El tiempo histórico revolucionario de América Latina

diego rivera gloriosa-victoriaMario Sanoja Obediente-Iraida Vargas-Arena|

El tiempo cronológico explica la duración y ordenamiento temporal  de  las fases de la historia de un pueblo. El tiempo histórico alude al encadenamiento, al flujo particular  de hechos sobrevenidos y procesos de cambio que conforman el contenido de  dicha fase histórica en un período determinado.

La regresión política que están sufriendo los gobiernos progresistas suramericanos, producto del proceso de recolonización de América Latina y el Caribe por parte del gobierno de Estados Unidos, ha sido interpretado por diversos y reputados analistas políticos como el fin de un ciclo histórico cuya conclusión es la vuelta a los viejos programas de ajuste neoliberal iimpuestos hacia finales del siglo pasado, los cuales se expresan también como en un revival de la sumisión de estos países a los designios del imperio.

La historia, como decía el maestro Brito Figueroa (1) “…es un río, enseñaron los dialécticos presocráticos, y como tal, como río, limpia y depura, fija lo que ha de quedar definitivamente para la historia y desecha los detritus que se consumen en sí mismos… para la historia la verdad son los hechos…”(1).

La ola de cambios que se inició en 1992 en Suramérica a partir del movimiento de transformación política iniciado en Venezuela por Hugo Chávez Frías, demostró que era posible iniciar un proceso de liberación nacional antineoliberal en contextos sociales dominados por la cultura y los valores capitalistas. Para ello era necesario propiciar una desconexión política, aunque fuese parcial, de la tiranía imperial,  promoviendo  la creación de un poder hegemónico no-burgués.

En la mayoría de los países suramericanos que siguieron la senda revolucionaria marcada desde Venezuela por la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez Frías, los movimientos de  liberación que asumieron los gobiernos nacionales  quedaron, sin embargo, supeditados al control de la burguesía que dominaba y dominan particularmente el estamento económico, el jurídico, el militar y el comunicacional en dichos países.

Los gobiernos progresistas suramericanos, con excepción de Venezuela, no transformaron las estructuras político-partidistas sobre las cuales se apoyaba su poder, en verdaderas organizaciones revolucionarias. Por el contrario continuaron manteniendo una lucha política manejada y conducida jerárquicamente desde una burocracia gubernamental cuya influencia se dirigía, básicamente, hacia individualidades agrupadas en partidos políticos, sindicatos y movimientos que perseguían fines limitados y a corto plazo.

Como expone Atilio Borón(2) partidos como el PT en Brasil “…desmovilizaron a sus militantes y simpatizantes y los redujeron a la inerme condición de base electoral…” propiciando su desconexión de la lucha revolucionaria. Ello demuestra -dice- que las fuerzas progresistas no pueden ni deben apostar todas sus cartas al juego democrático, ya que para la derecha la democracia no es un ideal sino una simple opción táctica. En América latina, la opción política preferencial de los gobiernos progresistas debe ser la movilización y la educación política de los colectivos populares para intervenir con éxito en la lucha de clases.br pt militantes

La inversión en políticas sociales que hicieron los movimientos políticos progresistas en Argentina y Brasil tenía como objetivo, ciertamente, luchar contra la pobreza y la desigualdad social, fomentando un estado de bienestar que intentaba lograr una humanización del capitalismo,  sin llegar a tocar y mucho menos transformar las estructuras de poder  que sostienen la hegemonía de dicho sistema. En consecuencia, no se consolidaron nuevas formas de organización social las cuales pudiesen haber sustentado la creación de un  poder popular  constituyente, antagónico al  poder constituido de la burguesía. La lucha por transformar de manera revolucionaria  nuestras sociedades no se debe fundamentar, como ocurre particularmente en España, en la alternancia en el gobierno de partidos que representan, con sus matices, los intereses de la misma clase social. Hay que aceptar que  la lucha actual se trata de un enfrentamiento entre clases sociales que persiguen objetivos políticos diferentes y enfrentados.  Por estas razones, los regímenes socialdemócratas, reformistas, que propugnan solamente, una sociedad de bienestar, como hemos visto en Europa y ahora en Argentina y Brasil, pueden deslizarse  hacia un régimen de “austeridad neoliberal”  que empobrece y degrada a la mayoría de la población para favorecer al 1% más rico cuyo proceso de acumulación de capitales no parece tener  límite.

