Maryclen Stelling|
Cuando todavía no nos reconocemos en todas las formas de violencia recientemente sufridas e infligidas; cuando aún no nos reponemos del miedo y de la sorpresa; cuando todavía no salimos del asombro ante el odio, deseos de venganza, el mandato de matar y las expresiones de alegría ante la muerte… intentamos retomar la cotidianidad.

¿Se trató de un episodio anómalo, fuera del orden cultural y social? ¿Fue algo excepcional en la historia reciente? ¿Se repetirá? ¿Podremos olvidar y perdonar? ¿Seremos capaces de reconciliarnos con ese reciente pasado? Y ¿Cómo afrontaremos el futuro? Las dudas desbordan nuestra racionalidad.

Cuando “el enemigo” fue un vecino, un amigo, un familiar, ¿cómo retomar la relación con aquellos que nos cercaron, aislaron y agredieron? Es imperante reconstruir la convivencia; rehacer las relaciones sociales, encontrar y administrar formas de reparación social en la procura de disminuir el dolor y el resentimiento.

Ya en el camino de la recuperación se nos plantean otras interrogantes: ¿cuáles son las estrategias sociales y psicológicas necesarias para afrontar esta tarea? ¿Tendremos los recursos psicológicos, sociales, culturales y políticos para la recuperación individual, familiar y pública?

Antes que nada es imperante la “normalización” de las relaciones sociales deshumanizantes instauradas durante la violencia opositora. Específicamente se trata de “rehumanizar” tanto al adversario-enemigo como a uno mismo. Expertos en el tema entienden el proceso de deshumanización como el empobrecimiento de cuatro capacidades del ser humano: pensar lúcidamente, comunicarse con veracidad, sensibilidad frente al sufrimiento ajeno y la esperanza.

Otro elemento por superar es el miedo crónico, en tanto estado permanente en la vida cotidiana, que se ha instalado en determinados territorios geográficos. Es necesario trabajar la sensación de vulnerabilidad, el estado exacerbado de alerta, el sentimiento de impotencia o pérdida de control sobre la propia vida y la alteración del sentido de realidad, producto de la imposibilidad de validar objetivamente las propias experiencias y conocimientos.

Y, a pesar de tantas dudas, interrogantes y escollos, la ciudadanía comienza a transitar democráticamente procesos de reconstrucción y, ¿por qué no?, de reconciliación.


Los errores de la MUD

Enrique Ochoa Antich|El acierto se basa en la autocrítica de los errores. Escribió Bolívar: “El arte de vencer se aprende en las derrotas”. La MUD, esa parte de la oposición en la que conviven pragmáticamente moderados y extremistas, más alianza electoral que dirección política, ha cometido graves errores de estrategia luego de que en diciembre 2015 obtuviera la resonante victoria de conquistar las 2/3 partes de la AN con algo más de 7.000.000 de votos frente a los algo más de 5.000.000 del PSUV.

Sometida a una tensión permanente entre sus dos almas, como si fuese una versión política criolla de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, oscilando entre la ruta democrática y La Salida (dos visiones estratégicas contradictorias), cada una estorbando y trabando a la otra, de entonces a esta parte la MUD -y, claro, el gobierno, pero lo que nos interesa destacar aquí es la parte de responsabilidad que le corresponde a la oposición, en particular a la MUD- la ha conducido hasta esta situación pastosa con sabor a derrota que vive hoy. Intentemos reseñarlos aunque sea a beneficio de inventario:

