Britto García: Aquarela do Brasil/ Stelling: Exorcismo político /Puchi: La mano detrás de Jair Bolsonaro

Aquarela do Brasil

Luis Britto García|
Vota Brasil por un enano que se llama a sí mismo “Mesías”, y a quien apoda “gigante” el asesor estadounidense Steve Bannon. Durante más de un siglo las consignas megalomaníacas han sido el único consuelo que ofrecen las clases dominantes a los quebrantados brasileños: Brasil o Melhor do Mundo, Brasil o mais Grande do mundo, Brasil o Gigante do Sul, Bolsonaro o Gigante.

Sufraga 55% de los votantes brasileños por un candidato sin trayectoria, obra ni programa, cabecilla del insignificante Partido Social Liberal, quien por estar herido por un agresor no convocó marchas ni actos masivos ni debatió con sus contendores pero domina a un electorado con 120 millones de suscriptores en WhatsApp y 125 millones en Facebook, clasificado por Big Data y neuromarketing, engañado con fake news y promesResultado de imagen para bolsonaro y militaresas personalizadas y contradictorias, que ya no decide controversias políticas en la calle sino en las plataformas 2.0.

El brasileño, protagonista católico de la cultura de la tolerancia y de la transacción que predican telenovelas como Cambalache y Roque Santeiro, vota por un fanático evangélico intolerante contra morenos, pobres, mujeres y progresistas, que son mayorías en Brasil.

Brasil vota contra la corrupción y por los ricos, sin tener en cuenta que según Honorato de Balzac en el origen de toda fortuna hay un crimen. Con la posible colaboración de agencias de seguridad de Estados Unidos que buscan atraer los capitales fugitivos hacia los paraísos fiscales yankis, se divulgan los Panama Papers, que revelan vínculos entre trasnacionales y políticos latinoamericanos. La única prueba que se alega contra Lula es la sospechosa confesión de un delincuente que la cambia por rebaja de pena, y Dilma es depuesta por malversación de fondos, vale decir, por destinar fondos de una partida presupuestaria a otra, sin guardarse un centavo.

No creemos en tales acusaciones, pero 55% de quienes votaron creyeron en ellas. Las izquierdas, como la mujer del César, no sólo deben ser honestas, sino también parecerlo. Campaña de calumnias no desmentida por la transparencia y el estilo de vida de los acusados hace más daño que bombardeo humanitario. No sólo a las izquierdas, que pierden el gobierno, sino al pueblo, que soportará el de las derechas.

Exorcismo político

Maryclen Stelling|
Aun cuando el triunfo de Bolsonaro en las recientes elecciones brasileras era la crónica de un triunfo anunciado, expertos y analistas nadan en las aguas turbulentas del “por qué”, lanzando las más diversas hipótesis y alertas sobre apocalípticas consecuencias para Brasil y la región.

Desde la primera vuelta se inicia un proceso crítico-analítico, con fines sanadores y preventivos, que lidia con la impredictibilidad y afronta el reto de armar el rompecabezas Brasil-Bolsonaro. En ese orden de ideas, se señalan diversos factores causales mundiales, regionales o inherentes a la realidad brasilera.

Sin pretender un levantamiento exhaustivo, destacan la crisis de la democracia y de representatividad, un patrón electoral volátil y personalismo político; además de la realidad brasilera donde destacan la corrupción y la violencia, más el papel de las redes sociales y medios organizados de derecha.

Coinciden en señalar la influencia de las iglesias evangélicas pentecostales; a lo que se añade la preponderante incidencia de factores subjetivos tales como desencanto, incredulidad, desesperanza y desengaño; más la conciencia del fracaso de un proyecto y la ausencia de un anhelo utópico. Tal cuadro subjetal conduce a un escepticismo desmovilizador, que encuentra energía y motivación en la propuesta de un “superhéroe”, Jair Messias Bolsonaro, quien, provisto de un discurso directo y confrontador, funge de vengador y restaurador del orden perdido.

