Juan Guahán-Question Latinoamérica|

Durante los últimos días la política pareció desplazarse de las oficinas, despachos y reuniones varias a la movilización callejera y la huelga general. Vale destacar como un hecho significativo la presencia, en calles y plazas de diversos puntos del país, de simpatizantes con el gobierno que dejaron oír –por primera vez de ese modo- su apoyo al mismo.

Pocos días después, una importante huelga general –la primera de este tipo al actual gobierno- mostraba la otra cara de la moneda. Gobierno y oposición promovieron y se apropiaron de estos hechos, pero también importa saber cómo lo vivieron sus protagonistas, particularmente como lo sintió y lo siente el pueblo llano.

 El gobierno festejó el nacimiento del macrismoResultado de imagen para macrismo 1 de abril

Aunque divulgó que no tenía nada que ver, lo cierto es que el gobierno promovió la movilización realizada en todo el país el pasado 1° de abril. Pero… ¿quiénes eran los movilizados?

No eran exactamente ¡el subsuelo de la patria sublevada!, como calificara Raúl Scalabrini Ortiz a los cabecitas negras que protagonizaron el 17 de octubre de 1945. No. Éstos eran, más bien, ¡el estómago de la patria satisfecha! Allá iban satisfechos de cumplir con el deber de estar, sin el choripan (que tanto les gusta a los jóvenes y… a los más viejos también) y sin necesidad del colectivo que los pase a buscar (para qué lo querrían si ellos no vienen del barro profundo de la capital del lujo, ellos son de ahí nomás, donde el poder no hace falta demostrarlo porque está, siempre está donde cada uno de ellos esté).

Por ello no hace falta que se amalgamen en un todo único expresivo de su fuerza. Ellos no son, ni les importa ser ese colectivo que –a lo largo de la historia- fue reconocido bajo el nombre de pueblo. Se sienten más a gusto en el conglomerado que los medios de prensa y académicos han resumido en la idea de “gente”.

Se deben sentir cómodos si decimos que ese día “en el imaginario de la gente, nació el macrismo”. Ahora se sabe el macrismo existe. Los principales canales de televisión le están dando, a ese conglomerado, una identidad que su raíz individualista les impide concretar. De ese modo se ha encontrado una síntesis entre la atomización de ese sector social y la posibilidad de una comunicación colectiva. Ésta queda a cargo de los grandes medios de prensa. Es por eso que ellos agrandaron el hecho.

La ausencia de un lugar (palco, trípode, escenario, balcón o lo que sea) que condensara las reacciones colectivas fue ocupado por las cámaras y pantallas televisivas. Se está trasladando a la política lo que es una de las claves del actual sistema comunicacional: El diálogo es imposible. Los que recibimos el mensaje televisivo no tenemos más alternativa que cambiar de canal. Se pretende poner fin a la creación compartida que surge de una asamblea o debate público. El llamado “timbreo” es la expresión más rotunda de esta nueva modalidad. Los dirigentes van a casas previamente elegidas y sostienen un “diálogo” según el libreto pautado y listo para ser utilizado por el sistema de propaganda oficial.

Resultado de imagen para macrismo 1 de abrilEse día hubo una caminata por Plaza de Mayo relativamente poblada, que fue acompañada por otras, demasiado estrechas, en los centros del suburbano bonaerense y algunas ciudades del interior. Pero estar, estuvieron, para qué negar su presencia. Ese hecho no deja de ser significativo en el sentido que algo nuevo está emergiendo. Solo el futuro podrá desentrañar si es solo un cruce circunstancial en medio de calles y avenidas en una tarde otoñal o si prefigura el nacimiento de un nuevo movimiento político.

El gobierno lo festejó e hizo bien en hacerlo. Con todas las limitaciones señaladas, es una de las pocas novedades que consiguió acercar a la vida política de estos tiempos.

La huelga canalizó parte de la bronca

 

 

 

El conjunto de la oposición, fundamentalmente todo el peronismo, también festejó la contundencia del Paro Nacional del 6 de abril. Éste se  hizo sentir con fuerza en el sector industrial, los empleados estatales, los docentes y los gremios vinculados a las diversas modalidades del transporte.

El gobierno, conocedor de las críticas existentes hacia gran parte de la dirigencia sindical, procuró deslegitimar el movimiento de fuerza atacando justamente a esa dirigencia.

Lo que el gobierno parece que no registró es que ese paro no hizo más que canalizar la bronca de una parte importante de nuestra sociedad. Si bien es cierto que la CGT es la única entidad que puede convocar un paro con la masividad que se verificó el pasado jueves. También es cierto que sin esa conducción cegetista, bastante negociadora por cierto, los dolores de la sociedad serían –para el gobierno- mucho más difíciles de absorber.

 

 

 

 

 

La bronca acumulada que recogió la CGT tiene que ver con variadas e incumplidas promesas del gobierno. Entre ellas caben destacar: La inflación que dijeron que bajaría y que terminó superando todos los pronósticos; el acuerdo anti-despidos y el bono de fin de año incumplidos; la falta de respuestas a los pedidos por Los sectores vinculados a la industria, afectada por la apertura de importaciones.

Esas promesas no satisfechas se seguirán manifestando, mal que le pese al gobierno y a las negociaciones de ciertos sectores de la oposición que hoy aplauden el paro. Esas son algunas de las demandas del pueblo que tiene poco para festejar.

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