Eduardo Tamayo G.-ALAI|

Los grandes medios privados están construyendo un relato perverso de la violencia en Venezuela que ha penetrado en amplios sectores incluso en algunos intelectuales progresistas. Según este relato, todas las muertes (42 desde el 3 de abril de este año) y los heridos (que alcanzan a 700) son atribuidos al gobierno de Maduro, que es presentado “como una dictadura o régimen que reprime salvajemente al pueblo”.

Víctimas inocentes

Un primer recuento realizado por las autoridades venezolanas de las circunstancias en que murieron desde comienzos de abril 39 personas (1) indica que 18 de ellas no participaban en las protestas, 7 si lo hacían y 9 murieron electrocutadas en un local comercial durante los disturbios nocturnos en el sector del Valle, Caracas, en los que grupos de ultraderecha acosaron a una maternidad y se produjeron saqueos. Cinco casos aún permanecen en investigación. De estos datos llama la atención que la mayoría (el 46%) eran personas inocentes que se encontraban cerca de los lugares de las protestas, como es el caso de Almelina Carrillo, quien fue impactada por una botella de agua congelada lanzada desde un edificio, en La Candelaria (Caracas) a un grupo de simpatizantes chavistas.

Cuatro personas (Jairo Ortiz Bustamante, Daniel Queliz Araca, Christian H. Ochoa Soriano y Gruseny Antonio Canelón) fueron muertos presuntamente por agentes policiales. También perdieron la vida el sargento de la Guardia Nacional Bolivariana, Neumar Sanclemente Barrios, y el policía Gerardo Barrera. De estos casos, por lo menos dos corresponden a “falsos positivos”, es decir ejecutados por los mismos grupos violentos para atribuírselos al gobierno de Nicolás Maduro.

Doble discurso

Frecuentemente en la televisión se presentan una y otra vez noticias e imágenes (sobre todo cuando actúa la Guardia Nacional Bolivariana contra los manifestantes), se ocultan otras (por ejemplo el ataque de grupos de derecha a hospitales, escuelas y edificios públicos) y se manipulan unas terceras. Ya no importa investigar, detenerse a indagar quiénes son las víctimas, en qué circunstancias perdieron la vida, quiénes son los presuntos responsables, qué armas utilizaron, quien financia la violencia, ni mucho menos cuáles son sus objetivos y qué métodos se están utilizando.

El periodismo de investigación está en deuda en el caso de Venezuela y por supuesto esto jamás será practicado por muchos medios corporativos que desde hace muchos años forman parte de una campaña internacional en la que no solo han satanizado a Hugo Chávez (prácticamente desde que asumió el poder en 1999) y ahora con más fuerza a Maduro, sino que han difundido una imagen distorsionada de Venezuela. Ahora apoyan abiertamente a la oposición derechista en sus intentos de desestabilizar y derrocar a la revolución bolivariana.

Los líderes derechistas más visibles de la oposición (Henry Ramos Allup, Julio Borges) manejan un doble discurso en relación al conflicto venezolano, dicen que las manifestaciones son pacíficas, que se deben al descontento de la población frente a la difícil situación que vive Venezuela. Sin embargo, miran a otro lado y nunca condenan los actos violentos de sus partidarios.

Otros, en cambio son más frontales: Freddy Guevara, dirigente de Voluntad Popular y vicepresidente de la Asamblea Nacional, dice: “Me eligieron para derrocar a este maldito Gobierno”, y en este propósito, se lo ve en YouTube felicitar a los encapuchados que siembran el terror en Caracas y el resto del país.  (2) Por su lado,  Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, quien está encarcelado tras los hechos violentos ocurridos en 2014 en el que murieron 43 personas 700 fueron heridas, dice: “Los muertos no pueden ser en vano”. Desde comienzos de abril van 42, ¿serán ya suficientes?

Volver ingobernable a Venezuela

El objetivo de la violencia es claro: crear el caos y volver ingobernable el país con el fin de derrocar a Maduro. Luego de que ganaron la Asamblea Nacional en diciembre de 2015, el presidente de la misma, Henry Ramos Allup, declaró sin inmutarse que su objetivo era derrocar al gobierno en 6 meses. Luego, sin tener atribuciones, destituyeron tres veces al Presidente Maduro. También han descartado el diálogo propuesto por Maduro y apoyado por el Papa Francisco y la UNASUR para encontrar salidas pacíficas al conflicto. Ahora reclaman la convocatoria inmediata a elecciones, la “liberación de los presos políticos” y la apertura de “un canal humanitario para abastecer de medicinas y alimentos al país”.

