Riesgo de injerencia de Estados Unidos en las elecciones brasileñas
Alerta de la Inteligencia de Brasil
Juraima Almeida
La Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) presentó al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y al Tribunal Superior Electoral un informe en el que analiza los riesgos de injerencia y presión del gobierno estadounidense en el proceso electoral brasileño del próxima 4 de octubre. Concluye que estas prácticas de Washington alcanzaron un punto “crítico”. El organismo advirtió sobre una intensificación de las acciones de Washington y señaló especialmente al secretario de Estado Marco Rubio.
La inteligencia brasileña elevó a nivel «crítico» el riesgo de injerencia de Estados Unidos en las elecciones de 2026. El gobierno de Lula y organizaciones civiles alertaron también ante la ONU por posibles presiones sobre el proceso electoral. Según la Abin, Brasil «ocupa un lugar especial» porque el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva cuenta con una política orientada a preservar su autonomía estratégica, algo que Trump no perdona. La presión estadounidensese intensificó durante los últimos meses a través de distintos instrumentos. Entre ellos menciona las medidas comerciales, las sanciones financieras contra ciudadanos y empresas brasileñas, además de la designación de organizaciones criminales del país como amenazas para la seguridad estadounidense.
Abin sostiene que las sanciones aplicadas en julio contra brasileños y empresas vinculadas con redes de lavado de dinero relacionadas con el Primer Comando de la Capital (PCC), de acuerdo a lo que señalaron desde Washington, representaron un cambio de etapa. El organismo sostiene que estas medidas pueden afectar el acceso al dólar, las operaciones internacionales y las relaciones de empresas brasileñas con entidades financieras extranjeras, además de generar temor a posibles sanciones secundarias.
Brasil se encuentra en plena campaña electoral para las elecciones presidenciales del 4 de octubre, con segunda vuelta prevista si fuera necesario para el 25 del mismo mes. Los favoritos son el actual presidente brasileño y líder del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), Luiz Inácio Lula da Silva, y el hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato ultraderechista del Partido Liberal (PL), Flávio Bolsonaro.
El documento sobre “amenazas al proceso electoral 2026”, presentado en agosto, señala que hay una “escalada de presión sobre Brasil” y una “intensificación selectiva y reconfiguración de la presión” ejercida por Estados Unidos en el país, sin romper con “el patrón estructural de influencia ya existente”. El informe sobre «amenazas al proceso electoral de 2026» señala que el presidente estadounidense, Donald Trump, quiere apoyar a gobiernos conservadores y reorientar la política exterior de los países latinoamericanos para arrebatar así a China «activos estratégicos y riquezas naturales».
«La reafirmación de la hegemonía de Estados Unidos en América Latina es la prioridad del segundo Gobierno de (Donald) Trump», señala citando documentos estratégicos estadounidenses divulgados entre noviembre de 2025 y mayo de 2026. En concreto cita como objetivos de Trump la «reducción de la influencia de las potencias rivales» en América Latina, en particular China, y evitar que accedan a activos estratégicos, riquezas naturales e infraestructuras de la región. Pretenden así favorecer el «control directo o indirecto del Gobierno de Estados Unidos o a través de capital privado estadounidense».

El documento fue distribuido de manera restringida entre autoridades del gobierno brasileño, el Tribunal Superior Electoral (TSE) y el Ministerio de Justicia. Allí, la ABIN advierte sobre una “tendencia de escalada de presión sobre Brasil” en medio de la recta final hacia las elecciones presidenciales. Este informe señala que el dominio geopolítico de América Latina se convirtió en una prioridad del segundo mandato del presidente estadounidense Donald Trump. En particular, destaca el papel que juega el secretario de Estado, Marco Rubio, como articulador de esta política.
La ABIN afirma que Rubio intentó instalar una narrativa, que la oposición brasileña adoptó, en la cual se buscó atribuir al presidente Lula la responsabilidad sobre la imposición de aranceles a Brasil. Por ejemplo, con acusaciones como la de que “no negoció de buena fe”. Agrega que Rubio actúa con un fuerte componente ideológico para debilitar a los gobiernos progresistas del continente y favorecer la llegada de políticos conservadores y alineados con Washington.
Estas acciones, añade, buscan también impedir que potencias rivales, como China, avancen en la región y accedan a “activos estratégicos y riquezas naturales”, así como a infraestructura. Se apunta a favorecer el “control directo o indirecto del gobierno de Estados Unidos” y “a través de capital privado estadounidense”.
