Díaz-Canel: no habrá espacio en Cuba para el capitalismo/La despedida de Raúl/ La pobreza no está reconocida en el discurso oficial

Díaz-Canel: sin espacio en Cuba para el capitalismo

Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, aseguró en su primer discurso tras asumir el cargo, que en esta nueva legislatura “no habrá espacio para los que aspiran a una restauración capitalista”, y sí para continuar perfeccionando el socialismo.

Ante la recién constituida IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), Díaz-Canel Bermúdez reafirmó que en Cuba, por decisión del pueblo, solo toca dar continuidad a la obra emprendida desde 1959, con la unidad entre todas las generaciones.

Conociendo el sentir popular a favor del General de Ejército Raúl Castro, el mandatario aseguró que el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) encabezará las decisiones de mayor trascendencia para el presente y futuro de la nación.

Raúl, quien ha preparado, conducido y liderado este proceso, con firmeza, sin apego a cargo, con serenidad, madurez, confianza y modestia se mantiene por legitimidad y mérito propio al frente de la vanguardia política del país, acotó.

Él sigue siendo el Primer Secretario, como el referente que es para cualquier comunista y revolucionario cubano, y porque Cuba lo necesita, aportando ideas, alertando sobre cualquier error y deficiencia, ratificó.

Habló sobre la gestión interna y en materia de política exterior del General de Ejército al frente del país en esta última década, cuando emprendió profundos e imprescindibles cambios estructurales y conceptuales, como parte del proceso de actualización del modelo económico.

Conozco de las preocupaciones y expectativas que lógicamente provoca un momento como este, pero contamos con la fuerza, inteligencia y sabiduría del pueblo, y el liderazgo del PCC, el legado del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, y con la presencia de Raúl, “líder actual del proceso revolucionario”.

Solo el PCC, fuerza dirigente del Estado, garantiza la unidad y es el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en sus líderes, argumentó Díaz-Canel Bermúdez.

En otro momento de su alocución, el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros ratificó que la política exterior cubana se mantendrá inalterable, porque “Cuba no hace concesiones, no negociaría principios ni aceptará condicionamientos”.

Díaz-Canel Bermúdez reafirmó la responsabilidad que entraña asumir el cargo, y que cumplirá “con honor y emoción el mandato del pueblo”, con apego a la generación histórica.

Con la constitución de la IX Legislatura de la Asamblea Nacional, dijo, culmina el proceso electoral revolucionario protagonizado en los últimos meses por el pueblo cubano, en el cual se reafirmó el carácter democrático, consciente y de elevada significación histórica de este paso.

Se trata de una elección que emergió desde el pueblo, el que controlará la gestión y participará de la toma de decisiones y en la implementación de las políticas aprobadas, sustentó quien a la vez calificó el proceso que hoy culmina como una “contundente victoria y expresión del compromiso en la defensa de la obra revolucionaria”.

A esa confianza que el pueblo nos entrega, hay un solo modo de responder, actuando, creando y trabajando sin descanso para responder a sus demandas y necesidades, abundó.

Al asumir este puesto en una compleja coyuntura, alertó el Presidente que ningún país, como Cuba, ha resistido por tantos años sin rendirse al asedio económico, comercial, militar, político y mediático.

Entre los combates a vencer a lo interno, Díaz-Canel Bermúdez citó las propias indisciplinas, errores e imperfecciones, y al mismo tiempo, urgió a avanzar sin prisa, pero sin pausa, como advirtiera Raúl, hacia la prosperidad y la conquista de un socialismo próspero y sostenible.

Señaló que las prioridades están definidas en los documentos rectores del PCC, en particular los lineamientos y el plan de desarrollo a corto, mediano y largo plazos del país.

Díaz-Canel Bermúdez concluyó su discurso aludiendo a este día simbólico para la historia de Cuba, en el que invitó a pensar en Fidel y su legado, y a jurar defender esta Revolución socialista y democrática de los humildes, por los humildes y para los humildes “que la generación histórica nos entrega intacta”.

—-

Discurso de despedida de Raúl Castro como presidente: `Nuestra arma más importante, la unidad del pueblo´

Oscar Figueredo Reinaldo, José Raúl Concepción, Dianet Doimeadios Guerrero, Irene Pérez – Cubadebate.-

Al iniciar su intervención en el Parlamento cubano, el General de Ejército Raúl Castro Ruz agradeció el encargo de realizar la clausura de una “emotiva sesión constitutiva de la Asamblea Nacional”.