Emerge a nivel regional un discurso político de carácter preventivo, en tanto anticipación a posibles comportamientos político-electorales “indeseables”. Suerte de prevención de una posible epidemia “mesiánica” y nuevas rutas políticas.

A pesar de la pretendida racionalidad político-analítica, el reto parece ser el exorcismo del “bolsonarismo. Un “conjuro contra un espíritu maligno, con miras a impedir, evitar, alejar un daño o peligro”, encarnado en Bolsonaro, “el elegido”. Y, en tanto desafío, ahuyentar o expulsar los peligros y desviaciones de un amplio proyecto político, inicialmente liberador, emancipador.

¿Fin de la utopía progresista? ¿Inicio de una antiutopía política votada por 57 millones de personas? Asistimos a un peligroso enfrentamiento, de la mano de un nuevo mesianismo que promete rescatar el “Orden y Progreso”.

La mano detrás de Jair Bolsonaro

Leopoldo Puchi|

Resultado de imagen para bolsonaro y militaresDe los resultados de las elecciones brasileñas no se pueden sacar conclusiones que reduzcan los hechos a una visión de ciclos en los que fuerzas de derecha y de izquierda sufren avances y retrocesos definitivos. En realidad, la disposición de fuerzas en el tablero es mucho mas variada y los avances y retrocesos no se dan de forma lineal.

Son numerosos los países del continente donde no existen consensos hegemónicos claros ni sociales ni políticos y en consecuencia las pugnas y rivalidades son intensas y buscan expresarse por medio de diversos liderazgos y partidos que irrumpen como novedades.

Lo fue Alberto Fujimori en Perú y Vicente Fox en México hace algún tiempo. Un mundo en movimiento frente al cual no hay que sorprenderse, ya que no ha llegado el fin de la historia ni han desaparecido los intereses y las visiones contrapuestas en la sociedad.

El fin de la guerra fría dio paso a una distensión que creó las condiciones para que algunas de esas expresiones novedosas provenientes del campo denominado progresista se les permitiera acceder al poder por medio del voto sin la acostumbrada contención automática de parte de los factores de poder, los cuales incluso en ocasiones apostaron de alguna manera a su emergencia electoral. En el caso brasileño, Lula ha representado una centroizquierda moderada, con ideas muy cercanas a la socialdemocracia europea, consustanciada con la democracia representativa y la distribución social de la riqueza.

El Partido de los Trabajadores reunió juventudes y logró con el carisma de Lula darle una base popular a esos ideales, que hasta entonces circulaban con fuerza solo en núcleos universitarios. Todavía hoy, en medio del revés electoral, es una gran fuerza popular.

Que el PT haya perdido las elecciones puede considerarse como parte de la dinámica de la democracia representativa. Por lo general, un descenso en número de votos se corresponde con gestiones ineficientes, que no han llenado las expectativas o se han visto involucradas en hechos de corrupción que las descalifican temporalmente.

En el caso del PT pudieran también tomarse en consideración las mutaciones de la sociedad brasileña y la fuerte penetración evangélica en las favelas, así como adicionalmente podría añadirse el distanciamiento del PT de sus bases sociales y el aire tecnocrático que asumió el gobierno de Dilma Rousseff.

Sin embargo, estas explicaciones resultan insuficientes. En verdad, lo que llama la atención en lo ocurrido no es la disminución de votantes del PT, que por lo demás no es dramática, sino la forma en que los hechos ocurrieron: el PT fue eyectado del sistema, y no solo de la presidencia, mucho antes de las elecciones.

Importantes factores de poder, de Brasil e internacionales, sintieron que podían perder el control del Estado y prefirieron “cortar por lo sano.” Se adoptó la estrategia de la demolición y se encarceló a Lula. Y ahora el centinela que llegó al poder intentará poner fin a los avances sociales e imponer intolerancia y rigidez.

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