Javier Biardeu R.|

En la anterior entrega (http://questiondigital.com/reconstruir-el-legado-politico-ideologico-de-chavez-en-el-marco-del-debate-sobre-el-post-progresismo/) señalamos que quienes parten del Discurso del 8 de diciembre de Chávez para construir un imaginario del Presidente Nicolas Maduro como “Jefe Político-Personal” del Chavismo, a contracorriente del establecimiento y profundización del Liderazgo Colectivo , actúan a contravía del legado político-ideológico de Chávez.

De hecho vale la pena pasearse por el siguiente video-entrevista realizado a Maduro por José Vicente Rangel  sobre este tópico en el propio año 2013  donde afirmo: “El presidente Chávez ha logrado promover un liderazgo colectivo que ha logrado impactar las distintas escalas del manejo del Estado y de las políticas del país”.

Maduro señaló allí como acontecimiento discursivo para superar las confusiones ya reseñadas entre “crítica y traición”: “El proceso de formación intelectual, política e histórica ha ido construyendo valores esenciales para tener un pueblo culto, bien informado, con capacidad de ejercer su crítica con pensamiento crítico”.

Mucho ganaría el proceso bolivariano si hiciera gala en su jefatura política de la apertura de todos los espacios e instancias necesarias para el pensamiento crítico, si de verdad se estimulara y se escuchara la crítica del pueblo trabajador, de los movimientos sociales, de las corrientes revolucionarias y patrióticas. Pero no gana si le coloca un cepo al pensamiento crítico, si lo trata como “habladores de paja” y como “traidores”.

¿Acaso no recordamos la propia auto-crítica de Chávez al haber descalificado prematuramente la significación política que adquiría el tema del hiperliderazgo ? ¿Quiénes no han hecho su propia auto-crítica sobre la necesidad de escuchar las voces de la crítica para extraer de ellas conclusiones propositivas?

Maduro señaló en aquella entrevista del año 2013 con JVR que un nuevo liderazgo colectivo era parte del ideario de Chávez, expresado en el Poder Popular Organizado (PPO). “Esto es gracias a la confianza que siempre ha tenido el presidente Chávez en la posibilidad de construir una Patria nueva”.

Maduro sostenía en el año 2013 que los movimientos sociales en Venezuela han construido una poderosa fuerza que se traduce en un bloque histórico que ha sustituido al viejo bloque de la burguesía, lo cual ha facilitado el camino para formar a nuevos liderazgos populares.

¿Efectivamente existe tal bloque histórico liderado por movimientos populares que ha sustituido al bloque social dominante de la burguesía?

Desde nuestro punto de vista, esta afirmación hecha en el año 2013 encierra una confusión entre “deseos y realidades” tal como de facto es posible observar en el devenir de la política del “Gobierno popular” de Maduro desde el mediados del año 2014 hasta la actualidad, pues en la actualidad lo que más llama la atención es precisamente la reemergencia del bloque social de la burguesía interna, agente que en la práctica conduce el ajuste económico .¿Y qué ocurre entonces con el “Gobierno  popular”?

2.- Notas sobre el gobierno popular

En nuestro criterio, un “Gobierno popular” adquiere sentidos y significaciones distintas desde una visión progresista-reformista de la acción de Gobierno, bajo la búsqueda de apelaciones a la justicia social de carácter asistencialista y redistributivo; que desde una visión de transformación estructural en la cual el tránsito post-capitalista exige la adjetivación de “Gobierno Revolucionario”, donde el bloque social de los explotados, los oprimidos y excluidos asumen funciones de Gobierno, pasan a ejercer directamente funciones de “clase política dirigente” para el ejercicio no solo de la “eficacia política” sino de la “calidad revolucionaria”.

Como planteaba Umberto Cerroni en sus reflexiones sobre la transición al socialismo: “La realización política del socialismo –es decir, la democracia y el autogobierno social- puede surgir como potenciación de la soberanía popular y vincularse a la batalla democrática actual. <<Si todos los hombres participan realmente en la gestión del Estado –escribía Lenin- el capitalismo ya no podrá subsistir>>”

Lo anterior supone una comprensión adecuada de la tradición más libertaria de interpretación de los clásicos del marxismo, como pensamiento revolucionario, más allá de un “marxismo burocrático” (el cual conduce directamente al Estado Despótico). Si se olvida la referencia de la“Comuna de París” u otras experiencias de autogobierno popular, se pierde completamente la brújula.

Recordaremos algunas premisas elementales de aquella tradición libertaria sobre este asunto para al menos suponer criterios de referencia:

•    La Revolución Rusa de 1905 hizo surgir los órganos específicos, los consejos obreros, órganos de poder de la clase obrera. Tras el estallido de la Revolución Rusa en 1917, Lenin condensó en su obra El Estado y la Revolución las adquisiciones del movimiento sobre este tema en aquel entonces.

•    Contrariamente a la Comuna de Paris, que fue claramente vencida por la represión implacable de la burguesía, la contrarrevolución en Rusia (al no haber sido posible la extensión de la revolución) surgió, por decirlo así, “desde dentro”, desde la degeneración del propio Estado Revolucionario.

•    El Estado es el producto del conjunto de la sociedad dividida en clases antagónicas. Y al identificarse obligatoriamente con las relaciones sociales de producción e intercambio dominantes (y por lo tanto con la clase que las encarna), su función es la de preservar o reproducir el orden económico establecido.

•    Si la revolución proletaria es el acto por el cual la clase obrera se constituye en clase políticamente dominante, no por ello se convierte inmediatamente en clase económicamente dominante. Sólo con socialización extensiva, es decir, con la integración del conjunto de los miembros de la sociedad en el trabajo libremente asociado es posible hablar de horizonte comunista. Hasta entonces, la clase trabajadora ha de mantener en permanencia su autonomía para defender sus intereses inmediatos de clase explotada y su proyecto histórico de sociedad comunista.

•    Un gobierno popular corresponde a la prefiguración de las primeras etapas de la transición al socialismo y mientras el pueblo trabajador no se constituya efectivamente en clase política dirigente, persistirá la hegemonía política y económica del bloque social propio de las diferentes fracciones capitalistas y sus grupos auxiliares.

•    Les incumbe entonces a las organizaciones revolucionarias, no el control del Estado existente para utilizarlo como un instrumento neutral, menos todavía desde fuera hacia adentro, sino la lucha permanente, en el seno del propio Estado capitalista, para que el proyecto de Estado-Comuna extienda su lucha, construido por el pueblo trabajador por medio de los Consejos del Poder Popular.

•    El pueblo trabajador, que tenía antes una participación política nula, debido al proceso de manipulación y exclusión de las decisiones al que está sometido, pasa a desempeñar el papel dominante en el proceso político.

•    El otro pilar en el cual reposa el poder burgués es la burocracia, compuesta de funcionarios del Estado que gozan de privilegios acumulativos, entre los cuales, honorarios diferenciados, cargos vitalicios, acumulando todas las ventajas debidas a una corrupción larga y recurrente. Las tareas ejecutivas, las de los tribunales y las funciones legislativas ganan fuerza al ser directamente asumidas por los trabajadores en condiciones de revocabilidad de sus cargos para así atajar, desde el principio, la tendencia al resurgimiento de castas, mal que padecen todas las sociedades que fueron gestadas por las revoluciones “socialistas” durante todo el siglo XX.

•    Burocracia, control de la educación y opinión pública, así como  fuerza pública profesional, las tres columnas en las que se basa el poder político de las clases dominantes; los tres pilares cuyas funciones deberán ser sustituidas por los propios trabajadores en estructuras simplificadas, a la vez que van realizando su propia extinción, y, sin embargo, mucho más eficaces y más fuertes; simplificación y fuerza que se oponen y se atraen entre sí, en un movimiento que acompaña todo el proceso de transición.

•    “(…) El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible las fuerzas” (M-E: Manifiesto Comunista)O sea, Estado proletario (sic) = “proletariado organizado en clase política dominante”, asumiendo dos tipos generales de tareas: reprimir a la burguesía y construir el socialismo (como fase de transición al comunismo).

•    ¿De dónde Marx saca esa convicción de que la dictadura del proletariado es el Estado proletario? ¡De la Comuna de París… sencillamente! En efecto, “(…) La Comuna estaba formada por los consejeros municipales elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de París. Eran responsables y podían ser revocados en todo momento. La mayoría de sus miembros eran, naturalmente, obreros o representantes reconocidos de la clase obrera”.

•    Engels no concibe en modo alguno el centralismo democrático en el sentido burocrático. Para Engels, el centralismo no excluye, ni mucho menos, esa amplia autonomía local que, en la defensa voluntaria de la unidad del Estado por las “comunas” y las regiones, elimina en absoluto todo burocratismo y toda manía de “ordenar” desde arriba”. Hay que distinguir entre este tipo de “centralismo democrático” y el centralismo burocrático utilizado por la nueva burguesía de Estado en la URSS.