Raúl reconoció “el trabajo por las comisiones electorales y de candidaturas que colaboraron para el buen desempeño de las elecciones. El VI Congreso del Partido aprobó limitar un máximo de dos periodos de cinco años los cargos de mayor relevancia, y aunque esta modificación no se ha introducido en la Constitución, desde que asumí mi segundo mandato, el 24 de febrero de 2013, expresé que este sería último y que a partir de hoy Cuba tendría un nuevo Presidente”.

El General de Ejército destacó ante los diputados la trayectoria de Miguel Díaz- Canel, como fue ascendiendo progresivamente y asumiendo responsabilidades políticas en la UJC y en el Partido Comunista de Cuba.

Sobre la elección de Díaz- Canel para Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, Raúl insistió que “no es casualidad, se previó”. Y no dudamos que por las virtudes, experiencia y dedicación al trabajo que ha desarrollado tendrá éxito absoluto en la responsabilidad que el órgano máximo del poder del Estado le ha asignado, aseguró.

Dijo, que el paso lógico será que el 2021 el compañero Díaz- Canel asuma también el cargo de Primer Secretario del Comité Central del Partido, cuando se cumpla el mandato que el VII Congreso le dió a él al frente de la organización política.

Díaz- Canel no es un improvisado. Su promoción gradual a cargos superiores se aseguró con intencionalidad y previsión, no cometimos el error de acelerarla como en otros casos, dijo Raúl.

“Vivimos en un lugar y en un tiempo en el que no podemos cometer errores”, aseguró.

Más adelante, el Secretario del Comité Central del Partido realizó un esbozo de la trayectoria política de Salvador Valdés Mesa, recién electo como Primer Vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros.

Elogió la trayectoria revolucionaria de José Ramón Machado Ventura y dijo que concentrará sus esfuerzos en el Partido Comunista de Cuba, como su segundo Secretario.

Asimismo hizo referencia a Mercedes López Acea, quien durante los últimos ocho años ha sido Primera Secretaria del PCC en La Habana, y en los próximos días asumirá nuevas tareas en el Comité Central del Partido.

El líder revolucionario dedicó una parte de su discurso a resaltar los logros conquistados por la Revolución en la igualdad de género y la lucha contra el racismo y llamó a que no se retroceda un milímetro en lo logrado.

Raúl recordó la intervención de Estados Unidos en la Guerra hispano-cubano-norteamericana. Evocó el momento en el que el ejército de EE.UU. no permitió la entrada de los mambises en Santiago de Cuba e izaron su bandera. “Ya eso estaba indicando lo que iba a pasar en este país hasta que llegó Fidel”, aseveró.

Sobre el futuro de su accionar político, el General de Ejército comentó: “En lo que a mí se refiere me mantendré desempeñando el cargo del Primer Secretario del PCC en mi segundo y último mandato hasta 2021. A partir de entonces, si la salud me lo permite, seré un soldado más junto al pueblo defendiendo la Revolución”.

“La Revolución es la obra más hermosa que hemos hecho”, dijo. Y a continuación sintetizó una verdad irrefutable: “Nuestra arma más importante es la unidad de todos los revolucionarios y del pueblo”.

Durante su discurso, Raúl dedicó varios minutos a comentar sobre la actualización del Modelo Económico y Social Cubano. Reconoció algunos errores cometidos durante el proceso y aseguró: “Hemos aprendido importantes lecciones de los errores cometidos y la experiencia acumulada nos ayudará a continuar a paso más firme”.

No hemos renunciado a proseguir la implantación del trabajo por cuenta propia, proseguirá igualmente el experimento de las cooperativas no agropecuarias, informó. Se refirió a las indisciplinas e ilegalidades que fructificaron en esos sectores y que “no se enfrentaron oportunamente”.

Alertó que el proceso de cambio en el Modelo Económico Cubano no podía traducirse en terapias de choques contra los más ciudadanos más desfavorecidos.

El General de Ejército dedicó unos minutos de su discurso a abordar temas internacionales que atañen a la Revolución cubana. Aprovechó para reiterar su felicitación a la delegación cubana que participó en la VIII Cumbre de las Américas ‒donde derrotamos la maniobra anticubana‒, así como para reiterar el apoyo de Cuba a Venezuela, a Lula da Silva, a Puerto Rico y a otras causas justas que la Revolución siempre ha defendido.