El objetivo geopolítico de Estados Unidos, en este momento, es sustituir los procesos de integración regional por instrumentos regulatorios del comercio internacional como la Alianza del Pacífico, el cual ya cuenta con el beneplácito de gobiernos los de México, Colombia, Perú y Chile. Pero los  intereses de Estados Unidos, dice Emir Sader (3), están estrechamente vinculados a escala mundial con el capital especulativo  representado particularmente en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que son contrarios al desarrollo productivo, no especulativo, que se iba estableciendo en las relaciones sur-sur, el cual beneficiaba grandemente a países como Venezuela que hoy se encuentra en la mira de los procesos mundiales de desestabilización y bloqueo desatados por Estados Unidos en el área de las finanzas, el comercio, la ofensiva mediática  y las relaciones culturales y deportivas.

No obstante, la reacción popular tanto en Argentina como en Brasil contra la imposición de los modelos neoliberales por parte de los gobiernos fascistas de Macri y de Temer,  permiten ver que los pueblos han decidido tomar en sus propias manos la dirección  y la construcción de su tiempo histórico. Como nos decía el Comandante Chávez: “solo el pueblo salva al  pueblo”.

El tiempo histórico revolucionario venezolano

Chávez-y-décimo-primer-aniversario-de-la-Constitución-BolivarianaLa revolución bolivariana se ha mostrado, hasta ahora, como un hueso duro de roer frente al asalto del cual es objeto por el gobierno oligárquico de Estados Unidos y sus secuaces locales.  La fuerza de la revolución reside en haber creado  un sistema de relaciones sociales de producción que es antagónico y alternativo al capitalista depredador y, aunque todavía no es totalmente hegemónico,  ha generado ya la construcción de un tiempo histórico revolucionario, diferente al tiempo histórico capitalista de la IV República, que no puede ser eliminado, por ahora, por la brutal embestida neoliberal de la derecha internacional y sus cómplices  supuestamente venezolanos.

Para contener dicha embestida, la lucha que adelantamos muchos revolucionarios que trabajamos directamente con las masas populares, busca explicar a dichos colectivos el contenido de la revolución socialista, particularmente en los términos de su vida cotidiana. Explicamos igualmente cómo y por qué el modelo neoliberal que nos quiere imponer la derecha provocaría una  profunda recesión  social, económica y cultural impuesta a través de gobiernos autoritarios y/o dictatoriales como es el caso de México, Colombia, Perú, Chile y ahora Argentina y Brasil. Es necesario movilizar todos los sectores y movimientos populares en la lucha de clases contra dichos gobiernos, los cuales representan la hegemonía neoliberal fascista, para la construcción, la defensa y la expansión de alternativas revolucionarias antineoliberales.

En el caso de Venezuela, a diferencia de Argentina y Brasil, el gobierno revolucionario bolivariano ha puesto en  práctica el proyecto de país presentado por el Comandante Chávez denominado Plan de la Patria. Este plan apunta hacia la construcción de nuevas relaciones sociales de producción  fundamentadas en el Poder Popular que tiene como base las Comunas,  los Consejos Comunales , las UBCH (Unidades de Batalla Bolívar Chávez) que representan al Partido Socialista Unido de Venezuela en el interés general de coordinación del proceso, las Bases de Misiones Sociales que fomentan la integración transversal de las comunas rurales, periurbanas y urbanas, en alianza estratégica con numerosos movimientos sociales, donde predomina la propiedad social de los medios de producción de bienes y servicios. Simultáneamente, todas ellas coexisten con un extenso movimiento cooperativo que incluye también producción agropecuaria, bienes industriales y servicios. Ambos procesos, suponen la participación de alrededor de ciento cincuenta mil o doscientas mil familias que habitan diversos estados de la unión venezolana. En este proceso, las mujeres venezolanas ocupan un  papel participativo y protagónico. Su actividad contribuye a consolidar y cimentar la nueva sociedad comunal en construcción, destacando no solo por su combatividad sino también -fundamentalmente- por su claridad ideológica y su lealtad al proceso revolucionario. (4)