•    La separación antinómica entre el sistema de consejos y el Estado posrevolucionario es un error. Tal separación pone de un lado al Estado como una estructura administrativa compleja, que debe ser gestionada por un cuerpo de funcionarios –un absurdo en la concepción de Estado simplificado de Marx, Engels y Lenin– y de otro, una estructura política, en el ámbito de los consejos, que debe ejercer presión sobre la primera (el Estado como tal).Esta dicotomía surgió de las ambigüedades de la Revolución Rusa, pone al proletariado fuera del Estado posrevolucionario, creando, ahí sí, una dicotomía que es ya por sí sola el germen de una nueva casta que se reproduce en el corpus administrativo orgánicamente separado de los Consejos.

•    Hoy se sabe que el sistema ultra-centralizado de planificación “socialista” no era sino un aspecto de la propia centralización burocrática del capitalismo de Estado “soviético” que mantenía al proletariado alejado y ajeno a todo el sistema de definición de objetivos, de las decisiones que concernían a lo que debería ser producido y de cómo distribuirlo, asignación de recursos, etc. Si se hubiera tratado de una verdadera planificación socialista, todo esto habría debido ser objeto de una amplia discusión en el seno de los consejos, o sea, del Estado-Comuna.

•    Lenin: “Es necesario todavía (…) el “Estado”. Pero ya es un Estado de transición, no es ya un Estado en el sentido estricto de la palabra (…)” Lo que revelo el curso concreto de la Revolución Rusa fue que revolucionarios de la envergadura de Lenin quedaron enredados en contradicciones y ambigüedades de tal importancia –y ese era el exacto contexto nacional e internacional de la Revolución de Octubre– que los condujo, en la práctica, a acciones y decisiones muchas veces diametralmente opuestas a sus convicciones más profundas.

•    Las premisas económicas y políticas exigen que el horizonte socialista se construye “para que ‘todos’ puedan realmente participar en la gestión del Estado”. Lenin planteó: “después de derrocar a los capitalistas y a los burócratas, a sustituirlos por los obreros armados, por todo el pueblo armado, en la obra de controlar la producción y la distribución, en la obra de computar el trabajo y los productos. (…) Contabilidad y control: he aquí lo principal, lo que hace falta para “poner a punto” y para que funcione bien la primera fase de la sociedad comunista. En ella, todos los ciudadanos se convierten en empleados a sueldo del Estado, que no es otra cosa que los obreros armados”.

•    La etapa del socialismo “colocará a la mayoría de la población en condiciones que permitirán a todos, sin excepción, ejercer las “funciones del Estado’”. Todos los ciudadanos, recordémoslo, organizados en el sistema de consejos, o dicho de otra manera, en el Estado revolucionario, ya que para Marx, Engels y Lenin, la simplificación de las tareas alcanzará un punto tal que las tareas “administrativas” básicas, reducidas al extremo, no sólo podrán ser asumidas por el proletariado y el pueblo en general, sino que podrán ser asumidas por el sistema de consejos, que, al fin y al cabo, es el propio Estado.

•    La falta de preparación de la vanguardia de la clase para la toma del poder y la organización inmediata, bajo su presencia, su dirección y su intervención, con miras a la construcción del socialismo, funcionó como uno de los factores adversos en la URSS para la constitución de una auténtica dictadura revolucionaria del proletariado, con base en la representación en los consejos. Tal laguna, en gran medida provocada por la ausencia de un pre-Estado apropiado, es decir, un pre-Estado que fuese una escuela de la revolución, acabó siendo una dificultad suplementaria en el naufragio de la Revolución Rusa de 1917.

•    Lenin pudo constatar la degeneración del Estado revolucionario, sus deformaciones burocráticas cuando hablaba del Estado como la reconstitución del antiguo aparato de Estado zarista” y cuando afirmaba que el Estado gestado por la Revolución de Octubre tendía “a escapar de nuestro control y girar en el sentido contrario que queremos, etc.”.

•    Los trabajadores puedan corregir los errores y las lagunas de tales experiencias, para que las multipliquen y fortalezcan su contenido, hasta que acaben convirtiéndoseen un cúmulo de situaciones revolucionarias concretas, el sistema de consejos, formado en la interacción dialéctica de pequeños círculos (en los lugares de trabajo, de estudio y de vivienda), comisiones (de fábrica) y de consejos (de barrios, de regiones, de zonas industriales, nacionales, etc.) que deberán llegar a ser, al mismo tiempo, la espina dorsal de proceso revolucionario.

Obviamente a algunos se les erizarán los pelos ante tal ayuda-memoria, pues no conciben otra forma-Estado que no sea el Estado liberal-representativo (o las variantes autoritarias del estado capitalista).Desde la izquierda revolucionaria de viejo cuño, el único estado posible es el modelo soviético y sus derivados.

Desde los grupos auxiliares implicados en los sectores medios, hasta los estratos intelectuales de las fracciones capitalistas replicarán a estas ideas-fuerza, que una revolución es lo que es: el derrocamiento de sus privilegios y de sus concepciones del mundo. De tal manera construirán su propia tesis del “Gobierno Popular”: un gobierno y un Estado de reformas sociales asistencialistas que no toquen la estructura de dominación ni las relaciones básicas de producción e intercambio económico,ni la división jerárquica del trabajo, ni el despotismo “duro” (tayloristas) o “blandos” (de las relaciones humanas al “toyotismo”)  de las empresas y fábricas, bajo la recurrente operación de separación entre la emancipación política y emancipación social.

La subordinación del pueblo trabajador a la estructura de mando de las personificaciones del Capital es el axioma de la propia concepción liberal, en la cual deniegan que sea propia de un “totalitarismo capitalista”. Para la concepción liberal de la política y del Estado, solo son totalitarias las experiencias fascistas y comunistas. Totalitarias para los liberales, en su registro ideológico, simbólico e imaginario, son sólo las concepciones no-liberales. De manera que el liberalismo político constituye “la roca donde se dobla la pala” de su progresismo-reformista. Más allá de su propia “fantasía ideológica”, sobrevendrían “el caos, el reino del terror y la barbarie”.

Sin embargo vayamos paso a paso. El Estado democrático y social de derecho y de justicia tal como está definido en la Constitución Venezolana de 1999, corresponde a una de las formas institucionales más avanzadas de una democracia política, cuyo sistema socioeconómico reconoce como régimen de acumulación, crecimiento y distribución a la economía mixta.

La mixtura de las relaciones de propiedad y de los procesos de trabajo, traducen la composición social y de clases de las relaciones de fuerzas y sentidos predominantes en cada momento histórico. La economía mixta capitalista puede dar paso a una economía mixta de carácter socialista si y sólo si el Gobierno popular pasa a manos del pueblo trabajador.

Nuevos órganos y nuevas funciones podrían surgir de la transformación correlativa del Estado y del sistema socio-económico. El límite de la socialdemocracia avanzada en este terreno es garantizar la estructura de mando del capital, regulándola en función de un proceso distributivo y redistributivo de contención-cooptación del horizonte socialista.
De tal manera que “Gobierno Popular” sin calidad revolucionaria puede ser políticamente eficaz para no transformar las relaciones de base del sistema socio-económico.

Cabe aquí citar extensamente a Alfredo Maneiro: “Notas sobre organización política” (1971) , para desentrañar el significado del principio de “calidad revolucionaria” en su relación con la “eficacia política”, términos asumidos ampliamente por Chávez cuando valoraba positivamente la correlación estrecha entre ambos:

“Por calidad revolucionaria entendemos la capacidad probable de sus miembros (de una organización) para participar en un esfuerzo dirigido a la transformación de la sociedad, a la creación de un nuevo sistema de relaciones humanas”. Léase bien: “creación de un nuevo sistema de relaciones humanas”. Sencillo decirlo, complejo hacerlo.

