El legado Chávez, las Comunas

MARIO SANOJA-IRAIDA VARGAS| La prédica de la ofensiva mediática de la derecha imperial, a nivel nacional e internacional, ha apuntado hacia hacer creer a la gente que una vez desaparecido nuestro Comandante Eterno Hugo Chávez, la Revolución Bolivariana se esfumaría lentamente. En realidad, es en este momento cuando su principal legado revolucionario comienza a desplegar sus alas.
ven Chavez y las comunas
Esta campaña tendiente a desmoralizar a las y los bolivarianos y a favorecer a las fuerzas de la contrarevolución, es apoyada igualmente por ciertos sectores que se autodenominan como “críticos” del chavismo. Aunque la crítica es necesaria para garantizar la seriedad de nuestro proceso revolucionario, debe estar fundamentada en hechos objetivos.

Mucho se ha hablado y escrito sobre el legado del Presidente Chávez, pero solo ahora, bajo la iniciativa del Presidente Maduro y su equipo político, se ha comenzado a darle protagonismo a la idea medular del proyecto chavista de cambio histórico de la sociedad venezolana: la sociedad comunal. Dijo el presidente Chávez: “Todos los motores constituyentes son tributarios o convergen sobre el quinto (motor), que es el máximo, el de máxima fuerza, el que debe ser el motor principal. ¿Cuál es? La explosión revolucionaria del poder comunal: los Consejos Comunales… el quinto motor constituyente…Y es esencial…” (Chávez 2007: 40).

El capital está todavía profundamente incrustado en todas las áreas de la cultura y la sociedad venezolana, por lo cual éste ha sido y es capaz de dominar y de intervenir a su favor el proceso de reproducción social, no obstante es incapaz de resolver los problemas y contradicciones que crea su accionar sobre nuestra sociedad. Abolir o al menos neutralizar las instituciones específicas que sostienen la hegemonía del capitalismo, debe ser, es el primer paso revolucionario hacia la construcción de un nuevo bloque histórico del poder socialista representado por la sociedad y el futuro Estado comunal socialista.

Por esa razón, el sistema comunal socialista ya existente y que se asienta en las antiguas tradiciones comunitarias originarias, constituye la forma espacial concreta que adquiere la resistencia popular contra el capitalismo, fundamentada en la acumulación de conocimientos y experiencias, la estructuración socio-espacial de las fuerzas y agentes, el arraigo a la comunidad y la identidad cultural y de clase.

A partir de esta primera década del siglo XXI, la construcción de una futura sociedad comunal socialista, exigirá que produzcamos también una nueva cartografía del espacio nacional que señale las variables fundamentales del poder popular, los consejos comunales y las comunas, integradas con las redes socioproductivas y las misiones sociales que permitan articular la cadena de valor de las materias primas, diversificando la producción para satisfacer las necesidades económicas y sociales de la población. Estas redes transversales, que representarían una alternativa postcapitalista, funcionarían como un tejido conectivo que circunscribiría los centros urbanos, estimulando la circulación, la distribución y el consumo de bienes y valores (Vargas-Arenas y Sanoja 2014: en preparación).

Hasta el presente, el proyecto revoluciOnario ha tenido como elemento protagónico la dimensión macroeconómica. Mentes esclarecidas como D.F. Maza Zavala ya habían anticipado que en el siglo XXI el área de propiedad puramente estatal tendría que ser limitada por el desarrollo de otras formas avanzadas de propiedad social, común o colectiva que podríamos asimilar al actual sistema comunal. Consideraba Maza como deseable que el Estado conservase la propiedad y el control de las actividades productivas básicas, sin embargo observaba que “…

La socialización, que es en esencia dominio de lo social por la sociedad, exige la participación colectiva en la toma de decisiones, el control de los intereses públicos o sociales por organizaciones y dispositivos institucionales de índole popular: profundizar la democracia, erradicar las elites de poder y del poder de las elites, para desarrollar en su lugar el poder del pueblo (Maza Zavala 1985: 135-136).