En el caso concreto de Brasil, destaca que tiene el Gobierno «con mayor disposición política y medios para defender su autonomía estratégica ante las presiones estadounidenses». Sin embargo, desde mayo constata «una tendencia de escalada de la presión» con las sanciones impuestas en julio a dos brasileños y tres empresas con sede en Brasil y una con sede en Portugal por supuestos vínculos con el grupo criminal Primer Comando de la Capital (PCC) .La aprobación de estas sanciones pueden «inducir a agentes económicos nacionales e internacionales a adoptar conductas preventivas basadas en el riesgo reputacional, acceso al sistema financiero estadounidense o imposición de sanciones secundarias», añade.

Por lo tanto, la ABIN aumentó a “un nivel crítico” los riesgos de injerencia y presión de parte de Washington para el proceso electoral que incluye la primera vuelta de las presidenciales, el domingo 4 de octubre, y una muy probable segunda vuelta, el 25.
La agencia de inteligencia destaca que, en el ámbito regional, Brasil tiene un gobierno con mayor capacidad y disposición política que otros para mantener su autonomía frente a las presiones de Estados Unidos. Sin embargo, eso le ha costado sanciones comerciales, económicas y diplomáticas.
El informe puso el foco en el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, a quien la Abin le atribuyó un papel relevante en la estrategia de Washington hacia América Latina. Según el organismo, sus declaraciones y acciones tienen «un componente político e ideológico» importante y buscan impulsar «un realineamiento regional que reduzca la influencia china y favorezca gobiernos más próximos a Estados Unidos». Según Lula, Rubio «es un antilatinoamericano, o un latinoamericano frustrado. (…) Es un descendiente de cubanos de Miami, entonces odia a Cuba, odia a Colombia, odia a Brasil, y hace las cosas de forma diferente a lo que nosotros conversamos con Trump».
En otro artículo, el diario Folha de São Paulo informó que en el discurso que Lula dará este martes ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas defenderá el principio de no injerencia extranjera, así como el multilateralismo en la gobernanza internacional. Así lo informó el secretario de Asuntos Políticos Multilaterales de la cancillería, Carlos Márcio Bicalho Cozendey, quien dijo que Lula se propone “defender, como lo ha venido haciendo, las negociaciones de paz en los diversos ámbitos, el derecho internacional humanitario y, sin duda, la no injerencia en los asuntos internos de otros países”.
El viernes, por otra parte, Lula anunció un conjunto de medidas para reforzar la seguridad y preservar la soberanía nacional ante las presiones internacionales sobre los minerales estratégicos de su país y también sobre las reservas de crudo, entre ellas, un refuerzo de vigilancia de las fronteras, tarea para la que se creará un ministerio específico. “No podemos controlar 18.000 kilómetros de frontera sin inversión”, dijo el presidente. Además, comunicó que 138 cárceles se convertirán en unidades de máxima seguridad, en línea con otra medida que aumentó las penas de prisión para líderes de bandas criminales. Semanas atrás, Washington acusó a Brasil de no hacer esfuerzos suficientes en materia de seguridad.
Al hacer estos anuncios, Lula advirtió sobre la “codicia internacional” frente a las riquezas naturales de su país y afirmó: “Trump está ahí, atrás de los minerales críticos, atrás del petróleo, atrás de las tierras raras”. “Eso es nuestro”, concluyó.
Según la última encuesta electoral del instituto de encuestas del diario ‘Folha’, Datafolha, Lula encabezaría los resultados con un 39% de los votos, pero perseguido de cerca por Bolsonaro, con un 36%. Como líderes proyectados en la primera vuelta, la encuesta prevé un enfrentamiento entre ellos en la segunda ronda –que se lleva a cabo cuando ningún candidato obtiene más del 50% de los votos válidos en la primera vuelta– en donde Lula superaría por apenas dos puntos a Bolsonaro: un 46% de los votos recibiría el candidato del PT frente al 44% de su rival ultraderechista.
Denuncia ante la ONU
La preocupación ya excedió al gobierno brasileño. El Instituto Vladimir Herzog envió una carta al secretario general de la ONU, António Guterres, y al Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Volker Türk, en el que advirtieron sobre una posible injerencia extranjera en las elecciones. La organización pidió que la ONU siga eventuales presiones externas, entre las que incluyó posibles campañas de manipulación informativa y otras acciones destinadas a condicionar a las instituciones brasileñas.
El temor planteado por las organizaciones brasileñas no se limita al día de la votación. También existe preocupación por un eventual escenario posterior en el que gobiernos extranjeros cuestionen el resultado, alimenten acusaciones de fraude o demoren su reconocimiento. El Instituto Vladimir Herzog pidió que los países reconozcan rápidamente el resultado oficial proclamado por la Justicia Electoral brasileña, independientemente de quién gane los comicios.
*Investigadora brasileña, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)