Cuba: ¿Una burguesía nacional?
GUILLERMO RODRÍGUEZ RIVERA| Permitir la inversión de los cubanos sería, entre otras cosas, una manera de burlar el empecinado bloqueo imperialista, porque muchos cubanos de Estados Unidos invertirían a través de sus parientes cubanos, y todo eso lo supervisaría el Partido Comunista, como lo está haciéndolo en China o en Vietnam. 
Ernesto Che Guevara, con ese interés, esa preocupación, ese amor que le tuvo a esta nuestra parte del mundo, esa que llamamos América Latina y el Caribe –tanto, que lo condujo a dar la vida por ella–, introdujo una categoría socioeconómica que, quienes nos interesamos en sus problemas y en las posibles soluciones para ellos, no hemos cesado de usar desde su aparición, porque nos ha ayudado a comprender muchas cosas. El término burguesía designaba, desde que surge, al habitante del burgo, de las ciudades, que van apareciendo en la Baja Edad Media, claro que diferentes a los que habitaban los feudos campesinos. Pero el tiempo y la historia fueron determinando que el sustantivo designara a los integrantes de una clase poseedora que hace avanzar enormemente la producción y las tecnologías que la acompañaban y la posibilitaban. Puede ser una clase con orgullo nacional que, en el peor de los casos, puede llegar hasta el fascismo. En América Latina tuvimos que confrontar con una burguesía norteamericana que entraba en su fase imperialista: los Estados Unidos del siglo XIX se anexaron casi la mitad del territorio mexicano y todavía en 1903 fomentaron la independencia de la provincia colombiana que era Panamá, y obtuvieron a perpetuidad –que no fue perpetua, gracias a Omar Torrijos y a James Carter– la soberanía sobre la que sería la zona del Canal. En el siglo XX ya no era necesaria la anexión física, la anexión de territorios: la exportación del capital financiero ponía las riquezas de nuestros países en manos de las grandes transnacionales norteamericanas y las clases ricas de Colombia, de Perú o de Cuba, devenían apenas administradoras y aliadas del poder imperial. Nuestras burguesías desde entonces, no eran verdaderas burguesías: eran dependientes de la burguesía imperial, por eso el Che las llamó viceburguesías. Podían plegarse a las múltiples tiranías que el imperialismo impuso cuando le fue preciso para defender sus intereses.