El presidente estadounidense Donald Trump tiene al mundo en vilo. Su estilo de liderazgo imprevisible y sus tremebundas promesas de modificar abruptamente el balance de poder global sólo generan desconcierto y lecturas diferentes entre los especialistas. Iniciado el segundo semestre de la administración Trump, SES América Latina habló con Cecilia Nahón, ex embajadora argentina en ese país (2013-15), Profesora en la American University de Washington, y directora del programa “Modelo G20” en la misma unidad académica, para tratar de entender cuáles son los intereses económicos reales y las estrategias geopolíticos en marcha que alimentan la furia del hombre de jopo anaranjado.
 
-Hacia el interior del sistema político norteamericano, ¿Trump implica una ruptura o una continuidad?

-En principio, en los modos de gestión, lo que se percibe es una continuidad de los trucos, trampas y golpes de efecto exhibidos durante la campaña electoral. Y, por lo tanto, más que continuidad o ruptura, su presidencia tiene claros visos de estafa. En términos de representación está claro que Trump es un emergente más de la profunda polarización que transita el sistema político estadounidense. Por ejemplo, el ala derecha y silvestre del Partido Republicano, el Tea Party, hace años que viene creciendo en poder de lobby.Resultado de imagen para cecilia nahon

En la vereda de enfrente, el demócrata Bernie Sanders ha logrado constituirse como el político más popular de su país, según varias encuestas. En definitiva, él como varios colectivos civiles de base están alterando la zona de confort en la que se movía el Partido Demócrata. Recapitulando, tanto Trump como Sanders, y los movimientos sociales apartidarios que gravitan alrededor de ellos, son expresiones outsiders que descolocan al sistema bipartidista tradicional.
 
-¿La composición del círculo rojo, o de las élites, estadounidense se modificó con Trump?

-Observo cortocircuitos. Muchos Ceos renunciaron como asesores de la Casa Blanca después de que Trump apañara con su silencio la manifestación reciente que hicieron los grupos neonazis de supremacistas blancos. Entonces, por presión de sus clientes y accionistas, una porción de los líderes industriales más ricos, conocidos en la prensa como los Fortune 500, se vieron obligados a marcar distancia de Trump por sus dichos racistas y porque, centralmente, el presidente cruzó un límite que la sociedad norteamericana no está dispuesto a tolerar.Resultado de imagen para trump y goldman sachs

Sin embargo, el establishment sí acompaña a Trump. A pesar de sus diatribas contra la casta local, nunca un gobierno de EE.UU. contó con tantos cuadros de la firma Goldman Sachs entre sus filas. Una vez más, esos hechos marcan las contradicciones de un gobierno plagado de dobles discursos. Pero, como conclusión me gustaría remarcar que detrás de su retórica antisistémica lo que subyace es una agenda de poder sumamente regresiva. El común denominador de sus proyectos de ley genera, en definitiva, una pérdida de derechos sociales para la ciudadanía y un crecimiento de los negocios para las corporaciones. Eso se evidencia en el raid alcista que viene teniendo el índice Dow Jones. Wall Street, que no se confunde con la bruma de los discursos y sí observa cuestiones más concretas como la reforma impositiva en marcha, tiene mucho optimismo en Trump.

-¿La amenaza del impeachment contra Trump puede concretarse en el corto plazo?

-Me parece un proceso abierto, una cuestión en disputa. A pesar de las inconsistencias de Trump, no lo subestimo como líder político, va a dar mucha pelea antes de caer. Además, el presidente cuenta con el apoyo, por más que lo niega, de un pool mediático de la envergadura de la cadena Fox. Esa corporación lo sostiene, refuerza su voz y garantiza una llegada a gran escala diaria de la narrativa presidencial. Fox ve en Trump el líder recio y fuerte que garantiza una era revanchista contra los pasos dados por la Administración Obama.Resultado de imagen para newgate clocks - the billingsgate wall clock - large

Pero, no es sólo la famosa cadena de noticias, en paralelo la corporación militar industrial viene siendo beneficiada con un raid sostenido del presupuesto de defensa. Con Trump, la partida dirigida al aparato militar se incrementó en un diez por ciento. Y estamos hablando de un presupuesto bélico que, ya con Obama, sobrepasaba el caudal presupuestario unido de las ocho potencias que siguen a EE.UU. en el rubro.