Lo interesante es que A. Maneiro contrastó el principio de “calidad revolucionaria tanto con las estructuras partidistas como con las estructuras de gobierno, así manifieste signos de eficacia política:

“(…) ciertas estructuras partidistas desarrollan un espíritu de secta tan marcado, sustituyen de la tal manera la disciplina por la obediencia, vician a sus afiliados con un juego tan complicado de jerarquías, gradaciones, amiguismos, arbitrariedades, etc., y sobre todo, crean tales dificultades a la confrontación libre de opiniones que la lucha interna solo puede expresarse a través de zancadillas, corrillos, pactos ominosos y manejos oscuros. Estructuras así terminan por producir un militante condicionado, de mediocres aspiraciones y cuya Resultado de imagenaudacia, valor y espíritu crítico se resuelve a menudo, con una racionalización forzada de verdades, valores e intereses del partido. En realidad abundan modelos organizativos que, no importa sus reclamos ideológicos, devienen modelos en escala reducida del mismo “sistema” a cuya destrucción dicen aspirar. En realidad, existen organizaciones revolucionarias que parecen sólo preparadas para adueñarse del aparato de estado existente con el objeto de “ponerlo en marcha para sus propios fines. Sin embargo, sobran ejemplos de cómo la falta de calidad revolucionaria de organizaciones dadas, tiene bastante poco que ver con su posible eficacia política. Es decir, esta especie de temprana burocratización de estructuras y cuadros no tiene por qué afectar demasiado su eventual participación exitosa en la lucha política”.

No basta entonces la “eficacia política” para cualificar a una organización política o a un gobierno como “revolucionario:

“(…) en varios casos conocidos tanto ejemplar y aleccionador es la suma de habilidad, audacia, sentido de la oportunidad, cálculo y manejo de la correlación de fuerzas, etc., en la lucha por el poder como decepcionante ha resultado después la gestión administrativa estatal, la participación en la revolución social ininterrumpida, la continuación dela lucha social en  condiciones de gobierno popular, la ampliación de la nueva democracia, la profundización de la conciencia popular, la resistencia a las tendencias burocráticas, degenerativas y regresivas, etc. Pareciera, en suma, que varias de las transformaciones políticas que, en su hora épica, concitaron con justicia, la admiración de todos, se les pudiera luego saludar con las premonitorias palabras que uso un general mexicano para festejar el triunfo revolucionario en su país: “Ahora que la revolución degeneró en Gobierno…”

Esta centralidad de la “calidad revolucionaria” es el antídoto indispensable para que el Gobierno popular que deviene de una revolución no asuma un carácter burocrático, degenerativo y regresivo.

En el sentido de la calidad revolucionaria, las organizaciones partidistas (y los Gobiernos) se caracterizan por la firmeza en los principios, el entusiasmo que despierta su régimen de liderazgo interno, su frescura, creatividad, relaciones con las masas, su sensibilidad ante ellas. Para Maneiro quedaba suficiente claro que las prácticas, modos de ser y estilos de dirección de las organizaciones políticas prefiguraba una eventual Gestión del Estado y del Gobierno. Si usted quiere ver cómo sería un modo de Gobierno de una organización política, pues analice su modo de gobierno interno, su estructura política partidista interna.

También citaremos aquí un breve texto de la etapa de militancia en el MIR venezolano (1977) de Rigoberto Lanz, titulado: ¿Qué se discute?

“(…) el proceso revolucionario que conduce a la instauración del socialismo transcurre en un tiempo histórico concreto, específico e irreductible. Ese transcurso implica una transición que no puede ser conceptuada aleatoriamente: No vale aquí el argumento de que “después veremos”. No se trata de adivinar todos los detalles de este proceso, claro está. Se trata si de formular alternativas de cambio, que en ciertas coyunturas, se convierten en palancas decisivas de la profundización de la lucha de clases”.

Y en este orden de ideas plantea que la postulación de un Gobierno Popular no supone un acuerdo de clases que diluye las fronteras entre clases dominantes y clases dominadas.

Además un Gobierno Popular supone un programa de transición que resuma las aspiraciones populares (en el terreno económico y político) más importantes en el período signado por una crisis política y no necesariamente por una situación revolucionaria, que interprete el sentimiento nacional de cambio posible y que lo traduzca en una fórmula política viable a la hora de abordar la política de alianzas, sin diluir “el programa revolucionario del partido ni la independencia de clase del proletariado”.

Queda de nuevo establecido el principio de calidad revolucionaria: “creación de un nuevo sistema de relaciones humanas”.

También en aras de cualificar el debate desde una perspectiva de izquierda trascribamos la respuesta de Pedro Duno en su “Entrevista con Rocinante” (1969) a la pregunta: ¿Cree usted que nuestra revolución puede ser antiimperialista y al mismo tiempo no ser anticapitalista?

“Con esta tesis comenzaron el APRA y Acción Democrática y fíjese Ud. Donde terminaron. No sé a quienes se pretende engañar con esto. Lo que si se es los únicos que se engañan son los mismos que sostienen este disparate. Por allí he leído la formulación de esta tesis (…) Acá no hay posibilidad de llevar a los “capitalistas” a una posición “antiimperialista”, es más, el día en que un poder tenga la fuerza necesaria para enfrentar al imperialismo norteamericano, esa fuerza será de tal magnitud que no necesitará buscar un apoyo en los llamados “capitalistas” de acá. El capitalismo pretendidamente venezolano es aliado, subsidiario, parásito y títere del imperialismo: esto de una revolución antiimperialista y pro-capitalista no pasa de ser un engaño que solamente puede caber en una mente oportunista, insincera.”

Lo interesante de la posición de Duno es que parece ser congruente con las tesis de J. A. Mella en Cuba o de Mariátegui en el Perú para demarcarse del APRA, verdadero antecedente histórico del progresismo-reformismo latinoamericano.

El “Aprismo-adeco” ha sido la fórmula perfecta para mellar el filo revolucionario de los procesos de movilización nacional-popular. En esta concepción la Unidad Popular y el Gobierno Popular son un verdadero “arroz con mango”: no habría contradicciones entre un proceso revolucionario, ser adecos o copeyanos; ser maoístas, estalinistas, postmodernos, reformistas. Allí convivirían todos sin poner en riesgo a la estructura de dominación del Capital. En nombre de la lucha contra la desnacionalización, la exclusión y la corrupción, no se dice ni una palabra sobre la explotación económica, la coerción política, la hegemonía ideológica, la negación cultural o la destructividad ambiental. Los males del capitalismo se regulan y remedian con un estado progresista-reformista.

Por supuesto que el progresismo-reformista hablará de reducción de la desigualdad social o de la independencia nacional, pero no dirán nada de una postura anti-capitalista. Ya están muy viejos, limados y mimados como aquella citada “aristocracia obrera” para tal “sarampión revolucionario”. No es falso decir que a la fraseología revolucionaria juvenil le sigue la moderación de una adultez política ya pre-senil. El espejo de tales moderaciones está a la vista en el arquetipo histórico de la trayectoria política de Rómulo Betancourt.

El “arroz con mango” o el “minestrón” ideológico del “APRISMO-ADECO” es capaz de colocar juntas en una piñata político-ideológica a corrientes militares patrióticas; a corrientes socialistas y revolucionarias, a movimientos populares; a corrientes socialdemócratas y socialcristianas; a corrientes nacionalistas de las capas medias y del“empresariado nacional”, siempre con la figura retórica de la demagogia sobre la necesidad de redimir a “millones de hombres y mujeres humildes”. En esto consiste el progresismo-reformista, a romper la cadena de equivalencias entre luchas anti-neoliberales, anti-imperialistas y anti-capitalistas. Una suerte de “agárrense de las manos y manos a la obra de CAP I”.

De allí la importancia de estudiar a fondo el socialismo bolivariano, cristiano, marxiano, nacionalista-popular, democrático y revolucionario de Chávez; para comprender la resolución de sus ambigüedades e indeterminaciones textuales. Chávez transformado en “progresista-reformista” es una caricatura ideológica, pero es una posible interpretación al fin y al cabo. Quizás esa sea la imagen-fuerza oficial de Chávez, una suerte de Thomas Münzera la venezolana .

También el Plan de Barranquilla  hablaba en sus propios términos de Independencia Nacional, gobernar el mercado, frenar la concentración de la riqueza,de nuevo comienzo ético para colocar un torniquete al desangramiento de la Patria, ocasionado por mafias corruptas, en aquel caso Gomecistas.

Y es precisamente en la definición de las contradicciones principales de los programas de acción del Aprismo-adeco donde vuelven a aparecer los rasgos centrales del “progresismo-reformista”. Es decir, en olvidar las relaciones entre programa mínimo y programa máximo, para quedarse sólo con una política de mínimos, con el viejo arte de lo posible, es que es posible percibir las posturas del reformismo adocenado.

Podríamos citar extensamente otras referencias para dar cuenta de los problemas del Gobierno Popular como aquella “Antología del Pensamiento Revolucionario Venezolano” (Alexander Moreno con prólogo de J. R. Núñez Tenorio-1983, Ediciones Centauro) para estudiar a profundidad como una generación de  izquierda imaginaba y pensaba los desafíos de un “Gobierno Popular Revolucionario”.

