Eleazar Díaz Rangel-ÚN|

.Lo que nunca pensamos sería noticia de la sección de sucesos, o página roja, como antes se le llamaba, lo estamos viendo con demasiada frecuencia por la corrupción habida en Pdvsa, que es ahora cuando está apareciendo en toda su magnitud, y que es de muchísima gravedad. No exagero. Ustedes habrán conocido la última denuncia que hizo el fiscal Tarek William Saab. Nada menos que el martes detuvieron a 11 de sus gerentes, imputados por otorgar contratos con sobreprecio y daños a la industria petrolera, entre otros, de 15 millones de barriles entre 2015 y 2017, por valor de 500 millones de dólares. Na guará, dirían en Barquisimeto.

Como recordarán, la Fiscalía ha venido denunciando e imputando a muchos otros gerentes de empresas de Pdvsa, incluidos varios de la Faja del Orinoco. No sé cuánto suman, pero deben exceder la veintena. Como “la más refinada actuación de la delincuencia organizada” la calificó el Fiscal, y según la reseña de Eligio Rojas estos gerentes otorgaban contratos a una serie de empresas privadas que formaban parte de “una élite de corrupción”, creaban emergencias falsas para justificar los contratos con sobreprecio.Resultado de imagen para pdvsa presos

Las pérdidas de Pdvsa se han estimado en 500 millones de dólares… hasta ahora, porque no sabemos qué seguirá descubriendo la Fiscalía. Tampoco le estamos añadiendo pérdidas anteriores.

Supongo que muchos de ustedes se estarán haciendo las mismas preguntas que me hago yo. ¿Cómo es que la directiva de Pdvsa no se daba cuenta de tamaña corrupción? ¿Cómo es que no percibían las millonarias pérdidas? ¿Y nunca olfatearon al menos los síntomas de ese antro de corrupción que tenía, o tiene, en su seno? ¿Es que no funcionaban los mecanismos de control? ¿O algunos eran parte de esas mafias?

El 29 de enero de este año, cuando el presidente Maduro designó la nueva directiva, expresó su confianza en que Pdvsa será recuperada, y añadió: “Hay que sanearla de la corrupción”, y le envió el informe correspondiente a la fiscal Ortega, que por supuesto lo engavetó. Nueve meses después, parece evidente que sus directivos de entonces y los de ahora, casi los mismos, no han hecho nada, o tan poco que es imperceptible, por sanearla. Cuanto se ha hecho ha estado en manos de la Fiscalía, eso si, con el apoyo presidencial.

En Pdvsa, como si no fuera con ellos, lo que hacen es guardar silencio, ni una palabra de estímulo a esas investigaciones ni anuncian medidas de control para impedir que se repitan hechos tan graves como los denunciados, y determinar las complicidades menores que deben existir.

Y me pregunto si no es hora de que el presidente Maduro llame a la directiva de Pdvsa para escuchar sus opiniones y explicaciones, y que después las transmita a todo el país. Muy bien por su salud financiera, pero debe acabar con su silencio.


Se busca oposición

Maryclen Stelling|

Los resultados de las recientes elecciones regionales producirán, sin duda alguna, un profundo efecto en el reacomodo de las fuerzas políticas del país.

Los ganadores se debaten entre el triunfalismo y la consideración hacia el adversario. Mientras lanzan un llamado a retomar el “camino del diálogo con miras a consolidar la paz y la estabilidad para el pueblo”, se preparan para el remate del derrotado. Operación que incluye la juramentación ante la ANC de los gobernadores electos, más la estrategia política de un protectorado en manos de los cuatro gobernadores oficialistas derrotados; con el agregado de las elecciones municipales previstas para diciembre.

La oposición se pierde en el manejo de la derrota y el peloteo de la culpa; en las diferencias insalvables entre las facciones que integran la MUD y las consiguientes luchas intestinas; a lo que se añade la manida justificación de fraude electoral. Fracturada, fragmentada y perdida en la redefinición de su rol político; de espalda a los nuevos escenarios políticos y en desconexión con el pueblo, la oposición se desvanece ante los ojos del país en una suerte de autogolpe que, luego de una lenta agonía, anuncia la muerte de una MUD que “perdió su utilidad”.

¿Estará la oposición en capacidad de recapacitar y actuar en pro del funcionamiento de la democracia y el diálogo? ¿Tendrá la disposición de replantearse su papel político? ¿Podrá alejarse de la estrategia radical y de las salidas violentas? ¿Será capaz de transitar la ruta democrática y actuar en el mejor interés de sus seguidores y del país?

La democracia se deteriora con la presencia de partidos débiles y, en consecuencia, demanda estructuras políticas sólidas que promuevan el juego democrático. La relación entre gobierno y oposición debe plantearse como “un juego de suma positiva” enraizado en el sistema de partidos, en lugar de uno “suma cero” asentado en confrontaciones a muerte entre las fuerzas políticas.

La compleja y conflictiva situación actual demanda conducción política, requiere transformar la diversidad fáctica en una verdadera pluralidad democrática. En suma, requiere “hacer política”.

Más allá de la medición de fuerzas y del forcejeo constante en detrimento del propio ejercicio de gobernar, ¿podrá el país replantearse la relación entre gobierno y oposición?

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