Quiénes derrocaron a Evo

(Xinhua/Diego Valeto/ABI)

Luis Britto García|

Estados Unidos encomienda a su encargado de negocios Bruce Williamson interferir en las elecciones de Bolivia. En forma incomprensible, Evo invita a la OEA  como observadora. Irresponsablemente ésta, antes de los resultados oficiales, denuncia sin fundamentos  un “cambio inexplicable de tendencia”, de una vez hace recomendaciones “de cara a una segunda vuelta” que no estaba planteada y ofrece un “análisis de integridad electoral” para el 12 de noviembre, que no ha sido entregado hasta hoy, seguramente porque no hay irregularidades que reseñar.

El infundado pronunciamiento sirve de excusa para que el ministro de la Defensa “sugiera” a Evo la renuncia. El 19 de noviembre, Prensa Latina recoge en la Paz acusaciones “que responsabilizan  a Estados Unidos de orquestar y financiar con pagos a militares y policías militares y policías, del golpe de Estado contra el gobierno de Evo Morales en Bolivia. En ese encadenamiento de hechos, diversas fuentes aseguran que el general Williams Kaliman quien presionó a Evo Morales a renunciar a la presidencia el pasado 10 de noviembre, fue remunerado por Estados Unidos con un millón de dólares.

Kaliman recibió ese monto de manos de Bruce Williamson, encargado de negocios de la embajada estadounidense, mientras otros generales recibieron la misma cantidad y varios jefes de policía fueron pagados con 500 mil cada uno”. (https://www.prensa- latina.cu/index.php?o=rn&id=322108&SEO=responsabilizan-a-ee.uu.-de-financiar-golpe-de-estado-en-bolivia).

Tras haber “sugerido” en forma amenazadora al Presidente Evo Morales que renunciara y sacar al ejército a la calle para atacar al pueblo, Kaliman también se exilia, como era de prever,  en Estados Unidos.  Policía y ejército reprimen salvajemente a la población, no falta la dama que se autoproclama presidenta a pesar de que su partido no junta más de tres diputados. Parece el clásico golpe de Estado de Derecha. Lo único que varía es el maquillaje para legitimar el crimen.

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He estado varias veces en Bolivia; en una situación como la presente no tenemos más instrumento que el análisis crítico de los medios para formarnos una idea de lo que pasa. Las transnacionales de la información no sólo mienten, por momentos festejan. Lo nuevo en este  tumulto es que no falta quien recoja voces de algunos movimientos étnicos que supuestamente se unen al coro imperial tratando de deslegitimar al mandatario triunfador en las elecciones. Así, según reseña el senador italiano Francesco Martone;

La antropóloga feminista boliviana de origen aymara Silvia Rivera Cusicanqui lo dijo muy claramente: Morales estaba en manos del «cholaje» anti-indio, militar, machista, colonizado, brutal , irracional y ecocida. «Es solo la máscara del indio y ha usurpado el valor simbólico de todas las luchas sociales». El mismo tenor se encuentra en Mensaje de Nación Qhara Qhara a Evo Morales : «Señor presidente, desde el fondo de nuestro corazón y con gran pesar te decimos: donde te perdiste? Porque no vives dentro de los preceptos ancestrales que dice que debemos respetar el muyu (circulo): solo una vez debemos gobernar. (…)»

«Deja de enviar indígenas como carne de cañón para el respaldo de tus intereses y de los que te rodean, que ya no son los nuestros; deja de enviar matones a maltratar a nuestra gente; deja que vivamos en nuestra ley; deja de hablar en nombre de los indígenas que ya perdiste tu identidad»(http://www.other-news.info/noticias/2019/11/bolivia-entre-wipala-y-biblia)/

El mismo autor cita otros movimientos sociales que con el pretexto de criticar a Morales se habrían colocado de hecho junto a quienes lo derrocan por la fuerza:

«¡Morales es un presidente machista!», Gritó María Galindo, artista y activista GLBQTI y animadora del colectivo Mujeres Creando y del Parlamento de Mujeres. Que se tratase de un golpe de estado, dice Galindo, es solo parte de la realidad, el problema es que Morales se ha convertido, como diría Frantz Fanon en su «Piel negra y máscara blanca», en un caudillo y una máscara al mismo tiempo. Morales no dudó en alimentar el conflicto, que luego degeneró en una «fascistización del proceso», que invisibilizó miles de jóvenes bolivianos y bolivianas, que salieron a las calles, quizás por primera vez en sus vidas, para desafiar el poder que Evo pensó que podría ser eterno.
(http://www.other-news.info/noticias/2019/11/bolivia-entre-wipala-y-biblia)/

El brutal golpe de Estado contra un presidente elegido por la mayoría de los sufragantes sería, entonces, “sólo parte de la realidad”; habría una “fascistización del proceso”; no se trataría de que ejército, policía y fundamentalistas blancos humillan y asesinan indígenas; la cacería humana que los pistoleros desatan en Bolivia consistiría en realidad en que hay “miles de jóvenes bolivianos y bolivianas, que salieron a las calles, quizás por primera vez en sus vidas, para desafiar el poder que Evo pensó que podría ser eterno”. ¿Miente el senador italiano Martone? ¿Mienten los declarantes que él reseña? Simplemente transcribo informaciones para someterlas a juicio del perplejo lector.

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Este conmovedor esfuerzo por maquillar un golpe de Estado fascista presentándolo como hechura, no de militares, policías, millonarios de derecha y funcionarios de la OEA sino como inspiración de “miles de jóvenes” se descompone a medida que profundizamos en los alegatos del mismo autor.

En realidad se trata, una vez más, de una agresión contra un Estado nacional que dispone de sus recursos naturales, y del enfrentamiento entre movimientos étnicos que reconocen dicha potestad soberana al Estado y movimientos étnicos que se la niegan porque se consideran únicos titulares de la misma en virtud de la concesión graciosa otorgada por  “académicos autorizados y activistas ambientales” extranjeros. Así, según el mismo Martone:

En algún momento las cartas cambian de color. Evo profundizó el extractivismo. Solón renunció porque ya no podía defender esas políticas extractivas. Moreno dividió la CIDOB (Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia). Y eso provocó el aparecimiento y el enfrentamiento de la CIDOB «auténtica» y la CIDOB «oficialista». Poco después, siempre relacionado con TIPNIS, una delegación del Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza -instancia de la sociedad civil organizada con jueces y juezas de todos los continentes- realizó una visita de inspección para adquirir elementos directamente de las comunidades afectadas.

Esa delegación compuesta por académicos autorizados y activistas ambientales, como parte de un tribunal ético compuesto por personas de reconocida prestancia ética y profundos conocedores de los Derechos de la Pachamama fue intimidada por parte del gobierno e inclusive estuvo secuestra por cocaleros afines al régimen de Morales. No hay duda que el objetivo de Morales al abrir ese camino era para facilitar a los cocaleros la ampliación de sus actividades asegurándose su apoyo político, al tiempo que abría la puerta a la explotación petrolera.(http://www.other-news.info/noticias/2019/11/bolivia-entre-wipala-y-biblia)/

El golpe no sería entonces episodio de pistolerismo imperial, no: sólo ejecutaría los benévolos deseos de un “Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza” compuesto por extranjeros que debe decidir, en lugar del pueblo boliviano, a quién pertenecen los recursos naturales del país.

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Veamos cómo representan la destrucción del gobierno de Morales por una dictadura fascista  otros simpatizantes de  movimientos étnicos, como Francisco Javier Velazco Páez. Según Velazco, “El presidente boliviano, Evo Morales, acaba de renunciar luego de que el jefe de las Fuerzas Armadas, el general Williams Kaliman, sugiriera que dejara el poder luego de la votación presidencial del 20 de octubre que, según observadores electorales, fue fraudulenta.