Pero la estrategia violenta se complementa con otras como la desestabilización económica (manipulación de la tasa de fijación del dólar, desabastecimiento de productos vitales y de medicinas), el llamado a la intervención extranjera en el país, los intentos de aislar a Venezuela del concierto internacional, la ofensiva de la OEA dirigida por Luis Almagro y la intervención y hostilidad de Estados Unidos, entre otros.

Luz verde para el terror

Desde que la OEA adoptó, el 3 de abril, la resolución de aplicar la Carta Democrática a Venezuela, se le dio luz verde a la oposición para concretar sus propósitos desestabilizadores, señala la canciller venezolana Delcy Rodríguez. La ofensiva de la extrema derecha, aupada internacionalmente por políticos como Luis Almagro, Pedro Pablo Kuczynski, Trump, Temer, Macri, Peña Nieto, Rajoy, Santos y Uribe, y por la cúpula de la Iglesia de Venezuela, entró en una nueva fase: más violenta, más agresiva,  continuada en el tiempo y recurriendo a métodos hasta ahora desconocidos, como el asedio a las embajadas de Venezuela en el mundo, el empleo de armas de fuego, el colocar a niños al frente de las manifestaciones.  El guion ya conocido en Ucrania, Siria y otros países pretende ser reeditado en Venezuela.

Lo que aspiran, según autoridades venezolanas,  es derrocar a Maduro para tomar el poder de forma inmediata, y ser proclamados como los salvadores del pueblo de una supuesta dictadura.

La deriva violenta de la extrema derecha venezolana no mide costos (vidas humanas), recursos (está muy bien financiada), ni consecuencias: el nulo compromiso con las reglas del juego democrático (por ejemplo, el respeto del período para el que fue electo Maduro y que termina en 2018) puede llevar a un callejón sin salida, a un enfrentamiento fratricida del que se sabe cómo comienza pero nunca como termina. El pequeño –y a la vez gran detalle- es el apoyo de un sector duro de la población (la alianza cívico militar chavista),  al gobierno de Maduro y su determinación, pese a la dificultades económicas que vive el país, de mantener la revolución, profundizarla a través de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente y evitar que se repita un golpe como los que ocurrieron en Honduras, Paraguay y Brasil. De hecho, el pueblo chavista se ha mantenido permanentemente movilizado para defender la revolución, destacándose las multitudinarias manifestaciones del 19 de abril y del 1ro de Mayo. En esta última, el Presidente Maduro anunció la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente para profundizar el proceso y tratar de superar por medio del diálogo la difícil situación económica, política y social por la que atraviesa el país.

Métodos más sofisticados

Como señalamos, la extrema derecha, en los últimos cuarenta días ha recurrido a nuevos métodos como la desestabilización permanente: actúa todos los días, durante todo el día y la noche, no descansa los fines de semana ni los días festivos (Semana Santa, Día de la Madre). Las protestas, generalmente pacíficas, comienzan en la mañana y duran hasta las doce o una de la tarde.  Luego por la tarde (15h00-16h00) entran los grupos violentos que actúan hasta altas horas de la noche.

Entre las acciones más comunes de la oposición violenta está la interrupción de calles y avenidas, el hostigamiento a funcionarios y simpatizantes del chavismo, ataque a edificios públicos, centros de salud, cuarteles y planteles educativos, incendio de unidades de transporte público, saqueo de comercios privados, asesinatos selectivos de chavistas , entre otros.

El objetivo es desmoralizar, desgastar a las fuerzas militares y policiales, obstaculizar la movilidad de la gente, interrumpir las actividades laborales, comerciales y educativas, no permitir, en suma, que los y las venezolanos lleven una vida normal. Pretenden obtener réditos políticos con las acciones violentas, pero la mayoría de la población (incluyendo al chavismo y a la propia base social de la MUD), según varias encuestas, está cansada y las rechaza frontalmente.

