Cristian Cuevas: «tenemos que prepararnos para gobernar»

CÉSAR BAEZA HIDALGO | Cristián Eduardo Cuevas Zambrano es uno de los diez hijos de la familia formada por Eliodoro, minero del carbón, y Benicia. Nació en Coronel en 1969 y desde joven, como estudiante, fue dirigente por el Partido Socialista, para pasar al Partido Comunista en 1999. Fue presidente de la Confederación de trabajadores del cobre. Hoy ostenta una importante responsabilidad en la CUT, la central sindical chilena. 

César Baeza Hidalgo – El Ciudadano

Su carrera se consolidó como trabajador de empresas contratistas relacionadas con la extracción minera y llegó a ser el presidente de la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), desde donde ha logrado posicionarse como uno de los líderes sindicales con mayor influencia en el Chile reciente. Fue candidato a diputado en 2009, cuando logró más del 22% de los votos por Lota, pero no fue elegido.

Aquí habla de su posición frente a la nacionalización del cobre, sobre el rol que se requiere frente al descontento manifestado en las calles y fija postura en relación a los derechos de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgéneros (LGBT). Señala que su orientación sexual no es lo que lo determina, sino su lucha como líder sindical, que lo ha llevado a ser respetado y apreciado por sus compañeros y compañeras.

—¿Es posible pensar en la nacionalización del cobre en el Chile de hoy?

—Lo primero que hay que entender es que para la gente, el cobre sigue siendo nuestro. Y lo que hay que explicar es que lo que se ha vivido es un proceso de desnacionalización, con el decreto de concesiones plenas, con la profundización de ese proceso que sin duda impulsaron los gobiernos de la Concertación en alianza con la derecha.

—Plantea que el común de la gente no sabe que la mayoría del cobre está en manos de empresas extranjeras ¿Cómo lograr que el debate se aborde?

—Cuando tú le explicas al pueblo, con cuestiones muy cotidianas, que las transnacionales se llevan 34 mil millones de dólares, solamente lo que se proyecta para el año 2011, lo que significa el 79% del presupuesto de la nación, y lo relacionas con su vida cotidiana (salud, educación…), el ciudadano comprende la necesidad de que el cobre siga siendo nuestro.

«Ese es el esfuerzo que debemos hacer los dirigentes sindicales, los actores políticos, los movimientos sociales, para constituirnos en una mayoría que exija que se renacionalicen nuestras riquezas naturales. Cuando se nacionalizó el cobre en el año 71, con Salvador Allende, el Congreso pleno aprobó esto —la derecha, la izquierda, el centro— porque había un movimiento social que obligó a los actores políticos a incorporar la nacionalización dentro de sus campañas presidenciales».

—Pero ¿Es posible hoy? ¿Con una clase política para la que no es una prioridad?

—Esto es más bien un llamado patriótico. Que tiene que ver con las nuevas y futuras generaciones, y por lo tanto no es una tarea imposible, la cual debemos comenzar y en la que tenemos 21 años de retraso.

«Primero, debería cumplirse con la norma. Aquí se ha violentado la propia Constitución, cuando se dice que el cobre es nacional, es nuestro. Si se aplicara la Ley, por propio mérito del Ejecutivo, estaría resuelto, se aplicaría la renacionalización. Este bien ha sido enajenado —mediante un proceso ilegal—, con responsabilidad de la Concertación y de la derecha».

—Cuando se habla de empresa privada se piensa en calidad y las empresas públicas se asocian con burocracia y poca rentabilidad: ¿Qué responde?

—Sin duda tenemos que hacer que las empresas del Estado sean eficientes, rentables, que generen la mayor cantidad de resultados, para beneficio de millones, pero tiene que hacerse con base en una mirada social de país, que permita competir y generar bienestar social.
«Ellos no van a privatizar Codelco mediante una Ley, pero buscan hacerla ineficiente y sobre endeudarla para que no sea competitiva respecto de las transnacionales —para luego cerrarla—. Hay que proteger la principal empresa del Estado y avanzar en fundir y refinar nosotros mismos el cobre, que es lo más rentable.

