Pedro Brieger-Director de nodal.am|

El 3 de diciembre de 1998 llegué por primera vez a Caracas para presenciar el triunfo electoral de un casi desconocido Hugo Chávez que apareció como un huracán que se llevaba puesto una agonizante Cuarta República construida por los dos partidos políticos más importantes que les permitía el reparto del poder. Los socialdemócratas de Acción Democrática (los llamados “adecos”) y los social cristianos de COPEI (los copeyanos) no sólo se repartieron el poder político, sino también las gigantescas ganancias que dejaba el petróleo y que no derramaban hacia los sectores populares. Revisando los papeles de aquella época encuentro que un porcentaje muy alto de la población vivía en la pobreza.

En ese entonces muy pocos periodistas habían llegado a Caracas para cubrir las elecciones porque Venezuela no “figuraba” en el escenario internacional, salvo por el petróleo y la revuelta popular de 1989 conocida como “caracazo” que había dejado más de 3 mil muertos por la represión dirigida por el presidente “adeco” Carlos Andrés Pérez.

Casi veinte años después Venezuela ocupa espacios rutilantes en muchos de los periódicos más importantes del planeta; Estados Unidos sanciona a su presidente y a varios ministros, y varios gobiernos de América emiten comunicados con regularidad para referirse a la situación interna del país, como sucedió el pasado 31 de julio con la elección a una Asamblea Nacional Constituyente.

Las profundas transformaciones sociales impulsadas por el “Huracán Chávez” -y su rechazo- han colocado a Venezuela en el centro de la política internacional, hasta tal punto, que pareciera que todo el mundo estuviera obligado a opinar sobre lo que hacen o dejan de hacer los venezolanos. Es así que la “legalidad” de esta elección fue tema de debate en más de una tertulia televisiva, incluso por gente que ni siquiera se enteró del comunicado del Consejo de Expertos Electorales de América Latina que elogió el proceso electoral. (http://www.nodal.am/2017/08/venezuela-expertos-electorales-aseguran-transparencia-las-elecciones-la-asamblea-nacional-constituyente/#Documento_del_Consejo_de_Expertos_Electorales_en_Latinoamerica)

La situación política cambiante día a día está atravesada por dos aspectos que se complementan. Por un lado, existe una puja de poderes a nivel institucional entre el Poder Ejecutivo (en un país con fuerte tradición presidencialista) y el Poder Legislativo, en manos de la oposición desde diciembre 2015. Este hecho de por sí no es novedoso ya que existe en numerosos países, incluido los Estados Unidos. Lo diferente en este caso es que la oposición, desde el momento en que obtuvo la mayoría parlamentaria, manifestó su intención de destituir al presidente Nicolás Maduro, electo en abril de 2013. En su discurso de asunción como presidente de la Asamblea Nacional el “adeco” Henry Ramos Allup dijo que en seis meses terminarían con el gobierno de Maduro.

Para lograr dicho objetivo no sólo intentaron utilizar los mecanismos institucionales -que fueron resistidos por el Poder Ejecutivo- sino que apelaron a movilizaciones callejeras para acelerar la caída del presidente, convencidos de que la derrota del chavismo en las elecciones de 2015 implicaba que había entrado en su fase terminal. Por esta razón en varias oportunidades durante 2016 convocaron literalmente a la “toma de Caracas”, la “toma de Venezuela” y la “toma de Miraflores”, el palacio de gobierno.

Sin embargo, el Poder Ejecutivo respondió desde lo institucional desautorizando a la Asamblea Nacional, quitándole todos los atributos legislativos apelando a mecanismos legales, vaciándola de contenido. Por otra parte, resistió la ofensiva destituyente en las calles con gigantescas movilizaciones propias, fruto de un verdadero apoyo popular de aquellos marginados durante la Cuarta República y principales beneficiados de la inclusión social, bandera fundamental del chavismo.

La ciudad de Caracas se extiende a lo largo entre diferentes cerros y la división geográfica Este-Oeste se convirtió también en esta coyuntura política en una división político-territorial. En el Oeste, donde se encuentra el centro histórico, los principales edificios públicos y los ministerios -además de la sede del gobierno, el Palacio Miraflores- se convirtió en un bastión del chavismo al que las fuerzas públicas nunca dejaron que se acercaran las movilizaciones opositoras para evitar un enfrentamiento a gran escala.

El Este y sus zonas de clase media y alta es el corazón político-social de la oposición, donde concentran su poder, aunque esto no excluye que sectores populares apoyen también a la oposición. En el Este se hacen fuertes, cortan las autopistas, levantas barricadas y ocurren los principales enfrentamientos con la policía en los últimos cuatro meses. Este control territorial les permitió impedir que se abrieran numerosos centros de votación el 31 de julio en el Este de la ciudad.

Sólo en este contexto se puede entender que coexistan “dos mundos” paralelos en una misma ciudad. Las imágenes incendiarias que provienen del Este remiten a un escenario de guerra civil con heridos y muertos. Por el contrario, si uno recorre el Oeste encuentra las calles abarrotadas de gente, restaurantes repletos y bullicio como en cualquier otra capital latinoamericana. En este escenario surrealista -que existe en otras ciudades del país- se realizaron los comicios a la Asamblea Constituyente el domingo 31 de julio que la oposición llamó a sabotear.

