Medioactivismo| Emergentes: Somos barro

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Recorremos los primeros días de enero mirando lo que nos dejó el 2017: la calle encendida, las redes, los encuentros y la construcción latinoamericana. Nuestra bandera es la convicción de que vamos creando caminos, inmiscuyéndonos en las rajaduras para que, en ese resquebrajamiento un poco revolucionario, tengamos el poder de comunicar. ¡Así vivimos el año que pasó. Y así tomamos impulso para el 2018!

Somos barro

Modelamos como en arcilla un año mas en la calle, por momentos el agua transformó la masa en algo inmanejable, otras veces, su escasez la endureció. Nuestras manos, en contacto persistente y continuo con la masa, fueron imperceptibles, imposible poder identificar el ojo que se posa detrás del lente, el encuadre al rojo vivo o el el cruce de palabras que sale a flote y nada en la superficie de las redes. En el recoveco ensayamos una narrativa autónoma y medioactivista en la textura de la utopía.

Intentamos así la explosión de las micro mezquindades, para que salpiquen como talco- el mineral menos pesado- y que explote lo maléfico y lo individual y que en este proceso por lo pronto -a modo de conjuro- se expanda lo colectivo. Apostasiamos el ego y visualizamos el detalle que puede dar un fuera de foco, que aparezca la falta corregida por quienes son capaces de leer nuestras mayúsculas. Redundamos en el obstinado tejer de redes, en cada nudo apretamos los nudillos de las manos que acompañan y se tiñen del marrón de la arcilla, color doblegado del que somos capaces de extraer el tinte y así formar la pieza callejera, disidente, feminista, territorial.

Escarbando en el 8 de marzo y el 3 de junio, entreverándonos en la defensa de la educación pública, empuñando la lucha por la tierra, denunciando la responsabilidad del estado, pisando la calle para poder conformar huella colectiva, de la que se resiste a la limpieza y a la pintura de exteriores. Nos metemos adentro y contamos desde las voces que pisan los margenes y los destituyen. Ahí en donde hacemos de América Latina un taller experimental, un lugar posible en donde nuestras conspiraciones entrometidas se vuelven indetectables.

Alfarería comunicacional en ese giro vertiginoso de la realidad, en esas elipses hallamos la forma de narrar la desaparición de Santiago Maldonado y el asesinato de Rafael Nahuel en manos del Estado, el cautiverio de lxs presxs políticxs, los femicidios cada 29 horas, los travesticidios, la lucha por la legalización del aborto, las represiones por parte del Estado, las reformasque precarizan aún mas a los sectores vulnerables. El guiño a los genocidas. El pacto con la crueldad.

Pero en el barro somos capaces de celebrar la resistencia popular de la plaza rebalsada, el olor furioso que puede impregnar una ciudad entera después de que se encuentran las mujeres, las lesbianas, las travas y las trans; la contagiosa lucha de los pueblos originarios por la tierra, barro que amalgama lo colectivo como estrategia de defensa. El barro de uso popular plasma nuestra historia desprolija, contradictoria, imperfecta. En los surcos que produce la sequedad nos movemos, creando caminos, inmiscuyéndonos en las rajaduras para que, en ese resquebrajamiento un poco revolucionario, tengamos el poder de comunicar.

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