Exactamente 32 años después, otro terremoto colapsa Ciudad de México
Un sismo de magnitud 7.1 colapsó la ciudad de México el martes 19 de setiembre 44 edificios con un saldo provisional de dos entenares de muertos, el traslado de 699 personas a diversos hospitales y 201 que no han sido localizadas, además de 202 escuelas públicas dañadas o destruídas.
El Gobierno de Ciudad de México desplegó a 50 mil elementos de las distintas áreas de la administración central para atender la emergencia, a los que se sumaron miles de personas para apoyar las tareas de rescate. El nuevo sismo hizo recordar lo producido un sismo 19 de setiembre, 32 años atrás, de 1985.
Como entonces, miles de habitantes de Ciudad de México salieron a las calles a los pocos minutos de la tragedia, para participar en el rescate de víctimas en edificios colapsados. Cadenas de jóvenes trepados en montículos acarrearon escombros a mano limpia. Otros brigadistas, sin convocatoria formal, repartían agua, cubrebocas y alimentos a quien lo necesitara; también dirigieron el tránsito ante el caos vehicular.
El terremoto del jueves 19 de septiembre de 1985, de una magnitud de 8,1 en la escala de Richter y una duración de más de dos minutos (empezó poco después de las 7 de la mañana), afectó la zona centro, sur y oeste de México y fue el más significativo y mortífero de la historia escrita del país. La capital fue la zona más castigada. El epicentro fue localizado frente a las costas del estado de Michoacán. Ell sismo liberó una energía equivalente a 1114 bombas atómicas de veinte kilotones cada una.
De las 699 personas que han requerido ser hospitalizadas, 42 se reportaron en estado grave para atención inmediata, 236 con lesiones graves, pero que no requieren de cuidados intensivos, y 421 con heridas que no comprometen su vida. En esta ocasión, la alerta sísmica se activó unos segundos después de que el temblor había iniciado, lo que redujo la posibilidad de desalojos en muchos inmuebles.
En un principio se habló de dos sismos con epicentro en Puebla y Morelos, con una intensidad de 6.8 y
La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) activó el Plan DN-III-E, desplegando a 3 mil 428 efectivos, mujeres y hombres, así como 15 binomios canófilos para la búsqueda de personas atrapadas entre los escombros, ocho helicópteros para actividades de desalojo y traslado de heridos, y seis equipos de maquinaria pesada, que se sumaron a miles de personas que, junto con policías y bomberos, iniciaron las labores de rescate en los edificios colapsados.
El Ejército habilitó además tres albergues: Parque Lira, en Miguel Hidalgo; Parque Ecológico 18 de Marzo, en Azcapotzalco, y Casa de Apoyo al Menor, de Benito Juárez.
La Policía Federal estableció la seguridad perimetral en los edificios colapsados; mientras, personal de la Secretaría de Marina (Semar) apoya con 644 elementos en labores de rescate y supervisión en una escuela que colapsó ubicada en Avenida de la Virgen y División del Norte, donde se llevó a cabo un pase de lista para verificar víctimas.
La Secretaría de Educación Pública (SEP) informó que las labores en las escuelas públicas y privadas capitalinas, desde prescolar a secundaria, fueron suspendidas, medida que se extendió a todos los planteles de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Autónoma Metropolitana, así como instituciones particulares de educación media superior y profesional.
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) anunció asimismo la suspensión de las actividades en sus guarderías hasta nuevo aviso, con el objetivo de revisar los inmuebles y garantizar la seguridad de los hijos de las y los trabajadores.
La interrupción del servicio de energía eléctrica que afectó a más de 2 millones de personas, aproximadamente una quinta parte de la población, provocó la suspensión de actividades en tiendas de autoservicio, restaurantes, negocios y cafeterías. Se presentaron cuatro incendios, los cuales fueron controlados al interior de Fábricas de Francia, en la Plaza Comercial Forum Buenavista, una casa habitación en la colonia Los Girasoles y la explosión de tanques de gas en las colonias Roma y Barrio Calyequita.
A los puntos colapsados, los voluntarios para apoyar en la tareas de remoción de escombros y rescate llegaban en motocicletas, bicicletas, caminando o algunos en vehículos, sobre todo quienes llevaban agua y alimentos para los rescatistas, material médico, palas, picos y otras herramientas, así como botes y cubetas para el acarreo de escombros que pasaban de mano en mano en columnas que se formaban hasta los camiones de carga.
No faltaron, sin embargo, delincuentes que aprovecharon el tráfico detenido en vías como Periférico, Insurgentes y Santa Fe para asaltar a los automovilistas que quedaron varados por las fallas en el sistema de semáforos o para ingresar a domicilios a robar aduciendo que iban de Protección Civil para realizar un peritaje de la vivienda. Se reportaron además saqueos a una tienda Walmart en la zona de Plateros.
Editorial de La Jornada: Nueva tragedia, nuevas esperanzas
El más reciente eslabón de esta sucesión de catástrofes ocurrió precisamente en la fecha en que se conmemora el temblor que destruyó parte de la capital y de numerosas poblaciones en 1985, y momentos después de la realización de un simulacro preventivo.
Aunque la coincidencia pueda resultar impresionante y estremecedora, la ciencia explica que se debió al mero azar de los movimientos geológicos. Pero además, desde las primeras horas del movimiento telúrico de ayer se produjo una concordancia histórica con el sismo de 1985: ayer, como hace 32 años, la gente se organizó de manera espontánea e inmediata para acudir en auxilio de quienes quedaron atrapados en escombros, para asistir a los heridos y dar agua y comida a los brigadistas instantáneos que proliferaron en las zonas afectadas.
Las pérdidas de vidas humanas, la destrucción material y el abatimiento colectivo que genera de manera inevitable un terremoto como el de ayer se suman a la sobreposición de catástrofes documentadas en lo que va del mes y a las preocupantes situaciones económicas y de seguridad en las que vive la mayor parte de la población del país.
Se requerirá empeñ
En la circunstancia presente, la organización independiente de la sociedad para solidarizarse con sus integrantes en desgracia es una herencia formidable y un gran asidero para hacer frente a los amargos efectos de los terremotos de este mes. Se han multiplicado las tareas de ayuda, salvamento, curación, abasto urgente y reconstrucción, y cabe esperar que en la misma forma se extienda y multiplique la generosidad y la empatía que caracterizan a la sociedad profunda de México y que permanecen intactas y robustas, a lo que puede verse, y victoriosas por sobre el individualismo, la mezquindad y la descomposición social que ha experimentado el país en las pasadas tres décadas; justamente, el periodo que nos separa del sismo del 85.