  1. No convocar al diálogo y la negociación desde la AN conquistada. En vez de asumir de partida, con aquella necedad de los seis meses, que su único propósito era desplazar a Maduro del poder, debió aprovechar su posición de fuerza para impulsar un escenario de diálogo y negociación con el gobierno. No lo hizo porque al final de cuentas no cree en eso, o cree sólo si sobre la mesa de conversaciones se pone casi como precondición, la rendición incondicional del adversario. Característica casi estructural de la MUD y en general de esa oposición que ella representa hoy, es que cada vez que se ve victoriosa, se va de bruces, se desliza hacia posturas maximalistas, pidiéndolo todo sin contar con la fuerza suficiente, y nunca propiciando el diálogo, la negociación y los acuerdos desde esa posición de victoria lo que sólo hace cuando se halla sumida en la derrota, constreñida y no a voluntad propia. Ha sido una ley de su conducta durante 18 años.
  1. Sin negar que podía haberse planteado el referendo revocatorio como ejercicio de un derecho constitucional, es evidente que el segundo error consistió en olvidarse de las elecciones regionales poniendo todos los huevos en la misma cesta, la del rr. Podían haberse hecho las dos cosas. Alguna vez llegué a proponer públicamente que se fuera al diálogo y la negociación con una sola exigencia: fecha inamovible y condiciones claras para las regionales. Todo lo demás pudo ponerse a un lado. Estoy seguro de que en presencia del Vaticano y de los expresidentes, esa exigencia se habría satisfecho. Observando con claridad que era más viable que el rr y que de realizarse habrían comportado una rutilante victoria para la oposición y una importante acumulación de fuerza institucional (hoy se tendrían 17 gobernaciones que serían barricadas democráticas contra el proyecto dictatorial), la MUD no debió concentrarse sólo en el más sensible de los objetivos, que para el gobierno era el desplazamiento de Maduro del poder. Para la MUD en cambio, iguales pero al revés, ésa era la única tarea de la política democrática, mostrando así la pobreza de su visión estratégica.
  1. No aceptar en julio de 2016 la negociación sugerida por J. L. Rodríguez Zapatero (entendemos que con la aquiescencia del gobierno) de que la MUD renunciara al rr a cambio de un paquete que, según se nos ha dicho, incluía elecciones regionales en diciembre 2016 y municipales en diciembre 2017, un 50/50 en las Salas Constitucional y Electoral del TSJ, un 3-2 en el CNE, la normalización de las relaciones Ejecutivo/AN, la libertad de los presos políticos con L. López en su casa, y la ayuda humanitaria que el país pedía a gritos. La MUD dijo que no. Eran los tiempos en que oíamos a Maduro decir que “el rr es un derecho pero no una obligación” y a los voceros de la MUD llenarse la boca argumentando que “los derechos constitucionales no se negocian”. Tal vez si con un poco de más sensatez hubiésemos calibrado mejor la verdadera correlación de fuerzas existente, y que aún con el 80 % del favor popular en contra, el 20 % del gobierno era más poderoso y tenía menos escrúpulos que la MUD, habríamos anticipado lo que luego ocurrió: que con un manotón dictatorial, el gobierno le arrancara a la MUD el rr. Y ante esa posibilidad, habríamos escogido la negociación sugerida por JLRZ.
  1. Levantarse de la mesa de diálogo y negociaciones a la que acudimos finalmente luego de la derrota del rr abortado (siempre acudimos al diálogo cuando estamos derrotados y débiles; luego del golpe de Carmona, luego del fracaso del paro 2002/2003, y ahora) y no cumplir el primer acuerdo, aquél con el que se iniciaba todo: desincorporar a los diputados en plenaria de la AN y no, como se intentó, por secretaría (tanto es así, que la nueva legislatura pretendió hacerlo pero con una nueva directiva en “desacato”, lo que le dio al gobierno el pretexto para no levantar el atropello judicial). Si se hubiese cumplido el acuerdo, todo lo demás habría tenido lugar sin contratiempos: restitución de la AN, elección de un nuevo CNE con una correlación 3-2, convocatoria de elecciones regionales y en Amazonas en diciembre del año pasado, y etc.
  1. Escoger finalmente la vía del 350. Oscilando entre la ruta democrática, que implicaba diálogo, negociación y acuerdos con el gobierno y una vía privilegiadamente electoral, y La Salida, que invitaba a una calle no sólo sinsino contra el diálogo (de lo que fue protuberante muestra que la nueva legislatura iniciara primero desincorporando a los diputados de Amazonas en un supuesto gesto propiciador del diálogo y paso seguido declarando la necedad ésa del abandono del cargo del presidente Maduro que era poco menos que una declaración de guerra), la MUD al final se entregó en los brazos del extremismo más funesto: tal vez delirando con un pronunciamiento militar contra el gobierno y/o con una intervención militar extranjera(únicos apoyos que en términos de poder harían de la MUD un factor más fuerte que el gobierno), la MUD se arrojó a la calle, rechazando retóricamente pero tácitamente alcahueteando numerosos hechos de violencia, en todo caso creando las condiciones objetivas para su ocurrencia, se declaró en desobediencia, y acarició la idea de conformar un gobierno paralelo que a lo sumo habría terminado en el ridículo, algo como un gobierno en el exilio pero adentro. Al final, esta estrategia sólo produjo 120 muertes inútiles, miles de heridos, centenares de presos, y una Constituyente que por espuria que sea, “legitimó” electoralmente el desplazamiento del régimen autoritario con prácticas dictatoriales pero de origen democrático que hasta ahora había sido, hacia algo que al menos se parece mucho a una neo-dictadura burocrática del siglo XXI. Es el tránsito histórico del chavismo al madurismo, de lo que fuera un fenómeno contradictorio, autoritario, con práctica dictatoriales, estatista, centralista y populista, pero indiscutiblemente popular y de origen democrático, a su degeneración burocrática y neo-dictatorial. Todo facilitado cuando no casi propiciado por la MUD.
