Luis Britto García|
La normativa para elección de candidatos a la Asamblea Nacional Constituyente exige como primer requisito: “Ser venezolano o venezolana por nacimiento, sin otra nacionalidad”. ¿Por qué? Dice el Evangelio que nadie puede servir a dos patronos. Establece nuestra ley que nadie puede estar casado con dos o más mujeres, la lógica que nadie puede participar en un match jugando a la vez por los dos equipos, y la ética que nadie debe estar inscrito al mismo tiempo en dos partidos antagónicos.

Sin embargo, en 1999 el constituyente Allan Randolph Brewer Carías logró incluir en la Constitución el artículo 34, según el cual “la nacionalidad venezolana no se pierde al optar o adquirir otra nacionalidad”. Por su iniciativa, los artículos del 34 al 36 de la Carta Magna permiten la doble nacionalidad y por lo tanto posibilitan que un ciudadano esté sometido al mismo tiempo a la lealtad a dos o más Estados, lo cual pudiera resultar contradictorio.Resultado de imagen para venezuela doble nacionalidad

No criticamos a quienes por cualquier razón se han acogido a este régimen. Los apegos culturales a los sitios de origen son legítimos. Pero una afinidad intelectual o sentimental no es un vínculo jurídico. Traten de alegarla para que les otorguen entrada, residencia y plenitud de derechos en cualquiera de los países hegemónicos.

Acogemos fraternalmente a quien se nos una, porque a veces el vínculo que se elige es más fuerte que aquel con el cual se nace. Pero por eso mismo, implica una elección. La nacionalidad es, en principio, una relación exclusiva y excluyente de un ciudadano con el cuerpo político al cual pertenece, e implica derechos y deberes especiales que no pueden ser compartidos.

Imaginemos que las dos patrias de un ciudadano que alegue “doble nacionalidad” entran en conflicto. En caso de contravención a las leyes, ¿cuál ordenamiento jurídico debe serle aplicado? ¿Podrá ser extraditado de una de sus patrias cuando la otra lo exija? ¿Con cuál debe prestar servicio militar? ¿Incurre en traición a una de sus patrias al serle fiel a otra? Según la Constitución de la hermana República, el colombiano que en caso de conflicto actúe contra los intereses de ella será juzgado como traidor a la patria, aunque hubiera adquirido otra nacionalidad. No tenemos una norma equivalente.

Para justificar este insólito régimen, la exposición de motivos indica: “…siguiendo las orientaciones de los ordenamientos constitucionales contemporáneos, se admite la doble nacionalidad y el carácter renunciable de la nacionalidad venezolana, todo ello con el objeto de facilitar a la República la suscripción de tratados internacionales”. Argumentos falaces. No se puede subordinar la soberana norma a “las orientaciones de los ordenamientos constitucionales contemporáneos” de otros países, de los cuales no se menciona. Los constituyentes, cuya lealtad exclusiva es el país, deberían sancionar normas que resolvieran tales disyuntivas.

Detrás del 16

Beltrán Haddad|Entre plantones y mentiras engañosas como en el fraude, la dirección opositora se agota con sus propuestas y se ve disminuida en su credibilidad.

¿Cómo se le ocurre a la MUD llamar a un plebiscito el 16 de julio para consultar si desean que continúe Maduro, si antes prometió sacarlo en seis meses, exigió su renuncia, no fue tempestiva en solicitar revocatorio y luego lo declara en abandono del cargo? Aparte de las perplejidades en el mundo de la MUD, lo que se esconde detrás es otra cosa. Por eso hablan de una “hora cero”.

Ellos saben que la supuesta consulta no es constitucional ni legal, mucho menos tienen razones morales y éticas para convocarla. Ellos conocen que un referendo consultivo procede de acuerdo con los artículos 71 y 293, numeral 5, de la Constitución, porque no es a la MUD ni a ningún partido a quien compete la organización, administración, dirección y vigilancia de un referendo, sino al Poder Electoral representado en el CNE. Se ve la claridad de una larga conspiración y entre plantones y mentiras hay sectores que andan en la espera de algo.

Ese “algo” se percibe de un estado de ánimo, como la desesperación de no poder derrocar el gobierno de Maduro, igual como sucedió cuando se le hizo difícil salir de Chávez por la vía electoral o mediante aquel golpe. Pero todos los síntomas dan la impresión de que este “algo” perturba la continuidad de la personalidad de este tipo de opositor y habría que buscar la explicación del fenómeno en lo cercano o lo más parecido a la teoría psicoanalítica de las neurosis, porque ese ánimo está fuera de la voluntad consciente y no puede controlar las llamadas “fuerzas instintivas, más arcaicas y más profundas”.

Observen esas reacciones irracionales en los plantones y protestas callejeras. Todo descansa sobre mentira tras mentira, cada una de ellas proveída de un argumento con apariencia de verdad. Ha sido una historia opositora de 18 años de violencia y hoy más peligrosa que nunca por su manipulación que nos presenta como un país de pánico, mientras los grandes dueños de la información, internos y externos, omiten la realidad de los actos terroristas, las muertes que ellos causan, la expresión de barbarie en la quema de un ser humano y la devastación.

Es el silencio mediático para que se produzca un resultado como la mejor arma para una intervención. Ahí está, detrás del 16.

 

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