La dimensión macroeconómica del modelo económico que ha dominado el proceso bolivariano ha sido afectada por la actual crisis mundial del capitalismo, ya que no logró desvincular la economía y la sociedad venezolana del mercado capitalista promovido por el imperio sino que, por el contrario, aumentó más nuestra dependencia del mismo. El proceso de socialización, las comunas, del cual nos hablaba Maza Zavala, tomó nueva fuerza con el gobierno del Presidente Maduro.

La llamada crisis de la Revolución Bolivariana parecería ser más bien un cambio de frente, una reorientación estratégica del proceso bolivariano donde se asigna un papel protagónico a las comunas, a lo cual, creemos, responde la reestructuración del gobierno emprendida por el Presidente Maduro, temas que serán sin duda discutidos en el próximo Congreso del PSUV.

La Revolución Bolivariana necesita hacer una revisión de su modelo económico, buena parte de cuyos contenidos son herencia de la posición teórica que sustentó el pensamiento económico de la vieja izquierda venezolana desde mediados del siglo pasado. Es importante aludir a la importancia de las formas de propiedad estatal, en relación a la crisis laboral existente en las empresas de Guayana. En tal sentido se nos ocurre recordar las palabras del economista eurochavista Luciano Vasopollo (224:BCV 2013), según quien habría que diferenciar entre la nacionalización y la socialización de la gestión económica: la desaparición de la propiedad privada –dice- no implica su socialización inmediata. ven Chávez comunas

La nacionalización de los sectores estratégicos (energía, comunicaciones, transporte, etc.), aporta recursos necesarios para impulsar una estrategia de impulso productivo a breve plazo, sin embargo, sostiene Vasopollo, la propiedad estatal no garantiza per se el control de las y los trabajadores sobre su propio trabajo ni garantiza el socialismo.

Si el monopolio estatal no es controlado directamente por los organismos populares, por lo cual abogaba también Maza Zavala, éste podría devenir en autoritarismo sindical mafioso, burocratismo sindical contrarevolucionario e ineficiente como es el caso actual en algunas de las empresas básicas de Guayana.
Sin el control democrático por parte de los organismos populares, la propiedad estatal termina por crear y privilegiar una nueva clase social que surge de la gestión monopólica estatal de los medios de producción (Álvarez 2003; Idem 2010: 58-74).

Cono apunta tambien Vasopollo “… Solo cuando se produce el control social sobre el proceso de producción, la posesión de los medios de producción es ejercida por las propias unidades productivas y éstas, desde su entorno espacial, toman decisiones acerca de las inversiones y el cambio tecnológico; se puede entonces hablar de una autonomía relativa de dichas unidades, autonomía que puede estar acompañada -o no- de la correspondiente forma jurídica que garantice la condición de “sujeto jurídico”…”

El socialismo, en cualquiera nivel, dice Vasopollo, no es pensable ni construible si no está fundado sobre una sólida base de democracia directa que permita planificar con base al conocimiento directo de las necesidades individuales y colectivas (sociales, empresariales, ambientales, etc.) corporizando su expresión mediante procedimientos apropiados tal como lo que ha denominado el Presidente Maduro el gobierno de calle y el diálogo productivo con los medianos y pequeños empresarios.

Para poner en marcha los criterios de eficiencia microeconómica, sería necesario que el gobierno revolucionario diseñase y pusiese en práctica la creación de una cultura laboral apropiada, basada en valores sociales de solidaridad colectiva que se opongan al oportunismo sindical y al individualismo consumista que sostiene al capitalismo. De igual manera, dice Vasopollo a este respecto, no solo es necesario cambiar la forma y el contenido de las funciones de utilidad microeconómica, manteniendo, por ejemplo la posibilidad de distribuir el tiempo entre el ocio y el trabajo, sino ampliar también las posibilidades de la población para escoger alternativas en torno a este tema que se convertiría en el objetivo central del aumento de la productividad, a los fines de mantener la motivación y el consenso social.