El descontento

—¿Por qué la gente sale a las calles hoy en día? Grandes convocatorias, pero las convocatorias de los sindicatos no logran la misma masividad.

—La Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC) no tiene esa dificultad, porque está enraizada en las zonas mineras, y trabaja territorialmente y tiene un discurso que ha ido construyendo, más transversal y no de oportunismo. En relación a los temas de género, de discriminación, el tema de los pueblos originarios, del desarrollo sustentable de un país.

—¿Y cómo se logran esas articulaciones?

—Lo que se requiere hacer es ciertas rectificaciones, estar oportunamente donde están los conflictos. Lo que ha ocurrido hoy día, porque hay mayor movimiento social, mayor descontento, y este fenómeno social que no se veía desde hace 40 años —ni en dictadura lo vimos.

«Tiene que ver también con que la Concertación, durante 20 años, fue el dique de contención de la lucha social. El movimiento social estaba avanzando subterráneamente, articulando este descontento».

—¿Y frente a este gobierno?

—Desaparece la Concertación, aparece la derecha, y sin duda no hay articulación de oposición que pueda conducir esta demanda social. Por eso las expresiones de descontento son tan amplias: Por Hidroaysén, Punta de Choros, las termoeléctricas, por la nacionalización de las aguas, por los pueblos originarios.

—¿Y considera que las protestas son signos de posibles cambios respecto del modelo económico?

—Toda esta lucha social puede ser un episodio, si no hay un contenido político y un contenido orgánico y una alternativa que supere esto, porque puede volver al punto de origen, al neoliberalismo, porque ya lo hemos visto, como las expresiones en Grecia, en Portugal, en Francia, en España.

La dirección de la CUT

—¿Qué me dice de las críticas a las formas de conducción concretamente dentro de la CUT?

—Hay una forma de sindicalismo que debe ser desterrada, que se ha ido construyendo sin la participación ni la decisión del colectivo, con métodos que hoy día son cuestionados, con organizaciones sindicales que no tienen tropa, no tienen asociados.
Lo que está exigiendo el pueblo, y los trabajadores en particular, es transparentar, sincerar nuestra relación y nuestros vínculos, se cuestiona a los partidos políticos, la institucionalidad de las iglesias, también al movimiento sindical, y si no hace sus cambios, va a ser superado.

—¿Es un asunto que atañe al presidente de la CUT, a sus vínculos partidarios o a un sistema que no permite la participación?

—No tiene que ver solo con el presidente, sino con el equipo de conducción. Ahí hay actores que le han hecho daño al movimiento sindical. Uno se debe a los trabajadores y, principalmente, a lo que uno representa. Hay que fortalecer la CUT y hacer los cambios. No eludir los cambios en razón de que hay que batallar y generar movilización. Las dos cosas se pueden hacer al mismo tiempo.

«Sin los trabajadores y trabajadoras estos cambios no van a ser posibles, por tanto nos obliga a corregir nuestra propia institucionalidad interna. Rechazo la conducta matonesca en el movimiento sindical y con faltas a la ética al interior del movimiento sindical».

—¿Nombres?

—[Prefiere no darlos por ahora]

—¿Es mejor generar cambios al interior de la CUT o pasó el tiempo de la multisindical?

—Yo creo que la CUT es necesaria para Chile, como organización principal de los trabajadores, pero necesita ser reorientada. ¿Qué ocurre con las provinciales, empobrecidas, donde nuestros compañeros hacen grandes esfuerzos por estar en la lucha social? Ahí no hacemos ningún esfuerzo de fortalecimiento organizacional a nivel de la base. Apoyando, esa es la CUT que queremos.

«También necesitamos que mire y observe a los millones de trabajadores que están a honorarios, a contrata, part—time, que necesitamos organizar, pero para eso se requiere de dirigentes que tengan el claro convencimiento de que esa tarea es posible».

—¿Eso generaría más apoyo ciudadano?