La Guardia Nacional Bolivariana encargada de controlar el orden público y otros cuerpos de seguridad han sido el blanco de ataques de los grupos violentos. Como ya señalamos, dos guardias han sido asesinados, al mediodía del 15 de abril tres funcionarios (Jorge Escandón, Reinaldo Alvarado y Andrés Ospina) resultaron heridos durante una protesta opositora en la autopista del Este, municipio Naguanagua, estado de Carabobo (3). Frecuentemente reciben insultos y son atacados con bombas molotov, fuegos artificiales, pintura y piedras. En los últimos días, los manifestantes opositores lanzaron frascos con heces fecales y orina –bautizados como puputov– contra efectivos de seguridad bolivarianos (4), algo que retrata muy bien a quienes promueven estos actos.

Según Antonio González Plessmann, activista en defensa de los derechos humanos, estas acciones “tienen un sentido muy claro: provocar la reacción violenta de los cuerpos de seguridad para generar indignación y removilización en la población opositora y sostener el discurso de la existencia de un Estado represivo, que solo se sostiene por la fuerza que ejerce contra un sector pacífico de la sociedad”. (5)

La oposición y algunas ONGs manifiestan que la GNB y los agentes estatales han cometido violaciones de los derechos humanos como malos tratos en el momento de la detención, uso de balines, etc. El presidente Maduro señala que las fuerzas de seguridad, respetando el derecho constitucional a la manifestación pacífica, salen a contener las protestas sin amas, utilizando gases lacrimógenos y vehículos antimotines y haciendo el uso progresivo de la fuerza. Agrega que los agentes de los cuerpos involucrados en acciones represivas han sido puestos a disposición de la justicia, pero asegura que tampoco quedarán en la impunidad los autores de las llamadas “guarimbas” que están enlutando Venezuela.

Más que el manejo de la gestión gubernamental en Venezuela, lo que está en juego en este momento es la paz ya no solo de este país sino de todo el continente, una paz que se quebraría con una intervención extranjera ejecutada a nombre de la “crisis humanitaria”, como ya ha sucedido en otros rincones del globo.

*Periodista ecuatoriano de la Agencia Latinoamericana de Información (Alai)

Notas
1)    Datos presentados en las Jornadas de Discusión sobre la Asamblea Nacional Constituyente, realizado en Caracas, el 12 de mayo de 2017 organizado por el Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores de Venezuela.
2)    https://www.youtube.com/watch?v=iUfcjaind
3)    Telesur, MP venezolano investiga heridas a tres policías en protestashttp://www.telesurtv.net/news/MP-venezolano-investiga-heridas-a-tres-policias-en-protestas–20170515-0049.html
4)    Álvaro Verzi Rangel, La batalla de las ideas, según la pupucracia venezolana, http://www.alainet.org/es/articulo/185439
5)    Douglas Bolívar, “Es muy evidente que hay una orientación de no matar”, entrevista con Antonio González Plessmann  http://www.alainet.org/es/articulo/185443


El presidente que le habla a las vacas

Luis Hernández Navarro-La Jornada

Resultado de imagen para maduro con vacasEn un recorrido por la exposición Venezuela Producción Soberana, instalada en el Complejo Militar Fuerte Tiuna, en Caracas, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, arengó a un grupo de cuatro trabajadores agrícolas que cuidaban ganado. Sin embargo, la prensa informó que, en realidad, le había hablado a las vacas.

Agachado, el presidente se dirigió a los jornaleros través del corral. Les dijo: Yo quiero que voceros, líderes y productores del campo sean próximos diputados de la Constituyente. ¿Me van a acompañar?, “¿Me van a apoyar en la Constituyente o ustedes quieren guarimba (piquetes violentos de la oposición)? ¿Ustedes quieren violencia? ¿Ustedes quieren muerte? Los que queremos paz y vida vamos a la Constituyente”.

Tramposamente, los medios de comunicación ignoraron la existencia de los trabajadores del campo a los que el mandatario se dirigió y reportaron que le había explicado a los animales la importancia de la Constituyente. Aberrante, Maduro habla con las vacas, cabeceó la nota un periódico de Costa Rica.

Esta historia de manipulación mediática puede dar risa, otras provocan rabia. Ese es el caso del joven violinista Armando Cañizales, de 17 años, asesinado el pasado 3 de mayo, durante una protesta. Armado había aprendido música en el emblemático Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.Resultado de imagen para armando cañizares muerto

“En un video se ve al joven músico desafiando a los antidisturbios –cuenta el periódico catalán La Vanguardia, crítico del gobierno venezolano–, brazos levantados, con el pañuelo tapando la cara y la máscara antigás colocada. Luego se le ve llevado en brazos hacia una ambulancia y se oyen gritos de ‘¡Armando! ¡Armando!’