Antes de despedirse y abrazar a cada uno de los miembros del nuevo Consejo de Estado dijo que en apenas once días nuestro pueblo marchará unido por las calles y plazas conmemorando el Primero de Mayo.

“Y atendiendo la relevancia de este momento histórico, acompañaré al nuevo presidente del Consejo de Estado y de Ministros”, prometió.

 

Juan Valdés Paz, sociólogo cubano: “La pobreza no está reconocida en el discurso oficial”

Angel Marqués Dolz.| Unas horas más y Cuba amanecerá con un gobierno post Castro. No fue por Washington, que salvo una invasión directa de sus legiones, lo ensayó todo; ni la tragedia de Moscú; ni los desatinos internos; ni todo eso junto; sino por un agente de cambios que no se toma vacaciones: el tiempo.

En las avenidas, las pancartas de propaganda están en gris, mudas, una parábola de que el país aguanta la respiración en espera del lema que paute el relevo generacional del poder creado por los padres fundadores de la Revolución.

Las expectativas entre los cubanos no corren tanto tras las posibles figuras del gabinete, casi todas jerárquicamente previsibles, sino acerca de cómo la flamante administración manejará el proceso de reformas en curso, explicitado como una “actualización”.

Buscando aproximaciones retrospectivas y presentes al escenario actual, el más conjeturado, vigilado y decisivo del proyecto socialista, OnCuba tocó a la puerta de Juan Valdés Paz (1938), Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2014.

Diestro en heterodoxias, guevarista al no aceptar ser un obediente funcionario y, sobre todo, leal a una coherencia que le ha permitido un territorio de lucidez nunca anexado por tentaciones cortesanas o autos de fe, Valdés Paz nos recibe en su casa, ubicada en una de las zonas de La Habana profunda.

Estamos en Pogolotti, un modelo del obrerismo cubano de principios del siglo XX, convertido después por algunos en sonante blasón de la guapería urbana, con calles erosionadas y peripecias hampescas, uno de tantos entornos que la narrativa oficial rotula como barrios con “desventajas sociales”.

Vamos a los orígenes. ¿Qué observó Jean Paul Sartre cuando viajó a Cuba en 1960 para afirmar que estaba en presencia de una democracia directa?

El propio Sartre no hubiera dicho eso de nosotros a principios de los 70. Pero era muy comprensible que estuviera epatado a principios de los 60, no solo él, sino otros muchos.

Era todo un pueblo movilizado, Fidel pasaba horas y horas en la televisión o en la plaza pública aleccionando a la población, y podrías considerar que eso era una consulta popular y que por tanto era una expresión de democracia directa. La consulta convierte a una asamblea en la plaza de la Revolución en un acto de democracia directa, aunque los que estaban reunidos allí no eran suficientemente representativos de la población. Pero de todas maneras era impresionante.

Caben discusiones técnicas sobre la representatividad, pero en el 59 las encuestas daban un apoyo a la Revolución de 98 por ciento.

Un consenso impresionante…

El consenso se mantuvo mayoritario casi todo el tiempo por el hecho de que la emigración masiva de la burguesía nacional y de la mitad de las capas medias profesionales, hacía que el disenso interno disminuyera permanentemente.

En un hipotético regreso de Sartre a Cuba, ¿qué apreciaría ahora el filósofo francés?

Un sistema parlamentarista, en el que para que la Asamblea Nacional juegue su papel habría que suprimir la figura del Consejo de Estado.

Explíquese, por favor…

El Consejo de Estado sustituye a la asamblea en su receso. De manera que nunca tendremos una asamblea operante, que ejerza lo que dice la carta magna de que es el órgano supremo del Estado, el cual puede ejercer los tres poderes. Los números lo dicen: por cada ley aprobada por la Asamblea, hay entre cuatro y cinco Decretos aprobados por el Consejo de Estado. Al final quedamos gobernados por el Consejo de Estado.

Algunos adelantan que habrá una separación de cargos al más alto nivel…

Lo que aún existe se resolvió ad hoc para el liderazgo de Fidel Castro, que lo continuó Raúl, y es que el presidente del Consejo de Estado sea jefe de gobierno también, cosa que incluso en otras experiencias del socialismo real no ha existido. Ni en China, ni en Vietnam, ni siquiera existió en la Unión Soviética.

