sub trabajo entre los desocupados. Aliviaría la intensidad de las labores distribuyendo la actividad existente entre todos los involucrados.

La reducción de la jornada de trabajo es un derecho que fue parcialmente conquistado y también arrebatado en el pasado. Se consolidó durante el siglo XX como resultado de la lucha social y ha sido parcialmente revertida en las últimas décadas.

Es una demanda de gran actualidad frente a la actitud resignada, que observa a la precarización como un status inmodificable. Al suponer que el capitalismo ya funciona invariablemente de esa forma, se renuncia a la batalla por reconquistar los derechos vulnerados. Estas conclusiones son muy importantes frente a las nuevas y controvertidas teorías sobre el universo digital que analizaremos en el próximo texto.

 

**Economista, investigador del CONICET, profesor de la Universidad de Buenos Aires, miembro del Eeconomistas De Izquierda