  1. Rechazar, justo antes de que Maduro tomara la iniciativa de convocar a Constituyente (es decir, a finales de abril), la propuesta del Papa y del expresidente Martín Torrijos de un acuerdo que se proponía firmar en el Vaticano, en presencia del Sumo Pontífice, y que, según se sabe, incluía: elecciones regionales en octubre y municipales en diciembre, restitución de la AN a cambio del compromiso de aprobar los compromisos financieros internacionales del gobierno, ayuda humanitaria, libertad de presos políticos y… eso sí, reconocimiento por parte de la oposición de que Maduro concluiría su período presidencial en diciembre de 2018. Aunque AD, UNT y AP aprobaron esta senda, al final se dijo que no (en particular por el rechazo de VP, MCM y especialmente HCapriles Radonsky quien escribió su famoso tweet contra el Papa y así arrastró a PJ a esta política), imagino que bajo la creencia de que el 350 y la calle conseguirían su derrocamiento: pero Maduro respondió de inmediato convocando a la ANC, pasaron tres meses de violencia inútil, se intentó legitimar esta estrategia absurda con un “consulta popular” convocada por la MUD y manipulada por el extremismo, y al final la oposición está en peor situación que hace año y medio.
  1. Ni siquiera discutir con seriedad la posibilidad de participar en las elecciones a la Constituyente. Lo que se impuso fue la tesis de que hacerlo significaría “legitimar la dictadura” (la consabida frase) como si los candidatos no pudieron haber mantenido a viva voz durante la campaña su denuncia acerca de su origen inconstitucional. “Con el pañuelo en la nariz”, fue la frase que acuñó hace ya casi un siglo Rómulo Betancourt. Es cierto que el sistema electoral propuesto tal vez hacía cuesta arriba ganar esa elección, aunque a veces me pregunto: Si es verdad que el 80 % rechaza al gobierno, ¿no se pudo haberlo sorprendido con una victoria democrática pasando por encima de las bases comiciales (como la oposición chilena a Pinochet cuando el plebiscito o la nuestra en el 52 frente al de Pérez Jiménez)? ¿No habrían los demócratas en vasta alianza que incluyera al chavismo disidente, a otros sectores despolarizados y a la MUD, ganado los constituyentes estudiantiles, empresariales, de los pensionados? ¿No habrían triunfado en la mayoría de los municipios? Vamos a suponer que la oposición no hubiese ganado la mayoría de los constituyente debido a la triquiñuela de las bases,en el peor de los casos nos habríamos contado, habría quedado claro que la oposición era votada por el 80 % y el gobierno por el 20 % de los venezolanos. Con ese respaldo, los constituyentes de la oposición aunque fueran minoría pero elegidos por la mayoría del pueblo, se pudieron haber retirado en señal de protesta denunciando un evidente timo electoral y a la “mayoría” de la ANC como espuria y fraudulenta.
  1. Por último, no mantener su maquinaria electoral como contrapeso y control del sistema electoral durante la elección de la ANC madurista. No contenta con todos los errores anteriores, y bajo el lema extremista de la desobediencia al régimen, de no “legitimar” la Constituyente, y otras sandeces, la MUD tomó una decisión costosísima a la postre: no participar con sus testigos y técnicos en todo el proceso electoral constituyente. Esa presencia al menos, habría asegurado conocer de veras la realidad del resultado electoral y no estaríamos en esta vaga nebulosa en la que Torino Capital y Datanálisis dicen que votaron 3.500.000 (que es una votación muy significativa, dicho sea de paso), Smartmatic dice que 6.000.000, y el CNE y el gobierno aseguran que 8.000.000.Esta estupidez nos ha retrotraído a etapas hace rato superadas por la oposición: otra vez se oyen necias prédicas abstencionistas y la moderación debe hacer el mismo trabajo que en 2006 y 2007, de convencimiento de que si se está allí, con testigos y en todo el proceso de auditorías y control, los resultados son los que son. Recuerdo que Teodoro Petkoff me dijo recientemente que a la oposición siempre le pasa que cuando está victoriosa, le entra un no sé qué, una fiebre, la peste extremista que llamo yo, se va de bruces y comete tales errores, que dilapida la fuerza acumulada, y debe volver a empezar. Como el Sísifo aquél.

Ojalá los demócratas saquemos las lecciones de rigor de este desbarrancadero de desaciertos, que evoca mucho, guardando las distancias que son muchas, al del 2002/2005. Venezuela necesita una nueva referencia que a partir de los errores de la MUD pueda construir un nuevo modo de hacer oposición. Una nueva oposición: plenamente identificada con la ruta democrática, que crea en el diálogo y la negociación y que esté dispuesta a explorarlos a todo evento, que crea en una estrategia de acumulación progresiva de poder (electoral, político, social e institucional), que vea a la calle como un instrumento para presionar en la búsqueda de acuerdos y no como un escenario para el cambio político violento, que defienda sin ambages el derecho de los venezolanos a resolver soberanamente nuestros problemas sin injerencia ni mucho menos intervención extranjera. Que no vea a la unidad como un fin en sí mismo sino como un instrumento que debe ser útil para el cambio, sin temor a los deslindes necesarios. Esa oposición es posible; entonces, trabajemos por ella.

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

*