No es el primer caso de partidos políticos que, por diversos motivos llaman a votar en blanco, nulo o incluso a abstenerse; pero es muy poco común que partidos políticos legales convoquen a sabotear directamente un proceso electoral impidiendo que se abran los recintos electorales. Por este motivo se habilitó en Caracas un espacio alternativo en un estadio cerrado para que fueran a votar aquellos que no podían hacerlo en sus lugares de residencia. Para sorpresa de propios y ajenos, y como pudo testimoniar NODAL, miles de personas hicieron el esfuerzo de ir a votar en un país donde el voto no es obligatorio.

Soberanía, hipocresía y revolución

José Steinsleger-la Jornada|
Pasar junto a la realidad con los ojos cerrados es una modalidad intelectual característica de la educación impuesta a los pueblos coloniales por los pueblos dominadores. Un conjunto de palabras de embeleco y de doctrinas aparentemente generosas suplanta a la cruda y siempre revuelta consideración y examen de los hechos de la vida real (Raúl Scalabrini Ortiz, 1898-1959).

Hechos I. Ninguno de los expertos que los medios hegemónicos califican de independientes, recuerda que a dos días de las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) certificaron la confiabilidad del sistema electoral del país.

El ecuatoriano Nicanor Moscoso, presidente del Consejo de Expertos Electorales en América Latina (Ceela), precisó entonces que luego de varias auditorías realizadas a las máquinas de votación por técnicos del PSUV y la MUD, fue posible verificar que las máquinas tenían “…la identidad correcta, que ejecutan las funciones que fueron probadas en la auditoría del software, así como el funcionamiento del sistema de totalización”.

Con tales garantías, la oposición logró su primera victoria en 17 años de revolución bolivariana. La MUD consiguió poco más de 56 por ciento de los votos y 112 diputados en la Asamblea Nacional (AN, Congreso), y la coalición del Gran Polo Patriótico (PSUV y otros), poco menos de 41 por ciento (55 diputados). La dictadura aceptó los resultados. Sin embargo, en el discurso de posesión como presidente de la AN, el demócrata Henry Ramos Allup manifestó que en seis meses terminaría con el gobierno de Maduro.

Hechos II. Acusando el golpe, los bolivarianos se pusieron las pilas y, rápidamente, empezaron a revisar y revertir las causas de la derrota parlamentaria. Pero 2016 fue un año en que la crisis económica mundial y los tiempos de la política se aceleraron. Y embriagados de triunfalismo, los sectores extremistas de la MUD desaprovecharon torpemente lo ganado, convirtiendo la AN en trinchera del golpismo, la desestabilización, y en la punta de lanza de la intervención extranjera. O sea, de Estados Unidos, la Organización de Estados Americanos (OEA) y sus títeres de Europa y América Latina.

Así como en el fallido golpe de 2002, las crecientes agresiones contra el gobierno de Maduro son totalmente financiadas por Estados Unidos, con asesoramiento de la USAID y varias ONG del imperio: entrenamiento de mercenarios venezolanos en Panamá y Colombia, acciones terroristas, ataques a edificios públicos, ministerios, hospitales, centros de salud y culturales, incendio de la casa donde nació Hugo Chávez, y ene cantidad de personas acusadas de chavistas, linchadas y quemadas vivas frente a las cámaras de las televisoras independientes.

Por sobre todo, el tratamiento coordinado de los medios, para distorsionar y atribuir la violencia callejera al gobierno de Maduro, sin una sola palabra de condena a Washington. Mike Pompeo, director de la CIA, admitió haber realizado reuniones en México y Colombia con el fin de lograr la transición en el país bolivariano. Mientras, el secretario de Estado, Rex Tillerson, declaró en rueda de prensa que diversas agencias de inteligencia de Estados Unidos estudiaban las formas de obligar al presidente de Venezuela a abandonar el poder.

Las doctrinas, las teorías y las bellas palabras sazonadas con el ingenio o el sacrificio de otros revisten a nuestro pensamiento un oropel fácil de adquirir y del que es duro desprenderse. Por otra parte, las ideas y conclusiones que se extraen del estudio directo de la realidad pueden llegar a ser una simpleza desconsoladora ( ídem).

Hechos III. Se ha comentado hasta la saciedad el crónico rol golpista que la OEA desempeña desde su fundación (1948), y del nauseabundo papel de su titular, Luis Almagro. Pero si en Italia acaban de abrir el primer museo dedicado a la mentira, bien podrían en Chile erigir otro a la hipocresía.

El gobierno que encabeza la socialista Michelle Bachelet, manifestó profunda decepción de que Venezuela haya celebrado las elecciones a la Asamblea Constituyente del 30 de julio. En comunicado oficial, los hijos vergonzantes de Salvador Allende dijeron no reconocer la validez de esta elección “…porque fue votada por 42 por ciento de los venezolanos”.

Mira tú. En la última elección presidencial de Chile (2013), donde aún rige la Constitución de Pinochet, votaron exactamente 41.98 por ciento de los chilenos. Y ni se nos ocurra mencionar que la derecha controla la mitad de los votos en el Congreso, aunque en las elecciones obtenga apenas un tercio. O comentar algo sobre la sangrienta represión a los mapuches de la Araucania. Te dirán que son asuntos internos de Chile.

Párrafo final de la reflexión de Scalabrini Ortiz: Con frecuencia, tras un largo rumiar de hechos y examinar circunstancias, terminamos redescubriendo el paraguas. No nos desalentemos, sin embargo, por eso. Ese paraguas será un instrumento nuestro, tosco, quizá, pero enteramente adecuado a nuestras necesidades. Por lo menos, ese paraguas no encerrará una traición.

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