“Mataron a un chamo de 17 años mientras Maduro bailaba”, tuiteó el diputado de derecha Freddy Guevara, quien horas antes había animado a los jóvenes a ser más atrevidos con la policía. El gas lacrimógeno no hace daño, dijo (https://t.co/5CXicrplvy).

La oposición venezolana denunció que la muerte de Cañizales fue provocada por una bomba lacrimógena lanzada por la policía. La prensa internacional le dio un enorme vuelo a esta versión. No era cierto. En, realidad el crimen fue obra de los mismos opositores, que dispararon contra su compañero una esfera metálica de ocho milímetros de diámetro, a la que llaman rolinera. El proyectil puede ser descargado por armas no convencionales de fabricación casera.

En el lugar del homicidio, el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas encontró otras seis rolineras iguales, disparadas contra la policía. La Vanguardia, reconoció que la versión opositora del asesinato de Cañizales es mucho más compleja de lo que ella dice.

El 6 de mayo, Juan Bautista López Manjarrez, de 33 años, líder estudiantil de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Politécnica Territorial José Antonio Anzoátegui, le quitó la vida un atacante en moto. Lo asesinó por promover la Asamblea Constituyente.

Apenas un día antes, Rexol Alexander Acevedo Navas de 32 años, dirigente del PSUV y operador político de Industrias Diana fue localizado muerto en la carretera Valencia – Güigüe, con tres heridas producidas por arma de fuego, al lado de su vehículo que había sido quemado.

El 24 de abril, el Partido Comunista de Venezuela denunció en una rueda de prensa la ejecución de otros dos líderes populares revolucionarios: Jacqueline Ortega Delgado, de 48 años, dirigente del PSUV de Los Valles del Tuy, ultimada el 23 de abril, y el dirigente sindical de Rerrorino Smir Ramírez, del estado Bolívar.

La violencia opositora se ha cebado también contra efectivos policiales, militares y de la guardia nacional. Cinco de ellos han muerto de tiros durante las manifestaciones contra Maduro.

La Vanguardia recuperó el testimonio de Aarón Troconiz, de 27 años, estudiante de la Universidad Bolivariana de Caracas, que da cuenta del origen de esta violencia. “Hay –dijo– un grupo legítimo de manifestantes, pero lamentablemente hay también grupos extremistas en las protestas y me consta que la oposición les paga; yo conozco a algunos de ellos”.

Resultado de imagen para maduro con vacasEn su mayoría, estas historias de asesinatos de opositores a manos de sus propios compañeros, así como de ejecuciones en contra de simpatizantes de Nicolás Maduro y de miembros de las fuerzas del orden, casi han pasado desapercibidas para la mayoría de las agencias de prensa y medios de comunicación internacionales. Por el contrario, éstos se han dedicado a divulgar un relato en el que la violencia que se vive en ese país es obra de la represión gubernamental en contra de pacíficos opositores.

Pero la realidad es otra. Para comprender el origen y la naturaleza de la violencia que se vive en Venezuela hay que partir de un hecho verificable: allí está en marcha una estrategia insurreccional de la oposición y sus aliados extranjeros que busca derrocar a la presidencia democráticamente electa de Maduro, fomentando una fractura del Ejército y un eventual golpe de Estado, impulsando su aislamiento internacional y considerando incluso, auspiciar una intervención militar extranjera.

Como parte de esa estrategia insurreccional, muchas de las grandes cadenas informativas no tienen empacho alguno en manipular la información que difunden, en ocultar el nivel de respaldo real de amplios sectores la población hacia su gobierno, y en tapar la violencia de la oposición.

Por eso difunden, sin pudor alguno, aunque no sea cierto, que el presidente Maduro le habla a las vacas, cuando en realidad se dirige a jornaleros agrícolas. Quieren presentarlo como un personaje enloquecido, sin juicio para distinguir entre la ficción y la realidad, incapaz de gobernar. Desgraciadamente para ellos, el pueblo venezolano no cree estos montajes y ha dado muestras fehacientes de no estar dispuesto a renunciar a los logros de su revolución.

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