Resultado de imagen para estrategia y táctica nunez tenorioVale la pena comentar aquí lo planteado por J. R. Núñez Tenorio en sus textos “Estrategia y Táctica ¿Cómo hacer? ¿Cuál es la salida?” y en: “Por el cambio de nuestra Democracia” – 1983):

“La aparición de la estrategia política introduce el elemento subjetivo, consciente, creador en la política. En primer lugar, tiene que llevar a cabo un análisis de la correlación de fuerzas existentes, tanto las de clase como de las fracciones autónomas de clase, los estratos sociales, etcétera. Implica también este análisis la correlación de fuerzas entre el Estado (capitalista) y el movimiento revolucionario que en el plano táctico se expresa como correlación de fuerzas entre Gobierno y oposición. Este análisis tiene que ser lo más objetivo (“científico”) posible, en base a informaciones y datos confirmados y no mediante elucubraciones subjetivas y abstractas. Conclusión: tenemos que dominar, mediante la conciencia creadora e independiente, el poder de las clases y las políticas en lucha. Además, este análisis político tiene que culminar con la formulación de un programa a largo y mediano alcance (denominado “programa máximo”) que oriente la lucha por los objetivos del movimiento revolucionario en oposición a los intereses del Estado capitalista que representa a las clases dominantes. Este programa estratégico permite no perder el rumbo en el combate y sirve de fundamento para la continua realización de los programas mínimos (tácticos), que respondena las coyunturas políticas concretas. Ejemplo: en la victoria táctica contra la dictadura de Pérez Jiménez (1958), olvidamos la brújula estratégica (tacticismo), que nos hizo fácil presa de los objetivos del imperio y las clases dominantes mediante el famoso Pacto de Punto Fijo: Perdimos el rumbo”.

Cuando Núñez Tenorio contemplaba un programa mínimo para gestar un nuevo modelo de desarrollo económico, social, cultural y político que sustituyera a la ya desgastada cogollocracia corrupta, imperante en Venezuela desde 1958 decía:

“Se abre, como nunca antes, a los venezolanos la posibilidad cierta de construir un núcleo amplio de fuerzas orgánicas capaces de impulsar un movimiento social y político que asuma para el pueblo trabajador la exigencia de un cambio: las banderas de la independencia, de la auténtica democracia, del bienestar del pueblo y de una cultura, una ciencia y una educación creadoras, como la única salida a la situación de crisis que vive la Venezuela actual. Ante el modelo económico-ideológico neoliberal se  impone la lucha por un nuevo modelo de desarrollo económico, social, político y cultural, que sustituya el “paquete económico” del Fondo Monetario Internacional (FMI), a través de la “carta de intención” que la cogollocracia político-financiera corrupta ha impuesto a Venezuela. Esta unidad y lucha por el cambio la está exigiendo toda Venezuela.”

Si se trata de “calidad revolucionaria” vale la pena detenerse para cualquier “programa mínimo” de un Gobierno Popular: “Promover un nuevo sistema de relaciones económico-sociales, donde el trabajo sea el factor fundamental y donde los trabajadores participen plenamente de los beneficios de la productividad.”.

Las propuestas mínimas para garantizar el bienestar del Pueblo incluían: “Medidas radicales y enérgicas contra el desempleo, la especulación y el alto costo de la vida”, “Salario mínimo vital (que garantice la obtención de los artículos de primera necesidad) y aumento legal del salario según el índice semestral de inflación para frenar el descenso del salario real de los trabajadores”, “Creación de un Frente Patriótico capaz de derrotar la corrupción, afianzar sobre bases sólidas la vigencia y profundización de la democracia y rescatar la independencia económica, cultural, política y militar”, “Combate tenaz contra la corrupción y por una nueva moral ciudadana, que desmonte el aparato político-financiero de la cogollocracia corrupta, eleve los valores espirituales y bolivarianos de nuestro pueblo”.

Al uno releer semejantes propuestas pareciera que los tiempos no son tan lineales ni progresivos: ¿Se ha avanzado irreversiblemente o todavía son patentes las inercias de un modelo de crecimiento y desarrollo en el Gobierno Popular que pareciera estar recreando el Programa de aquel viejo APRA-AD? ¿Se trata acaso de una Nueva Adequidad pero fuera de las estructuras oficiales del Partido AD?
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3.- Chávez planteó con claridad las debilidades del hiperliderago y la necesidad de un liderago colectivo

Nuestra tesis fundamental es que Chávez se paseó por el escenario de su inhabilitación política antes de viajar a Cuba en Diciembre de 2012, pero nunca se planteó el escenario de su desaparición física.

Desde esta premisa Chávez eligió a Maduro como sucesor inmediato condicionando que el liderazgo delegado ejerciera sus funciones “junto al pueblo siempre y subordinado a los intereses del pueblo”.

Esta última condición adquiría las mismas implicaciones radicales de aquel enunciado de Lincoln  cuando señaló lo que sus intérpretes afirman que fue una definición de la democracia como “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Las implicaciones para el debate sobre democracia representativa y democracia directa  de tales planteamientos han muy sido polémicas, pues la “democracia por el pueblo” prefigura los cuestionamientos más significativos en contra de la democracia liberal-representativa. Y como sabemos la acotación del establecimiento político estadounidense sobre la democracia no pasa de ser actualmente una caricatura diluida del liberalismo-pluralista-competitivo: una plutocracia.

La idea de un “madurismo” denegando del “madurismo” pareciera hacerse realidad. Lo paradójico es que Maduro aparecía en el año 2013 como defensor del “Liderazgo colectivo”, lo cual lo distanciaba de cualquier referencia a su figura como “jefe político personal” del Chavismo.

¿Corre entonces Maduro el riesgo de actuar como “madurista” denegando en las palabras conscientes de tal condición?

Debemos decir que Maduro aparecía en el año 2013 como defensor del“Liderazgo colectivo” .

Ciertamente, la operación mediática de construcción del “madurismo” ha formado parte de una estrategia contrastante con la figura de Chávez para presionar a Maduro desde diversos vectores de fuerza .

Pero a la vez, el “madurismo ha sido una tentación permanente de sus defensores en el Gobierno, para posicionarlo como “jefe político” del Chavismo (campaña de imagen y discurso para el Presidente Maduro, micro-purgas, deslindes, rol en el PSUV, trazado de fronteras entre “leales” y “traidores”), utilizando procedimientos similares a la construcción del estilo de liderazgo carismático y personalista de Chávez.

La denegación de tal hecho  lo que hace es re-alimentar o reforzar la producción histórica y social del fenómeno del “madurismo” como lógica de identificación, como coalición políticay como construcción de una forma de legitimación social.La denegación es un boomerang psicológico.

La denegación  (Al.: Verneinung; Fr.: (dé)négation. Ing.: negation. It.: negazione. Por.: negacáo.), constituye un “procedimiento en virtud del cual el sujeto, a pesar de formular uno de sus deseos, pensamientos o sentimientos hasta entonces reprimidos, sigue defendiéndose negando que le pertenezca.” (Laplanche-Pontalis; 1967, 233)

El concepto de denegación se hizo extensivo a todas las percepciones dolorosas que, contrastando con el principio del placer, llevan a no reconocer la realidad o a transformarla alucinatoriamente para satisfacer el deseo. Freud veía en la denegación el origen de la escisión del yo.

En francés, puede distinguirse, por una parte, la negación (negation) en sentido gramatical o lógico, y por otra parte la denegación (denegation, déni), que implica oposición o repulsa. En el empleo que hace Freud: al parecer podemos distinguir dos usos diferentes de Verneinen y Verleugnen. En efecto, la palabra Verleugnen tiende a reservarla Freud, hacia el fin de su obra, para designar el rechazo de la percepción de un hecho que se impone en el mundo exterior; es decir, que se trata de una renegación.

Para Freud, la negación“constituye un medio de adquirir conocimiento de lo reprimido […]; tiene lugar una especie de aceptación intelectual de lo reprimido, mientras que persiste lo fundamental de la represión; mediante el símbolo de la negación, el pensamiento se libera de las limitaciones de la represión […]”

¿Qué es lo que con tanta fuerza e insistencia se deniega? Que efectivamente exista un contraste de políticas, estrategias y tácticas entre Chávez y Maduro, pero eso estaría bajo objeto de censura o represión. De modo que toda postulación de tal contraste en el propio interior del campo bolivariano es calificada como una “traición a Chávez”.

4.- ¿Traición a qué? ¿Está en juego el proyecto o la jefatura personal?

Si el debate se refiere al tema sustantivo de la “traición”, la problemática fundamental sigue siendo la traición a la causa del Proyecto Histórico: Proyecto Nacional Simón Bolívar, a sus principios fundamentales trazados en su desarrollo programático a lo largo del tiempo por la figura y decisiones de Hugo Chávez; es decir, el abandono o no del socialismo bolivariano.