—La idea principal nuestra es hacer esos cambios y avanzar hacia el paro nacional del 24 y 25 de agosto en el cual el llamado que, por lo menos nosotros estamos haciendo como CTC, es que el pueblo se exprese como requiera, como necesite, los pobladores sin casa, los afectados por el terremoto, los endeudados, los que viven en situación de precariedad social y económica, que se expresen, que se articulen, que todos se sientan convocados.

Prepararse para gobernar

—¿Los temas de las últimas protestas son síntomas de un solo problema o son luchas independientes?

—Aquí hay una profunda crisis del modelo económico neoliberal que generó la exclusión y la negación a la participación y a las decisiones democráticas. Yo creo que en nuestro país, y a nivel global también, está la crisis de representación. El pueblo exige mayor participación en la toma de decisiones para el país que queremos construir para este siglo XXI. Tenemos que superar esa vieja democracia —de estos 21 años— para construir lo nuevo, pero eso requiere de mucha generosidad y despersonalizar la lucha. Requiere de una alianza política, social, cultural, identitaria que dé el sustento para superar esto.

—¿Es posible reconciliarse con la Concertación? ¿No es oportunismo de su parte tratar de sumarse a canalizar el descontento?

—Siempre es posible. Entendiendo que ellos tienen que incorporar los temas nuestros a su debate, pero lo más importante es que no podemos delegar la representación nuestra en otros. Tú puedes hacer alianzas, yo soy militante de un partido político también —el Comunista— y hablo desde la experiencia de cómo nosotros también tenemos que influir en nuestros partidos. Esta cosa de ‘sin partido’ me parece que no es correcta porque en algún minuto tienes que tener propuesta.

«Si decimos —que se requiere— una nueva Constitución que emerja de una asamblea constituyente, pero ¿Si sale con orientación de derecha? Porque no está garantizado que vaya a representar las fuerzas populares. Debe ser resultado de un proceso de acumulación de fuerzas que requiere de alianzas.

«Hoy todos hacemos cuentas alegres porque Piñera está cerca del 30 por ciento en las encuestas: Decimos ¡Ahhh, bieeen! Yo digo. ¡Ya pues! ¿Cuál es la alternativa? Porque si no apuramos el tranco, la respuesta para el 2012 en las municipales, que están a un año, va a ser de derecha. Porque ante la falta de conducción, la derecha es reina».

—¿No es moralmente cuestionable buscar alianzas con la Concertación? Dado que generó expectativas que en 20 años no se cumplieron.

—La encuesta Cerc es muy clara y hace un balance negativo de la Concertación y de la derecha. Cuando hablo de nuevas fuerzas hablo de las fuerzas que estamos acá [se refiere a la izquierda y los no alineados en partidos]. Pero eso no significa que no podamos concordar en algunos aspectos. Lo principal es cómo construimos una fuerza alternativa que supere a la Concertación y a la Derecha. Yo apuesto a eso por lo menos.

—¿Se puede construir alternativa para ganar espacios de poder político?

—Muchos compañeros hacen grandes declaraciones y piensan que estamos ya en la zanja haciendo la revolución, pero en lo concreto ¿Cuánto estamos influyendo en la población real, en el cotidiano, en el obrero, en la asalariada, en el profesional, para que nuestro proyecto tenga sentido y que se sienta parte de esa construcción? Eso requiere de nuevos liderazgos, sin duda, de nuevos colectivos, de nuevos imaginarios que nos permitan no hacer la repetición de hechos que ya vivimos en una época pasada. Pensar en positivo, que se pueden hacer las transformaciones y también tenemos que prepararnos para gobernar.

—¿Se está preparando para gobernar?

—Los trabajadores, en la CTC por lo menos, eso es lo que le hemos dado como impronta, nos estamos preparando para gobernar. Para eso tenemos que hacer las cosas bien, y para hacerlo bien tenemos que efectivamente construir una propuesta que sea viable y, sobre todo, que el conjunto del pueblo se sienta interpretado.

—¿Y cuál es la propuesta? ¿Cuál es la alternativa de poder?

