El Tribunal Oral Federal Número 5 condenó este miércoles a prisión perpetua a 29 integrantes de los genocidas que transformaron a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) argentina en un centro clandestino de detención durante la dictadura cívico-militar de 1976 a 1983. Otros 19 recibieron condenas de 8 a 25 años y 6 fueron absueltos.

El juicio ESMA III fue el proceso más prolongado en la historia del sistema penal argentino, cuyo debate oral y público tomó cinco años con 410 audiencias, en los que fallecieron 11 de los 65 imputados originalmente y tres fueron apartados por razones de salud.

En una sentencia histórica, el Tribunal Oral Federal Número 5 condenó a prisión perpetua al genocida Jorge “Tigre” Acosta, el ex jefe de inteligencia de la Unidad de Tareas 3.3.2 de la ESMA, por privación de la libertad “doblemente agravada” por haber sido cometida sobre perseguidos políticos y por su condición de funcionario público en 125 hechos.

El “dedo de Dios”, como se hacía llamar el entonces capitán decidía sobre la vida y la muerte de sus prisioneros en el centro de detención clandestino de la Escuela de Mecánica de la Armada.

En tanto, el represor Alfredo Astíz, conocido como El ángel de la muerte, también fue condenado a prisión perpetua. Los jueces sentenciaron que fue culpable de homicidio triplemente agravado por alevosía y premeditado en más de dos casos, siendo funcionario público, y por privación con violencia y que duro más de un mes en 153 hechos.

Al ex capitán de fragata, responsable de infiltrarse en la Iglesia Santa Cruz para secuestrar a las monjas francesas Alice Domon y Leonnie Duquet y a las principales referentes de las primeras Madres de Plaza de Mayo, entre otros delitos lo condenaron además por haber ocultado la identidad de menores de edad en otros 12 casos.

Los otros cuatro condenados a prisión perpetua fueron Randolfo Agusti Scacchi, el ex jefe naval acusado de alrededor de tres centenares de delitos de lesa humanidad; Mario Daniel Arrú, expiloto de la Prefectura encargado de realizar los “vuelos de la muerte”, desde los que muchos desaparecidos fueron arrojados al Río de la Plata; Juan Antonio Azic, el represor sentenciado por la apropiación de la actual diputada Victoria Donda y el militar Ricardo Miguel Cavallo, condenado por secuestro, tortura y desaparición de 89 víctimas.

Sin embargo, Julio Poch, otra de los acusados de haber participado en los vuelos de la muerte, resultó absuelto, lo que generó indignación entre los organismos humanitarios. Poch, quien residía en Holanda y trabajaba en una aerolínea privada, fue extraditado a Argentina luego de jactarse de haber participado en los vuelos.

Por otro lado, el tribunal decidió absolver a Juan Alemann, uno de los dos civiles acusados en este juicio, ex asistente del entonces ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, quien había sido acusado de haber presenciado y encubierto crímenes en la Esma cuando era secretario de Hacienda.

Alemann entró en la ESMA en 1980 para “ver” a Orlando Ruiz, un joven militante de Montoneros, secuestrado el 4 de junio de 1980, con su esposa Silvia Beatriz María Dameri, embarazada, y sus dos hijos menores, María de las Victorias y Marcelo Mariano

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