Es allí donde los campos connotativos asociados al tema de la “traición” adquieren mayor densidad y riqueza, pues el discurso del 8 de diciembre de 2012 de Chávez no incluía una apelación a una ciega subordinación a una figura personal como “sucesión sobrevenida”.

Toda la reflexión sobre el “Liderazgo colectivo”hecha tal día por el propio Hugo Chávez cancela la vía de interpretación inaugurada en el año 2014 por un vocero inicialmente cercano a Maduro, como Temir Porras , que debe ser citada in extenso por su significación histórica para la comprensión de las derivas del propio proceso post-Chávez:

“Digámoslo de entrada, aquí no se trata de inventar un debate inexistente acerca de si un supuesto madurismo vendría ahora a remplazar al chavismo. Por una parte, el chavismo es nuestra filiación histórica común y, por otra, tal cosa como el madurismo no existe ni existirá, por lo menos no como ideología propia. Esto pareciera ser algo obvio, pero vale la pena subrayarlo para no perder el tiempo en discusiones estériles.

Sin embargo, no hay nada menos chavista que aquello del liderazgo colectivo. Uno de los legados incontestables que nos dejó el Comandante Hugo Chávez en cuanto al ejercicio de la política, es que el liderazgo personal en las complejas circunstancias de nuestra Revolución es necesario, debe ejercerse y debe ser reconocido. Ciertamente, el liderazgo no se decreta, y debe construirse, consolidarse y hasta debe tener algo de naturalidad y mucha legitimidad, pero lo cierto es que el chavismo necesita de un liderazgo personal sólido. Y finalmente ese liderazgo debe ejercerse (esta obviedad merece también ser resaltada) de cuerpo presente. Tener un líder histórico y una fuente suprema de inspiración no basta; hace falta quien lidere la batalla día tras día en este bajo mundo, y ejerza la jefatura política. Por tomar a modo de comparación un ejemplo algo extremo, podríamos decir que el liderazgo material del Presidente Nicolás Maduro no remplaza al liderazgo espiritual del Comandante Chávez, de la misma manera que el liderazgo de un Papa en la Iglesia Católica no remplaza la guía espiritual del Señor…”

Aquí debemos apelar a la intertextualidad para intercalar dos párrafos íntegros de lo planteado por Chávez aquel día 8 de diciembre del año 2012 , pues refuta íntegramente a Porras:

“Afortunadamente esta Revolución no depende de un hombre, hemos pasado etapas nosotros y hoy tenemos un liderazgo colectivo que se ha desplegado por todas partes, a mí me ha dado mucho gusto en estas horas desde nuestra llegada ayer al amanecer casi ya y bueno desde La Habana en los últimos diez días casi, verificar, constatar -una vez más- ese liderazgo colectivo, dígame la campaña para las elecciones de gobernadores, andan desplegados nuestros líderes, nuestros cuadros, hombres, mujeres con un gran fervor patrio y yo les felicito y estoy seguro que escribiremos otra página grandiosa el próximo domingo, el otro ¿no? el 16 de diciembre.”

También en aquella intervención, Chávez señaló:“Aquí había un continente dormido, un pueblo dormido como muerto y llegó el Lázaro colectivo y se levantó, finales de los 80, los 90, los 90 terminando el siglo XX pues, se levantó aquí en Venezuela una Revolución, se levantó un pueblo y nos ha tocado a nosotros, algunos de nosotros, a muchos de nosotros mujeres, hombres, asumir responsabilidades, asumir papeles de vanguardia, asumir papeles de dirección, de liderazgo por distintas razones civiles, militares y hemos confluido pues, distintas corrientes terminando el siglo y comenzando éste siglo.”

Llama poderosamente la atención que Temir Porras en su momento no se haya referido directamente a aquellas palabras, declarando de manera tan directa “(…) no hay nada menos chavista que aquello del liderazgo colectivo”, señalando más bien que:

“Uno de los legados incontestables que nos dejó el Comandante Hugo Chávez en cuanto al ejercicio de la política, es que el liderazgo personal en las complejas circunstancias de nuestra Revolución es necesario, debe ejercerse y debe ser reconocido”.

Todo esto como argumento para concluir que el “jefe político personal” de la Revolución Bolivariana era Nicolás Maduro:“Por lo pronto, lo que es incontestable es que el propio Comandante Chávez designó a Nicolás Maduro como jefe político del chavismo, y que la mayoría de los venezolanos (y obviamente de los chavistas militantes) lo elegimos democráticamente como nuestro Presidente.

No apostarlo todo, sincera y efectivamente, a la consolidación del liderazgo de Nicolás Maduro sería un craso error, pues la fortuna del chavismo va de la mano con la de Nicolás Maduro, y está absolutamente claro que nuestra única opción es la victoria. En caso de derrota, no habrá una segunda oportunidad.

Y si me preguntaran en qué constituye esto un cambio de rumbo estratégico, respondería que hasta ahora a Nicolás Maduro se le ha reconocido en su función de Presidente de la República, pero no como jefe político del chavismo, con el derecho y el deber de imprimirle su visión personal a la construcción de la Revolución, trascendiendo la simple función de conservador del legado del Comandante. Volveré a este punto más adelante.

El liderazgo del Presidente debe tener dos columnas igualmente importantes.

La primera ya la hemos evocado, y es la histórica, cuyo punto culminante es la sublime alocución del Comandante Chávez el 8 de diciembre de 2012 designando a Nicolás Maduro como su sucesor. No me extenderé en este punto evidente, más que para subrayar el valor de los símbolos y las palabras para Chávez. Al hablar de su convicción “plena como la luna llena, absoluta, total”, el Comandante no buscó simplemente hacer una figura de lenguaje en un momento tan grave. Conociendo el peso gigantesco de su palabra, Chávez indicó taxativamente y reiteradamente quien debía ser el jefe cuando llegara la hora de su partida. Hasta en eso ejerció un acto típicamente chavista de autoridad. Chávez jamás habló de una situación transitoria, ni de un cuerpo colegiado, ni de nada por el estilo, y su silencio al respecto es tan contundente como lo que sí dijo. En fin, creo profundamente que Chávez designó a Maduro para que, como él lo hizo, ejerciera su jefatura, y que en consecuencia el chavismo debe obrar para que ese liderazgo se consolide, pues en ello se juega el futuro la Revolución.

La segunda, es de naturaleza personal. Maduro no puede ser solamente el “hijo de Chávez” o el garante del legado. Tiene que imprimirle su visión personal a la conducción de la Revolución. Por una razón tan obvia como que Chávez y Maduro son dos hombres muy diferentes, y no solamente en lo que se refiere a la estatura política, como es evidente. A diferencia de Chávez, Maduro es un civil, y tiene un carácter profundamente urbano, por oposición a la ruralidad de Chávez. Tal vez por su formación de sindicalista tiene una visión muy pragmática de la política, en cierta manera menos ideológica o doctrinaria que la de Chávez. Eso no quiere decir de ninguna manera que sus convicciones sean menos firmes, sino que tiene un estilo más flexible a la hora de abordar los problemas. Todo esto va en concordancia, de hecho, con que Maduro no es el padre ideológico de una corriente de pensamiento, como sí lo es Chávez, sino que se trata del jefe político de esa corriente y está en la obligación de adaptarla a las circunstancias. El Comandante Chávez encarnó un modo de liderazgo titánico, demiúrgico, necesario para hacer renacer a la Patria de sus cenizas. Hoy, tras 15 años de Revolución Bolivariana, estamos en otro momento histórico al cual corresponde un liderazgo flexible capaz de sacar al barco de la tormenta y en cuya destreza seamos capaces de depositar nuestra confianza para dejarlo maniobrar según su mejor criterio. Ese hombre es sin duda alguna Nicolás Maduro.

¿Y quién puede negar que el pragmatismo es una virtud extremadamente necesaria en las circunstancias complejas que vivimos? ¿Cuál sería el papel de un líder si no el de imprimir su visión personal a la política y aglutinar la voluntad mayoritaria alrededor de esa visión?

En fin, estoy convencido que la mejor forma de que el Presidente Maduro siga el ejemplo de Chávez, no es tratando de imitarlo, sino ejerciendo el liderazgo como lo ejercía Chávez, con sus características propias, muy necesarias para la etapa de la Revolución que vivimos. El Maduro pragmático nos hace mucha falta. Al escogerlo como su sucesor, Chávez demostró una vez más que era mucho más visionario que todos nosotros.”