Para construir el socialismo es necesario, dice Vasopollo, promover un cambio de hegemonía cultural que invierta las relaciones causales entre la economía y la política “…como ya se está experimentando en los países del ALBA…” “redefinir el discurso político en el terreno social y subordinar a este último tanto el discurso económico como el discurso político a partir de la centralidad de la planificación socioeconómica…” (BCV 2013: 802), orientándolos hacia un modelo de desarrollo socioeconómico autodeterminado, autogestado, centrado en los recursos y economías locales que valore al mismo tiempo las tradiciones culturales y productivas, renunciando a tanta mercancía importada e inútil, funcional a un sistema de consumismo insostenible.

En suma, se trata de crear la sociedad comunal, ya que el paso de uno otro modo de producción, a la sociedad postcapitalista, dice Vasopollo, supone fundamentalmente la presencia organizada de una subjetividad revolucionaria, expresada en nuestro caso en la comuna, que pueda dirigir a la clase trabajadora en el proceso de superación del modo de producción capitalista.

La creación de una nueva hegemonía cultural requiere, de manera imprescindible, la ampliación de los espacios políticos donde los procesos participativos que impulsan el modelo de desarrollo autodeterminado, autogestado, se puedan expresar con plenitud: las comunas, los consejos comunales, los consejos de trabajadores, los consejos campesinos,los consejos estudiantiles, etc., donde se vaya plasmando la semilla de una democracia verdaderamente participativa, del poder popular constituyente, de la nueva sociedad socialista venezolana (Álvarez 2010: 145-158).

En tal aspecto es necesario considerar la pertinencia de un sistema político de representación como el desarrollado por el PSUV en el cual los delegados y delegadas, voceros y voceras de las Unidades de Batalla Bolívar Chávez (UBCH) deben mantenerse en todo momento ligados y ligadas a sus bases para guiar y supervisar el trabajo del partido y evitar el burocratismo.

El modelo de integración cívico militar venezolano, cuyo artífice fue nuestro Comandante Eterno Hugo Chávez, ha jugado un papel estabilizador fundamental en la presente coyuntura creada por la insurrección armada de los sectores fascistoides de la derecha venezolana. Dentro de la nueva doctrina militar venezolana, en caso de una emergencia nacional, la Fuerza Armada Bolivariana no se quedaria esperando que el invasor o el enemigo interno actúen contra el sistema revolucionario sino que desplegaría la estrategia de guerra popular total apoyado en el sistema comunal. Por ello, tanto los contingentes regulares como los de la milicia adscrita al sistema comunal, deben sentir, como efectivamente lo sienten, que son defensores de la soberanía nacional y constructores activos de la nueva sociedad socialista venezolana.


Referencias citadas:

Álvarez R, Víctor. 2003. Hacia donde va el modelo productivo. Centro Internacional Miranda. Caracas,
Álvarez R., Víctor. Del Estado Burocrático al Estado Comunal. Centro Internacional Miranda, Caracas,
Chávez Frías, Hugo. 2007. Poder Popular: Alma de la Democracia Revolucionaria. Gobierno Bolivariano de Venezuela, Caracas.
Maza Zavala, D.F. 1985. Ensayos sobre la Ciencia y la Política Económica. Academia Nacional de Ciencias Económicas. Serie Ensayos. Caracas.
Vargas-Arenas, Iraida y Mario Sanoja Obediente. 2013. Lectura geohistórica de Venezuela. El espacio Nacional y la Sociedad Comunal Socialista. Primera edición. Caracas. Segunda edición revisada, corregida y aumentada (en preparación).
Vasopollo, Luciano. 2013. Análisis de los Sistemas Económicos. Banco Central de Venezuela, Caracas

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