Es, entonces, un gobierno muy militarista, que cuenta con tres generales a cargo de eslabones claves en el proceso de toma de decisiones en el ámbito de la defensa y seguridad. Sumemos que, bajo los siete meses del gobierno de Trump, Estados Unidos lanzó 20.650 bombas, un 37% más de bombardeos que durante el último año de Obama, que fue especialmente activo en Siria, Irak y Afganistán. Por eso, más que America First, yo vislumbro que con Trump se viene America Bombs.

-Vayamos a la agenda de política exterior, ¿Trump está empujando un diseño de expansión económica más fortalecido en el aislacionismo comercial?
 
-Hay un notorio endurecimiento de la política comercial estadounidense. Eso se observa en el reforzamiento de las medidas antidumping para alambrar sus intereses en los vínculos bilaterales o multilaterales. En ese punto, sin embargo, hay más una profundización que un giro brusco. Porque, en general, la economía estadounidense pregona el libre comercio pero, en los hechos, defiende con uñas y dientes en los organismos internacionales el “Made in America”, preferentemente en el sector agrícola, en el de pesca y en las compras públicas para el aparato de defensa.

En lo que respecta a la redefinición de los tratados multilaterales de libre comercio, a los que Trump prometió barrer, todavía no hay horizonte muy claro sobre lo que vaya a suceder. El presidente prometió proteger la economía nacional y a los trabajadores. Sin embargo, la AFL-CIO (principal central sindical) es muy crítica de Trump y califica a sus medidas laborales como un plan que apunta a la flexibilización.

-En su momento, George Bush tenía para América Latina el ALCA como gran proyecto para la región. ¿Cuál sería la agenda de Trump para el Cono Sur?
 
-En los últimos años, América Latina no ocupa un lugar destacado en la agenda de la Casa Blanca. No hay una política específica por parte de Washington hacia la región. Hasta el momento, Trump sólo ha mostrado los dientes en el sur para marcar posición hacia dos países, Cuba y Venezuela, que refuerzan un halo ideológico que parece venir de la Guerra Fría.Resultado de imagen para trump america latina

En líneas generales, entiendo que Trump buscará reducir la ascendente influencia y protagonismo de China a nivel interamericano. A su vez, percibo que Washington, además de buscar recuperar el terreno perdido con Beijing, intentará, por todos los medios, quebrar el proceso de convergencia regional que ganó grados de autonomía frente a EE.UU. en el inicio de nuestro siglo.

-Ante el declive comercial de Brasil y la endeblez de su gobierno, ¿Puede ser el gobierno de Mauricio Macri el nuevo país pivote de EE.UU. para irradiar su agenda en la región?

-En principio, creo que Macri está sobreactuando su alineamiento con los Estados Unidos. Tradicionalmente, con Trump, y antes también, la Casa Blanca busca más de un interlocutor en cada bloque regional. Por eso, Washington está intentando reencauzar la relación con México. Para EE.UU., Colombia sigue siendo un actor central en Sudamérica. En todo caso, el vínculo entre Trump y la región marca que, más que aislacionismo, con el nuevo presidente parece configurarse un renovado unilateralismo en la forma de encarar la relación con América Latina.

Pero lo más grave es que el gobierno de Macri no sólo no parece tener ningún problema con un vínculo en estos términos sino que, al contrario, se muestra ansioso por recibir una nueva cucarda de alumno ejemplar de la región. Y si bien ese tipo de alineamiento siempre es preocupante, lo es más aún con un presente de EE.UU. muy marcado por el intervencionismo militar y la entronización en el poder de valores racistas.

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