Este importante texto encierra precisamente la centralidad de la lógica de la denegación ya referida. Es un texto increíblemente denso para el conjunto de propuestas de política, de estrategia y táctica alrededor de la figura de Nicolas maduro:

“Digámoslo de entrada, aquí no se trata de inventar un debate inexistente acerca de si un supuesto madurismo vendría ahora a remplazar al chavismo. Por una parte, el chavismo es nuestra filiación histórica común y, por otra, tal cosa como el madurismo no existe ni existirá, por lo menos no como ideología propia. Esto pareciera ser algo obvio, pero vale la pena subrayarlo para no perder el tiempo en discusiones estériles.”

El “madurismo” no existe como ideología propia: ¿Y cómo qué existe? ¿Cómo “jefe político personal del chavismo? ¿Se trataba de una discusión estéril? Lo interesante de tal texto es que más adelante se afirme:

“(…) lo que es incontestable es que el propio Comandante Chávez designó a Nicolás Maduro como jefe político del chavismo, y que la mayoría de los venezolanos (y obviamente de los chavistas militantes) lo elegimos democráticamente como nuestro Presidente.”

¿Acaso Chávez en realidad designó de manera incontestable a Nicolás Maduro como “Jefe político” del chavismo o habló más bien de liderazgo colectivo?

Lo diremos sin medias tintas: esta es una gigantesca estafa contrastada con las fuentes primarias. Si la fortuna del Chavismo iba de la mano con la de la Presidencia de Nicolas Maduro, entonces es comprensible que Porras haya solicitado su reconocimiento,ya no solo en “su función de Presidente de la República”, sino como “(…) jefe político del chavismo, con el derecho y el deber de imprimirle su visión personal a la construcción de la Revolución, trascendiendo la simple función de conservador del legado del Comandante.”

Es decir, que Porras se atribuyó la función de cualificar la política, estrategia y táctica de Maduro, no sólo “imprimiéndole su visión personal a la construcción de la revolución”, sino además “trascendiendo la simple función de conservador del legado del Comandante”.

¿No es ésta precisamente una línea de sentido que apalancala fabricación del “madurismo”, fenómeno que trasciende la “simple función de conservar el legado del Comandante”?

Si además de decir que el liderazgo colectivo no forma parte del legado político-ideológico de Chávez (argumento que contradice a Chávez el 8 de diciembre del 2012), y se dicta que Maduro debe trascender la función de conservar el legado del Comandante, entonces ya sabemos cuándo se originó la posible desviación.

La retirada de Porras de los círculos al menos oficiales del Gobierno indica que no se permitía tanta sinceridad en nombre del “madurismo”, el “madurismo” tenía que ser denegado:

“Maduro no puede ser solamente el “hijo de Chávez” o el garante del legado. Tiene que imprimirle su visión personal a la conducción de la Revolución. Por una razón tan obvia como que Chávez y Maduro son dos hombres muy diferentes, y no solamente en lo que se refiere a la estatura política, como es evidente. A diferencia de Chávez, Maduro es un civil, y tiene un carácter profundamente urbano, por oposición a la ruralidad de Chávez. Tal vez por su formación de sindicalista tiene una visión muy pragmática de la política, en cierta manera menos ideológica o doctrinaria que la de Chávez. Eso no quiere decir de ninguna manera que sus convicciones sean menos firmes, sino que tiene un estilo más flexible a la hora de abordar los problemas. Todo esto va en concordancia, de hecho, con que Maduro no es el padre ideológico de una corriente de pensamiento, como sí lo es Chávez, sino que se trata del jefe político de esa corriente y está en la obligación de adaptarla a las circunstancias. El Comandante Chávez encarnó un modo de liderazgo titánico, demiúrgico, necesario para hacer renacer a la Patria de sus cenizas. Hoy, tras 15 años de Revolución Bolivariana, estamos en otro momento histórico al cual corresponde un liderazgo flexible capaz de sacar al barco de la tormenta y en cuya destreza seamos capaces de depositar nuestra confianza para dejarlo maniobrar según su mejor criterio. Ese hombre es sin duda alguna Nicolás Maduro.”

Desde el momento en que se construyeron un conjunto de operaciones de contraste entre Chávez y Maduro aparecieron en la cadena discursiva un conjunto de oposiciones sémicas que vale la pena destacar para fines de análisisdel proceso de denegación/afirmación del “madurismo”:
___________________________________________________________________________-
CHÁVEZ                                                              MADURO

Padre                                                     No sólo es “hijo de Chávez”
Legado-Proyecto                                      No sólo es conservador del legado-Proyecto
Visión personal de Chávezde la revolución     Visión personal de Maduro de la revolución
¿Mayor estatura política?                           ¿Menor estatura política?
Militar                                                    Civil
Rural                                                      Urbano
Visión doctrinaria e ideológica                     Visión pragmática de la política
Estilo Rígido                                             Estilo Flexible
Padre ideológico de una corriente               Jefe político de esa corriente y está en la                                                                      obligación de adaptarla a las circunstancias
Liderazgo titánico, demiúrgico, necesario                                                                 para hacer renacer la Patria de sus cenizas  Liderazgo flexible capaz de sacar al barco de                                                                 la tormenta
Llamado a venerarlo como Padre ideológico   Llamado a depositar nuestra confianza para                                                                  dejarlo maniobrar según su mejor criterio.
_____________________________________________________________________________Desde nuestro criterio de lectura, tal acontecimiento de discurso, si no creaba las condiciones de posibilidad para el llamado “Madurismo”, pues parecía ser una copia fiel al carbón del procedimiento vía denegación.

Analicemos otros textos, además desde otras ubicaciones que no compartirían las premisas ideológicas y políticas de Temir Porras. Indaguemosen las claves de lectura del texto del compañero Reinaldo Iturriza llamado: “El “madurismo” no existe”  el cual comienza con un extraordinario párrafo para los fines de lo que aquí queremos poner sobre la escena:

“Mal que le pese a los oportunistas, Nicolás Maduro representa la única garantía de seguir conduciéndonos por la vía de la radicalización democrática de la sociedad.”

¿Única garantía? ¿Oportunistas? ¿La vía de la radicalización de la democracia? Tres cadenas lexicales que también hacen nudo con la denegación de la existencia del “Madurismo”.¿Quiénes son los actantes imaginarios del diálogo polémico de Iturriza además de “los oportunistas”?

La respuesta en el texto: quienes enuncien y evalúen que la muerte de Chávez significó “una etapa irreversible de decadencia”.

Ciertamente, más que una afirmación historiográfica, el uso de términos como progreso o decadencia “irreversibles” corresponden a declaraciones y juicios sumarios. Sabemos que no hay nada irreversible en la historia, aunque si hay muchos compromisos latentes con determinadas “filosofías de la historia”. En este caso, habría más ir más allá de la construcción de un relato sobre la “decadencia”, para analizar si tal término está funcionando en la práctica en contraste con su oposición paradigmática; es decir, con un momento de auge, de esplendor, de apogeo. Por ejemplo: ¿Apogeo, auge y esplendor de la “radicalización de la democracia”?

Cabe decir que compartimos plenamente con Iturriza la línea de fuerza y sentido sobre la radicalización de la democracia para el proyecto bolivariano. Lo que ponemos en duda es que esté sucediendo en la práctica, poniendo en duda entonces que Maduro sea la única garantía de tal vía. De hecho, ¿Por qué no apostarle más bien al liderazgo colectivo que el propio Maduro cito extensamente en el año 2013?

La operación discursiva de nuestro amigo Reinaldo Iturriza es mucho más interesante que la de Temir Porras, pues se afirma que la “alocución pública, el 8 de diciembre de 2012, tuvo como propósito dejar en claro que Nicolás Maduro era “garantía de continuidad de la democracia bolivariana”.

Vale la pena entonces analizar el video y transcripción de aquella alocución , para ubicar en el plano del análisis del texto y el discurso si existe tal propósito explícito o implícito en las palabras de Chávez. Ubiquémonos en el texto e indaguemos a profundidad.
La palabra “garantía” aparece referida explícitamente en una sola mención:

“Algunos compañeros me decían que no hacía falta, o han opinado en estas últimas horas, que no hacía falta decir esto. Pero en verdad yo he podido desde La Habana decir casi todas las cosas que he dicho esta noche, en esta media hora casi, pero yo creo que lo más importante, lo que desde mi alma, desde mi corazón me dicta la conciencia, lo más importante, o de lo más importante que yo vine aquí, haciendo el esfuerzo del viaje, para retornar mañana, una vez se me conceda el permiso, ha sido esto, Nicolás, de lo más importante, de lo más importante. Y en cualquier circunstancias nosotros debemos garantizar la marcha de la Revolución Bolivariana, la marcha victoriosa de esta Revolución, construyendo la democracia nueva, que aquí está ordenada por el pueblo en Constituyente; construyendo la vía venezolana al socialismo, con amplia participación, en amplias libertades, que se están demostrando una vez más en esta campaña electoral para gobernadores, con candidaturas por aquí y candidaturas por allá. Libertades. En plenas libertades. En el marco de este mensaje, que por supuesto jamás hubiese querido transmitirles a ustedes, porque me da mucho dolor en verdad que esta situación cause dolor, cause angustia a millones de ustedes, pues, que hemos venido conformando una sólida… un solo ente, porque como decíamos y decimos, ya en verdad Chávez no es este ser humano solamente, Chávez es un gran colectivo, como decía el eslogan de la campaña: ¡Chávez, corazón del pueblo!”