La medida de Morales, quien como jefe del sindicato de cocaleros lideró las protestas que derrocaron a otros presidentes, se produjo cuando las fuerzas armadas se declararon neutrales frente a tres semanas de manifestaciones cada vez más caóticas en varias ciudades que dejaron un saldo de muertos, heridos y destrozos materiales”.

El lector informado sabe que los únicos “observadores electorales” que objetaron la elección de Morales fueron los de la Organización de Estados Americanos, con justicia motejada como Ministerio de Colonias de Estados Unidos; que a pesar de este vínculo de dependencia, la OEA no declaró fraudulenta la elección, sino que opinó que presentaba detalles “inusuales”; que las fuerzas armadas no “se declararon neutrales”, pues exigir  la renuncia de un Presidente electo por el pueblo no es neutralidad, y menos reprimir por la fuerza desnuda la protesta popular y aceptar y legitimar una nueva presidenta votada por nadie.

De tal manera un supuesto vocero de movimientos indígenas califica de “fraudulenta” una elección cuya legitimidad fue confirmada, primero, por los propios órganos soberanos electorales, y luego, por análisis independientes. Legitima el ultimátum de un militar golpista, invistiéndolo de “neutralidad”. Ni siquiera Augusto Pinochet tuvo defensores tan entusiastas y mendaces.

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Examinemos la explicación de Velazco Páez sobre el triunfo electoral de Evo en 2009 y su posterior derrocamiento una década más tarde:

En ese entonces, él invitó a los pueblos indígenas que comprenden la mayoría de la población, sometida durante siglos a la exclusión, a reescribir el documento político fundacional de la nación. El texto resultante le valió a ese sector fundamental de la población un reconocimiento, una representación y una autonomía sin precedentes, sacralizó la cosecha de coca como un patrimonio nacional e incluyó un lenguaje con un fuerte matiz ambientalista.

Aunque escándalos de corrupción empañaron la imagen de su gobierno, su derrota en el referéndum fue en buena parte debida a las críticas surgidas en el seno de la alianza que lo llevó al poder, incluyendo a los propios pueblos indígenas que jugaron un papel central en su elección.

Difícilmente podría imaginarse más contundente requisitoria contra un movimiento progresista. Entre los crímenes del Presidente depuesto estarían haber invitado a los indígenas a que redactaran una constitución que “le valió a ese sector de la población un reconocimiento, una representación y una autonomía sin precedentes, sacralizó la cosecha de coca como un patrimonio nacional e incluyó un lenguaje con un fuerte matiz ambientalista”.

En agradecimiento, su derrota en el referendo sobre la reeleción fue “debida a las críticas surgidas en el seno de la alianza que lo llevó al poder, incluyendo a los propios pueblos indígenas que jugaron un papel central en su elección”. En efecto –seguimos citando a Velasco- “Algunos importantes grupos y líderes indígenas que habían desempeñado un rol fundamental en la redacción de la nueva constitución y en la promoción de la revolución política anunciada por Morales, se convirtieron en sus críticos más sistemáticos y consistentes.

Pese a que Morales continuó contando durante un buen tiempo con el apoyo de más del 60% de la población, sobre todo en áreas rurales, prominentes grupos de activistas indígenas chocaron repetidas veces con el gobierno en torno a proyectos de ´desarrollo´ que han afectado negativamente el ambiente y amenazado el modo de vida ancestral”.

Según este punto de vista, ni la injerencia imperial de Estados Unidos, ni la derecha boliviana racista y fascista, ni el ejército golpista, ni la policía represora, ni los medios difamatorios habrían tenido nada que ver con el derrocamiento del Presidente electo. Los agentes del desastre habrían sido “prominentes grupos de activistas indígenas” por medidas “que han afectado negativamente el ambiente y amenazado el modo de vida ancestral”.

Estos prominentes activistas se cuidaron bien de no derrocar los gobiernos de derecha que durante décadas no les otorgaron nada; en poco tiempo habrían demolido el gobierno de quien les concedió todo ¿Qué representatividad tienen esos “prominentes  grupos de activistas indígenas”?