Creo que esa es una de las cuestiones a resolver: separar la jefatura del Estado de la del Gobierno.

-Ya hay escenarios experimentales de tal esquema en las dos provincias ex habaneras…

-Parece que todo quedó en crear un vicepresidente de la Asamblea para que atienda a la Administración. De modo que no se va a resolver una separación completa todavía. Imagino que todo eso lo están derivando para la reforma constitucional que acaban de refrendar en el quinto pleno del Comité Central.

-Algunos especulan que esa reforma constitucional traería la elección directa del Presidente de la República, quedando abolido el actual sistema de segundo grado.

-En el diseño actual del sistema político cubano no existen decisiones personales, todas las decisiones son colegiadas. Tanto en la asamblea, como en el Consejo de Estado y en el Consejo de Ministros.

Este carácter colegiado de la decisión es, en mi opinión, componente de un mayor desarrollo democrático socialista. Por tanto, los presidentes que vendrán estarán sometidos a la regla de que la decisión es colegiada. Entonces hablar de presidencialismo sería un paso atrás, cuando aspiramos a que todo sea lo más colegiado posible.

-Volviendo al parlamento. ¿Cómo lo concibe en el futuro?

Más pequeño, profesional y operativo; que sesione permanentemente; un Jefe de Estado electo por la Asamblea y un gabinete de gobierno, con su Primer Ministro, también aprobados por la Asamblea Nacional.

-¿Y quién elegiría al primer ministro?

-Lo podría proponer el propio Jefe de Estado o la propia Asamblea. O como va a ocurrir por un tiempo indefinido en la historia, el Partido le propone a la Asamblea un jefe de Gobierno y un jefe de Estado. El resto de los miembros de gobierno, como ahora, no tienen que ser diputados.

-Pero el Partido, tal como prescribe la ley, no interviene como postulante en las elecciones.

-No me parece disonante que el Partido le proponga candidatos y leyes a la sociedad, dado que es un partido de vanguardia que deberá jugar su papel en el sistema político. Al definirse como la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, me da la idea de que el Partido equidista de la sociedad y del Estado, y en esa idea de equidistancia uno puede suponer que representa a la sociedad frente al Estado y legitima al Estado frente a la sociedad.

-En la letra es así, pero en la realidad…

-Lo que tenemos en la experiencia histórica de todo el socialismo real es una colusión del Partido con el Estado. Pero no es lo que está prescrito. Ciertamente, el Partido suplanta a las autoridades en muchos niveles del país. Sobre todo en provincias y localmente. Llevamos una larga lucha por la separación del Partido y el Gobierno, no concluida.

-Es que muchas veces se trata de los mismos protagonistas. Existe ubicuidad y solapamiento…

-Pero eso no impide que puedas hacer explícito las reglas para lograr esa equidistancia del Partido del Estado.

-¿Cómo?

Por ejemplo, si el compañero que vamos a tener a partir del 19 de abril nace con las reglas de limitación de mandatos, se ha producido una revolución en la Revolución, porque eso crea una dinámica totalmente diferente en la política cubana. Pero si además de las reglas de limitación de mandato, pones dos reglas más: límite de edad, por abajo y por arriba, para ejercer el cargo –hasta la iglesia retira a los obispos a los 75 años– y además pones la regla de la incompatibilidad de cargos, que no puedes ser miembro del gobierno si eres miembro de la asamblea; o que un dirigente del Partido o de organizaciones de masas no puede ser diputado o viceversa… En fin, nada impide poner esas reglas que introducirían otra revolución en el sistema político cubano sin cambiarlo. Además, haría efectivo el principio de la rendición de cuentas.

Al no haber reglas de incompatibilidad, el Partido asegura o quiere asegurar su línea en el Estado, poniendo sus dirigentes en direcciones estatales. Pero el papel del Partido es una dirección político-moral, utilizando el lenguaje gramsciano, sobre el Estado.

-El Partido no puede asumir entonces que es un suprafuncionario…

-Eso está en el terreno de la discusión. Habría que superar la etapa en que la Revolución convirtió a sus líderes en dirigentes de Estado.

 

—-

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

*