Juan Guahán- Question Latinoamérica

La central sindical CGT volvió a marchar a la Plaza de Mayo revalidando su capacidad de movilización, ahora junto a las organizaciones sociales. La respuesta del gobierno no tardó. Es que las elecciones parlamentarias están próximas. Mientras, la importación de carne de cerdo desde EEUU y las trrabas a la exportación de biodiesel a ese país fueron dos muy malas señales para Argentina.

 Ya se ha puesto en evidencia en otras oportunidades que, en la Argentina, las grandes movilizaciones de masas responden –en estos tiempos- a lógicas bastante definidas: Cuestiones vinculadas a los derechos humanos (recordaciones del golpe cívico-militar de 1976, graves violaciones actuales como la desaparición del mapuche Santiago Maldonado); a temas de género (bajo la consigna “ni una menos”) o movilizaciones por reivindicaciones económico-sociales (convocadas por la Confederación General del Trabajo (CGT), las CTA u organizaciones sociales).

La última semana, la CGT volvió a demostrar que sus convocatorias, en este caso acompañadas por organizaciones sociales, pueden amalgamar reivindicaciones   de diferente naturaleza (trabajadores ocupados y desocupados) y distinta orientación política (peronistas, trotskistas, socialistas, cristianos, radicales). Con la convocatoria del martes pasado la CGT concretó tres actos masivos (abril del año pasado, marzo y agosto de éste) más la huelga general de abril. El acto fue numéricamente contundente, en buena parte merced al aporte multitudinario de las organizaciones sociales, pero puso en evidencia las dificultades que tiene la CGT para mantener su unidad y poder mostrarla ante la sociedad.

Es aquí donde se notan las debilidades cegetistas y la intervención del gobierno. Mientras se estaba concentrando la multitud para el acto, a pocas cuadras, el Ministro de Trabajo almorzaba con Ramón Ayala, al frente de las muy alicaídas “62 Organizaciones peronistas”. Éste no tuvo reparos en señalar que siguen “acompañando al gobierno” y que el triunvirato, que dirige la CGT, ha fracasado.

Una muestra, aún más dura, de las dificultades existentes lo da el hecho que Héctor Daer, miembro del triunvirato, prefirió marchar con su gremio y no subirse al palco. En el palco tampoco estaban José Luis Lingieri (Obras Sanitarias), Gerardo Martínez (Construcción) y tampoco Omar Maturano y Roberto Fernández, de los ferroviarios (maquinistas) y transporte terrestre, sectores claves para asegurar la masividad de un paro nacional.

Pero allí no termina la cosa. Como una contracara al combativo discurso del único orador, Juan Carlos Schmid,  sobrevolaba en el ambiente el asado compartido – una semana atrás- con algunos ministros macristas, por varios sindicalistas, Hugo Moyano, entre ellos. Allí estuvieron presentes los gremialistas de la Confederación de Gremios de Hidrocarburos, Energía, Combustibles y Agua. En esa reunión se debatió sobre la actualidad y el futuro. Además se les comunicó la apertura de una mesa sectorial para los gremios del sector energético.

Lo que está en debate son nuevas regulaciones del régimen laboral y todas las miradas apuntan hacia lo que se está aprobando en Brasil. El gobierno opta por el camino de negociaciones sectoriales por fuera de la CGT y la unidad de esta entidad tambalea ante esa estrategia gubernamental. Un tiempo límite para definir rumbos puede ser la Convocatoria al Comité Central Confederal (CCC) que se reunirá el 25 de setiembre y que debería discutir un nuevo paro general.

El moyanismo viene actuando en dos frentes. Con Hugo (el padre) avalando estos nuevos debates y con Pablo (el hijo) junto a los sectores combativos y aspirando a conducir la CGT. Este último recibió -en las preliminares del acto- un “sopapo” de sus dirigidos: escaramuzas entre su propia tropa, por rencillas menores que le restan autoridad y poder.

Mientras tanto el gobierno no se limitó a cuestionar y desacreditar la marcha y el eventual paro. Tomó al toro por las astas, buscando réditos políticos y la división de la central sindical, insinúa colocar a la CGT como su contrincante, con vistas al futuro, incluidas las elecciones de octubre. La misma noche del acto dio de baja a dos miembros de su gobierno que tenían fuertes vínculos con el sindicalismo tradicional. Se trata de Luis Scervino de la Superintendencia de Salud, desde donde se atiende el tema de las obras sociales. La misma suerte corrió Ezequiel Sabor, viceministro de Trabajo, de antiguas relaciones con Hugo Moyano. El más golpeado por estas maniobras gubernamentales es el moyanismo, porque su doble juego se va hacer muy difícil.

Carne de cerdo y biodiesel: dos  muy malas señales

En reiteradas oportunidades nos referimos a la contradicción que debe enfrentar el gobierno. Por su pensamiento ideológico se pone en línea y subordina a la política exterior estadounidense y sirve a  sus intereses en todo lo que al Norte le interesa. En cambio, desde el punto económico necesita inversiones y mercados, y en ese aspecto el mayor aliado es China.

Resultado de imagen para carne de cerdo y biodieselMacri navega en medio de esa contradicción. Pero a veces las presiones políticas desbalancean la situación y termina cometiendo o permitiendo situaciones que afectan gravemente a la economía y al interés nacional. Eso es lo que está ocurriendo respecto a las importaciones de carne de cerdo y los límites impuestos a las exportaciones de biodiesel. En ambos casos, además de afectar el interés nacional (que por ahí poco le importa) también debilita su propia base social. Dicho mal y pronto “se está pegando un tiro en… los pies”.

Dados los altos precios de la carne vacuna, se viene incrementando el consumo del cerdo. En ese sentido los productores han respondido incrementando la producción. El gobierno desmoraliza al sector permitiendo la importación de carnes de Estados Unidos. Según el oligopólico diario Clarín, en ese país hay una enfermedad porcina que no existe en el nuestro, con los riesgos que eso implica. Entre las múltiples respuestas negativas de los productores porcinos se destaca la de la Federación Agraria que sostiene: “En este camino, en lugar de ser supermercados pasaremos a ser depósito donde este país (por Estados Unidos)  meta las cosas que no puede ubicar en otro lugar”. Según los mismos denunciantes, esta medida solo  favorece a “3 o 4 importadores y a 4 o 5 grandes supermercados”.Resultado de imagen para carne de cerdo y biodiesel

Pero aquí no termina esta historia de nuestras relaciones económicas con Estados Unidos. Argentina es el cuarto productor mundial de biodiesel y el primer exportador. El 90% de sus exportaciones tienen como destino el mercado estadounidense. Por ese concepto ingresaron al país, durante el año pasado, 1.240 millones de dólares. Ahora la Secretaría de Comercio de EEUU ha dispuesto un arancel del 57% a las importaciones de biodiesel argentino.

Esa medida, que deja a la Argentina fuera de carrera, aunque es provisoria, parece difícil de revertir. La resolución definitiva se dará el 7 de noviembre. El argumento utilizado es que el biodiesel recibe subsidios. Lo fundamentan así porque la exportación de soja tiene una retención del 27% y la del biodiesel es del 0%. Eso prueba que la denuncia estadounidense es falaz, mentirosa.

Mientras tanto, el gobierno de Mauricio Macri propagandiza la apertura del mercado norteamericano para los limones argentinos cuya exportación alcanzaría los 50 millones de dólares anuales. Vale la pena comparar las cifras de estas novedades de las relaciones comerciales: ahí vemos cómo nos tratan nuestros “amigos” del Norte.

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