Brasil: Beba alcohol, mate y quede libre.

FREI BETTO| En las últimas semanas los medios registraron innumerables casos de accidentes de tráfico con muerte, provocados por conductores embriagados. Se les metió presos pero, debido a la fianza, fueron liberados enseguida. Fíjense en un detalle: no se les retiró su carnet de conductores. Es más: algunos ni poseían un documento para manejar.
El Brasil es el país de la impunidad. Las leyes se hicieron sólo para los pobres –que no tienen dinero para pagar abogados ni fianzas. De la clase media para arriba, ningún asesino del volante se encuentra preso. Ni ha sido condenado en última instancia. En el Brasil se dan 57 muertes por día relacionadas con el alcoholismo. Por eso es pertinente la pregunta: ¿quién será la próxima víctima?

El Brasil es también el país de las paradojas. Ahora hay una intensa campaña contra el tabaquismo. Y quizás dentro de poco se prohibirá, como en los Estados Unidos, hasta fumar en locales públicos. Y, muy pronto, dentro de la casa, con el pretexto de que molesta a los vecinos…

Desapareció de los medios la publicidad de los cigarros. Y las cajetillas traen fotos horribles de los efectos mortales del producto. Ahora bien, el alcoholismo mata más que el tabaquismo. Es el tercer factor de muerte en el mundo, precedido por el cáncer y las dolencias cardíacas. Entonces, ¿por qué no se prohíbe también la publicidad de las bebidas?

Solamente en la ciudad de São Paulo, en el año 2010, se dieron 1.357 muertes de tráfico y 7.007 atropellos. El número de conductores embriagados, detenidos por la PM en sus retenes, subió al 38% desde enero a setiembre de este año, o sea algo semejante a todos los casos del 2010. Y entre los jóvenes de 13 a 19 años envueltos en accidentes de tráfico, el 45% habían ingerido bebidas alcohólicas.

Los datos son alarmantes: el 68.7% de los brasileños toman alcohol. En los hospitales siquiátricos el 90% de los internados es de adictos al alcohol. Los conductores borrachos son responsables del 65% de los accidentes de tráfico. Y el Ministerio de Salud gasta cada año, vía SUS, más de US$ 40 mil millones en tratamientos causados por el alcohol.

Según el Centro Brasileño de Información sobre Drogas y Psicotrópicos, vinculado a la Facultad Paulista de Medicina, entre los estudiantes de primero y segundo grado de la red estadual de São Paulo, el 70.4% se inician en la bebida entre los 10-12 años. En los EE.UU. el índice, en el mismo nicho etario, es del 50.2%.

Planteo de nuevo la pregunta de la que nadie quiere darse por enterado, y ni el gobierno ni el Conar ni las agencias de publicidad quieren responder: ¿por qué no se aplican las leyes de prohibición del tabaquismo al alcohol?

La respuesta existe, lo que no existe es el valor para cerrar el grifo del cuantioso dinero que las empresas de bebidas alcohólicas invierten en publicidad. Y lo más grave: se asocia el alcohol con celebridades, como jugadores de fútbol y cantantes, que encandilan a los más jóvenes y atraen una legión de fanáticos.

Una gran emisora de TV anuncia una serie de programas antitabaquistas. ¿Cuándo veremos algo semejante en relación al consumo de alcohol?

No he tenido conocimiento de accidentes de tráfico causados por el vicio de fumar, o agresiones domésticas debidas a la aspiración del humo del tabaco, o internado siquiátrico por la dependencia del tabaco. Pero todos conocemos casos relacionados con el alcoholismo. ¡Y hasta hay publicidad de cerveza en los horarios punta! Para los jóvenes la cerveza es la puerta de entrada al consumo de bebidas etílicas.

El cigarro perjudica a quien lo fuma y a los que están cerca del fumador. El alcohol, mezclado con un volante, causa accidentes que perjudican a los pasajeros del vehículo causante del accidente, a los pasajeros de los vehículos afectados por él y a posibles peatones, además de daños en la vía pública.

El alcohol en exceso trastorna los reflejos. Asociado al volante es peligro inminente. Pero no se preocupe. Usted está en el Brasil. Confíe en que nunca va a ser parado por una cuestión como la ley seca. Si acaso sucediera, ofrezca una propina a los agentes, con la esperanza de que sean corruptos. Y si no lo son, niéguese a poner la boca en el alcoholímetro. Si le detuvieran, llame a su familia y a un abogado, pague la fianza y pronto estará en la calle. Con el carnet de conducir en el bolsillo. Presto a ponerse de nuevo al volante y a repetir la hazaña.

¡Viva el Brasil y la impunidad! ¡Y lástima por las víctimas por vivir en un país como el nuestro!

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