Cine: Un Libertador para todos

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TULIO MONSALVE| Es película que impacta desde la primera secuencia, donde el director baja del caballo al actor –héroe inmarcesible- y lo pone a pisar la humana tierra. De inmediato asistimos a la llamada Conspiración Septembrina del 25 de Septiembre de 1828 de quién era el Presidente de la Gran Colombia: Simón Bolívar.

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Desde ese arranque no para de mostrarlo en secuencias tras secuencias, adonde todo es pensado y trabajado y bien logrado, para transmitir energía. Nervio. Emociones y motivar recuerdos.

Desde ese preludio, la trama es todo es vivacidad. Carácter, en actuación y evolución de una historia que no deja un momento de mostrar facetas y contenidos que retratan un ser muy terrenal y políticamente activado por propósitos firmes e ideas sólidas. Como todo lo humano, también, resintiendo sus lógicas debilidades temporales.

Por fin, me satisface el logro de un director, Alberto Arvelo, que logra quemar esa eterna bruma que cargaba sobre la forma como han querido, desde siempre, contarme la historia de mi país. Hasta hoy, toda la bibliografía pareciera que estaba confabulado para que la vida y obra de nuestros seres históricos estuviera envueltos por la épica. La epopeya. Lo olímpico.
Adonde nada de lo cotidiano, comerse una arepa, y, que al hacerlo, se les manchara la camisa de grasa, o tuvieran inmensas ganas de orinar y no encontraran lugar para deponer y hubieran decidido esconderse y les fuera permitido, hacerlo como travesura en el umbral de un portón, y , ya, resuelto.

Por que según el guión pacato y la letra boba, bañada de la alcanforada prosa de nuestros historiadores de academia no lo podían permitir. Pues según la mayoría de los cófrades de ese Seminario, todo debía ser presentado en forma de leyenda grandilocuente. Lo contrario, bajarlos del caballo de bronce, era un irrespeto, no tanto a nuestros libertadores sino a su fastidiosa fraseología.
En esta obra podemos, ¡!por fin ¡! ver con otra óptica nuestra historia. Una, signada por lo diario y simple de la realidad social de todos lo actores indiscutibles de la calle, que nunca fueron héroes de nada, y hoy, se les descubre en el cine.

Realidad que conmueve al mostrar a un niño que sufre, pues, pierde su madre y prefiere irse a vivir con la Negra Hipólita, en vez de hacerlo con su tío. Pasaje ligero y valida imagen de los rasgos humanizantes de la película. Corto, eficaz.

Todo esta contenido y bien concebido en el guión de Tim Sexton/Alberto Arvelo. Material creado con artística e inteligente y mañosa escogencia de los tramos y anécdotas decididas para hacerlo suficientemente claro y convincente sin huecos, ni trampas. Y mostrar artísticamente hacedero el cuento.

Para mi lo importante en el cine es la creación, con arte, sensibilidad, de la forma como lo hace este director. Aunque, los eternos, históricos y decimonónicos letrados, nos quieran llevar al terreno de la dudas. Allí quieren hacer de la historia alquimia. Rumian, sobre, si Bolívar llevó a cabo, o no, “100 cien batallas 100” o ¿fueron menos u otros dirán que mas?

O, sospechar, si Bolívar pudo o no encontrarse en 1828 con el Maestro Simón Rodríguez en Bogotá, como lo muestra la película. Según ellos, ¿por que éste podía haber estado en esa fecha en Ecuador? Les preocupa. Hacen ruidos con esta y mil de otras necedades. Refrendadas a nombre de no se que cuantos instituciones empeñadas en momificar y secuestrar a Bolívar. Huelen a fastidio. A herrumbre.ven el libertador filme

Por cierto en materia de actores y personajes, no veo muy clara la imagen de Simón Rodríguez, que nos presenta el film. En este caso ha debido de darse mas tiempo al director de actores para que afinara. O habérselo otorgado a otro de mayor edad, y, hacerlo ver como lo que siempre fue, el maestro del Libertador.