El sujeto responsable de tal garantía es claramente un “Nosotros” y “en cualquier circunstancia”: “(…) nosotros debemos garantizar la marcha de la Revolución Bolivariana, la marcha victoriosa de esta Revolución, construyendo la democracia nueva, que aquí está ordenada por el pueblo en Constituyente; construyendo la vía venezolana al socialismo”.

¿Acaso entre los atributos y calificativos enunciados por Chávez sobre Nicolás Maduro estaba el de ser “garantía de continuidad de la democracia bolivariana”? Por supuesto que los deseos y querencias de Reinaldo Iturriza y los míos podrían afirmarlo. ¿Pero, es así en realidad? ¿Qué señales, indicios y síntomas nos envía la realidad? ¿Se resiste a nuestros deseos?

Reconstruyamos con atención cada una de las menciones a Maduro hecha por Chávez:

a) “Compañero Nicolás Maduro, un hombre revolucionario a carta cabal, un hombre de una gran experiencia, a pesar de su juventud; de una gran dedicación al trabajo, una gran capacidad para el trabajo, para la conducción de grupos, para manejar las situaciones más difíciles”.

b) “En cuántas situaciones, en cuántas circunstancias hemos visto, y yo en lo personal, a Nicolás, acompañarme en esta difícil tarea, allí en distintos frentes de batalla. Pues, él queda al frente de la Vicepresidencia ejecutiva de la República, como siempre hemos hecho en permanente contacto.”

c) “(…) la gran mayoría de ustedes, si algo ocurriera, repito, que me inhabilitara de alguna manera, Nicolás Maduro no sólo en esa situación debe concluir, como manda la Constitución, el período; sino que mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que —en ese escenario que obligaría a convocar como manda la Constitución de nuevo a elecciones presidenciales— ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón.”

d) “Es uno de los líderes jóvenes de mayor capacidad para continuar, si es que yo no pudiera —Dios sabe lo que hace—, si es que yo no pudiera, continuar con su mano firme, con su mirada, con su corazón de hombre del pueblo, con su don de gente, con su inteligencia, con el reconocimiento internacional que se ha ganado, con su liderazgo, al frente de la Presidencia de la República, dirigiendo, junto al pueblo siempre y subordinado a los intereses del pueblo, los destino de esta Patria.”

Quizás sea éste último párrafo donde Iturriza realiza una hermenéutica que confirma su tesis. Sin embargo, allí Chávez cualificó a Maduro de la siguiente manera: “es uno de los líderes jóvenes de mayor capacidad”, es decir, es uno entre otros líderes con “mayor capacidad”, no dice que sea la “única garantía”. Chávez no dice: “Es “el” Líder joven de mayor capacidad”.

Chávez manejaba las variables claves del liderazgo situacional y su matriz de evaluación de Capacidad-Voluntad .

Maduro tenía para Chávez la “capacidad para continuar” la obra en construcción, bajo una circunstancia crucial: “si es que yo no pudiera —Dios sabe lo que hace—, si es que yo no pudiera”.

Y entre los atributos señalados por Chávez estaba: su “mano firme”, su “mirada”, su “corazón de hombre del pueblo”, “don de gente”, “inteligencia”, “reconocimiento internacional de su liderazgo”. Es en este preciso segmento del discurso donde podría originarse un conflicto de interpretaciones:

“(…) dirigiendo, junto al pueblo siempre y subordinado a los intereses del pueblo, los destino de esta Patria”.

¿Qué enunció Chávez con este último segmento? Era una afirmación de las cualidades de Maduro o era más bien un mandato, una instrucción, un modo de condicionar precisamente lo que cualifica al liderazgo revolucionario.

¿Acaso que Maduro era la “única garantía” de “continuidad de la democracia bolivariana”?
¿O más bien un mandato irrevocable a que tal liderazgo (capacidad-voluntad) al frente de la Presidencia de la República adquiera un compromiso ineludible: “(…) junto al pueblo siempre y subordinado a los intereses del pueblo” para dirigir “los destino de esta Patria”.

Por otra parte Iturriza, a diferencia de Porras que llama a una actitud pasiva de reconocimiento y subordinación al nuevo “jefe político del chavismo”, nos plantea la existencia de“(…) profundas contradicciones internas que hoy se expresan a lo interno del campo popular y revolucionario”.

Este hecho implicaría necesariamente una metodología de tratamiento correcto de tales contradicciones para evitar que las mismas destruyeran la unidad del campo popular y bolivariano.

Desde nuestro punto de vista, esta metodología ha brillado por su ausencia predominando las descalificaciones y los ataques ad hominem de lado y lado de los opuestos que se tensionan. Tanto de los críticos de Maduro, algunos de ellos a los cuales me he referido directamente, como los defensores de Maduro y su propia persona le han hecho un flaco servició al llamado de Unidad de Chávez en aquella alocución. Esto es constatable y esto trae consecuencias acumulativas negativas para un sistema de conducción política, que podrían estallar con una crisis de liderazgo y de respaldo popular.

Otro aspecto importante del discurso de Iturriza es que atribuye la intención de quienes hacen uso del término “madurismo” para “minar el liderazgo de Nicolás Maduro”, para“traicionar al Presidente de la República, y con ello a la mayoría popular que lo eligió, y en última instancia desconocer la voluntad última de Chávez, de quien, irónicamente, se reclaman genuinos legatarios”.

De modo que en la interpretación de Iturriza, si Chávez escogió a Maduro, el uso del término “madurismo” se hace para traicionar la voluntad de Chávez. Se trataría de una traición indirecta a Chávez.

¿Pero es esa acaso la única interpretación posible?

Nuestro criterio es que Iturriza construye una estrategia distinta a la de Porras. Este último enfatizo las diferencias entre Chávez y Maduro, Iturriza más bien construye la idea de equivalencia de lealtades entre Maduro y Chávez. Para Iturriza, la versión del “madurismo” como una versión desmejorada del chavismo expresaría varias posturas:

a) El antichavismo: aquellos que tienen muy clara la necesidad de derrotar simbólicamente al chavismo, luego de que este último lograra imponer las ideas-fuerza asociadas a su cultura política, al punto de que una parte de la clase política opositora, resignada, pretendiera copiar a Chávez.

b) En el chavismo, quienes ya no están dispuestos a seguir autodefiniéndose como chavistas, ahora que atravesamos tiempos de “vacas flacas”.

Aquí cabe detenerse. Para Iturriza la crisis se sintetiza bajo una metáfora: “vacas flacas”. Se trataría fundamentalmente de una crisis material que mina el respaldo al chavismo. Sin embargo, no hace alusión alguna a la posibilidad de una crisis de conducción y de liderazgo, una crisis de visión, de estrategia o de táctica. Al parecer en este texto, no queda sino conformarnos con la visión de que la culpa es de las “vacas flacas”.

También señala que hay una cierta “izquierda antichavista” que utiliza el término “madurismo” para endosarle una culpa a Maduro de “haber traicionado el legado de Chávez”.

Mientras, la oposición le echaría la culpa al “modelo de Chávez” que éste continúa, descartando ambas vertientes el “(…) brutal ataque que en todos los campos, y principalmente en el económico, sufre la sociedad venezolana.”

Iturriza le dedica sus dardos principalmente a lo que denomina “izquierda anti-chavista”, ciega de los ataques en lo que se ha denominado la “guerra económica”:

“Pues esta minúscula izquierda antichavista, impotente hasta el extremo, no sólo no es ni será capaz de dividir para vencer: divide porque hace mucho tiempo está derrotada. Divide nada más que para que los enemigos del país tengan alguna oportunidad de vencer.”

En pocas palabras, esa “izquierda antichavista” sirve de “atolondrado útil” de la derecha tradicional pues como advertía Chávez:“(…) los adversarios, los enemigos del país no descansan ni descansarán en la intriga, en tratar de dividir, y sobre todo aprovechando circunstancias como éstas”.

Desde nuestro punto de vista, el diagnóstico de Chávez aquel 8 de diciembre de 2012 era y sigue siendo correcto y previsible, se trata de una “guerra política” con coaliciones de “amigos y enemigos”.