—Te diría que el propio movimiento ambientalista, los estudiantes, los trabajadores, han ido elaborando algunas tesis y algunas propuestas, y eso tenemos que combinarlo y darle viabilidad. Ya esta democracia no puede estar basada en las elites que están representadas en el parlamento que, salvo mínimas excepciones, están incluso vinculadas al negocio.

«Eso es un trabajo de todos los días. Yo no podría decir, porque sería una arrogancia: ¡Esta es la propuesta! Lo importante es cómo desterramos las desconfianzas que están instaladas también entre nosotros para construirla en conjunto».

—¿Es el momento para eso?

—Yo creo que es el momento. Porque si no capitalizamos este descontento social, estamos perdidos. Vamos a retrasar el proceso de cambios democráticos y de profundización de la democracia en Chile. Este es el minuto histórico que nos debe convocar a hacer el mayor esfuerzo para generar esas transformaciones y esos acuerdos, pero no para repetir la Concertación, sino para superar y para canalizar toda esta fuerza social que está hoy día en las calles.

—¿Ser un dirigente sindical y «gay» ha generado problemas entre sus compañeros?

—Primero, yo no soy un dirigente «gay», soy un dirigente sindical. Que tenga una orientación sexual que me diferencie de una mayoría, supuestamente heterosexual, no es el tema. Ahora, yo no he vivido la discriminación que han sufrido otras personas con esta orientación.

«Los derechos se van ganando a partir de tu comportamiento y tu conducta. Y por eso yo me siento muy orgulloso del paso que di hace un par de años [declarar su orientación sexual], sobre todo porque esto se ha vivido de manera tal que ha fortalecido nuestra legitimidad. Esa diferencia queda en un segundo plano, no importa. Yo me he sentido acompañado».

—¿Qué opinión tiene respecto del debate de las uniones civiles entre parejas del mismo sexo?

—Pienso que se pone el acento en el asunto de las uniones civiles y en lo que tenemos que poner énfasis es cómo avanzamos en Chile hacia una ley que efectivamente elimine cualquier tipo de discriminación: De orientación, de raza, de origen, y aún no hay esa ley, a pesar de que hace más de una década se discute en el parlamento. Y hoy día, con el gobierno de derecha, se cercena, despojándola de la categoría de género, es decir que volvemos 10 años en el debate, producto de la mirada fundamentalista y religiosa que tiene este gobierno, muchas veces prisionero de la derecha más extrema y religiosa, como es la UDI.

—¿Cuál es el camino que se debería seguir?

—Obligar a debatir, porque este problema de igualdad de derechos tiene que ver con la sociedad democrática que queremos construir. Es reconocer el derecho al afecto, el derecho a la igualdad, el derecho a tener nuestras propias familias, y eso yo creo que tiene que ver con lo esencial de un ser humano, no más. Con el derecho a la felicidad, al bienestar.

—¿Qué dice a quienes piensan que el Chile de hoy no está listo para avanzar en esos derechos?

—A mí ese tema de si Chile está o no maduro para avanzar en democracia, para avanzar en derechos, es un tema siempre de cercenar la democracia, de esconder todo, y no debatirlo porque tenemos que esperar 40 años más para ver el proceso de evolución de la sociedad humana. Uno tiene que atreverse a dar el debate y están las condiciones para generarlo.

Fuente: http://www.elciudadano.cl/2011/10/30/43363/cristian-cuevas-presidente-de-la-confederacion-de-trabajadores-del-cobre-“tenemos-que-prepararnos-para-gobernar”/

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1 Comentario

  1. Nacionalización real del cobre demandamos los ciudadanos.
    Esto sí es un fenómeno relevante, es que el rebaño ahora esta pensando, hacia donde nos llevan las élites del poder económico y político, al degolladero, entonces un momento, no queremos morir.
    Entonces salen con las célebres frases, sentémonos a conversar, cómo es posible tanto movimiento, destrozos , delincuencia, pero es que llevamos más de 20 años conversando y vamos de mal en peor, esto es insoportable.
    “Queremos nacionalización de los recursos naturales, recuperar las aguas, las sanitarias,la energía, educación pública, salud pública, previsión social pública. ”

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