Guerreros de la paz

Maryclen Stelling|

La gravísima escalada de violencia en el país parece anunciar una guerra fratricida, advertida y denunciada desde diversos espacios, a la vez que impulsada y deseada desde otros ámbitos.

A los enceguecidos propulsores de la guerra se enfrentan los promotores de la paz, quienes –en el corto plazo– promueven y procuran algún acuerdo entre los contendientes. Voces que, ante la agudización de la crisis, luchan por un proceso de negociación y la construcción de un ambiente social de tolerancia y respeto al otro. Guerreros de la paz que combaten por la creación de condiciones de convivencia y favorecer una cultura crítica que permita analizar los problemas con distancia y equilibrio.

Se libra entonces otra batalla minimizada y descalificada, la cruzada por promover una cultura de paz en todas las esferas de la vida social. Campaña que se enfrenta a la incitación y legitimación del recurso de la violencia y de una concepción de paz en tanto derrota y eliminación del adversario.

Cruzados por la paz, que se enfrentan a un contexto caracterizado por la incitación a la rebelión, la exaltación del pueblo en la calle, la furia exterminadora y la legitimación de la violencia en aras de la paz y la democracia. Supuesta gesta heroica que, en nombre del pueblo y ante “el deber” de salvar a la patria, se le concede la indulgencia por la muerte y la destrucción. Desde el plano simbólico se erige una construcción liberadora impregnada de contenidos religiosos, metáforas del derrumbe de un mundo podrido; redención por la muerte y la promesa de un nuevo amanecer, estrategia purificadora en el camino a la “resurrección” democrática.

Se confrontan entonces una cruzada por el diálogo y la paz con una cruzada bélica planteada bajo la convicción de que la convivencia pasa por la derrota de uno de los bandos; sustentada en la creencia de una necesaria confrontación, en la certeza de la victoria total, en el convencimiento del triunfo frente al enemigo y su destrucción o rendición incondicional.

Cualquier intento para negociar la paz se enfrenta con la posición de ciertos sectores radicales afianzados en la negación a concesiones, opuestos al olvido y la reconciliación y promotores del grito de guerra: “ni mediación ni perdón”.

La doble nacionalidad

Luis Britto García | Los artículos del 33 al 36 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que admiten la “doble nacionalidad”, plantean un grave problema cuando se considera uno de los principales privilegios del nacional, que es el desempeño de cargos públicos en su país respectivo.

De acuerdo con esos artículos de la Constitución de 1999, todos los diputados de la Asamblea Nacional, salvo presidente y vicepresidente de dicho cuerpo, podrían tener otra nacionalidad distinta de la venezolana. Todo el Ejército venezolano, salvo el ministro de la Defensa, podría estar también integrado por personas con otra nacionalidad distinta de la venezolana. Todo el gabinete, salvo ministros relacionados con seguridad de la nación, finanzas, energía y minas y educación, podría ser foráneo.

Aparentemente, todo el Ministerio para Relaciones Exteriores, incluido el canciller, podría tener otra nacionalidad; todo el cuerpo diplomático podría estar integrado por nacionales de otros países. Todo el Poder Judicial, salvo los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, podría estar integrado por personas con otra nacionalidad distinta de la venezolana.

Todo el Consejo Nacional Electoral, salvo su presidente; toda la administración regional, salvo gobernadores y alcaldes de estados y municipios fronterizos, podrían tener otra nacionalidad diferente de la venezolana, al igual que los casi dos millones de funcionarios de nuestra administración, salvo la veintena de excepciones ya citadas, podrían entonces ser nacionales de países extranjeros, vinculados por un juramento de lealtad a ellos, y obligados a cumplirles obligaciones tales como el pago de tributos, la fiel ejecución de sus leyes (distintas de las venezolanas) la promoción de intereses foráneos, y el servicio militar.

Al mismo tiempo, los ciudadanos con doble nacionalidad, en caso de cometer delitos y huir al exterior podrían hacer valer su otra nacionalidad y reclamar el derecho a no ser extraditados para Venezuela, y a ser solo juzgados por los tribunales de su país de origen. Los que tengan la nacionalidad de países que hayan suscrito Tratados contra la Doble Tributación con Venezuela, pueden además invocarlos para no pagar impuestos en Venezuela, sino en su país de origen. Tendríamos una ciudadanía con derechos y sin deberes.

Seamos claros: aspiramos a que se reunifique la Gran Colombia, a que América Latina y el Caribe exista en nación; a que los proletarios del mundo integren una sola Internacional. Cuando tales metas culminen y desaparezcan las fronteras, celebraremos como grancolombianos o latinocaribeños o simplemente como humanos.

Mientras tanto, los asediados Estados nación, fundados en la lealtad exclusiva de sus nacionales, son las unidades de resistencia contra los imperios. Debemos volver al sistema de nacionalidad única.

Disolver la nacionalidad es aniquilar la nación.

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