Juan Guahán|

El lunes 21 de agosto un eclipse de sol estuvo en el centro de la vida de millones de personas en el mundo, que lo divisaron en vivo, por televisión o Internet. Es el primero en atravesar Estados Unidos en 99 años. En su fase culminante, el fenómeno dejó a oscuras a los espectadores durante poco más de dos minutos y fue visible en una franja de 113 kilómetros de ancho.

En los Estados Unidos tal fenómeno fue total y sirvió para que diversos canales televisivos se solazaran con aquel bellísimo espectáculo por más de 90 minutos, que fue trasmitido a todo el mundo.  Fue el primero en atravesar el continente estadounidense de costa a costa desde 1918. Doce millones de personas que viven en ese corredor estuvieron en primera fila para observar el espectáculo. Los acompañaron millones de turistas y aficionados que se acercaron multitudinariamente a esta diagonal.

Esta es una primera aproximación al tema. Lo hacemos desde nuestra actual visión y los conocimientos que hoy tenemos. Pero no siempre fue así.

Recordemos que desde tiempos inmemoriales la humanidad tiene en el sol una referencia obligada. Para gran parte de las civilizaciones fue considerado como el astro rey o simplemente “el Rey”. Por esa misma razón, en muchas civilizaciones, cuando su iluminación era interrumpida -fuera del horario habitual- el temor se apoderaba de la comunidad dando lugar a las más variadas reacciones.

Para penetrar en ese misterio digamos que la palabra eclipse viene del griego antiguo donde significa “abandono”. Ese era el sentimiento predominante en esas civilizaciones, se trataba del hecho que la principal figura de la naturaleza, la que venía del cielo, que era el hogar de los dioses, nos abandonaba. Si el sol nos abandonaba era la señal que algo malo iría a pasar. Una referencia bíblica, del Apocalipsis, abona esa idea.

Ese modo de pensar predominó en gran parte de la humanidad hasta las proximidades del siglo XX.

Hoy, frente a este tipo de eventos -totalmente predecibles- los conocimientos ocupan el lugar del temor. Persiste el miedo ante lo imprevisible o lo que parece serlo y que –muchas veces- es producto de la propia necedad humana.

Los consureños quedamos fuera de la vista directa de este eclipse pero no dejemos de agendar que el 2 de julio de 2019 nos tocará a nosotros admirar este maravilloso fenómeno de la naturaleza.

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