La campaña mediática anti-revolucionaria, que incluye también sectores que se dicen supuestamente de izquierda, trata de presentar solamente los errores y la fallas operacionales que, como en todo proceso de cambio histórico, se producen en la lucha por sobreponerse al tinglado institucional que nos dejó el ”ancien regime”, lo que nosotros denominamos la IV República. Pero la cacofonía de esas críticas destempladas normalmente desconoce o no quiere que se conozcan los grandes logros básicos en el área de  los valores socioculturales y la autoestima nacional, la salud, la vivienda, la formación profesional de las clases populares, el deporte y el uso creativo del tiempo libre en la vida cotidiana que han permitido resolver en buena parte la pesada deuda social, fruto de la mala administración burguesa capitalista, que desde 1830 hasta 1999 mantuvo en la pobreza,  la miseria y la exclusión social a un 80%ven-militares de venezolanas y venezolanos (5).

Otro de los grandes logros de la política estratégica cívico-militar del Presidente Chávez es la creación de una Fuerza Armada Bolivariana (FANB) nacionalista, chavista,  socialista y antiimperialista, excelentemente armada y entrenada para pelear distintos tipos de guerra, incluida la económica, complementada con un cuerpo de milicia popular integrado por hombres y mujeres armados y entrenados para la defensa de la Patria, el cual sirve de apoyo y complemento a los otros  cuatro componentes de la institución castrense como parte de nuestra nueva doctrina de defensa nacional.

La Revolución Bolivariana nos enseña cómo es posible y necesario transformar las relaciones sociales de producción para lograr cambios sustantivos y construir una alternativa postcapitalista válida en la lucha contra los modelos neoliberales que nos quiere imponer el gobierno de  Estados Unidos. No basta con proponer solamente una agenda de bienestar social ideológicamente desmovilizada. Como nos decía Engels (6), la solución de las necesidades materiales del pueblo no puede ser un objetivo en sí, debe ser considerado, explícitamente, por los movimientos progresistas, como el fundamento para la construir la utopía concreta del socialismo en sus diversas versiones latinoamericanas.

(*)Profesores Titulares Jubilados. Universidad Central de Venezuela. Profesores Invitados. Escuela Venezolana de Planificación Social. MPP para la Planificación.

REFERENCIAS CITADAS
1) Brito Figueroa Federico. 1993. Historia Económica y Social de Venezuela. Tomo I. EBUC. Universidad Central de Venezuela. Caracas.
2) Borón, Atilio. La Tragedia Brasileña, Diario La Jornada, México, 11-09-2016-
3) Sader, Emir. Lo que Estados Unidos tiene que proponer a América Latina. Diario La Jornada, México, 11-09-2016.
4) Sanoja Obediente, Mario. 2016. El legado de Chávez: Socialismo y Poder Popular. Centro Internacional Miranda. Caracas.
Vargas-Arenas, Iraida, 2016, Las Organizaciones Sociales Venezolanas y el Estado Bolivariano. Centro Internacional Miranda. Caracas.
5) Vargas-Arenas, Iraida y Mario Sanoja Obediente. 2015. La Larga Marcha hacia la Sociedad Comunal. Tesis sobre el Socialismo Bolivariano. Fondo Editorial El Perro y La Rana. MPP para la Cultura. Caracas.
Sanoja Obediente, Mario. 2011. Historia Sociocultural de la Economía Venezolana. Banco Central de Venezuela, Caracas.
6) Engels, Federico, 1975. Para leer El Capital. Editorial Grijalvo S.A. México D-F.

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