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Pues, siempre según Velasco, “Los críticos organizaron marchas en contra del proyecto que se desplazaron hacia la ciudad capital de La Paz y que fueron reprimidas por la policía, con saldo de numerosos manifestantes arrestados, hecho que generó un clamor de protesta entre otros sectores sociales en muchas partes del país y atrajo una no muy común atención internacional”.

Las marchas entonces se habrían movilizado contra Evo, no contra los capitalistas externos o internos, ni contra el Imperio, ni contra los secesionistas, y como por casualidad atrajeron “una no muy común atención internacional” que durante siglos había permanecido ciega, sorda y muda ante los sufrimientos bolivianos.

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En fin, mientras la opinión latinoamericana progresista condena el brutal asalto al poder y los gobiernos permanecen a la expectativa antes de reconocer la dictadura instaurada por la fuerza, algunos movimientos étnicos se apresuran a reconocerla pactando con ella.

Así, Resumen Latinoamericano informa el 26 de noviembre de 2019  que  en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) avanza, con participación de la autoelegida Jeannine Añez, un  “proyecto de ley para la pacificación del país”  que suscriben  “dirigentes de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB); la Confederación Nacional de Mujeres Originarias Campesinas de Bolivia – Bartolina Sisa; la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia (CSCIB); la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB); y el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq)”.

Por su parte, El ministro del Gobierno de facto, el racista Arturo Murillo, manifestó que “hemos logrado concluir nuestro acuerdo de pacificación del país». (http://www.resumenlatinoamericano.org/2019/11/26/bolivia-se-firmo-en-la-paz-un-acuerdo-de-pacificacion-entre-el-gobierno-de-facto-y-la-cob-y-algunos-movimientos-sociales/).

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Algunos movimientos étnicos se vanaglorian  entonces de haber concluido la labor de “pacificación”, vale decir, de exterminio de la resistencia popular, que ni la embajada de Estados Unidos, ni el ejército, ni la policía, ni las bandas paramilitares dedicadas a la cacería de compatriotas, ni la presidenta autoproclamada, ni la derecha oligárquica habían podido culminar. Decimos bien: algunos.

Ni están plegados a la derecha todos los movimientos étnicos, ni sus dirigencias representan necesariamente el parecer de sus miembros, y mucho menos el parecer de la diversa, compleja y mayoritaria población indígena. Al igual que las demás organizaciones  humanas, no siempre dominan la verdad ni son inmunes al error.

Prueba de ello, las contradicciones en que incurren. Movimientos étnicos apoyaron el golpe contra Rafael Correa, declararon su “autonomía e independencia” cuando la intentona secesionista de la Media Luna en Bolivia, se pusieron de acuerdo con Lenin Moreno para apaciguar las protestas contra su paquete neoliberal y ahora, de creerle a algunos medios, algunos de ellos “pacifican Bolivia”. Así como los hay progresistas y humanistas, parecería que también hay movimientos étnicos de maletín.

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Aparte de sus estratégicos recursos de estaño y de gas, Bolivia tiene la que parece ser la mayor reserva mundial de litio, mineral imprescindible para la fabricación de baterías eléctricas. No nos dejemos distraer por cortinas de humo.  De lo que se trata es de despojar al Estado Nacional de sus potestades de disponer de los recursos naturales, para traspasarlos al imperio, a las oligarquías locales y a algunos supuestos  movimientos étnicos que no son nacionales ni mayoritarios.

A las transnacionales les resulta más difícil y costoso negociar con Estados Nación que con movimientos. Nada garantiza que a su vez estos  no negocien o concedan la explotación de dichos recursos de acuerdo con sus intereses parciales, sin tener en cuenta los  de la Nación ni los del total de la población. De movimientos que legitiman golpes de Estado fascistas y racistas contra Presidentes electos se puede esperar cualquier cosa. Díme con quién andas y te diré quién eres.

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