La actuación de Edgar Ramírez, como Simón Bolívar, la aprecio de correcta, y bien ajustada a los diversos avatares en diversos escenarios que el personaje debió superar en su vida: muerte de su muy joven esposa, con apenas ocho meses de haber llegado a Venezuela. O la etapa disoluta y frívola de Europa y luego su transformación un defensor de la libertad de América. Sus terribles momentos de 1815, un Bolívar deprimido en Jamaica y luego toda los cambios de ánimo y conductas que debió demostrar durante el período de sus acciones como Bolívar guerrero o político.

El elenco lo completan María Valverde en el papel de María Teresa del Toro, Imanol Arias en el rol de Monteverde, líder de las fuerzas españolas; Erich Wilpret como Antonio José de Sucre; Manuel Porto como Miranda y Danny Huston como Martin Torkington.

La historia, bien estructurada y con recursos literarios bien manejados, nos cuenta 41 años de la vida del héroe. La trama resuelve efectivamente la forma como Bolívar pasa del bando de los mantuanos, obvios representantes del imperio español al contrario con «los oprimidos».
Nos expone el director, la historia, con cine bien diseñado, para montar esta obra, y lograrla con apoyo de una muy buena fotografía del Xavi Giménez, que se muestra como un profesional que no deja hilos sueltos en cuanto a dirección y selección de las imágenes y los encuadres, majestuosos en el Paso de los Andes.
Con adecuados recursos, técnicos, artísticos, logra mostrar el proceso de la guerra, evidentemente muy real-brutal hasta lograr darnos una visión que nos permite compenetrarnos con la realidad en el siglo XIX.

El desarrollo, solo anuncia en la historia del film, la llegada de Boves a Caracas, y presenta un episodio antológico en el cine nacional: La Emigración a Oriente.
Asimismo trabaja distintas batallas, recreadas, con la limitación que presupone la extensión –comercial- de la obra, dando justos como certeros destellos de lo que realmente vivió la gente con los terribles efectos de esta guerra.

Los decorados, parte importante de la pieza, mantienen una estética digna. Todo ayuda y acertadamente complementa la historia, sobre todo la música del joven maestro Dudamel.
La escenografía, el vestuario, y las caracterizaciones del elenco son de un acabado propio de niveles del buen cine.
No hay detalles que generen ruido ni que representen errores excesivos.
Se debe considerar y valorar que en nuestro país es difícil tener una idea de un pasado histórico preciso, porque es muy escaso el patrimonio original que nos queda de esa época. De allí que sea mas que justificado el recurso en el uso de licencias cinematográficas respetables al utilizar escenarios foráneos.
Tanto el maquillajes, como: vestuario, efectos, y edición los resumo como adecuados y de optima selección.

Las escenas de batalla son una de las mejores hasta ahora logradas en del cine venezolano.

Creo en el cine que entretiene y emociona y deja espacio para la grata reflexión. En mi caso, en las dos salas a las cuales asistí, me topé varias señoras a las cuales escuche hablar, entre ellas, ninguna reprimió su palabra de aprobación a la película; al contrario, dieron rienda suelta a esa extraña emoción que anima hablar, aun con desconocidos, que se produce, en el espacio emocional entre el fotograma que anuncia Fin de la película y el despertar con ese raro espectáculo que otorga la llegada fastidiosa de la luz a la Sala, relumbrón que nos remueve y hace volver a la realidad.

Cierro diciendo: que es una propuesta cinematográfica muy interesante y válida. La vi junto a mi hijo. La mire de nuevo con mi esposa y la volveré a ver con mis nietos.
No crea en cuentos de historiadores y falsos profetas, o editorialistas mal ennotados, vaya a verla. La recomiendo, abiertamente, y cuando pueda, disfrútela, es divertida, amena e ilustra sobre nuestro contundente y notable y siempre presente pasado, ahora, por fin dignamente trabajado, y libre de los patrones decimonónicos de la Academia de la Histeria Nacional.