Pero lo interesante, es que se construya un paralelismo entre la lucha basada en el antagonismo con los sectores de derecha tradicional y la disputa de la hegemonía popular ante las críticas de una tal “izquierda anti-chavista”. Es decir, llama la atención que se deslice con tal naturalidad en el argumento el implícito siguiente: quienes hablan de “madurismo” son “antichavistas”.

En fin, para Iturriza la crítica al “madurismo” desde la izquierda es mecánicamente de sesgo “antichavista”. De este modo, en medio de un “(…) brutal ataque que en todos los campos, y principalmente en el económico, sufre la sociedad venezolana”:

¿Quién se pondrá a cuestionar los errores o los intereses creados alrededor de un cuadro de política? Pues la respuesta es obvia: los traidores y enemigos. Cancelada la crítica, aceptemos nuestro “Período especial”. No es posible imputar errores ni debilidades, la crítica es traición.

El ejercicio abusivo de los procedimientos de desplazamiento transitivo va generando una lógica de conjuntos con operaciones claras de conjunción y disyunción. Sintagmas y paradigmas bailan al son de la doble articulación del discurso. Los adjetivos hacen el resto. Si esa izquierda es tan“minúscula”: ¿Para qué ocuparse de ella?

Obviamente se pueden enunciar declaraciones apodícticas: “El “madurismo” no existe, incluso si al chavismo hay que rehacerlo”.

Desde nuestro punto de vista: ¿No habrá más bien que deshacer todas las operaciones que han impedido la continuidad y profundización de la vía trazada por Chávez, sintetizadas aquel 8 de diciembre?

Por ejemplo, acometer a fondo: “(…) en cualquier circunstancias nosotros debemos garantizar la marcha de la Revolución Bolivariana, la marcha victoriosa de esta Revolución, construyendo la democracia nueva, que aquí está ordenada por el pueblo en Constituyente; construyendo la vía venezolana al socialismo, con amplia participación, en amplias libertades, que se están demostrando una vez más en esta campaña electoral para gobernadores, con candidaturas por aquí y candidaturas por allá. Libertades. En plenas libertades.”

Nos preguntamos: ¿Cómo construir la democracia nueva, “que aquí (Constitución dixit) está ordenada por el pueblo en constituyente”, construyendo al mismo tiempo la vía venezolana al socialismo, con amplia participación, elecciones y plenas libertades?

¿Maniobrando acaso con la posibilidad misma de que en algún momento hipotético (ya no constitucional) existan algún tipo de elecciones? ¿Con plenas libertades de asociación política? ¿Con plena participación protagónica del pueblo?

La interrogante de Chávez encierra precisamente la claridad de la visión, voluntad y capacidad con relación a la vía venezolana hacia el socialismo. También encierra las profundas inquietudes que desde posiciones de izquierda se hacen con relación al nuevo curso de la política del gobierno de Maduro desde finales del año 2015: ¿Vía venezolana al socialismo? ¿Amplia participación? ¿Elecciones? ¿Plenas libertades?

Finalmente, hemos queridomostrar lo siguiente: las denegaciones del término “madurismo” están construyendo precisamente el campo de posibilidad de la existencia del propio “madurismo” bajo los signos del “agotamiento, deterioro y desgaste”. No sólo se trata de una agenda opositora (que lo es), sino que al parecer los críticos del gobierno y los críticos en el gobierno no han podido sortear.

En vez de ubicar las causas y condiciones que permiten comprender y explicar la actual “crisis de gobernabilidad popular” se construye fundamentalmente una narrativa de “ataques y traiciones” como contradicción principal, hecho que elude las responsabilidades propias y los factores de debilidad interna del movimiento bolivariano, popular y revolucionario, en un cuadro complejo que no deja de reconocer que estamos en una situación de “guerra política”, con aristas de sabotaje económico y presiones internacionales inocultables.

Sin embargo, habrá que decir como Galileo: “y sin embargo, se mueve” . Persistenlos errores de conducción y de política por parte del Gobierno.

Claro está que un  colectivo forzosamente cohesionado bajo una sensación-percepción de “amenaza-ataque-traición” tendrá que caminar cuesta arriba, para reconocer sus propias debilidades y errores, pues esto implica necesariamente cuestionar los factores internos  de debilidad.

Los afectos paranoico-agresivos son precisamente gigantescos obstáculos políticos para tal tarea. Son lo que llamaba Saramago una apología no consciente hacia la ceguera.

Entre las debilidades, hay que desanudar la trama de intereses creados que ha permitido que la política económica siga una dirección que comienza a aproximarse tendencialmente con mayor claridad a un ajuste en contra del pueblo pobre y trabajador.

Si estimados, lectores, los costos del ajuste los están pagando quienes viven de ingresos fijos: el pueblo trabajador. No se ha podido ganar la “guerra del dólar-negro como marcador de precios”. No se ha podido transparentar el presupuesto en divisas, el origen, uso y destino de la renta petrolera, su información al alcance de todos. En nombre de la “guerra económica”, el BCV y el INE dejan de publicar estadísticas. Más que plenas libertades tenemos plenas opacidades.

Si se quiere recuperar toda la“potencia subversiva, creadora, revolucionaria” del proceso, como lo plantea Iturriza, es preciso indagar lo que está ocurriendo en materia socio-económica en su articulación con la política con P mayúscula, porque es otro vector de fuerza distinto el que ha venido minando las bases sociales mismas de apoyo del proceso bolivariano.

No podemos quedarnos callados ante el retorno de los viejos recetarios, ahora acompasados de una retórica anti-imperialista. Por eso, hay que retornar a Chávez, al Chávez de la transición post-capitalista, no al Chávez que quería regular los mercados al modo de aquella tercera vía, verdadero aditamento del progresismo-reformista; es decir, el aprismo-adeco.

Las vías para hacerlo serian discutidas en una próxima entrega. Por ahora, pido disculpas.

Notas:

1  Chávez: Somos un liderazgo colectivo: http://minci.gob.ve/2012/10/chavez-somos-un-liderazgo-colectivo/
2 https://www.youtube.com/watch?v=gc1dFWm0DNM
3  El Presidente Chávez reflexiona sobre la importancia del liderazgo colectivo en la revolución bolivariana: https://www.aporrea.org/actualidad/n184718.html
4  Discursos sobre una falsa elección: deuda, importaciones y metabolismo en la crisis económica venezolana. Malfred Gerig http://www.rebelion.org/noticia.php?id=224409&titular=discursos-sobre-una-falsa-elecci%F3n:-deuda-importaciones-y-metabolismo-en-la-crisis-econ%F3mica-venezolana-
5  UMBERTO CERRONI,- Problemas de la transición al socialismo.- Grupo Grijalbo Editorial Crítica S.A. Barcelona 1979, pág. 209.
6 http://www.elperroylarana.gob.ve/wp-content/uploads/2017/02/notas_politicas.pdf
7  Friedrich Engels. LA GUERRA DE LOS CAMPESINOS EN ALEMANIA
https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/guerracamp/02.htm
8  Plan de Barranquilla: https://nancyarellano.files.wordpress.com/2014/03/plan-de-barranquilla.pdf
9 https://es.wikipedia.org/wiki/Discurso_de_Gettysburg
10  Lincoln: el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo por Álvaro Cepeda Neri: http://www.voltairenet.org/article177479.html
11 https://www.youtube.com/watch?v=gc1dFWm0DNM
12  19-5-2013: Maduro: La oposición está «empolvando» a varios traidores: http://diariodecaracas.com/politica/maduro-afirma-que-la-oposicion-esta-empolvando-varios-traidores
13  13-04-2015: Cabello: El madurismo no existe, existe es el chavismo https://www.youtube.com/watch?v=par7C523puY
14 https://agapepsicoanalitico.files.wordpress.com/2013/07/diccionario-de-psicoanalisis-laplanche-y-pontalis.pdf
15  7-6-2014: ¿Qué hacer en esta etapa de la Revolución? Temir Porras Ponceleón: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=185705

Transcripción completa de las palabras del Presidente Chávez en su última cadena nacional (08/12/12)


16  Iturriza: El madurismo no existe: http://www.lahaine.org/mundo.php/sentido-de-los-comunes-el-1
17-  28-5-2016: Iturriza: El madurismo no existe https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2016/05/28/sentido-de-los-comunes-el-madurismo-no-existe/
18 http://www.psuv.org.ve/temas/noticias/transcripcion-completa-palabras-presidente-chavez-su-ultima-cadena-nacional-081212/#.WNPYctI1_IU
19 http://www.psuv.org.ve/portada/chavez-anuncia-reconstruccion-matriz-liderazgo-proceso-bolivariano/#.WNiN-dLhDIU
20 https://www.aporrea.org/actualidad/a81457.html
21 https://es.wikipedia.org/wiki/Eppur_si_muove

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