Díaz Rangel: El problema del 2018/ Stelling: Campanadas

El problema del 2018

Eleazar Díaz Rangel-UN|

El año 2017 se nos fue casi como llegó, con la indetenible espiral de precios cada vez más altos y sin ningún control. Nada escapaba, ni productos ni tampoco servicios. Lo positivo es que los meses finales no estuvieron acompañados de guarimbas y otras formas de violencia política. Después de la masiva elección de la Asamblea Nacional Constituyente llegó la calma, que se prolonga, y así comenzó el nuevo año.

Pero la abusiva alza de precios ha continuado en estos días de 2018, y nada hace suponer que se detendrá. ¿Hasta cuándo? Nadie lo sabe. El Gobierno, consciente de esa situación, ha tratado de enfrentarla por la vía de garantizar más recursos a los más pobres.

Los comités locales de abastecimiento y producción (Clap) llegan, aunque en algunos casos, irregularmente, a más de la mitad de los hogares, y se destinaron altas sumas para aumentar los ingresos a los millones de pensionados. Más recientemente presentó un proyecto de ley que aprobó la ANC para combatir el alza de los precios. Confiemos en sus resultados.

Por dos fuentes confiables supe que el problema más serio que tendremos en las próximas semanas será el de la escasez de gasolina.

¿La causa? Sencillamente que Pdvsa carece de los aditivos necesarios para la refinación, y éstos deben llegar de Estados Unidos, pero ha ocurrido un “bloqueo internacional”, explica la empresa por el “rechazo a nuestros pagos del servicio de cabotaje por las sanciones al Gobierno”. Y si esta situación continúa así, solo produciremos gasolina en bruto, no útil para vehículos, etc. Hay que tener presente que al menos 100 mil barriles diarios se van de contrabando a Colombia, a Aruba y a Curazao.

¿Ustedes van a creer que no me fue posible saber cuánta gasolina se refinaba en el 2017? Google ofrece cifras extraídas de medios poco confiables, y la página de Pdvsa no tiene esa información, pero, con toda seguridad, fue menor a los 225 mil barriles diarios de 2016.

¿Cuánto estará refinando en estos días y cuánto refinará en las próximas semanas?

Dejo esas preguntas. En las colas en el interior del país tendremos las respuestas.

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Campanadas 2018

Maryclen Stelling | Es imperante profundizar la lucha contra la corrupción, nepotismo, compadrazgo sin compasión

El país requiere, necesita y demanda diálogo y negociación para emprender y remontar la difícil cuesta del 2018. Año que amaneció preñado de deseos que van desde el espacio individual-familiar hasta los análisis políticos y económicos de carácter apocalíptico, aterrorizados y complacientes. Desde el ámbito internacional, cual leyendas dorada y negra, destacan dos voces. Por un lado, se resaltan “Las doce victorias del presidente Maduro en 2017”; mientras que por el otro, se plantea como solución a los problemas del país destituir al Presidente, Vicepresidente, y se solicita “asistencia militar” extranjera que “liberaría” a Venezuela.

En un contexto de crisis multidimensional, alertas de hiperinflación desbordada y con nuevo aumento de salarios, se desata una epidemia de rumores, expresión de peligros, miedos y desconfianza. Convertidos en una sociedad de riesgos e incertidumbres, impera la cultura de la desconfianza, caldo de cultivo para la exaltación fervorosa de rumores que, recogidos en relatos transmediáticos, dan cuenta y alimentan el clima de ansiedad e inseguridad de la propia existencia. Iniciamos el 2018 escindidos y debatiéndonos entre el riesgo y la esperanza, el miedo y la confianza.

La crisis acecha, persigue, embosca y nos afecta por igual. Sumergidos en un mundo impredecible e incierto, es difícil distinguir entre peligro y riesgo. El uno supone una situación real o potencial, presente en todo momento; el riesgo -en tanto amenaza y vulnerabilidad- es la posibilidad de un daño futuro. Sin obviar la crisis real, hay una rentabilidad económica y política del capital del miedo. Indudablemente, desde ciertos espacios políticos, tiene lugar la gestión interesada de los miedos contra la cual lucha el Gobierno con medidas económicas, políticas y estrategias comunicacionales. ¿Nos estamos convirtiendo en una comunidad del miedo?

Es imperante profundizar la lucha contra la corrupción, nepotismo, compadrazgo sin compasión. Deben revisarse los peligros de la relación clientelar como “forma de dominación política que remite necesariamente a clientes como actores pasivos, carentes de autonomía y capacidad de acción estratégica”.

Finalmente, y parafraseando a Antonio Gramsci (11/2/1917), “Odio a los indiferentes”, es momento de vivir, abandonar la estrechez de la ventana político-partidista y tomar partido, pero por Venezuela.

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